Archive for the ‘Tierra’ Category

Taxidermística

diciembre 8, 2008

El mar tiene el entusiasmo y la capacidad de escuchar y anotar con minuciosidad entomológica cada uno de los deseos de Penélope. Claro que después hace cualquier otra cosa. Y con una impavidez sorprendente.

Corre. Sus tacos permanecen más tiempo en el aire que en la tierra. Escucha el razonar de todas las formas con las que el agua se ajusta bajo su piel.
(Penélope no reconocería ninguna otra lluvia)
Siembra unos pasos como migas para armar el atlas que la traiga de regreso.
(pero el barro siempre se apura a negar los picotazos)

– Para que haya consuelo no es necesario que se muera la sombra. El consuelo nace de lo oscuro y desde ahí se desliza hacia la superficie.

(es extraña la actitud de Penélope. La sombra podría ser un refugio perfecto)

Mientras salta despreocupada a través de la ventana, de la pared colador, el cuerpo de Penélope se descompone. La curvatura móvil de su silueta portante se astilla.

– Cuando llegue la cianosis, cuando ya no sea necesario volver a respirar, mi cuerpo ya no servirá para nada.

(tampoco “los rastros de este afán”).

El deterioro le dice:
“Besalos, besalos pronto, nena, hacelos felices a estos pobres pobres hombres.”

Ella los mira. Busca en la fractura inmensa del agua por donde emergen los barcos. Pero su búsqueda no tiene objeto.

– Sólo los cuerpos han de buscarse, mi niña, no los objetos.
– No te cansás de enviarme reemplazantes? Hasta hace unos días no podía pensar ni un minuto sin ser interrumpida por alguno de tus enviados y sus estúpidas mordeduras.

Es bien conocido el poder de las palabras, pero nadie imagina el peligro que despierta del silencio de Penélope. De la gangrena de la lengua que duerme en Penélope.
Ella se siente ganadora porque con su silencio podrá evitar que las órbitas se choquen. La suya, tan solo rozará el encantamiento.
Con los ojos bañados en el almíbar que le brota desde el conocimiento del triunfo, Penélope se eleva hacia la abrasión de lo dulce, al festival de la promesa.

Penélope vive de la esperanza, cierta por imposible, de que llegue el barco con la gota que la rebalse. A los ardores los suaviza con el fresco y tonto placer de dar vuelta la almohada o con el de masticar el hielo que se ha ido quedando en las copas.

(esas que podríamos haber seguido rompiendo hasta la harina)

Ay! Si pudiera ser ella como un reloj, si pudiera culpar del destiempo a su triste e imperfecta maquinaria!

NdA: Todos los personajes de esta historia hacemos bien nuestra tarea. La vida sigue y todos tenemos cosas que hacer mientras Penélope corre.

– Se detendrá Penélope algún día?
– Quién sabe. O quizás también nosotros comencemos a correr.
– Y el amor?
– El amor podría dedicarse a tejer algo mientras tanto.

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Cuatro

septiembre 3, 2008

El error se aceita los rieles en quien se dilapida.

Así es la modalidad del proceso:
Nos sentamos, pliegue sobre pliegue formando la masa, el drapeado, la desorganización. Nadie habla, nadie dice. Todo conforma una mueca que extraña la dolencia.

– Definir es la manía del soberbio
– nos dice el maestro a los tres pero mirándola a ella.

La voz del maestro y su técnica, sumadas a la terapéutica basal que nos construimos para que sobre ella él nos edifique, nos descomprime, nos suelta un poco, nos pasea, nos alimenta.

– El escéptico, en cambio, no se concentra en el dilema, pues para él no hay dilema sino un espacio a atravesar.

Es cierto, y lo podemos aprobar porque lo hemos visto. Al escéptico. Hastiado y falto de intensidad, este es su modo: Buscar la reabsorción de la incertidumbre y el debilitamiento de la palabra para avanzar.

– Tomaron agua alguna vez en Buenos Aires?

La que festeja los vértigos del sufrimiento, sonríe. La otra siembra esperanzas sin convicción en una banquina de uso frecuente. Alguien que ama ser castigado zapatea su espanto sobre la narración. Jadeante. Extenuado. Vegetal que no fruta de ninguna índole su genio. Tan delirado, tan irreprimible, vive así engañado en la valoración de su propia nada.

– El vacío es una derrota a asumir, muchachos.

Al maestro le esperan unos días de clausura.

Gaia (all you need is love)

mayo 28, 2008

Fuimos una sola y única célula durante todo nuestro primer
día de existencia.
A partir de entonces, no dejamos de dividirnos.
Eso lo explicaría prácticamente todo.

otra jornada en el tablero
con el frío
en los dientes
apretados
entre el día y la cama
nuestro llega
el consuelo a bañar
en pétalos
pájaros
tazas de nido
de incienso a exhibir
los árboles
su posición de tormenta
efervecen los filos
los cortes
acumulan viento
aquí y allá el malabar
y en la cuerda
segundos arriba la herida
se equilibra
caminan los huesos
sin contarse
ni en pasos ni en razones
dividen
la red los acróbatas tejen
misma los brazos
dos hilos
que es un único río deriva
de pie
por sobre la calma
esfera
tal suerte de aliento de alivio
quedarnos
mitades dejarnos
juntos
multiplicadas las caras
las fotos
el gesto sepa alguna vez
pruebe el sabor
natural
de engañar a la trama
antes
del olvido
del corte perderán
equilibrio entre las piernas
los dados
entre las piedras la espuma
volverá
en mapa transformada
en luna
en silencio
sin ser silencio otro más
que duerma
quieto nosotros el aire
la brisa
la boca que explore su caída
por tan vivo
privilegio el nuestro
de poner
sobre la piedra la promesa
el poder
sin estertores fundirnos
evaporarnos
fuera de agonías volverle
al magma
sus fantásticas virtudes
el gozo
el completo gozo de caer
vivir
muriendo en el ardor
amorosamente
abrazados
a una piedra que se hunde

“Yo soy una parte que en un principio lo era todo”
del Fausto de Goethe

Perfumadas Criaturas II

marzo 7, 2008

Los sentimientos con los que me visto no son míos.
Se los robo a ese espacio que se crea entre los ojos de una madre y los de su hijo recién nacido.
Alguien llena de sentimientos ese espacio. Para seducir
(o para convencernos de alguna otra cosa)

Veo pájaros atornillarse
A los campos de batalla
Monumentos a lo inmóvil
Torres piedra se deshacen
Obleas en mi taza de porcelana

También la marca

febrero 19, 2008

Ellos encontraron el infierno entre las tablas que se separan en el piso de parquet. Preguntas perfectas para respuestas idénticas.
Mi abuela mira. Ni en pedo piensa bajar por la hendidura.

Cada siete días, del bolsillo de mi abuela sangra una suerte de amor milagroso. A veces se juntan grupos de hasta treinta para beberlo. Ella les cobra más barato porque llegan por su cuenta. Con la abuela no se fía.

Y al juntar las cien monedas, mi abuela se vuelve a dormir.
Ella descansa en que algo habrá de consolar sus intenciones, las formas de la ausencia o quizás la respuesta cierta de si murió la rosa.

Siempre hay una señora que habla con mi abuela mientras ella descose los ruedos. En la foto, sin embargo, parece que estuviera sola y que no estuvieran haciendo nada. Por alguna razón, esa foto huele a perejil recién cortado.

Cada vez que saco la cámara del bolso, las caras de todos cambian de formato. Se tensan los labios, las mandíbulas titilan, las frentes se elevan. Mi abuela se pone los anteojos y con esos ojos me mira.
(con esos ojos me llora, con esos ojos me cierra)

Un día se olvidó de llover. Al día siguiente se cortó la luz. Dos días después notamos que ya no había viento ni nubes. Mi abuela y yo compramos rifles.
Los cambios complotan contra la salud mental de los humanos.

Cambiamos todos de tribu los domingos de foto y siesta.
– No hagan caras, hagan memoria.- dice mi abuela.
Veníamos sonriendo, cantando, bailando bajito. Para qué cambiar? Para qué salir, para qué volver?

Scherezada

diciembre 8, 2007

Y se fue hundiendo, montado al ancla, seco de tanto tomar.
Iba meando los corales.
Les había declarado amor eterno desde adentro de la escafandra.
Sabía varias recetas de comidas con relleno:
Tomates rellenos, zapallitos rellenos, huevos rellenos.
Digo yo: El obelisco tendrá raiz?

Uno de mis mayores problemas es que tengo una imaginación plagada de contradicciones. Por eso, en los cuentos que imagino, todos los personajes mueren (o ya están muertos y todavía no se enteran) o dibujaron una puerta en alguna de las medianeras de la historia y se escaparon para siempre, porque saben (si, siempre los dejé que se dieran cuenta de eso) que, en realidad, los límites que les impongo no existen, como tampoco existen los espejismos, ni los oasis, y en cambio sí las puertas y las paredes y las ganas de atravesarlas y de escapar.
A veces me pasa que es tanta la quietud de este lado, la ausencia de historias sensatas o cuentos lógicos, que me dejo atrapar por el deseo de adentrarme a imaginar qué puede estar pasando ahí adentro y ver así si todos los personajes que inventé (y que eligieron quedarse) están igual que cuando los nací, o también se han ido, o muerto.
Pero no lo hago. Y creo que no lo hago porque ellos me avergüenzan.
No puedo (ni quiero) pensar que detrás de esta calma mía de pincel vacío, de sin puertas y sin ganas, hay entes posibles, y no solamente ideas amputadas de ánimo que no saben qué hacer con lo que les queda, que es, probablemente, sólo un enorme miedo a escapar.
Pero de todas maneras, y aún sabiendo que no voy a entrar ni por un instante, me siento frente a la pared y la miro. Porque la placidez del muro sin puertas me señala que la vida, en general, ya no es para siempre, lo cual es un alivio, en particular para mí (aunque algunos todavía se empecinen en hablarme de la eternidad y del cielo y del infierno con palabras con las que sólo logran reforzar las propias esperanzas de éxito a sus más íntimos anhelos de continuidad).
Me gusta ver esa pared, en silencio, morbosamente llena yo de lápices en la mano, porque es en esos momentos, mientras la observo, cuando más siento que algo me encadena radicalmente al suelo (pues de otra manera sería imposible no elevarme yo varios centímetros y prenderme fuego en el aire en una espeluznante coreografía bonzo) y vuelvo a comprender que, muy a pesar de mi orgullo, lo mío es, también, una cuestión de miedo.
Y qué extravagancia tanto miedo untado a mi adn contradiciéndole el deseo de desovillarse y hundirse en el barro en busca de nutrientes. Yo podría tomar las puntas de sus hilos y devanarlo para (otro día) tejerme de nuevo en una yo más tranquila o más sabia. Una nueva construcción sin palabras sintéticas ni perfumes asfixiantes. La luz nacería de mis ojos y no habría nada que corregir. Sólo sería mirar las paredes con la consciencia sanada y las pestañas quietas.
Pero nada de esto ocurre y entonces, cada tanto, me siento un buen rato frente a la pared a imaginar ventanas y puertas para que mis personajes escapen y mis raíces aprovechen y busquen y busquen por donde hay que buscar.

Manchas

diciembre 8, 2007

Voy a erigirme una estatua para contradecir aquello
de que sólo los vencedores construyen monumentos.

Me duelen las palabras donde digo silencio
Las horas más lentas eligen la noche
El deshielo marchita y yo soy su paisaje
¿Cómo podré defenderme del agua?

La noche no tarda

diciembre 2, 2007

El gato perdona al ratón y se lo demuestra matándolo.

Él se despierta y su deber le da la bienvenida y lo despega del mundo. Se durmió detrás de sí, absolutamente ausente y ahora despliega sus dientes hacia el fondo del cielo y estira su lengua hacia su oasis redondo y perfecto como para dibujarse blanco y dejar que todo continúe mareado y perdido adentro. Entre sus ojos, su pensamiento comienza a romperse como cada amanecer. Unas nuevas veinticuatro horas, un nuevo gran viaje inmóvil y sin pensamiento por la inconsistencia de la realidad, lo que, además de cómodo, le resulta fabuloso.

Él, ahora, sólo tiene que restaurar la belleza que durante el sueño se ha ido deteriorando. Levantará gajos y replantará flores allí por donde sus ejércitos desfilaron anoche.
Y la perfección se instala junto a él. Sus manos flotan como nubes, livianas e inmortales bajo una mirada que nadie ocupa.

Él es un cuidador que ha desarrollado tanto su olfato, que ahora es capaz de reconocer el amor, la vida y la muerte que hay en cada cosa con solo acercarse, aunque tomando siempre ciertas precauciones, pues alguna vez le sucedió que una fragancia o un hedor (y no hay peor hedor que el de una flor cuando se pudre) lo penetraron tan profundamente que debió luego arrastrarlos durante días hasta que, ellos mismos, y sin razón aparente, decidieron desaferrarse de su nariz por su propia cuenta.

Él cuida la poesía que hay en el día, caracterizado bajo la forma de un hombre al que, porque ha nacido, hay que consolar, y que, entre dientes, masculla que sólo por hombre, y por nacido, se ha rendido ante dios.
Y aunque ante el altar de sus despojos él se ofrece como alguien dócil ante la bondad divina, bondad que le ilumina sus días pardos y los convierte en jazmines (y luego nuevamente en noches), él sabe que hay algo (quizás malicia) más allá de esa bondad manifiesta en el día y en los jazmines y en los aromas que se pudren según llega la tarde, y esa sospecha le llena el alma como llenan los vampiros el vacío de las noches.

Él es la periferia y el centro. La ausencia del gesto y del disfraz, la falsa impresión de que el borde existe y vive en él. Él se ha rendido, pero aún desconfía de ese dios misericordioso y engrupido. Y mientras siembra, una vieja cicatriz en su mirada lo mantiene en sus límites impidiéndole avanzar demasiado pues también sabe que el horizonte retrocederá siempre (y como todos) hacia dios, hacia ese fanfarrón y vanidoso dios al que le gusta presumir sobre todo, pues sobre todo ya tiene preparada una maldita, redonda y magnífica respuesta.

Él es un muerto incapaz de morir. Su felicidad es mecánica. En su jardín todo es belleza recuperada pero en el centro de esa alegría nadie sonríe ni respira. En su paraíso sin bordes el paisaje entero se comprime sobre el piso donde el miedo abre su infinito ángulo hacia la noche, noche que en pocas horas vendrá. Puntual. Porque la noche, con sus ejércitos que marchan, no tarda.

Cerdos y Peces

octubre 12, 2007

Somos la biblioteca itinerante de algún dios aburridísimo

“Sale a la calle, camina un poco, entra a un bar, pide un café y abre el libro, y mientras revuelve el azúcar, oye cómo un tipo le cuenta al mozo las virtudes de la mujer que se acaba de comprar. El entorno es desolador. Alrededor de una mesa fijada al piso con cuatro bulones enormes, se reúnen tres sujetos que parecen haber estado torturando a sus novias o esposas hasta recién.”
Tiene mucho que ver con mis estructuras psíquicas el hecho de que yo necesite ordenar todo según lo que yo considero una correcta sucesión de escenas y de sonidos para poder aproximarme lo más posible al olvido. Un orden tan encantadoramente simple como cerrar los ojos y poner la mente en transparente. Un orden que convierte al mundo en un lugar pacífico y dialogante.
(la otra es una película no apta para todos los estómagos, una cuidada puesta en escena con cierta insoportable tendencia al videoclip)
No somos capaces de renunciar a lo que no podemos tener con la urgencia que el deseo nos exige. Harían falta muchos trailers metafóricos de este mundo para animarnos a abrir los ojos frente al jodido sol de noviembre, ese que nos calienta la vereda, los cuerpos y hasta los más infames pensamientos.
La gran paradoja del futuro es que, tarde o temprano, también se va a convertir en un presente de mierda.
(y eso que en el fondo (tengo que admitir que aunque no lo parezca) hoy el optimismo invade mis venas como un cáncer positivo)
Un orden que no me quite tiempo para disfrutar de un buen disco, de un capítulo más, del sueño de dormir y de viajar sin riesgos. Uno que me habilite tiempo para amar y para odiar (y para hacerlo con la intensidad necesaria)
“En las últimas veinticuatro horas este hombre ha bajado dos kilos y rozando la locura en tres oportunidades. Sus huesos agrietados, su sexo agitado, sus contracturas musculares, el deseo de ser o de ser nada, esperan. Le encanta masturbar su mediocridad con logros absurdos como creerse que nadie le sería inalcanzable.”
(a veces tengo la impresión de haber envejecido 40 años en este espacio sobre el cual me leen)
Los viernes son unos días muy raros. La sensación de ahogo es tan intensa que la mejor opción resulta salir a la calle en plena tormenta o arrojarme por la primera ventana que encuentre, lo suficientemente alta como para que todo resulte exitoso.
(otra posibilidad es dejar que nuestros cerebros se vayan pudriendo hasta convertirse en pequeños y fétidos montículos de grasa y de materia fecal, al tiempo que esperamos que, “sólo por hoy”, ningún meteorito se nos estrelle muy encima)
No sé qué es lo que me distorsiona la percepción del tiempo, si un desequilibrio químico o algún microorganismo que basa la unicelular lógica de su existencia en reproducirse lo más devastadoramente posible dentro de mí.
Los viernes son unos días muy raros. Me brota una obligación a huir de las contradicciones que me detienen (o por activas o por pasivas, da igual)
Los viernes no me dejan otra opción que abrir la boca y generar bilis en cantidades monstruosas.
Sólo diré que nunca había visto a un hombre tan grotescamente deformado como ese. Demasiados restos de pobreza y de resignación. Al lado de los obscenos, esos sujetos con sus mujeres de culos trucados, casi se oía su grito animal. Tengo que vomitar.
Buenas noches.

DEFCON 4

octubre 3, 2007

Hay un espacio al que van a morir las almas contrariadas. Pero nada es fácil y el camino se ensancha hasta que ya no hay brújula que las salve. Por eso caminan en círculos cada vez más grandes, tratando de no repetirse, hasta que el espiral es tan enorme que se hace insoportable. Ese es el momento en el que eligen volver.

· Nació, y lo primero que hizo fue reírse de todo, ávida nariz con forma de conejo, o de nombre propio. Los médicos no le perdonaron la no repetición. Nadie más se reía.
Chicos repelentes con modos incompletos y ombligos de calambre.

· Afuera, una mujer viejísima salió a caminar por la lluvia. Nadie lo entiende. Con cada paso pensaba refutar uno a uno sus poemas hasta que ya no le quedara nada más por recordar. Pensó en guardar luego los restos entre los pliegues de su cerebro. Cada pájaro en su jaula.

· Algunos se habían atrevido a entrar solos, seducidos por los misterios de la caja. A todos nos habían dicho que era una locura, que ya habría tiempo, que lo que había adentro no debía diferir demasiado con lo que habíamos afuera.
Pero igual nosotros escribimos esas cartas. Pero igual nosotros entramos esa noche.

· Cada vez que él quería calmar la pena, se ponía en penitencia y así se acordaba de su mamá. La pena pronto se transformaba en ira. Ese era el momento en el que él se subía los pantalones y comenzaba armar el rifle.

De sus ojos brotando

septiembre 28, 2007

Y todo el tiempo, bajo su sonrisa de goteo,
él hizo tamborillear la taza de café.
Era el paño grueso y suave de tantas, tantas cenas.

En dos días la naturaleza se volverá de barro siniestro
Submarino.
Mirada hacia afuera, la noche ciega
No podrá distinguir los techos ni las espinas de las casas

Cada minuto estallará en una habitación diferente
Un globo repleto de ruido explotando en mi cuarto

Del cementerio a la cama la curva percibirá al corazón
¿Para quién tomaría yo al hombre entre mis manos
si todo lo que resta de la noche vuela en línea recta
y es una pista tensa de rumores profundos, irrecuperables?

Un hombre toserá bajo la superficie del mar todo su amor
Y un temblor perforará el silencio del barro

Caerán sobre sus pies los misterios
Seguirán bajando y bajando
¿Qué mujer se sentirá deseada entonces
si todos son igualmente hermosos al enfrentarse a los ojos?

(el amor en exceso es también una forma de ceguera)

Wake Up

agosto 7, 2007

De nuevo tengo ante mí la puerta. La miro y recorro mentalmente el camino de mi mano con la llave hasta ella. Trazo una línea con la mente y mientras lo hago imagino las mismas sensaciones una y otra vez (siento cómo gira cada vuelta y puedo verla abrirse. cada centímetro. cada tabla del parquet por delante de mis pies).
Todos los días hago el recorrido varias veces mentalmente, pero si pudiera ser sincera, debería confesar que todavía no sé cómo hacerlo.
Quizás sea por eso que sólo me dedico a esperar.

Duele el estado de fascinación con el que esperamos que las pinturas broten de nuestras manos, alucinando sombra y luz que cae desde lo blando por las canaletas suaves de una nada que se anhela y se aniquila en el rincón preferido de la noche, como un cese histórico dibujado sobre el pentagrama de nuestros cinco dedos. Algo como un abandono huracanado escrito especialmente para piano y tinta.
Las cuerdas se tensan como un último milagro y los gusanos las pasan por debajo, en una carrera solidaria, todos en hilera y a la voz de tres.
El natural modo con el que tropiezan ante la amenaza, ese crujido espeluznante que anticipa el golpe de sus insignificantes figuras, mitad contra el lustre y mitad contra la pared más húmeda de la cueva nos despierta lo suficiente como para sentir nuestra propia caída sobre el azul cactus de la hierba, planos de sentido. Como dibujos.
Y nos abrazamos a la tierra a través del hilván que la química se sabe bien. Y nos dejamos convencer de que abajo no hay nada (pero ese simulacro de piso no es más que una medianera al infierno). Y giramos espantados la cintura y la costura cede un poco y se nos desprende la tarde, y ya no hay papel sino galletas con la sonrisa sostenida de las partes (pero la química nos dice que abajo no hay nada) y las paredes son cielo, y son mar y son pronto, porque la espera nos excede (y abajo no hay nada) y ya casi es de día y hay que levantarse. Porque es de día. Y hay que levantarse.
Porque es de día.
Y hay que levantarse.

Arcade Fire – Wake Up

Divine

julio 10, 2007

Cuando algo se les sale del plan, los dioses zafan con casualidades.

Las brujas constantemente me sugieren una vida de dedicada y elaborada decadencia, pero todo lo que ellas dicen es siempre aplastado por una voz secreta que sale de mis huesos. La sabiduría que comienza cuando los dioses se distraen entre las dos identidades del silencio para copular frente a mis inflamaciones mentales. Me siento más sabia y cínica que el infierno, y mientras mi cuerpo me habla y se mueve, yo me escondo en mi sombra, que pesa como cinco mil almohadas.

Pienso al mundo como un solo relato en el que soy dueña de todo lo que pasa. Para bien o para mal. Y siento que si no lo escribo en ese minuto, en ese exacto momento, corro el riesgo de convertirlo en un sueño y que ese sueño se desdibuje instantáneamente en el olvido. Los textos y yo nos escribimos mutuamente. Ellos me defienden de las vagas salpicaduras de algunas verdades, de la frustración anticipada, de la timidez del espíritu cuando piensa que nada de lo que siente es cierto y que el afecto es un simulacro, una metáfora ordinaria de algo similar a un alfajor de maicena o a una vacilación.

Hay que dejar de escapar del perseguidor que nos nubla y entender que aunque no corramos, igual vamos a mantener la distancia.
Hay que dejar de ver la realidad así, con cada objeto redefinido por otro que lo abarca y lo confina en límites artificiales.
Hay que dejar y dejar de dejar.

Estamos todos invitados a exudar destellos sin sentir que los brazos son como alambres de humo que no llegan a integrarse a la fonética del cuerpo. Algunos sujetos renegamos de estos dones porque aceptarlos sería condenarlos a morir.
La misión del adjetivo siempre fue demorar al predicado.

Ayer me desperté pensando en un Buenos Aires probablemente vacío y al rato empezó la nieve a desplazar todo de su lugar lógico. El silencio se defendía de su imagen esquizoide clavándose en los parabrisas. Flotaba hasta caer como remache de luna, como confesión de aguapalabra. Toda la masa del universo se travistió para hacernos el favor de una mentira. Ayer los dioses exprimieron sus forros y pintaron con semen varias galaxias de blanco.

Circunstanciales

junio 10, 2007

A veces, incluso las personas más quietitas se enfurecen de golpe. No depende de los estudios, de la cultura o de las políticas de vida, sino de alguna energía injusta y antigua que se adueña de sus arterias, de las piedras de sus músculos, de las entrañas, de los lugares más oscuros del alma.

Mientras pesca, piensa que mejor no podría pasar sus domingos. La costanera siempre le calma el stress. Sentado frente al río, observa a los aviones despegar y se abrocha el cinturón. Por la ventanilla ve cómo una de las turbinas se incendia y desde el fuego, a la india cocinar las vasijas. Amasa el barro mientras mira a los caballos correr salvajes. Fecunda a una yegua al paso de la caravana peregrina que desconfía del águila. Observa desde el aire al tren, y sentado en el último vagón, ve la aglomeración de autos detenida en el paso a nivel. Toca la bocina como loco y cuando sube la barrera, acelera hasta el puente y el ruido y la congestión lo detienen y se baja y se asoma al río desesperado. Allí distingue una trucha saltando. Nada por horas buscando alimento hasta llegar a esa delicia suspendida de eso tan brillante. La muerde. Siente el tirón. El terror lo paraliza, el sedal lo asciende. Antes de la asfixia alcanza a verse a sí mismo. Tranquilísimo. Pescando. Como cada domingo.

Cortitos sobre Beatriz

junio 7, 2007

Betty, vení, Betty. Betty, Betty, vení Betty, vení. Betty, Betty, Betty. Betty. Betty. Betty, vení. Vení, Betty, vení.
Betty… Betty, vení Betty. Vení, vení Betty. Vení.

Beatriz no se mueve más que para temblar y ese temblor le borronea el contorno. Será que cree que las olas la pueden golpear en seco, que son como Haikus, formales, ordenadas y consentidas.
Pobre Beatriz, que no conoce el mar y por eso le teme.

Cuando suena el track de las ballenas, Beatriz se lamenta y murmura algo sobre caballos, cosas que no entiendo entremezcladas en una masa particular de sonidos modernos, un lamento de felicidad que tunea la pena.
Cuando suena el track de las ballenas, ella murmura sobre caballos.
Aunque todos sepamos que se trata de ballenas.

Tira los dados, golpea con los nudillos, se hace la brava y grita ¨Chapita!¨. En la siguiente escena se dedica a probar instrumentos de viento. Todos suenan lo que yo me obstino en llamar mal.
Hace tres días Beatriz estuvo a punto de morir atragantada con la cereza que recibió de labios de un didgeridoo.

Cuando le canta al agua, ella la nombra en secreto. Yo no termino de entender qué es lo que me atrae de Beatriz si a mí los secretos me alejan. Además, el agua que ella describe siempre está helada. No hacía falta el secreto. Me habría alejado de todos modos.

En la canción de despedida, Beatriz canta a capella. Casi al final, pasa un pájaro aleteando y ella silva bajito hasta desaparecer. Fade out. Después, todo es silencio.

Ella cría ciervos. Qué suerte para tus ojos, le digo cada vez que sale el tema. Beatriz me mira extrañada. Creo que nunca va a entender el chiste.

Rapture

mayo 9, 2007

Está escrito y hay que hacernos madre, ser patria, isla y puente hacia nosotros. Murmullo y graznido lento que se desplaza de 78 a 45… 33… 16 rpms. hasta desaparecer al silencio gutural del útero propio, de tules y aguarosas.
La oscuridad del barro se alumbra ante la ausencia del miedo y festejar que todo sea es tan simple que duele, que trista los ojos, marea la razón, miseria los huesos subterráneos que se quiebran como ramitas nacidas para fuego.
Nos estamos extinguiendo quietamente.

Desnuda la memoria frente a la verdad irredenta, dejo derrapar los fragmentos que de mí caen a estrellarse en su igual del agua que me extingue, huérfanas ambas de nosotras mismas, cuando menos, y del alma.
Y las sábanas se lavan, se secan, se queman y se vuelven a lavar. Es un retrato orgánico esa acidez y tanto ese silencio enmarcándolo todo.
La vida se nos vive encima. Nos suspende de la decisión, se nos hace sola.
Es obscena tanta inutilidad final ante la propia sombra y su monumental carcajada.
“He de morir en mi sombra
cualquiera que sea
y mi sombra será
la que me venga a buscar”
Si fuera hombre entraría como amante. Vivoreando el cuerpo y mi imagen, reptando y creciendo para cubrirme de mielina todas las veredas.
Pero la noche llega a mi tragedia de razones (no de besos, Alejandra, no de besos).
Y el silencio
Delimitando
Una explicación
Última
Para después salirme yo de las cosas.
Una cuenta, una demostración. Algo en la lengua que aletea que no la olvide ni la engañe.
Tantos libros encallados que se entregan en una crisis ingenua, espasmódica de fe y se fingen mujer enamorada.
Qué mal negocio es ser inquilina de la fe, decía el Gran Fumador.

Entonces la agarré de los pelos y la obligué al suelo. Le sostuve una mano y con mi bota le pisé la mejilla derecha. El taco le sacó un poquito de sangre de la comisura de los labios (nunca me imaginé tan filosa). Ella forcejeaba.
– Siempre te negaste a obedecerle a mis caricias.
Con mi mano libre le subí el volumen al equipo. Apreté la bota.
Su único y subversivo ojo abierto acompañó a la canción.

Adentro mío se producía una dulzura incomprensible pero su resistencia excedida de toda razón y tiempo hacía embudo en una única salida. Quité mi pie de su cara y le solté el brazo. Ella solo atinó a cubrirse.
– Vamos, aflojate, tontita, que a poco me saben los besos que te robé.
Se tocó el labiecito. Miró su sangre primero y luego me miró a mí.
Me sentí tan despreciada.

Solo recuerdo que caí sobre ella y ya no pude detenerme. Le abrí las piernas forzando sus muslos. Sus rodillas cedieron. Ella, tan arisca, tan cerrada, tan endurecida, por fin se ablandaba. Me entré caminando. Sentí mi sangre caliente rodeando mi carne.
Para cuando dejé de ver el rojo, la oscuridad ya era total.

Y mi pleura rebelde se deshará y todo lo de adentro por fin será unido.
Como besarse el cuerpo muerto y los algodones de la boca.
Los huesos también caerán en siniestra evocación de que es más de lo mismo este encierro que cualquiera. Se dormirán para siempre los dolores y el lunar. Un artificio metálico alertará a los gusanos si no ganan antes los de afuera. El párpado derecho hará malabares con cada imagen fantasmal y desde adentro entenderemos de a mitades los principios de las cosas.
Al menos por un tiempo. Probablemente con los días vuelva el tedio. Y con él una nueva angustia y con ella, de nuevo, el deseo por la vida y por volver a nacer y a nacer y a nacer.

Casualties

abril 27, 2007

Todos querían jugar nuevamente y para eso debían dejar que yo me inyectara de nuevo. Solo así el sensible random podría funcionar.

Salí del cuarto y corrí hacia el palier segura de que en la puerta de entrada me estaría esperando con su tapado de piel, él siempre tan raro. Llevaba yo en una mano la impresión de que algo diferente iba a tener en la mirada y en la otra la de las fotos que me había pedido, unas copias horribles de su viaje a Europa, ese viaje iniciático del que volvió con piojos y una sed impresionante.
Me acuerdo que cuando lo fui a buscar al aeropuerto tenía la cámara colgando del hombro como si hasta último momento hubiera estado fotografiando la ciudad a la que nunca volvería. Yo sé, yo sé lo que le costó esa vuelta, o acaso no sé yo quiénes somos? Y ahora, sabiendo que está en la puerta, pienso que a lo mejor debimos evitar ese viaje. Todo el mundo nos miraba como a locos el día que dijimos que él se iba, alguien alcanzará a recordar? Y nosotros nada. Siempre tan nosotros, nosotros.
Yo en aquella época no tenía ni idea de cómo se armaba una valija. Lo más lejos que había ido era a General Villegas para una cosecha de soja medio tardía, a comer unos guisos que ni te cuento. Quizás hoy haga alguno. Como para no olvidarme tanto de que a veces la tierra enseña un poco.
Cuando traté de cerrarla (a la valija), él se rió porque yo no había calculado que allá arriba era invierno y me dijo que la empezara de nuevo. Nunca se lo dije, pero yo lo sabía y quise demorarlo. Me parece, ahora, viendo todo desde lejos, que yo también sabía que el viejo mundo no era para él. Podrán decir, si claro, podrán decirme que lo hice para retenerlo y quién sabe, a lo mejor lo acepto y todo con tal de no romper más nada demasiado.
Y de nuevo el timbre, y saberlo ante mi puerta me revuelve a aquella época. Qué tanto ocupa un año en la vida de la gente? Cuántos milagros suceden en una madrugada? Cómo se arrancan raíces sin herir a la tierra?
Pero ahí llegan a vigilarme. Visitantes llegan a mi celda. Traen jeringas de madera. Ellos vienen a decirme lo que pasa que no pasa y por qué pasa que no pasa. Sostienen hábilmente que yo me engaño con fiebre y con silencios. Oraciones falaces, dicen, como siempre. Hace ratos que ellos llegan. Y cómo entender que las más finas volaron y otras se negaron y hubo una primera vez? Mucha gente a la perfección, casi todos y la misma queja una y otra vez. No te hartás de oírnos grillos? Y siguen hablando.
A mí a veces me da un poco de vergüenza oírlos y por eso cambio a boludeces así finalmente se aquieta el espacio y puedo entretenerme con la fetal certeza de que ni bien se vayan voy a volver a inyectarme de mí. Un poco de madera que queme al insomnio voluntario de buscarlo en el asfalto.
Y después de hacerlo, yo que ya ni me suicido tanto ni nunca ni del todo, les dejaría un veneno miserable a las inevitables jeringas y organizaría una sucia limpieza. Volarían.
Y muchos llegarían, algunos hasta sin elegir orden. Yo creo que ya nada es casual.

Crápula y Crédula

abril 25, 2007

Criticar a las ausencias como si la vida fuera una cajita con sandías, creyendo que a lo mejor lo urbano nos extirpe más las raíces, esas, las que tanto miedo nos da roer, desterrar, quebrar de un golpe.

Eran dos hermanas, milagrosas ambas. Una desierta, la otra de bosques y monte, gatos salvajes y mosquitos elefantes. Una tenue, seca y arisca, la otra simultanea, llena, una semejante nodriza hacedora de plantas, helechos y palos de escoba. Una real, la otra verdadera, una de cristal, la otra crisálida.
Paseaban del brazo, caminaban por Palermo. Una rengueaba, la otra la orillaba, le peinaba la piel, la ponía a contrapelo, le tejía sillones con arena y pasto seco. Nada singular a su paso y se reían de los adoquines y pisaban turistas los paños artesanos si no gustaban de collares, pulseritas o demonios. Las hermanas se decían en idiomas, se besaban a colores, se escuchaban los cementos, se hilvanaban las pestañas. Ellas navegaban por los secos ríos de Palermo, despuntaban perros sórdidos, abrigaban veredas, techaban ancianos. Caminaban resueltas, flamantes como ideas. Eso decía mi único abuelo muerto, Juan no existe, Elisabeth quedó en la tierra con todo el amor viejo, humeando un poco, por eso de las medias. Ellas pasean por Palermo y sin embargo las medias. Y sin embargo el fuego y las cenizas, y el agua poco y sacrificio, y las uñas llenas de raíces, remos y herramientas.
Ellas pasan por Palermo, y sin embargo lo importante nos pasea en otro lado.

A mi media, a medias naranja, a medias perdida.

abril 24, 2007

Cuando el cazador dispara, su estirpe guerrera se estremece en los genes al olor de la pólvora.
Cuando la presa huele la pólvora, sabe que también en ese olor va mezclada su sangre.
En ese momento, cazador y fiera son la misma presa.
Y después, el silencio, lavando los restos.

El libre albedrío debería incluir la elección de adónde queremos ir después de muertos.
Hay palabras que nacieron para ser últimas palabras y no sólo palabras no dichas. Quería ser magia y puente y no solo tener esa certeza de haber soñado, esa que nace segundos después de que el sueño se esfuma. Era como un tesoro, como si hubiéramos sido reunidos a la fuerza por alguna abrumadora circunstancia similar a una guerra o a una plaga y hubiéramos tenido que armar un mundo propio, plano y estéril. Gracias a vos conozco el río, y por vos no puedo cruzarlo.
Hace unos días sentí a la fuerza de gravedad pegarme como cachetazos en la planta de los pies. Até las sábanas con deseperación. Añoré mis alas y me entregué al barro, y busqué en la ventana el sabor del lino planchado de obsesión, a mil grados y con aroma a vereda infantil. El olor del camino inerme de las flores naranjas, el del subte, la rodhesia recién abierta, la chapita de Coca Cola, el del aire acondicionado en los autos nuevos. O ese olor a comida ajena en los palieres compartidos.
Pero nuevamente, como si de solo eso se tratara, las letras se amontonaron en un manojo de intentos y se abarrotaron de pruebas vanas que invitan a la muerte. Y eso que nos habíamos sentado decididos a que esta vez no, esta vez va a ser distinto, o acaso no fuimos creciendo y diciendo menos mandíbulas y más labios? Pero no. Ficciones. Simulacros a priori que nos habiliten un rato más de esta miel escribible. Y no. Tampoco hoy. Ni mañana.
Algunas veces me odio, algunas veces me quiero, muchas otras te olvido. Me preguntaba si sabrá todavía tu piel a vos y si tus mayúsculas son gritos o canales aliviadores de tu ahogo. Nos conjugamos en tiempos tan distintos y sin embargo me gusta, en silencio, darle calor al secreto deseo de que alguna vez te alegres de mi exiliada y ya tan fantasmal compañía.

Cortitos sobre Raúl

abril 19, 2007

Por primera vez no voy a ser Crédula (lindo nombre para un personaje de Shakespeare). No voy a creer en eso de que a veces se gana más cuando se pierde que cuando se gana, que hay premios pírricos. Yo voy por el triunfo. Basta de días nadando entre montañas de letras que aplastan el deseo exorcizando a la memoria y convocando al olvido. Voy a enamorar a Raúl.
Y encima este calor repugnante que no me deja creer en nada.

· A Raúl ya no le quedaban historias para contar. Todos los cuentos ya habían sido escritos. Consultó a una bruja en busca de ideas. Ella lo llevó al Pepsi Music y, desde la tribuna, le señaló una mujer.

· Una pensadita y a la cama, le dijo su mamá minutos antes de las 9 de la noche. Y Raulito, que cambiaba mil postres por un pensamiento, se deleitó con el último de la noche y se acostó sin más.

· Cuando Raúl sube los escalones piensa que nada puede ser peor y trata de resistir hasta la cumbre. Mira para atrás y ve que la neblina se acerca inexorable. Ya ni se acuerda qué dejó abajo pero tiene un vago recuerdo de que algunos diablos y terrores le mordían los pies.
La leyenda dice que arriba solo hay alegría. Entonces sus dedos sangran, su espalda se amordaza, aprieta los labios y sigue trepando.

· Las puertas de Raúl se reinventan a diario y él tiene que conseguir las nuevas llaves cada día para poderse entrar.

· “Corriendo se te va la vida”. Raúl dijo eso y se sentó dando por terminada toda la charla y yo, que siempre guardo mis opiniones bien afuera de mi cuerpo, no pude sino asentir.

· Con Raúl odiamos el jazz y yo creo que porque el jazz imita nuestro movimiento constante entre tensiones. Somos pura improvisación, me parece. Por eso el jazz nos duele en la encía. Como unas ganas locas de mordernos a trompetazos, diría si pudiera, pero mi fuerte no son las palabras de molde y más que esto no quiero arriesgar de momento.

· Siempre hay un refugio, una canción triste que nos salva, una paz prometida o la arrobadora cinta infinita de la fuerza bruta corrida bajo el palo psicodélico de On the Run. Ves? A esa canción yo no me cansaría de correrla. Los brazos como molinos para mantener el equilibrio y la cara roja del miedo a morir. Qué preferís, me pregunta Raúl, morir en mis brazos o morir en mis manos?
Dicen que uno siempre se muere en la ciudad de origen y no hay nada más cierto.

Polaroid

abril 16, 2007

Dicen que hay gente que vive sin miedo en ciudades sin muros.

En ese instante, cuando el esqueleto queda liquidado, la carne inerte y la piel justificada. Cuando mi pecho te fagocita y el aire entra en mí solidario a rescatarte. Cuando el agua no soporta la asfixia y se asoma entre nosotros a una oscuridad que lo pasma y le cuestiona evaporarse, cuando el peso de mi alma se diluye en tu peso. Cuando la nada manda, cuando sólo queda el retorno lento y doloroso hacia la vida y el silencio suena como un río, cuando todo huele a plantaciones clandestinas y el mundo se desprende redimido hacia en el olvido, ahí, en ese instante.

“Entre el pasado y el futuro subyace lo negado”

abril 9, 2007

Alguien habrá de descoserlos
Y dejarlos seguir lo interrumpido

Vomitar gritos que se encimen sobre el pasto
Toses, un empacho fulminante de elegías
Mirarlos como a hijos a la cara
Ojos de paño
Entregarles el manual de la letra y la palabra
Y dejarlos aprender sobre el silencio que ya los bañó antes
Animarlos a treparse a las gotas de la escarcha
Dejarlos acosar y asustar desde lejos a la noche
Alentarlos a besar los juegos, las peleas
Y que estremezcan de nuevo a las tinieblas
Y a la nieve, si sucede
Las puntas de sus pies y su raíz de crepúsculo
Acaricien dulcemente a la tierra que se aleja
Despidiéndoles el vuelo con mil pájaros de incienso
Que ellos espanten a sus sombras
Que la noche tiemble ante sus voces
como un árbol que sospecha que hay tijeras
y rayos y leña y hormiguitas

Peón 4 rey

marzo 19, 2007

Perdón,
hoy hay “cierta acidez dictándome los silencios”.

Es como desnudar al cielo de sentido.
Como caminar el laberinto de los dedos buscando la hiel que descamó las certezas.
Como llegar al puerto vistiendo murgas y tambores oxidados y un color a rancio, a malestar, al inseguro equilibrio de las mañanas desgrasadas.
Así es el instante que desflora y atraviesa anestesiado al himen de las horas. Y ellas se cuelgan del vestido y sangran, percibiendo al pavimento con el gran angular de la sospecha.
El pelo lacio, largo, todo está lloviendo carne abajo, verano y paisajes.
Es necesario un brebaje absoluto que ayude a anestesiar lo que falta que enhebremos.
(El ovillito de la vida o el collar de los absurdos?)
Es necesario un potaje de galeras de mago blanco o de magias furibundas.
Un guiso de panales, una sustancia colectiva. Un té de universales.
No sé, algo así. O parecido.

Arcade Waters

marzo 19, 2007

“Does anybody else in here
Feel the way I do?”

Mi lengua está pariendo en un sillón de enfermería lirios rotos. Cruje la pelvis de amarillo aceitando de si muertes utilitarias sin permiso y con algo que flamea y no es bandera ni sábanas. A lo mejor sea un ancla moribunda que alguna vez fue refugio de intentonas y de escapes.
De la laguna amniótica salen caminando cientos de escafandras vacías que no hallaron el lamento perdido. El lamento se oculta en el aire porque nadie sabe demasiado y él lo considera justicia si no hay reglas ni martillos que juzguen al deseo. Marchan hacia los árboles hervidos en la bruma, todo es caldo y este calor que ya no nos cree nada porque vivió siglos mirándonos mentir que íbamos a hacer algo alguna vez en abundancia. Si tuviera boca, este calor se reiría para siempre de los fórceps. Es tanto lo contenido, tanta la risa escondida en el cuerpo. Las pasiones ejercen mientras el calor se deja balancear por la marea, que te trae, te aleja y así hasta que ya no vuelvas y ya no te reciba volando pañuelos como palomas atadas.
Me esperan las fechas que nos deshicieron. Cada minuto adorna el almanaque, florean el tiempo, enmarcan el exilio supurado, las ostias enfermas, las uñas salidas de tanto cavar cajones, letreros, velas, zapatos y nunca hallar el lamento. Las escafandras ya están en el bosque y siguen buscando. Todo continua, todo crece, los cactus y los hijos, el taller, el remedio. Leva la vida esperando el horno, saltan los cachorros las vallas del encierro y es todo mucho más de lo mismo en el corral del universo. La fisión no crea, destila tiempo y alcoholiza el espacio. Vuelvo a la música de siempre: Funeral, por nombrar un disco y Wake up, por decir un tema.