Archive for the ‘Piripipí’ Category

Portman Teau

enero 11, 2010

¿En cuál de todos tus desiertos pondrás más luego a dormir al niño?

Todavía no alcanzo el ateísmo completo del billete, aunque todo finalmente acontece.
Lo que debe ocurrir ocurrirá (all at due time).
Mientras tanto, moderar. Cultivar la moderación. Domesticar al asesino.
Y despertar al diablo con tranquilidad (sus ocho ojos preguntando por qué dethemonshit estamos divididos)

Negada la creencia, no hay opción más que descreer (es el sentimiento último que pisa y pesa y somete al anterior: “Le Rey is morted, livet au majestic King!”)

Negado el ideal, no queda sino pastar (from this day forward until something do me part) dentro de dos posibles esquemas, el formost everyman meaningless quagmire o el otro.

(entendido está que no tiene sentido llegar a la ecuación si lo que ahora me importa ya se mide en el campo de las diferencias.
Ni mejor ni peor.
Desarmados, tal vez)

Habrá que buscar un modo para enfrentar más que un solo trozo de este alquitrán cuenta cuentos sin exponer demasiado hasta qué punto hemos fracasado:
“Las críticas pirámides crecen, molinos de menta resistiendo al gladiador”
(de a ratos mi parte poética se pretende tan poca cosa!)

Poesía para soportar. La letra acaba siempre por ser la salvación para quienes no tenemos salvación. Hablar en letra, soñar en letra, disimular la renguera, amar (cuando se puede) y hasta irritar sin saberlo en babélicas letres.

Meleuda dreemdúblin morethough Finnegan’s dessleeper Nacht tristesse!

Belleza! Fracciones de la sanata del pantanal. Tan simple!
Mitad su manía, mitad rasgos míos.

Y como el hambre y la genética no se deben cuestionar, elegimos dejar satisfechas a nuestras propias criaturas, aún a riesgo de que estas mismas criaturas se nos acomoden como jaulas.

(So, the moral: “blame not the pig for the pig is not guilty”)

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Trabajo Práctico Nº 2

febrero 8, 2007

Describa aquí mismo su microclima y mándelo por mail. Nuestros tahúres sabrán ocuparse como el caso grite, contestarán sabiendo del secreto de sumario. Acá (en la isla) tenemos abogados amigos, amigo, por eso estamos tranqui, sabe. Haremos un eco asociativo de cada una de sus letras, las tamizaremos de recuerdos creados, corregiremos sus silencios con apropiados saltos creativos y haremos debates básicamente técnicos sobre los carozos que le laten en las yemas. Pasaremos el contador para medir lo radiactivo de sus retoños, caramelito, y le curaremos los contornos fotosensibles que lo distraen de la palabra carne. Dicotomizarele yo misma cada esquizita mitad en cuartos estilo Luis 16 y le arremangaré la cabeza para que su cuerpo sea extraído sin demasiado vuelco. Ese es el plan. O podemos jugar a las metaforitas de dios, yo te cuento una y vos me la retrucás con algo de mayor vuelo, de magnética ausencia, aséptico, deslatigado, sin sílices ni filo. Eso se publica, no chocolatín? Siempre habrá un lugar, una libreta de a bordo con un cinturón de explosivos para lo académico de los sentidos haciendo signos con lo humano en vísperas, espesando la sintaxis, evitando el áspero abismo del tedio que nos irrumpe en las palmípedas caras de la inteligencia, poniéndole curitas a los cráteres semánticos. Mis medias tienen asma. No comas fritos. Llevás abrigo, mi amor?

Ahora si, el post glacial:

Qué feroz la diferencia prolijamente dispuesta en la gran mesa de las comparaciones. De noche tu féretro itinerante me ríe y yo cierro los ojos como para no asfixiarme de tu espacio. La clave está en que vos no me nombres, quisiste decir, pero sólo querías que me quedara quieta. Por suerte yo corrí y bajé las escaleras de a cuatro renglones y me escondí detrás del… (estoy contando el pecado como en las películas de malos y podrían usar esto en mi contra) y me escondí. Para afuera. Si. Y punto.
Y después lo que ya sabés, esa móvil coincidencia y la metástasis de inutilidad en todos los páramos del rapto. Toda la mesa de la razón olvidada en el licuado fatal del relieve de las sombras, acuarela que poco le concede a la fantasía, aunque no creo que te acuerdes de esa parte del amor en la que yo levanto involuntariamente un pensamiento de la nada y mediante un sol de un ciclo atérmico, como biela bloqueada de irreflexión tácita y constante, le cambio el color a las tazas sólo para que queden como éramos, ávidos por comprender (paladear, saber) este pasquín clásico de sonetos, de cuartetas prolijas, de semántica perfecta, lengua viva, hasta finalmente elegir el ritual sórdido y cómodo de no querer más. Un bloqueo militar a la retórica, a la dialéctica. A la posibilidad incómoda, elíptica, de hechizar, de transformar la desazón en un troquel con cientos de salidas.
El ser y su inacabable potencialidad son sólo una amenaza de destrucción, me dijiste desde adentro, sabiendo que yo no te iba a creer tanto, pero hoy leí: “el calorcito en los bolsillos” y pensé en vos, que siempre me hacés desairar a las letras. Pensé en la frase como gran big bang de algo, como elemento vanguardista de la pluma fuente, del cesto de flores de porcelana helada, del pesado crisol que se forma entre la red y los paraguas.
Podría estar enhebrando un deseo cualquiera, o enmendándolo, con la certeza de que ésta vez te gano antes de abandonar con cualquier excusa (muerta por incurable), en el tiempo que se filtra por debajo de tu tiempo mientras sesentayocho tortugas me amputan sin miramientos de lo que no se hizo y del a tu lado yermo. O podría estar mezclando en este mismo instante más de diez personajes en algún tratamiento escandaloso y divertido que afloje las bisagras de ese cofrecito que nunca abrigó nada. Porque es esa diversión que roza lo infecundo la que me libera el endometrio del alma.
En otro orden de cosas, es asombroso cómo crece el cráter de mi dedo. Una boca purulenta resuelta a no cesar en su grito de asombro cerrado, un arco de introducciones y exorbitancias, un canal de parto en alguna otra dirección. Sin códigos. La piel se pela en corazón. Es que la fiebre por vía dental suele ser peor que la de las cucharadas de leche.
Los planetas comenzaron a segregar extrañas sustancias, dijo hoy Clarín. Infosiesta se abstiene y la Página de los calientes duda. Un vinito te tomás? Para cuando ardas en brasas de melittas, el café ya va a estar cicatrizado y el tapón de la pizarra un poco más pesado que anoche.
La basura inhóspita es desesperante. Plastiquitos en flor, suculentas plazas investidas del gozo de caducar. Un papel crep, una cimitarra que intercepta a los que vienen, esa intención que sobra cuando lo que falta es el apuro.
Y los restos orgánicos quedan siempre encerrados, nadie más que nosotros lo sabe.
Estuvo bueno imaginarte tranquilo mientras todos ocupábamos los marcos. Algunos de cuadros, otros de puertas que no cierran. Yo no le dije nada a nadie. A veces es mucho mejor callarse y que el empeño por penetrar cada lamparita de cada mísera guirnalda de fandango rural pague por nosotros. No!… esas luces no son blandas, carboncito, le diría, pero no tiene sentido. Igual se empeña, pobre, contra los faroles. Y finalmente cae semimuerto, a los pies de un boleto escolar que no vale más que sus sueños, enfermos de muerte, gastados de batallar, como las primeras vidas se cansaban ensayando muertes también primeras, creyendo que hay alma y descansando de a ratos en eso, inventando instrumentos, y con ellos sonidos y arquetípicas ideas, nuevas en cada propio paradigma. Algo así, pero mejor expresado, porque claro, a punto de morir de tanto golpe transparente ni siquiera me arreglo, ya ni me peino.
Que estés intentando aunque sea de costado o por lejano, arrimarte a la sola idea de desentramar uno solo de mis más ridículos conflictos, me honra, pero igual, no me hagas demasiado caso…

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Lo que sangra – Parte 8 – (Un mundo de veinte asientos (estomacales))

diciembre 1, 2006

Toma (Hopper) Número 39. Chacarita-Constitución-Barracas.
Primer plano de la venda de Él Apleno sentado en el 39 rumbo a la clínica de las Santísimas Miradas que nos Echamos de los Santos del Otro Día. El Santa Luzmía está con problemas idílicicios y no puede prestarle la atención necesaria a la producción que no está para problemas, mucho menos este año que ni te cuento la de gastos que tenemos con el tema de la Laptop y eso. Bueno, y bajando de la venda por el torso, la cámara se detiene en sus dedos que quisieran tamborillear pero que no pueden debido al peso de la alianza francesa que le ocupa todo el cuerpo (aunque no la mente, ni el alma cosa que la producción se place en notar y en mostrar en este nuevo capítulo, hoy auspiciado poooorrr Vajilla “La Barricada”, su vajilla amiga).
Braillemente Él nota que la siguiente es su parada y tanteando medio colectivo con su bastón de escasa mielina, da finalmente con el timbre, al que pulsa con obstinación casi torera.
Cámara 2 toma la escena desde la vereda. Apleno baja despacio, sin ayuda que nadie ofrece. Se siente abandonado y para colmo la puta ceguera bitemporal que le impide ver la mierda que lo rodea (y la de los perros) y se siente tan sucio y tan desanimado que no nota que la vereda se termina en la vidriera de una gran juguetería. Su nariz choca con ella y echa sueños de vapor, pero el vidrio va empañando la ilusión, así que retrocede dos casilleros, tira de nuevo, se duerme y se aleja rumbo a la clínica.
Cierra a blanco.
Toma 41, de blanco a venda y mano desenroscándola de los ojos.
– Vino solo?
– No, con soda, por favor
– Me refiero a…
– Si, si, entendí, pero es que soy un gracioso bárbaro.
– Ya veo
– Dichoso de usted…
(risas)
Corte.
(la producción sopesa la posibilidad de convertir este drama en comedia liviana y cree que debe probar al público con chistes fáciles para ver qué onda el rating).
Toma 42. Plano móvil del bastón siendo arrojado al aire en la vereda del Santísimas Miradas, en clara alusión al filme de Kubrick, Stanley Ezequiel, “2001 Odisea del Despacio”.

La producción está (no vayan a creer) dándose cuenta de que esta superidem puede llegar a Natalliwood sin mayores problemas, así que probablemente los próximos capítulos sean un touch más cortitos. Estirar, que le dicen.
Por otro lado, no olvida.
(“y de qué te sirve el perdón sin olvido?”)
Por otro, sostiene que es menester necesario ineludible que el pueblo sea escuchado, aunque luego no se haga nada con eso.
Otra cosa, mariposa, es que leer a Cortázar en ayunas puede traer desarreglos intestinos.
Le recordamos que hoy (todos los días es Navidad) es el Día Mundial de la Lucha Contra el Sida, y que si quiere donar, o informarse, lo puede hacer al (0054)-011-4981-7777. http://www.huesped.org.ar.

Mire atrás al bajar.

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Lo que sangra – Parte 7 – (Fue lo mejor del amor)

septiembre 11, 2006

Toma 34. Como Los años de Mary (perra).
De blanco a un primer plano de Ella girando alrededor de la silla donde él está sentado con los ojos vendados. Quiere jugar al gallito ciego.
– Quién soy? Qué quiero? Hasta cuándo?
– No pienso jugar a este juego, me puedo lastimar. No ves que no veo veo?
– Qué ves?

Corte y toma que abarca la parcela Apleno en el country. El jardín familiar, vergel como pocos, florido y sin par, contiene a las nenas que gatean y tratan de tocarlo todo. Ella no puede con ellas. La azul, cada día más hermosa hace garabatos en la tierra (para vos), Margot hace ruido con dos palitos contra todo lo que cree sólido (atrevida), y la roja arranca y mordisquea plantas venenosas (qué peligro). Un peligro el jardín. Nadie las mira. Suena Michelle (felizcumpleMichii…) en la radio portátil, pero no la Michelle de los Beatles, sino la Michelle instrumental de All that Jazz, en un enganchado para nada bailable con Vivaldi y su Concert in G, del mismo colegio. Seis minutos exactos de domingo con sol (sostenido).
La cámara gira hacia Marquitos que juega, desde una palangana, a romper con la pelota las flores del jardín. Primero, un pelotazo a cada Margarita, luego a la alegría del hogar y por último, a los pensamientos, que crecen como enredaderas y suben por la medianera, como queriendo escapar de tanto encierro inútil.
– Papá, cuándo me vas a traer la témpera? – pregunta Marquitos. Margot levanta la mirada.
– Cuando me saque la venda de los ojos, querido. No ves que no veo, veo?
– Qué ves?

Ella le acerca un mate con hojitas de verdeo (para darle sabor). La yerba es insípida y abundante. Nada calma la ausencia, todos con su histeria a cuestas, a matelisto y baybiscuits. Él sonríe. La quiere tanto. Quiere tanto amarla y hacerla feliz.
– Cuando sea grande quiero enamorarte.
– Está caliente?
– Si yo pudiera, te haría tan feliz…
– Mirá esas nubes. Mejor destiendo la ropa y la entro antes de que se venga la lluvia y me moje todo de nuevo otra vez.
– …como un día de domingo.
Ella corre a buscar la palangana de Marquitos, que sale disparado de la misma.
– Enjuagala mami, mirá que se me cayó algo del blanco adentro.
– Vos y tus blancos, hacemelfavor y entrá a las nenas que se me van a deteñir cuando llegue la tormenta.
Marquitos obedece con una ternura inmensa y las lleva de a una hacia el interior de la casa. Ella vacía la soga justo a tiempo para evitar las primeras gotas de lo que ya comienza a parecer la tormenta de Santa Rosa, con su eterno delay hacia septiembre, que este año parece durar mucho más demasiado que en años anteriores.

Toma 38. Desde el interior de la cocina hacia el jardín. La lluvia ya es torrencial.
– Y papá? – pregunta Marquitos. Margot levanta la mirada.
– Y papá? – pregunta Ella.
Y papá afuera. Toma desde la grúa, en picada a primer plano de él Apleno bajo el agua, con la venda empapada y el alma que retoza en el recuerdo del recuerdo del recuerdo del milagro de las pieles bajo el agua de hace tanto.
Cierra el capítulo a blanco. La producción comienza a guardar todo en el camión antes de que el barro no les permita salir del country.
– Oiga… no prefiere entrar? Adentro está más calientito, Don Apleno. Lo ayudo? Quiere que lo lleve?
– Deje señor director, yo me arreglo solo. Vayan nomás.
– Como quiera. Nos vemos mañana.
– No creo. No ve que no veo veo?
– Qué ve?
– Muy gracioso…

MAXIMAS Y SERVICIOS A LA COMUNIDAD:
(su aviso “Aquí”)

Pague sus expensas.
No es lo mismo alegría sin diques, que alergia sin diques.
Leer mal y rápido aumenta el riesgo de morir horriblemente.
No todo lo que no brilla no es oro.
Alegrías y tristezas, tedio y diversión son sucesos cíclicos.
Hoy estamos, mañana no… qué más da.

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Lo que sangra – Parte 6 – (Perdón si me ves lagrimear, es el parche)

agosto 27, 2006

Viernes 3 PM. Toma aérea de la Planta Empacadora, humo gris, sirenas, tambores. La sentada india continúa, todos esperan el humo blanco del “habemus pax” pero ninguna de las partes cede terreno. Sin embargo, es hora de volver a casa, y él ficha la salida.
– Pero qué de pocas son las ganas de volver… todo sangrando, todo chorreando, todo mojado siempre y pegajoso.- murmura él mientras camina hacia la parada de la Nordelteña (Cartel Blanco). No se detiene en la primera. No se detiene en la segunda, ni en la tercera y sigue caminando. Pasa la cuarta parada y sigue. Sigue. Pensando, caminando, queriendo estornudar, toser, sacar afuera las pasiones que le inflaman inquebrantables el pulmón derecho.
Toma múltiple del hombre caminando vencido por el destino, harto, cansado, va vagando, angustiado, silencioso, va del brazo de su amiga, de su amiga la ilusión. Pateando veredas y extrañando las baldosas mixtas de su infancia en Villa Balducho.
(Nda: el actor que lo interprete deberá usar una camisa y deberá: llevar muchos papeles abajo el brazo y un bolso colgado al hombre, saber que no se oculta lo perdonable, ser adorable, y una hipoteca de cienmil dolores como para, medianamente, intentar dar con el physique du rol, la psique du behaviorisme y la pisque de la más tré yolí personalité del sujet)
La Cámara 1 gira alrededor de él, que camina y camina (la Cámara 2 toma a la producción que corre sosteniendo cañas de micrófonos, cables, trípodes, carros, dollys, cargadores, audio y baterias, y archiva los rollos de súper 8 para el making off oficial de la peli)
Y de repente, súbitly, él se queda inmóvil al borde del camino, (y congela el júbilo, se llena de calma, se piensa sin sangre) se congela el aire, (como todo en julio) se congelan su espíritu y su alma. Y la cámara también. Congela la imagen en su brusca y enajenada mirada.
Una señal, una aparición, una pintura esplendorosa. La más epicúrea epifanía ante sus ojos purpúreos de repentina emoción. Un ícono magnífico de belleza imperturbable se presenta ante a él.
Cámaras 1 y 2 giran y toman planos urgentes, el foco no se demora en registrar a La Marmita más bellamente construida por manos humanas jamás de los nunca jamases: La Basilisca de La Nuestrísma Señora de los Sostenes de Fierro.
Toma general del templo, zoom y tilt up hacia La Cúpula, dónde revientan las estrellas en cámara y hacen las delicias de grandes y chicos (y de la producción también).
– Yo conozco este lugar… Yo conozco la escalera en espiral hacia allí…
Él no se amilana ni un poco y se deja llevar por el impulso frenético que le pide entrar, que lo obliga a meterse instintiva y salvajemente en la Marmita.
Toma desde el atrio, él se acerca deapoco al altar. Una luz fuerte y titilante no le permite mirar el rostro de La Diosa y lo obliga a restregarse furibundo los ojos una y otra vez, razón por la cual se le produce un desgarro de córnea de Dios y Señorísima nuestros y la escena debe cortarse para trasladarlo de emergencia al Santa Luzmía, donde lo operan exitosamente y lo mandan de nuevo a su casa hasta el lunes, que tiene que volver para un control de rutina y otro de retina.
La producción putea por lo bajo. No puede haber más contratiempos, se dicen los unos y los otros, pero levantan todo y se van lo más campantes a ver a Paloma Guerrera al Luna Park, después a comer chino porái y listo el pollo saltado con almendra y pescado rabioso.

“La vida es difícil y da tanto trabajo, que si nos pagaran por ella, seríamos todos millonarios” (palabras del director, durante la última curda, donde el barro se subleva, llorando su sermón de vino a la tropilla de la zurda o algo así, estabamos todos muy borrachos…)

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Lo que sangra – Parte 5 – (El poder de la empatía)

agosto 22, 2006

Toma 24. Horas. Como las de Él, pobresanto, como las 24 de Bauer que nunca duerme nunca. Ni come, ni come, ni deja dormir.
24 horas las que se toma el agua para bajar lenta hacia el canal.
24 horas para llegar al hogar a disimular los destrozos.
Un travelling lo sigue por la casa con foco sobre su hombro derecho. Silencio. Sólo se escuchan las pisadas de él sobre la alfombra mojada. Llega al dormitorio de las nenas y saca los colchones. Hace lo mismo con el de Marquitos, que chorrea un poco demasiado más. El conyugal va a tener que esperar, tanta lágrima lo ha hecho tan pesado. Se queda parado y quieto mirando su cama. Gira sobre sí mismo. Medium Shot a Ella que aparece por la puerta y un Zoom in hasta el Extreme Close Up de sus ojos que comienzan a llenarse nuevamente de lágrimas.
Segunda cámara toma la escena desde el pasillo. Él la abraza como sólo él sabe hacerlo. Ella se afloja y sonríe.
– Yo te abrazo, pero no lluevas más mi vida, seamos razonables, ya no lluevas más (mira el colchón).
A blanco desde el abrazo prometido.

De lento blanco a un sutil temblequeo de la cámara con foco en la cara de él, sentado y mirando un punto muerto por la ventanilla del colectivo que lo lleva a la empaquetadora. Un travelling lo sigue, baja con él, atraviesan juntos una manifestación de protesta lunfarda contra los mandatarios de Nordelta por la recuperación de sus tierras.
Él cierra fuertemente el puño y sigue caminando. Ficha. Allí lo esperan Brisa de Pluma Fuerte, una india Taichí que se desempeña con él en el mostrador de empaque y su jefe de planta, Pacha, cacique también de los indios lunfardos, tribu que otrora ocupara las tierras donde hoy crece y se desarrolla Nordelta.
– Supimos lo de tu coqueto chalecito. Cómo están tus hijos?
– Y… lo tengo a Marquitos que sigue destiñendo y a Margot insatisfecha con su color. Parece que le vamos a dar una manito de violeta, o algún lavanda, no sé.. lo que consiga. A mí me sigue gustando el rojo sangre, que combina con todo. Te conté que a Ella le regalamos el lavarropas?
– Pero Ella no quería una camperita blanca?
– No. Ella siempre quiso un lavarropas.
Corte a blanco.

Toma del lavarropas (de carga horizontal) frenando el último centrifugado y un zoom out que incluye lentamente los dedos de Ella tamborillenado en el vidrio durante el minuto entero que demora el sistema de seguridad en dejar abrir la puerta. Tararea “Strangers in the Night” y comienza a poner la ropa y los trapitos limpios en la palangana verde verde. Como la aceituna. Como el mate. Como la esperan.
Corte.

Toma fija de varias sogas cargadas de ropa blanca, toallas, manteles, sábanas, todo prolijamente abrochado y puesto a secar al sol y al viento. Suave.
– No voy a llorar más.
Marquitos aparece en escena corriendo y agitado. Su cuerpo chorrea tinta, pero se lo ve radiante.
– Hoy trae papá mi tinta, hoy papá trae mi tinta, hoy mi papá trae tinta, hoy mi tinta trae papá!
Desaparece como vino. Blanco. Torrontés.
La producción ayuda a Ella a doblar la ropa y a armar nuevamente la casa. Gracias a Shinefully solo se arruinó la mesita de la compu y la conexión a internet. La producción le ofrece una cpu nueva que sacó por canje en Garbazores pero Ella lo medita dos segundos y rechaza la oferta.
– Mejor así…

(La producción de esta magnífica superproducción usa Fibertel
a sabiendas de que no existen conexiones seguras ni confiables).

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Lo que sangra – Parte 4 – (“24 Bugs Got a Devilish Grin Conga”)

agosto 15, 2006

Toma veinte. Toma veinte y los anuda. Toma otros veinte y otro nudo. Veinte más y sigue. Hace mechoncitos de a veinte pelos, casi todos canitas, casi todos al aire viciado de la jungla de cemento y diurna polución. Los guarda en el cofre diario que ella le regala con cada amanecer.
– Es como adjuntar archivos en falta, querido. Vos los ponés ahí, en draft, y listo.
– No entiendo.
– Mirá. Si guardás tus canitas en tu cofre, si de veras las guardás con amor, a lo mejor prosperan y crecen ilimitadamente como en ese libro de García Márquez, ese que a la chica le crecían los pelos después de muerta, te acordás mi vida? (…te acordás de mi vida? Te acordás de cómo éramos antes de los detalles de pintura de marcos? Ay, mi vida, cómo te extraño… Ay! cuánto dolor es más no verte! Me duele tanto que) …me bañaría en xilocaína si tuviéramos bañera.
– Eh? No tenemos bañera?
(a ella se le escapa una lagrimilla que se desparrama por el pasto del diminutísimo jardín familiar y produce una inundación de considerables dimensiones, razón por la cual deben abandonar la isla en una canoa que él siempre tiene a mano por si acaso llueve demasiado en Nordelta).

Toma aérea larga y lenta de la canoa a la deriva por los canales del Tigre. La familia Apleno, con Marquitos de grumete, él como capitán de la nada y ella tejiendo felicidades en RGB para calmar a las nenas que chillan como nenas, que lloran como nenas, que reclaman como nenas. Las tres en una. Las tres en ella. Las tres, débiles mujercitas desmembradas, despersonalizadas, llenas de miedo al agua (la tierra engorda y el fuego me envenena la salsa, dame aire, oropeles y valores. Dame luces patinadas que envuelvan el viciorama de tanto color inalcanzable).
Se acerca toma steadycamerada y deja foco en la cara de él, en sus ojos desorbitados de alma en remojo. Se pregunta si para abajo hay dos metros de agua o si es como el Nahuel Huapí el lago que se lloró su mujer.
– Al próximo, si es varón, le vamos a poner Nahuelito…
Corte.

Toma fija del atrio de la Parroquia de Nordelta. Aparece (por la derecha) el Sumo Sacerdote acompañado por el Chamán de turno y una intérprete bilingüe que habla español y Taichí.
– Lo sentimos mucho, querida familia.
– …
– …
– Les podemos ofrecer techo, unas mantas y un plato de frijoles. De seguro mañana todo volverá a ser como antes del diluvio.
– Gracias… (la perplejidad no la deja pedir mayonesa para aderezar los porotos) padre.
Marquitos nota la desesperanza en los ojos de su madre y se come el llanto. Nace una neurosis en escena, esto es casi como The Truman Show! (la producción está tan feliz, que larga todo sin cortes, sin foco, y se va a festejar el golazo a Las Cañitas, razón por la cual la familia Apleno pasa la noche bajo el cobijo del techo de la Iglesia de la Virgen de la Divinísima Soledad de la Hostia de Nuestro Señor Shinefully, se come los frijoles y de postre, la misa vespertina)

El capítulo cierra cuando la cámara se queda sin batería, foco en el atrio, sonido ambient, Café del Mar.

AVISO: La producción no se hace responsable de los ataques de pánico o vicios mentales que pudieran aparecer con la lectura de “Lo que sangra”. A lo sumo pide disculpas e invita a leer Orsai o a Bucai o similares. Si sufre de trastornos estomacales, vértigo inmemorial y calores premenstruales, aléjese de la pantalla. Si no sufre, pase la receta. Esta producción se comunica con Personal y lee “Las viudas de los jueves” para achicar el espacio temporal con la muerte. Elija usted “cuál de estas habitaciones se ajusta mejor a su encierro”. (gracias dibujitos)

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Lo que sangra (siempre que llovió, paró)

agosto 9, 2006

Toma quince. Quince minutos nada más darse cuenta, pero nadie lo hace y los chicos crecen, la vida sigue, los pajaritos cantan, la vieja se levanta.
Mesa familiar. Cada uno en su Sitio, él con una inflamación elegante de canas, ella que sirve, Marquitos mirando el charco blanco debajo de su lugar, las nenas en sus sillitas, cada una en la suya.
Margarita (la roja) es la más feliz, siempre se notó. Es que tener al papi embobado es grandioso, ya lo decía Freud. La azul, zafa (Marquitos la entretiene y está híper estimulada). La amarilla, en cambio, sufre como perro (salió al padre), la tienen bajo tubos de luz día todo el idem porque nadie entiende que el amarillo es su color y no los anticuerpos oxidados de la madre (Freud también decía que las madres tienen todas las culpas, pero esta vez, no es el caso).
– Con tanto foco puesto en ella, se la va a creer.
– Mientras no se haga modelo. O puta… Hay más alcauciles querida?
– Si, pero son para mañana. Están carísimos… casi dos pesos cada uno… Te imaginás? “Ya no sos mi Margarita…” qué gracioso… Pasame la mayonesa.
– Por qué tengo que esperar hasta mañana si ya los pagué? (le alcanza la sal)
– Para que duren. La mayonesa te dije…
Corte.

Toma general del palier del edificio.
– Venimos por el aviso de Clarín.
– Si si, adelante. Es un caos, disculpe. No sabe lo difícil que es criar trillizas…
– Las expensas son caras?
– … nos comen vivos.
(la producción nota el chiste bobo, pero no le dice nada al director, porque sabe que está sensible por el Día del Niño, tantas ventas, tantas compras, tantas entregas de amor en blistercitos brillantes y cajas de cartón). (salió verso sin esfuerzo, je je… la producción a veces se divierte con tan poco…).
Corte

Publicidad de Nordelta (la larga, esa que te explica las bondades de vivir cerca de la naturaleza y esas cosas bellas que tiene la vida lejos de la Gran Ciudad y que te muestra niños felicísismos andando en bicicletas brillantes con cataforesis y dos ringtones a elección, mientras las Madres Hacendosas cocinan pasteles y toman clases de Paddlington y los papás empaquetan y venden por ahí “pa’ poder parar la olla con pobreza franciscana en el triste conventillo alumbrado a querosén” y disfrutar de los pasteles recién horneados… En definitiva, la larga, digamos… (semejante superproducción necesitaba de un buen sponsor))

Toma general del coqueto chalecito que acaban de comprar con la venta del departamento y una hipoteca de u$s 100.000 (Nda: Nordelta es caro, pero lo mássss…). Tiene techo a dos agujas, cocina amplia y espaciosa, piscina cubierta y radial y un jardín al fondo, diminutísimo, pero suficiente para un rico asadito al voleo. La familia Apleno parece inmensamente feliz y sonríe para la foto. Flash y a blanco. Pantalla muerta en blanco. Marquitos se acuerda de su drama y recomienza el llanto. Dice sollozando que su color no seca. Nadie lo calma. Fade out al silencio.

Prolongado silencio. Molesto silencio. Casi eterno. Tanto, que se podrían inventar nuevos ruidos con tal de apagarlo.

Fade in al llanto de un bebé. De blanco a amarillo, en un primerísimo plano de Margot berreando.
– No sé lo que le pasa, querido… la nena no para de llorar, seguro que a ella tampoco le gusta su color… qué vamos a hacer??
– Calmate, mañana cuando vuelva de empaquetadora, saco los pinceles y le doy algún otro color. Andá viendo cuales le combinan, así compro la témpera antes de tomarme el bondi.
– No sé qué haría sin vos…
– (Yo sí sé qué haría sin vos)
Corte.

Primerísimo plano sobre la mano de él en el picaporte del baño. Abre, entra y cierra tras de sí (la eterna costumbre de cerrar todo). Echa llave. Prende la ducha y piensa mil letras mientras se arranca los pelos de a uno frente al espejo que se va empañando de a poco.
– Qué pena no tener batería…
A gris desde el espejo (la polución, por más que huyamos del humo y de la City, llega a todas partes. Hoy, lo que manda es la Globalización. Por amor, usá preservativo)

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Lo que sangra (una historia de amor, odio y sacrificio)

agosto 8, 2006

Toma ocho. Ocho. Una sobre la otra ella se las toma (disueltas en el Chardonnay que él usó para limpiar los pinceles). Muy blanco todo. Sepulcral. Las únicas cosas con color son el mate, la uñas y la aceituna que ella se tragó (finalmente ella nunca escupió el carozo, pero él la perdona lo mismo). Él mira a la cámara, toma americana, y hace sonar el anillo contra todo lo hueco, para ver cómo suena de lindo percutiendo.
– Si tuviera una batería…

Ella grita fuerte. Cada cinco minutos (siguen los signos). Del estómago le salen tres margaritas y Marquitos las levanta y se las lleva a la ventana. La témpera blanca aún no seca y él se pega los pétalos de a uno.
– se quieren, no se quieren, se quieren, no se quieren.
Se quieren. Si no, no se explica el embarazo de las trillizas. Una para cada uno, bromean en la mesa de operaciones. Marquitos quiere la azul. Él, la roja. A ella le da igual.
– Mientras venga sanita…

Sala de espera. Marquitos llora. Él lo quiere tranquilizar y le ofrece un sanguchito pero Marquitos rechaza las dos cosas.
– Aprovechá mis brazos ahora, antes de que lleguen tus hermanitas.
Marquitos sigue llorando. Desesperado. Está todo pintado con témpera blanca (y a él le gustaba tanto la azul).
– Sin bichos, pero sin miga (el placer nunca es completo). Si no lo querés, no insisto. Yo sé lo que se siente al masticar esto.
Marquitos se ahoga en llanto, es insoportable. La enfermera les prende la tele. No los aguanta.

(Publicidad de lavarropas y cocinas. Se viene el Día de la Madre Hacendosa (y buena). Vamos con música enternecedora (pero convincente))
A blanco (a pesar de Marquitos).

Volvemos de blanco, toma panorámica de la Gran Ciudad (todos están en la Gran Ciudad, incluídos él (sugerente…) y ella).
– Se lo envuelvo para regalo?
– No no, me lo llevo puesto, gracias.
Toma de él alejándose, vestido de lavarropas. A blanco nuevamente. Blanco y suave algodón (venía con un Vívere y algunos enzolves verde aceituna, verde mate, verde esperan, de regalo)

Marquitos, amoratado de tanto llorar (nunca paró) esboza una sonrisita al verlo. Una mueca.
– Puedo yo? Puedo yo?
– Si. Vení. Metete adentro, así le damos la sorpresa a mami.
– Mamá me dijo quería una camperita blanca que vio en el centro.
– No. Mami siempre quiso un lavarropas. Vení. Metete.
(lloran los dos)
Cierra a negro.

Se escuchan los gritos de alegría de ella al ver los regalos y las carcajadas de los seis. La familia a pleno, la ropa limpia.
Baja la música. Bajan las risas. Baja la temperatura.
Baja la campera.
(queda el sonido del tránsito porteño, que no baja nunca. Nacer en Buenos Aires, definitivamente es insalubre).

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Lo que sangra (última canción animal)

agosto 8, 2006

Siete menos diez. El llega. Ella lo espera con el pincel en la mano derecha, un mate en la izquierda y una aceituna en la boca. Él hace un ademán de beso, para comerse la aceituna, pero ella se la traga y la apura con el mate. Perplejo se queda con el pincel y busca la tempera roja para empezar con los deberes. Hoy, marcos.
– Marquitos está tan lindo… se está poniendo hermoso, no mi vida, mirá, si hasta tiene tu puta atracción por las mujeres. Ay, Marquitos… no le hagas esto vos también a mami (signos).
(solo queda témpera blanca y eso lo exaspera más que saber que ella no escupió el carozo).

Venimos de blanco, como en sueños.
– Vamos de paseo querido, vamos. Nada personal. Just checking tu amor, mi amor. Yo te manejo, así no te cansás, no te aburrís, no te odiás de tanto simular, quedate tranquilo mi vida, yo manejo.

Toma aérea del sueño del hombre y un zoom anatómico a las partes.
– La polución me está matando, nena. No sabés cómo te extraño cada vez que me toco, no sabés. Toso y toso como nunca. Es que tanto humo en la cabeza, vos sabés y las aceitunas. Esto no me hace nada bien.

La ruta se aleja hacia algún satélite y vuelve haciendo otro zoom al sanguchito de salame que traían por las dudas, por si el tedio irritaba más que el ácido.
(se ven claramente los dedos de ella sacando los gusanitos para dárselo limpio a la luz de sus ojos. Vacíos. Porque. No. Lo. Ama. Más. Y eso la aburre y se entretiene con lo que puede y puede poco)
– Que se lo coma entero, putamadre, así se duerme y puedo extrañar tranquilo por la ventana la vez anterior sin tus sanguches horribles, si yo quería de miga, por qué no me hiciste de miga si yo (se duerme)

Bolsos, enseres, monederos y papeles. Lagañas. Humo, bancos y todo el mundo en pantalones (para que él no sufra, porque hasta ese nivel llega el detalle de todo). Seguramente ella se está enterando de que él no se lo dijo y seguramente comienza a sembrar la ilusión, aun sabiendo que es difícil de creer, casi a punto de caer, no siente miedo, sigue sonriendo (sé que te excita saber hasta dónde llegaré). Pero sigue. Increíblemente.

Taxi. Porque sí. Es lógico. Por qué no? Ahora nada nos libra. Nada más queda.
– Cuanto es, viejo?
– Nada, invita la casa (guarda la billetera).

Chin chines festivos. Guirnaldas alusivas. Foto de perros muertos en patio viejo.
– Y vos que me decías que nadie te quiere, mi amor… mirá querido!
– Me dejarás dormir al amanecer entre tus piernas? (para ocultarme bien y desaparecer entre la niebla, piensa)
Pero no. Ella solo está probando. Sus piezas tiernas y solidarias quedaron atorando alguna máquina infernal.

Taza, taza y esta vez ya no todos usan pantalones. Ella ya no quiere aliviarle la pena. Ni la culpa, y manda a sus ángeles recién muertos a que le recuerden a él lo puta que es la vida mala cuando no se la rocía con antiácidos de adentro hacia fuera. Tanta aceituna contrariada, tanto carozo taponando el sentimiento.

Toma… como siete, creo. Si. La obvia. De nuevo un zoom violento (hay abuso de recursos, lo sé) al sanguche. Ella tiene las uñas pintadísimas.
– Viste? Tu mamá los hizo sin gusanitos. No quiere que nos enfermemos. Qué divina es tu mamá, y vos que nunca te acordás de ella. También vos… cómo te va a querer si nunca la llamás ni le mandás encomiendas. No querés uno? Dale… así dormimos un rato.

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Mármol

agosto 4, 2006

La escultura de Botero se desparrama por el suelo con una flor cruzada en los labios y con nada en el ojal desnudo de su cuerpo.
Mira con chispazos de violencia. Te destrozaría asquerosamente si tan solo te acercaras.
Ella te mira mientras mastica su flor (y a quién le importa si ella la riega?)
Te fuma entero sin que vos puedas ni siquiera enterarte de que ya sos
humo en sus pulmones.
Ella te lame, te enciende, te recita tus miedos directamente en la oreja
y vos nada podés decirle, porque para qué, si ella nunca te oyó (y no va a empezar justo hoy) y te quedás. Mojada la oreja y seco tu destino de maestro mayor de obras. Cansado. Harto. De. Hacer. Siempre. Nada más
que dos plantas. Una. Y otra. Y otra vez.
Manteca al techo del primer piso. Para patinarte encima, y en la noche, a la sombra de tu sombra, con tu gorrito de lana y el termómetro en los dientes darte cuenta de que hiela. Hiela y tu boca. Hiela. Y tu boca. No puede disimularlo.

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Lucha de Gigantes

junio 13, 2006

A casi un año del inicio de la tragedia, cada domingo, la psique sigue expuesta a riesgos por fallas en el funcionamiento de la percepción.
Luego del último siniestro, se incrementaron las inspecciones sobre los individuos, muchos de los cuales fueron aislados y hasta excluidos, de modo que, en la actualidad, sólo funciona la tercera parte de los de hace un año.
Sin embargo, como señalan desde la propia Intuición, en ese período aumentó la actividad emotiva en zonas no habilitadas, situación que beneficia a aquellos sujetos que no reúnen las condiciones exigidas, en detrimento de quienes sí operan con los papeles al día.
Por otra parte, como también reconocen fuentes oficiales, el sistema de sanciones es tan benigno, que permite que sujetos sancionados varias veces vuelvan a ser funcionales luego de pagar una multa reducida.
Todo indica que, a pesar de la magnitud de la tragedia vivida, ni el Súper Yo, ni la Intuición hicieron los esfuerzos necesarios para adecuar el sistema de controles y de sanciones a las necesidades del Yo, priorizando las luchas internas por los espacios de poder. Se sabe que, durante esta etapa, ambos organismos invirtieron una notable cantidad de horas sesión y de energías en pujas vinculadas con la distribución de los espacios de placer.
Éste estado de situación coloca en riesgo a todas las zonas que intentan la felicidad y las obliga a suplir con su propio juicio y criterio las fallas en el funcionamiento de la Intuición y los abusos del Súper Yo, otra consecuencia que genera una competencia desleal entre los individuos, viéndose perjudicados aquellos que invierten para cumplir con las normas establecidas tendientes al bienestar general (y particular) de las partes.

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Reacción encadenada en P-239

junio 13, 2006

Había otra vez, ya no una mosca. Esta vez, era otra cosa. Desconocida. Enorme. Gigantesca, monstruosa. Que vivía a pocas manzanas de mi planta de geranios, planta enriquecedora de plutonio que, bañada en agua pesada y sahumada con cigarrillos de todos los colores, transcurría sus días muy deliciosamente.
Ésta otra cosa, acrecentaba su power desde la ventaja dada por la cercanía, por la vecindad con mi planta de geranios, y se llenaba de electrones libres que, cada segundo, aumentaban su velocidad orbital, obviamente, alrededor de ella.
Le orbitaban, cada instante, más y más partículas que la enriquecían pero que, a su vez, la hacían mas tóxica y potente.
Y ella se preocupaba, cómo no hacerlo, porque sinlentamente se iba volviendo inestable, peligrosamente delicada. Un disparo más puntual en su núcleo, y listo. Chau. Todo al recarajo. Todo lo logrado, chau. Kaput. Se finí.
Por eso, esta otra cosa se esforzaba por girar en contra.
Ella batallaba por volver siempre el tiempo atrás. Antihoraria.
Como Superman I, enajenado, queriendo salvar a su amada Louise (por qué nunca nadie piensa en Thelma?).
Y se moría por convocarlo, muy a pesar del día, muy a pesar de no tener la clave, el número mágico, muy a pesar, su muy pesar. Su gran pesar de domingo madrugado sin noche previa, más que en sus ojos, como decía Aute (aunque ella odiara a Aute más que a su destino de ser simplemente otra cosa. Desconocida. Enorme. Gigantesca, monstruosa.)
Y entonces se aflojaba de la pena, se resiganaba y dejaba caer los hombros y los párpados, y a los electrones hacer su trabajo y al reactor dispararle, bien en el centro de su núcleo, ese neutrón que le hiciera la fisión suficiente como para romperla en miles de millones de trillones de pedazos y obligarla de esa manera a rearmarse de nuevo, cíclica. Tricíclica (aunque ella odiara el pedaleo, tanto como a Aute, o quizás un poco menos…)

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Vals

mayo 17, 2006

Ella sabe. Ella podría traducir y revestir todo con el mismo blanco acartonado de las mangas atadas por la espalda y dejarse llevar. Libre.
Pero elige quedarse y mecer el miedo. Para controlar. Para someterlo. Todo se escapa del orden.
Existir o desertar.
Y cuántos significados quedan. Cuánto más por descifrar y ni matándolas de a una y ni sosteniendo los féretros los restos las letras pueden decir que nada alcanza.
Seducir o asesinar.
Y todo pasa el tiempo la vida el gris lamentos amparando a las que quedan que redundan en la nada. Una a una las desangra. Una a una las cercena. Una a una las aplaca las mata las escolta hasta su nicho.
Matar o se quedar.
Y cuando ya no importe y solo quede el verbo esperando arrasarla y la luz. Cuando ya nada importe ni el luto el asombro la pena la vergüenza. Cuando la pregunta sea el signo y la respuesta el punto. Cuando solo sea el verbo flotando en su silueta.
Amar o respirar.

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Ley Nº 575

abril 4, 2006

Retarda anhelos / La fruta se sulfata / No queda tiempo.

Piensa estrategias / Levanta con la boca / Ser lento ayuda.

Río de piedras / Sonríe transparente / Sabe del agua.

Lo rojo se abre / Volcanes me entretienen / Oír desangra.

Cruza aeropuertos / Le gana siempre al sapo / Y no le alcanza.

Halla la grieta / Perdonar es palacio / Refleja el barro.

Busca al salvaje / Tentarlo es instintivo / Lo espera quieta.

Compiten plumas / Verbos estrellan lanzas / Metal engaño.

Discursan hombres / Quieren domar la noche / Ser dios un día.

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Pista 4

febrero 6, 2006

Te rociás pez, con polvo de hadas
de donde sale esa infantil
mueca se hace
canción de sabanas
carretas y menhires
soles que se ponen en oriente
y fósforos que se renuevan
en cada fogonazo
nunca igual al resto
nunca resto
y sumás altavistas
a la eterna búsqueda
de piedras que acechan
musgadas de leyendas rancias
leche de luna
noche de frutas
escarnio mutilante que depara
rasante al abandono de alforjas
mudo de fortalezas y murallas
que no pueden
más que lo que dan
por haber preferido
saben lo que ofrecen
los sentidos desplegados
difusos, profusos, letales
cerezos y alcancías
madejas de menesteres truncos
rocío de vacuolas que engrasan artículos,
artes, articulaciones
colores rotos en los deseos abigarrados
fulanos y portadas
raíces de tomates tuberosos
como manzanas de calabaza vieja
distanciando molestias
como los universos sus estrellas
no tengo sucursales para mi espíritu
ni hadas que me arropen con luces
un pecado

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Lumpen Buenos Aires (todavía no me fui y esto ya en desastre)

diciembre 14, 2005

Mi libro de reojo
El que me pide por dios
Que le regale Semántica
Y un final mágico
Describe solo y como ensayo
La inocencia del que muere
Lo desalmado de sentirse satisfecho
La idea de ser fértil
El segundo día de cada guerra
Las escaleras sin descansos
El humor alemán
El primer vómito de adulto
La cara del que rompe un candado
Y mientras esto sucede
En el epílogo del nudo
Se ve al sapo enamorado de la reina
Al príncipe desencantado de la vida
A la princesa llorando como escuerzo
Y al pobre mago editando a cuatro manos
Para cada cuentito un “The End” de perdices
Sobre el crudo de fantasías desanimadas
Que siempre le llegan por default

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Descanso III

noviembre 26, 2005

Quise cambiar un poco el rumbo de mi vida y me vi metida
en un laberinto peliagudo de pasillos angostos y paredes cerradas,
perdida de la manera más absurda. No veía gente, ni puertas,
ni ventanas, ni luz. Solo yo. Ni mi sombra. Ni mi miedo.
Quise volver desandando mis pasos, pero la oscuridad era absoluta.
Deambulé por horas, por días. Los meses transcurrieron.
Habían pasado diez años cuando te encontré.
Ahora, al menos, ya no estoy sola buscando la salida.

…y me desespero escalando el tiempo que me afuera de Vos y enarbolo la melancolía la saboreo hasta sentirla oscurísima hacerme música inventarme tuya y sé que Vas a llegar con tu risa a cerrarme los ojos a coserme de nuevo a la Vida a convertirte en escenario Para mí a Verme bailar Para Vos y te invitaría Pero Vos sabés que en realidad lo que menos duele es la demora…

A veces siento muy grosera la manera tan eficaz que tiene el destino de embocar esos dos o tres estímulos insignificantes en la única grieta que tiene mi felicidad.
Porque es entendible que uno no le ande poniendo chalecos a la alegría.
Es precisamente alegría porque anda desnuda y sin preocupaciones,
no sé si me explico.
Ahora, que venga el destino y descaradamente descubra la fisura, eso ya es demasiado.

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Descanso II

noviembre 23, 2005

Ni esa barrera que nos separa con saña, ni veinticinco años de enfermedades contagiosas me alejan de vos.
Me hacés creer que no soy obvia, que no tengo manchas, que mi sangre
es azul. Y a la sombraluz de tu mentira, bailo colgada del ángel que custodia el alma de los suicidas contrariados, esperando que me desnudes el alma,
ya que otra cosa es improbable.

Había una vez un Universo perfecto en el que las almas y los cuerpos
estaban en estado de satisfacción permanente. Un estado en el que
resultaba imposible pretender otro. Un día, llegó un dios muy muy muy malvado, miró la obra y vio que era demasiado buena.
Entonces regó la creación con litros de deseo.
Hubo inmunes que siguieron viviendo sus viditas de satisfacción absoluta.
En cambio los débiles…

Para ser lo que soy, antes debí morir. Ahora que estoy muerto puedo afirmar que fui Borges. El mundo es real yo soy Borges. Ahora que converso con Macedonio, Bioy, Lugones y Shopenhauer, puedo decir que la eternidad es algo aburrida, pues carece del mágico atractivo de la duda.

Estoy pensando seriamente en empezar a apagar la computadora.
Quizás si no estuviera prendida las 24 horas…
El protector de pantalla me hipnotiza. Me absorbe irremediablemente.

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Mordaza

noviembre 6, 2005

Escribí ese relato sobre la muerte del chico de la moto y Vialidad Nacional se quejó por la imagen de incompetencia que este cuento les dejaba en cuanto a campañas de seguridad sobre la utilización de cascos y afines. Rapidamente, tapé ese post con otro que escribí sobre donación de órganos. Pero el INCUCAI me amenazó con emprender acciones legales, porque dejaba muy mal parado a los médicos y a sus veredictos sobre la muerte.
Por eso me metí con dios y escribí sobre sus decisiones, su aburrimiento y su tedio.
No tardó en llegar un mail anónimo que me maldecía en todas las lenguas. Me exigían que respetara las creencias ajenas, dándome esa lata enfermiza típica de los exaltados de siempre.
Entonces busqué un tema más inocuo. El agua. Y escribí sobre el mar.
Grave error. Ya no se puede escribir sobre nada.
En este momento, tengo una manifestación de oceanógrafos, psicólogos, sociólogos, espiritistas, meteorólogos y hasta de bañeros en la puerta de mi casa. Y todos, despotricando sobre ese post.

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Descanso

septiembre 4, 2005

# Me paro frente a los planos de mi vida, con el lápiz en la oreja, brazos en jarra y las mangas arremangadas. Un desastre!
Un piso de baldosas que de cálido nada y las paredes de ladrillo hueco. No quería yo ladrillo a la vista para mi vida?
En qué minuto cambié de idea?

# No sé cuántos años llevo ya queriendo saber bailar. Se lo comenté a mi psico y el muy sabio me dijo:
-Aprendé.
No es un capo?

# Epicuro era un pelotudo. Él decía que si no podíamos distinguir entre lo que es cierto y lo que es fantasía, estábamos en problemas.
Me querés decir Epicuro, de dónde sacabas certezas vos???

# Si puedo hacer un planteo sobre algo, es porque lo puedo resolver.
Matemáticamente hablando.
Aunque la respuesta termine plagada de x, paréntesis y símbolos que no entiendo, tendré la solución.
Lo importante es saber qué decir.

# Nietzche dijo que el que tiene un “por qué” para vivir, es capaz de soportar cualquier “cómo”.
Yo en eso voy bien.
Se me está complicando un poquito con el “hasta cuándo”,
pero voy bien.

Tirarse a la Pileta

agosto 26, 2005

Subió zigzagueando al escenario y quedó cubierta por el humo del tabaco que el público le alentaba. El ruido era infernal. Se paró frente a la audiencia y comenzó a desvestirse.
Cuando hubo terminado de quitarse la última prenda se adelantó hasta pisar con sus pies desnudos el borde del tablado. Los dedos de sus pies abrazaron la madera. Así le habían enseñado a prepararse antes de cada zambullida.
Sonrió ante los impactados espectadores y comenzó a desgarrar de su corazón la melodía de su historia. Hipnotizados con su canto, la dejaron vivir su último segundo de gloria.
Minutos después la descuartizarían y la comerían en comunión con los ángeles, que sentados en la trastienda, esperaban con la motosierra encendida.

A ojos que no ven

agosto 18, 2005

Se quedaron mirando la obra con los brazos en jarra. En mano de los homínidos, la rueda se veía demasiado objeto. Todos tocándola, sintiendo su textura con palos y a los golpecitos. Con dudas, con un miedo que todavía no era ancestral y una rudimentaria precaución.

-La usarán?
-Seguro.
-Y cómo explicarán el descubrimiento? No deberíamos escondernos?
-Relajate. Todavía falta para que se les dé por investigar…