Archive for the ‘Loca! …vos, tu vieja y tu papá’ Category

Diégesis

mayo 18, 2008

El frío ha sido atrapado en este infierno
De enredadera que tapa la puerta, la salida
No necesito otra técnica para perderme de vista.

Que mis necesidades básicas no fueron cubiertas, me aclara mientras hace su ademán. Y que la carne roja no alcanza.
Después comienza a romper el pan, a introducirlo en el café con leche y a no convidar. Lo sumerge y lo aplasta y lo empuja hasta que se hace una pasta grumosa, cómoda para arrancarla de a cucharaditas y, sin gotear, llevársela a la boca.
Entonces yo le cuento que en el casillero que lleva mi nombre también hay una montaña que crece con la música, un vino respetable que nunca me fuerza y una cuerda que sólo uso para desatarme; que la montaña se acerca, que la soga huele a manchas de un animal de pupilas enormes y que lo del vino en realidad no importa.

Porque puede ser que me hayan visto pasar, pero nunca como un suspiro que fuera a anidar en ninguna parte. Porque puede ser que me hayan visto, pero siempre con el collar bien apretado a la garganta.

Necesidad fraticida insatisfecha, declara. Y ajusta. Y esta vez también lo anota en su cuaderno; pero yo le explico que ese deseo se ha ido pixelando con los años y que a los rezos ya los repatrié desde estos cuatro ángeles centenarios que ya no me representan aunque sigan alentando sentados en mi cama, cada uno en su arista, los cuatro esperando que algún día y de una vez por todas yo me quede dormida.
– Ellos fracasaron- le digo- ellos hacen frío. Desde que duermen conmigo que amanezco celeste. En esa habitación hasta los veranos se hielan. Si ellos no hubieran estado yo lo habría hecho mejor.

– Cual fue tu error?
(ella nunca se cansa)

Mi error? Cómo sonaría mi error si existieran palabras?
(debería confesarlo pero es tarde aunque sobren los minutos)

– Yo no sé nada – le miento.
(no seré yo quien otra vez siga de largo para que mi niña se avergüence de su piel de tierra y de sus manos de mandarina. Ya una vez quemé mi bastón junto a los barcos y no voy a hacerlo de nuevo)

Insiste
(podría ser cariño, pero sostenerle la mirada a un escorpión quema en los ojos).

No creo saber levantarme, pero sabré morirme a través de sus cuadernos que vivo como trámites.
Para qué insistir, para qué tanto drama sobre el filo de la nada?
Si se detuviera mi corazón, no me daría cuenta.

El frío llega a mis dedos y sé que si los froto volverán a desprenderse. Soy los segundos por los que caen al abismo la incertidumbre y la tierra firme. El día me fue dejando a oscuras, ya no hablo y con las manos tejo nidos tan pequeños como inútiles. Una mezcla complicada entre hormonas y sedantes para pasar la noche esperando que se abra el techo y entre el aire o uno de los cuatro vientos capitales, el más veloz o el que haya comenzado antes.

Cuando presentí la verdad decidí que los iba a dejar engañarme y, como en un teatro higiénico y destilado, me besé la cruz y comencé a perder el tiempo sanamente, sin preocuparme por el fragmento o por la parte. Una ficción de mirada holística sobre el tiempo que pasa en simultáneo sobre todas las cosas como único modo de evitar la mimesis del relato.

(mis nietos sabrán entender que corrían actores hirviendo rodando grava por mis venas como claves para vivir, como posibles fugas, como una manera de salvar de la inseguridad a mi delicadísima y precaria síntesis)

Ella escribirá:
“La experiencia no la ha vuelto más inteligente, sino menos espontánea. Haber aprendido a resistir, saber que sobrevivirá no la hace sabia, sino peligrosa. El riesgo ha crecido en los últimos días”.

Anuncios

Fiera venganza

abril 12, 2006

Es la loca. Sale del drenaje envuelta en porcelana de mielina, siempre buscando soldados para explicarles los colores y hablarles de musitas licenciadas a perpetua.
Cada tanto, se sienta y regala arpegios envueltos en almanaques de plomo a quien la mire a los ojos. La urgencia la ata a la vida con hebras de té importado.
Ella miente haber sido quien inventó la nieve de los jueves al fumarse un barrilete que encontró tirado. No le dolió, sostiene.
Nadie le cree. Solo una vieja loba, que la mira desde chiquita, la sigue de lejos golpeando unos huesitos. Otros, los menos, cada tanto le sonríen.

(more…)

Toys Hystery

marzo 7, 2006

Implica que vos no huyas de la inclemencia de mi hastío, golondrina tibia que rayó la noche, universal buey que sogime ante la tolerancia de la bruma, silueta pleniforme que recita el panorama de lo que pudo y no.
Fuiste sol, arena, caldera sideral, antojo de las liendres, zócalo de las estrellas, un ángel que se alimenta de sapos y galletitas de leche humana, que invalida el soplo.
Una novela es hermana de los amores sin noches. De los asombros sin día, de los proyectos vencidos.
Un lugar que no gobierna, ni a los ríos ni a la mente.
Un alcaucil, desojado por la nutrias, apuestan nada o nada, como garantía de seguros.

Todos queremos ser dementes simples
pero hay enigmas
arcanos que se descubren
escama por escama

Me vuelvo a los primeros versitos
y a las marionetas empolvadas

Y ya no cierran los ojos como antes
no las eligen nunca
muñeca / reinona / solcito / preciosa / vení que te explico / y porquenotematás
Por eso?
Muertitas
Ven (de ver y nunca nunca de venir)
Hay un rifle en cada verso cursi que no destaca / por aterrado / porque se sabe / porque para qué, si ni a mi me arreglaría hoy que nada alcanza y todo tan sobra

Hay un rifle
Dispara corchos y se guarda la sidra
de la bala de / que salva hijadeputa

Habría que atreverse a no matar a las balas

Porque las balan no mienten
Tanto

(more…)

Carrefour Dancing (all day, all day)

marzo 6, 2006

Me crucé conmigo misma ayer saliendo del supermercado.
Me quedé mirándome y a mí me pasó lo mismo. Me ignoré por completo y seguí caminando hasta el auto, sabiendo que yo entraría a comprar lo mismo que me hacía falta y que acababa de comprar minutos antes.
Supe que mi auto era el de la derecha porque recordaba haberlo dejado
en el espacio número 23 y no en el 24 como lo había hecho yo.
Subí las bolsas y volví a casa. Calculo que yo ya habría estado comprando antes, porque me vi cocinando lo que aún no había bajado del auto.
Esperé en el sillón hasta que me terminé de cocinar y comí conmigo misma una sola porción, pues había calculado para uno solo y qué iba a imaginarme que estaría yo también para el almuerzo.
Al rato llegué yo con más bolsas y me ayudé (porque de qué me servía seguir ignorándome) y, mientras me ayudaba, vi cómo me preparaba un bolso y me iba.
Me pedí que no lo hiciera, pero igual lo hice y me seguí para convencerme de volver, y cuando me terminé de ayudar, yo también corrí a buscarme.
Caminé por todos los lugares por los que solía andar y por aquellos adonde sólo voy algunas veces, pero ya no me vi por ninguna parte.
Y es una sensación extraña buscarme en cada persona que pasa, pero sin embargo no puedo evitarlo y trato de encontrarme siempre.
Porque sé que si en lugar de mí, fuera yo la perdida, seguramente hoy,
yo también me estaría buscando.

(more…)

Ella parte de mí

noviembre 21, 2005

Y esto es para mí ella parte de mí. Simpatía, ternura y barbarie. Ella parte de mí armoniza y desafina. Decide, se arregla, se descuelga de una dendrita
y se dedica a galoparme la cabeza como un delfín.
Cuando la descubro revelándose, tengo la sensación de que es una araña que me teje. Tan poco destilada para explicarse, me cuenta sus ideas, principios, percepciones, tan claramente en dos o tres metáforas,
que me es dificil no creerle, no entregarme.
Ella parte de mí es clarísima y contradictoria, se equivoca y sin embargo tiene esa increíble impronta que la salva. Y no sólo eso, sino que me divierte con sus errores repentinos, tan disléxicos. Errores que son producto de una pasión desbordada, de una paz mal domada, que sin querer ama como pulpo, como queriendo abrazarme, a mí y a ella misma también.
Y tengo la sensación de que sólo puedo completar una imagen de ella parte de mí, cuando la veo mezclando y jugando a desobedecer todas las reglas básicas de la realidad. Logra unos sonidos simbólicos tan incómodamente compatibles, que me obligan a probar y a tragar sin tiempo de digerir lo que me va dando a los sentidos.
A veces sospecho en ella parte de mí a una engañadora, a una maga
que sin tener idea de lo que va a hacer, de pronto irrumpe en el escenario de atrevida nomás, y es brujería pura. Y cuando vuelvo a mirar, ya no hay nadie. Subió y se fue. Y dejó su hálito, en representación de que estuvo.
Y no tiene derecho esta tipa a hacer lo que me hace porque después, cuando se va, ella parte de mí ya no está, claro pues, y me deja sola y con las ideas revueltas y sin un órden del día.
Y yo estoy segura de que a ella parte de mí le duele tener que esconderse después de cada actuación. Pero también sé, que si pudiera hablar me diría que no me preocupe. Que ese dolor nuestro es agradable. Placentero.
Como el de una herida cicatrizando.

(more…)

Legión

noviembre 11, 2005

…su mano izquierda. Un punto negro quedó impreso en la piel.
Repitió la acción. Otro punto. Y luego otro. Probó una línea.
Con una letra? También pudo. Y luego otra y otra y otra más.
Y letra tras letra, fue dibujando su mano hasta que la hubo escondido
en tinta.
La valentía crecía y siguió subiendo por su brazo hasta el hombro. Letras.
No dejó centímetro de su brazo sin escribir. Siguió por su hombro, su cuello. Cambió de mano. Volvió a empezar.
Letras y signos en dedos, mano, brazo y hombro.
Se levantó y caminó hacia el espejo. Leer a los demonios era sencillo.

(more…)

Imago

octubre 26, 2005

Los espíritus que habíamos liberado durante el juego, comenzaron a manifestarse por mi casa con signos tan contundentes como siniestros. Ruidos únicos, gritos y puertas crujiendo, fueron las primeras señales.
Con el tiempo se fueron atreviendo a más. Tomaron la costumbre de girar los portarretratos, desordenar los libros y hasta la de mover impunemente los muebles de la casa. En ocasiones, llegué a sentirlos apoyados en mi hombro, espiando lo que escribía. Como moscas me orbitaban sin disimulo ni cautela.
Harta de reubicar mesas y sillas cada mañana y de la poca intimidad que estos entes me permitían, llamé a un grupo de espiritistas y les consulté sobre el asunto.
Me informaron que eliminarlos de mi casa sería imposible, pero que intentarían confinarlos del otro lado del espejo y que de esa manera ya no serían un problema.
Prendieron algunas velas, me pidieron la copa que habíamos usado aquella noche, se vistieron con túnicas idénticas y sin más preámbulos comenzaron a elevar sus rezos y exhortos alrededor de la mesa del comedor.

Ahora estamos todos mucho mejor. Los fantasmas y yo. Ellos siguen cambiando las cosas de lugar y tirando los libros desde las bibliotecas de mi casa invertida. Siguen con su historia, pero al menos yo ya no los oigo gritar y puedo escribir tranquila.
Sólo hay un tema que me inquieta y que espero superar. Es la sensación extraña de pasar por el espejo y verlos haciendo sus cosas, corriendo el reflejo de mis muebles como si nada. Es ese fugaz mareo de lo insólito. Lo incómodo y discordante que resulta que los espejos de mi casa ya no describan las imágenes en el orden exacto que están de este lado. Es ese vértigo de no poder ignorar la extravagancia de que una de las dos imágenes es incorrecta. Es saber perfectamente que, a pesar del absurdo, la imagen que no se viene ajustando al mundo sea, justamente, la que transcurre tan cómoda de este, mi lado de la casa.

(more…)

Perversiones

septiembre 23, 2005

No dejaban de presentarse ante mi puerta personajes diversos para convertirme a su religión. El par de solteronas mesuradas y contenidas en polleritas tableadas, con el evangelio y la cruz patrocinándoles la existencia; los efebitos divinos y clonados, con corbata, traje y cartel; los que van de naranja y se afeitan las capacidades con filos de meditación, e incluso aquellos que tocan tambores y decapitan gallos, gallinas y corderos.
No me los podía sacar de encima. Les declaraba mi ateísmo, les preguntaba por su posición doctrinal respecto a prácticas sexuales bizarras, los gastaba con provocaciones sobre el aborto y la homosexualidad, o les dedicaba blasfemias hechas a la medida de cada uno. No way. Ellos sonriendo siempre, me hacían reverencias y me adoptaban como caso especial, digno de un esfuerzo aún mayor, plausible a recompensa celestial o en el peor de los casos, a un meritorio un poco más terrenal.
Así que, harta ya de tanta historia y tanta histeria, me junté con un amigo a quien también acosan. Hemos preparado una lista de metáforas que servirán como brillante ejemplo. Saldrán como galaxias de nuestras bocas los retruques que defenderán cualquier intento de fuga por parte de ellos. Lo tenemos ensayado y hasta preparada la postura, el tono de voz, la expresión de los ojos y de la boca.
Ahora en un rato nos vamos los dos a tocarles el timbre, ofrecerles vino, cigarrillos y a convencerlos, como sea, despacito y sin apuro, de que Dios no existe, porque además de fisurada, me siento tan etereamente insolente, fresca y encantadora, que seguro que hoy, no se me escapa ninguno.

(more…)

Nada Demasiado Grave

septiembre 2, 2005

Yo andaba así como con dudas, viste? Fastidiosita. Tenía algunos titubeos existenciales, de esos que tenemos todos a veces. Nada grave, pero bastante molestos.
-Es que vos tenés carencias espirituales – me dijo mi psicólogo.
Así de grande abrí los ojos. Yo? Carencias? Espirituales? Jamás!
Pero en vistas de que él, a la larga o a la corta siempre termina teniendo razón, pedí una entrevista con Dios.

Me atendió un angelucho palidón, bastante desagradable, que me pidió los datos y los anotó prolijamente en el libro de visitas.
-La vamos a llamar – me dijo tan fresco
-Perdón? – le dije con este tono
Y me miró con esa cara.
Qué me iba yo a poner a discutir con el tipo?
-Quiero hablar con su inmediato superior – le exigí simulando autoridad

Él me obligó. Su increíble y estertórea carcajada me obligó. Yo estaba fastidiosa. No estaba de humor.
Sentí llegar la tensión a mis manos y cómo se cerraban mis dedos en su garganta. Los hundí en su cuello hasta que sentí el crujir de su tráquea. Acto seguido, relajé los nudillos, me puse un chicle de tuttifrutti en la boca, pegué media vuelta y me convertí el ateísmo.

Paranoid Humanoid

agosto 14, 2005

Desde el contestador, máquina que detesto profundamente, su voz me grita en variados tonos, que está cansado de no encontrarme. Y yo me lo imagino a los gritos, con el tubo del teléfono como micrófono. Un nene de tres.
Un forro.
Me mojo la cara y busco en el espejo alguna arruga nueva, pero solo encuentro otro viejo reclamo suyo escrito en el vapor del botiquín. Aparece cada vez que prendo la ducha.
Por la ventana del baño veo un pasacalles que dice Llamame!!! Debe ser de él. Y en la mesa se acumulan imperiosas sus postales. Hay cartelitos suyos pegados con cinta en mi timbre, reproches detrás de mi puerta y encuentro notitas siniestras abrochadas con alfileres por toda mi ropa.
De la heladera florecen imanes que soportan mejor que yo sus facturas y desde adentro, la manteca me mira con reprobación, los restos de fideos me señalan como Medusas… y la botella de leche? La botella de leche tiene mi foto!
En mi bandeja de entrada yo sé que hay un mail suyo acechando. Es indudable que si lo abro me van a saltar sus exigencias. Ocultas en la pantalla, las diminutas mayúsculas del arial 10 esperan mi doble clic para incrustarse el mis pupilas.
La cama se eleva de su lado. Extraña su peso y quiere que yo lo sepa. Su velador se prende y se apaga mientras yo intento dormir y el libro que se olvidó sé que está esperando a que me duerma para mordisquearme los pies.
Ya no me atrevo ni a asomarme al balcón. Estoy segura de que las nubes de hoy no son ningunas nubes. Por más que me haga la distraída, yo sé que es él. Es él otra vez con sus señales de humo. Yo sé que es él. Le conozco la letra.

La Cruz del Sur (no son solo cuatro estrellas)

agosto 12, 2005

Te cambio nuestro fin de semana “all inclusive”, por una mañana sin apuros.
Un guiño de tu azul lavable, por mi sonrisa indeleble.
El laberinto de tu pelo, por el sendero que te marque mi cuerpo.
Mi ahogo al descubrirte, por el oxígeno de tus palabras.
Tu verdad más dolorosa, por unas cuantas de mis mentiras.
Te cambio una constelación de tus pecas, por la Cruz del Sur de mis lunares y la sal de tus esfuerzos, por el dulce que destilen mis besos
al sentir (y no en sueños) el sabor de tu lengua en mi boca.