Archive for the ‘Carne’ Category

Undergone (por Rey Ahogado)

mayo 4, 2009

Ellos también son y se mueven. Los casilleros también arden desesperados por que alguien los llene de fichas, todas en equilibrio fluctuante, todas en jaque continuo. Carne fresca. Sólo soy observador de todos esos juegos. No hago nada más que alimentarlos y verlos comer.

Aprendí mi primer oficio a la edad de un mes y medio. Dos oficios más a los tres años. A los cinco ya pervertía los signos de casi todas las cosas.
Muchos oficios pero nadie se da cuenta, quizás porque a veces actúo de manera aficionada, sin compromiso, no lo sé, pero es más cómodo después de todo, hacer las cosas sabiendo que podemos detenernos en cualquier momento. Y mi momento es siempre la hora de la responsabilidad.
Ahí es cuando me disgrego, supongo que por pose.
A nadie le gusta cuando lo hago ¿sabe? pero si me entablan debates o me demandan yo me vuelvo invisible y sin siquiera tener que desaparecer.
En las relaciones forzar y decretar tablas no es nada del otro mundo, es sólo cuestión de hacer que se repitan las jugadas como se repiten los sueños. En definitiva, los casilleros no son tantos, como tampoco son tantos los sueños.
Yo siempre sueño que abro el telón y que espero sentado en mi butaca a que todo esto deje de suceder. Es mi sueño más frecuente, de los más definidos, de esos que uno recuerda como explosiones a lo largo del día en las que cada esquirla es una pincelada más y cada detalle que se completa reconstruye una nueva esquirla mucho más grande.
En mi sueño yo abro el telón y espero. Me concentro en la obra. Mucho me concentro, sabe. A veces pienso que si pudiera en esos momentos me despojaría de toda idea previa, pero es imposible, uno es esclavo de esas cosas.
Me concentro, le decía, y enseguida me doy cuenta de que la obra intenta desintegrarme. Trato de defenderme quitando la vista del escenario. Así he logrado obstruir muchas batallas. Pienso mucho en eso.

– Al quitarle la vista le quita valor.

Un simple desprecio aleja las manías de preguntar y de responder. Es una manera práctica y efectiva de salir de ahí.

– ¿Preguntar y responder son manías?

¿Cuántas veces tengo que decirle que no sé cómo decir de otra forma todo lo que le estoy diciendo? ¡Claro que son manías! Como leer un libro con un lápiz en la mano para subrayarlo, para anotar al margen. Claro que no sucede con todos los libros pero cuando sucede es desesperante la necesidad de tomar posesión. Con las preguntas pasa lo mismo. Y también con las respuestas. Todo es un ajedrez.
En mi sueño sólo sería cuestión de levantar la cruz de madera, desenredar los hilos y manejar los trebejos como si fueran marionetas, pero por alguna razón no puedo hacerlo.

– Prosiga.

A veces el sueño cambia, empeora, y la insistencia de las preguntas me obliga a ser egoísta y a mostrarme en todo mi esplendor. En esos casos las preguntas intentan poseerme y no responderles es mi modo de preservarme. No me doblegan, nunca lo logran, sabe, y entonces en mi sueño me aparto de lo que queda de esa noche magistral de teatro. Me retiro, retrocedo. Ofrezco piezas sin valor. Humo gris. Intento escapar de la sala, del pasillo. Todos me persiguen. Bajo las escaleras, enderezo las luces y los cuadros y sigo corriendo. Corro hasta una esquina. Ahí me espera un carro al que le ato un globo aerostático. Me trepo en él y comenzamos a carretear. Unos metros después, se eleva. Contengo la respiración. Sigo volando unas cuadras más hasta que ellos se cansan de correr y desaparecen. Vuelvo a respirar pero me ahogo, toso. Cada letra que regurgito cae y quiebra una baldosa. Es un discurso brutal y siniestro.
Entonces me duermo en mi propio sueño y descanso un poco aún sabiendo que mañana estaré hablando con algún otro que querrá otra vez revelar todas mis poses.
¡Un juego tan estúpido es tratar de entender! Siempre resulta en un final absurdo. Por suerte es sólo un sueño y los sueños no duran demasiado.

– No pueden durar demasiado si tenerlos es siempre detenerlos.

Nadie los detiene. Ellos simplemente se cansan antes que yo.

Para el paciente, preguntar es intentar poseer y no responder es preservarse. Su historial clínico espera ser unido por algún fervor literario en un relato medianamente descifrable. Nunca alcanzará a ser libro y no por falta de calidad sino porque él mismo así lo solicita.
(para mí es suficiente bajo este formato, para otros sólo será evocable el día que su historia se deje domesticar como un perro cuyo lomo sepa describir una posición entre aquellos bellísimos ejemplares en los estantes de la biblioteca)

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Herida, la de tu boca

febrero 25, 2009

Pero además, anoche soñé que finalmente vos y yo nos encontrábamos. Vos sonreías.
Yo, en cambio, seguía mirando los últimos veinte segundos del video una y otra y otra vez.

Hace ocho minutos que ella habla con su lápiz de labios.
Los vidrios de las ventanas están cerrados. En la cocina, desde el suelo y debajo de la silla, Artemio mueve la cola en la visión del cotidiano tacho con agua y del hueso que ha heredado de mamá.
Mucho mejor, piensa, que las plumas que ha venido tragando y tosiendo durante los últimos episodios.
La puerta también está cerrada.

Por la ventana pasan de a pie las cabezas.
(cómo respiran estas cabezas si no es esquivándose las unas a las otras?)
Responderán a las expectativas del organizador? Acaso alguien, esta vez, habrá podido organizarlas?
(acaso alguien, alguna vez, habrá podido responderle?)

Desde el agua se asoman y llegan al aire más cabezas con sus labios cuarteados. Miles de cabezas cruzan el pueblo, se ovillan con los caminos, se meten en la sangre codiciándonos el hierro.
(diferentes modos de llegar a un mismo punto, dirás, pero decime si atravesando otra vez el parabrisas no sería delicioso…)

El perro le ladra. La mujer no le contesta.
(Artemio está harto de ser la única cosa que une a su ama con los consuelos y encima ahora ella no se aviene a la mímesis del ladrido)
Si el cielo estuviera limpio Artemio se pondría a pensar cualitativamente hasta alcanzar ideas tales como: “con mi sola existencia, he logrado dividir al infinito en dos semieternidades, multidireccionales de opuestos sentidos, aunque con un origen y un fin idénticos: Yo mismo”, pero hoy no va a poder porque el cielo se ha oscurecido y por más que él esté a salvo, esa circunstancia le moja el equilibrio
(eso y lo que le está pasando con la mujer, que no se aviene)

Afuera, a los pájaros se les ha antojado invadir el espacio que ocupan las cabezas. Les caen encima, bárbaros, con sus sombras en la panza. No se puede respirar. Por sobre las calles y las veredas, todo se llena de picos y plumas. Ahora ya nadie podrá leer lo que digan los carteles.
(la próxima salida podría ser la definitiva y quizás las cabezas no alcancen a verla)
Qué violenta circunstancia la de los pájaros conquistando el lugar de las cabezas!
Primero les arrancan los ojos.
(así comienza la primera ceguera)

No se describe intención en los pájaros de querer acreditarse de una forma más amable ante ellas.
No se registra en ellas muestra alguna de adaptación etológica ante el ataque.
La influencia de los pájaros se aprecia negativa para el conjunto de ojos.
La lógica y la ética no son tenidas en cuenta como variables en este sistema.
El curso de acción de los pájaros parecería ilimitado

– Cómo puede ser – se pregunta el perro- si cuando mi ama dicta, yo escribo?
(como si en ese acto de dictar y escribir, los dos lograran entenderse)
Cómo puede ser?
(cómo, pobre Artemio, podrá entender que simplemente pierde las partidas porque pierde según las reglas de un juego que no puede reinventar?)

– Pero cómo puede ser!

Hace nueve minutos que ella habla con su lápiz de labios. La imagen de su boca en el espejo parece que se cae.
(como si dijera: “he de morir de cosas así”, pero en realidad dice otra cosa)
Debajo de la silla, Artemio cierra los ojos y vuelve a su indolencia más pura.
(y está bien, porque mirar es buscarle un sentido a lo que no lo tiene)
Sabe que la mujer va a abrir la puerta y se va a ir sin haber ladrado ni una sola puta vez.
(y está bien, porque hablar es querer darle un sentido a algo que jamás lo va a tener)

Detrás de la mujer y de la puerta, en la cocina, desde el suelo y debajo de la silla, Artemio alcanza a oír el aleteo y a los pájaros abrevando sus picos en el hueco que dejaron los ojos de ella.
(y claro que se siente más seguro ahora que los pájaros y el dolor se han hecho realidad)
La cabeza de la mujer pasa de a pie por la ventana. Su cara es un desastre sin ojos. El frío le espesa el aliento -parecen nubes blancas.
Si Artemio la viera, diría que esas nubes son los globos de diálogo de toda esta historieta.

Pero el perro tiene los ojos cerrados. Sueña que ella no existe, que alguien así no puede ser, que es imposible.

(lo que duele es que no se canse)

Carnita

enero 16, 2009

Yo nací vaciada de origen. Todo se redujo a un accidente, a un ensamblaje aleatorio de circunstancias en el que quedé como mera observadora de lo colectivo.
Como quien se extrema desde la placenta sabiendo que la herida no va a cerrarse, los vi irse y llegar a todos sin nombre ni despedidas. Desapegada de los actos, para qué interesarme por nada? Una perpetua dejación (demasiado obscena tal vez) de la curiosidad que nunca tuve y del conocimiento al que nunca aspiré. No puedo separar mi desinterés de mi comportamiento. Considero un ejercicio inútil investigar si lo que se busca es caer en el hueco avaro del Otro y, solamente, concurrirlo.

Levanto los ojos y lo veo todo. Un lugar privilegiado. La escena dura unos pocos minutos. Ellas arrancan, tironean, engullen. Luego desaparecen. Se van igual de volando que como llegaron. Los Otros también desaparecen. Se renuevan. De ambos bandos. El teatro bidireccional es lo que más trabaja cuando todo descansa.
Busco algún resto de pelo o de sangre. Otro me llama. Es gratis, me dice, y me señala un visor panorámico. Voy. Exploro con mis nuevas (y gratis) lentes las restingas. Por entre las grietas se cuela la creciente y yo quiero tocarla pero, aunque ahora se ve más cerca, sigue lejos y además están las barreras (y el respeto hacia ellas, claro).
Otro me apura y yo bajo un escalón y cedo el lugar ante el visor. Sólo es comida de gaviotas, pienso. Nada más que eso. Nada más que comida de gaviotas.

La fauna y sus muertes. Debí sospechar que tanta fauna a morir ante nosotros era un presagio disgregado.
Por qué la muerte se demora tanto en ejecutarse sobre ciertas cosas? Lo explícito del frío hasta en las plumas más profundas nos ajena del verbo. Hay un descompromiso que fluctúa entre la memoria y el temor al arrepentimiento. La desatención vs. La curiosidad rígida. Querida, no te subas, me soplan al oído. Sin embargo, la memoria de los órganos de a ratos funciona y trae la pausa del golpe.
Se vive para eso. Para ese instante, el de la partícula que castiga o recompensa.
Nadie habla nunca de la Otra belleza.
Algo me distingue de las Ostras. Es gracioso.

Cómo que no hay fotos? No. Pero te acordás de todo? Casi. Es que todo era inminente. No había tiempo para fotos. Qué tal por acá? Nos cortaron el teléfono. Está bien, hay que dejar de usarlo de vez en cuando. Y vos qué pensás hacer? Me vuelvo ahora. Y tu equipaje? Es todo esto redondo? Te parece raro? Una Orca. La forma, no sé, una Orca. La forma? Las formas se agotan, se redondean, el sueño se agota, la voz se redondea, todo. Si. Y tu sábana? Llevás tus sábanas? Si, y dejo la espátula. Mejor. Decime si algún día necesitás que te peine de la tapa de la mesa. Seguro, pero ahora contame sobre vos. Contame lo que quieras. Las ovejas? Las ovejas pasan de a montones. Cuántas son? No hay fotos. No? No. Qué puedo esperar, entonces? Otra vez? Cerrá los ojos y contame. No pienso cerrar los ojos. Bueno, decime entonces qué querés ante la muerte: la apretada insignificancia de lo serio o la carcajada completa?

Fragmento (bel canto coral)

julio 23, 2008

Los días son tan iguales…
No conocen el deterioro?

1- El escenario responde de manera muy extraña y cada día con detalles más nuevos que reemplazan (de derecha a izquierda) a todo lo que se va saliendo de plano.
El aplauso es grande, gigantesco, pero nunca nadie sabe si es para los que salen o para los que van entrando.

2- Es el acto perfecto sobre la escenografía ideal. Entran dos personajes a entender de qué se trata. Por un rato disfrutan de la perfección hasta que el director les recuerda, a cada uno, su papel en la obra. Entonces, cada uno con su tiempo y con su estilo, comienzan a mirar todo, a tocar todo, a desmenuzarlo, a olerlo todo hasta que, segundos antes de los aplausos, lo único que queda son moléculas de cosas tapizándoles el suelo.

3- Una obrita con tres personajes que hablan todo el tiempo sobre tres cosas diferentes. Son dos horas.
El público, al principio, trata de seguirlos a los tres (en general, nadie quiere perderse nada) pero lo cierto es que eso es humanamente imposible.
A la salida del teatro te hacen una encuesta para averiguar por cuál te decidiste, a cuál de ellos le prestaste más atención.
Un 80% de los encuestados suele decir que se pasó las dos horas intentando unir los tres discursos en un sentido único y proporcionado. Un 15% dice que al cabo de unos minutos se decidió por la voz que resaltaba más por sobre las otras (interesante es que no todos destacaron a la misma). El resto, un 5%, refiere que se sentó y disfrutó de la musicalidad de esa especie de Bel Canto Coral desarmonizado y casi sin melodías simultáneas.

Una vez salió uno que dijo que era la cuarta vez que veía la obra.

(No, gracia a vó)

Mummers Play

abril 20, 2008

En una historia lineal, el nudo es lo de menos. No importa lo que pasa, los límites de imponen. La avidez invade a la novedad y al desenlace y todo se vuelve pensamientos golosina ante la mirada ociosa de la peste indiferencia.

El sudor le representa su propia obra durante la hora sirvienta. Intenta una explicación sobre su frente, pero no alcanza. Ya nada puede desteñir el código de rimel grabado en sus párpados. Causa y efecto. Durante esa hora, sus minutos no respiran. Un estremecimiento sólido, como de hielo hecho serpientes, se le filtra por los hombros.
Dicen que únicamente se espera durante la hora desnuda.

El telón de fondo es un espejo solidario que le absorbe las sombras, el lado oscuro proyectado por ese cuerpo deshuesado que jinetea el escenario; su deber: devorar lo que quede del aplauso.
El actor, en escena, es todo lo que no es el elogio. Cuentas claras: lo único necesario para sostener el equilibrio entre escena y auditorio. Eso, y un puñado de pochoclos húmedos y amargos y pastillas para la tos, porque, eso sí, nadie quiere interrupciones molestas. Incluso el tren, cuando pase, lo hará en silencio; se zambullirá calladamente como una escalera mecánica en el suelo.
Una raíz metálica perforando el escenario encierra mucho misterio y despierta una curiosidad mezcla de infantil con mediocre que, aunque no divierte a nadie, en los intervalos distrae.

La distancia entre los dos telones roza el acto; se siente en la piel el espacio. Está en el aire. Tan sólo hay que tocarla para que comience y eso hacemos. Qué más puede pasar? Nuestras cabezas no se sumergirán en esa composición tan artificial teniendo una tela de madera tejida con sabor a pasto verdadero oficiándonos de suelo y a nuestras manos ya profesionales del aplauso y del tropiezo contra todo lo posible (aunque parezcan siempre condenadas, ellas ya aprendieron a disolver el azúcar simulándose cucharas).

Dicen que la muerte se llenó de sujetos vestidos con máscaras que no les tocan las caras. Entre ellos y el disfraz hay un viento encerrado y susurros y gritos y voces que no atraviesan ni el cartón ni la carne. Un colchón transparente. Húmedo. Tibio. Un escenario que los protege del frío para que el deambular les sea más amable.

Debería informar a la audiencia que hay un guión navegable para todos y que debajo del asiento encontrarán los diálogos, las navajas, los tazones y la miel.
Cuando amanezca, los tazones deberán estar llenos. Hay avalanchas disponibles para quienes tengan dificultad con los contenidos.
Posteriormente iremos al mar. Todos. Cada uno llevará su taza y su cuervo. Ahí, quizás, nos sintamos menos solos que en este teatro lleno de agujeros y de aplausos, porque en ese mar amarillo, ni la libertad es una estatua ni el mundo es tan tan grande.
En ese escenario, las estrellas tomarán nota de todo lo que ven. Ellas creen en eso de la astrología y de las constelaciones, pero nosotros sabemos que nadie sabe nada de nadie.

Y ya. Que no hay mucho más que contar. Cada uno tendrá su experiencia individual y única, aunque cuando el sol nos deletree en la arena pensaremos que a éste deja vu ya también lo vivimos.
Sumamente aburrida esta obra. Nadie se ahoga, nadie se convierte en cucaracha, nadie termina de teñir el mar con la tinta de los tazones. Entonces, por qué no nos sentamos en la playa y miramos concentradísimos su marea? Miren cómo sube y baja automático el telón. Cómo se expone! Cuánto aplaude! Cómo abdica su orilla!
De eso que a nosotros no nos cuesta tanto, resignar la frontera, él obtiene una ventaja.
La estrategia del mar es brillante.

Bris (du vinner)

noviembre 11, 2007

¿A qué altura de los ojos se apagará el sol
Cuando casque el módulo
Caiga líquido hirviendo
Sobre mi público evento de existencia?

Hay una máquina de círculos que gotea ampollas llenas de redondeles.
Es el reparto masivo de hipnosis y tengo frío.
Cada uno de los latidos sugiere un quiebre único, nuclear y sucesivo (como nacidos de un corazón armado sólo con errores)
Se nos va de foco durante la sístole para volver con la diástole y pasar al olvido.

Alguien debería apagar todas las luces.

Permítanme que sujete mi piel a algunas de las vidas paralelas que pasan como piedras por mi boca.
Déjenme expresar mis ardores en un teatro menos animado de seducciones cansadas o carnavales impasibles.

Alguien debería doblegar a los renglones como se aflojan los corpiños para liberar a la invertebrada fuerza que duerme.

La humanidad nos late al ras del suelo, ceñida, anhelante del exquisito arte del arrebato.
Déjenme evocar el romance de los ojos y omitir los aplausos desparramados por el limbo azul de la entrepierna.

Alguien debería dejar de abofetearme con canciones viejas.

Y mientras tanto, las señales se graban infectando la cinta, como a un pañuelo negro infectan las babas blancas del prepucio de un soldado.
El director siempre es el asesino. Se masturba lo blando y le vemos alejar la carcajada seminal dando saltitos, primero sobre el piso, segundo sobre el piano. Así buscan algunos aclaraciones para las botellas que florecen de sus tapias.
No me explico por qué yo tengo que acallar los breves instantes en los que estuve viva.

“Madre, dicen que me falta libertad
Madre, abróchame al cuerpo
Abrígame
Madre
que se me escapa el alma
Madre
y ellos quieren desnudarme”

(quién preparará ahora las pastas y dejará que me caiga inconsciente y de cara contra el plato?)

Cerdos y Peces

octubre 12, 2007

Somos la biblioteca itinerante de algún dios aburridísimo

“Sale a la calle, camina un poco, entra a un bar, pide un café y abre el libro, y mientras revuelve el azúcar, oye cómo un tipo le cuenta al mozo las virtudes de la mujer que se acaba de comprar. El entorno es desolador. Alrededor de una mesa fijada al piso con cuatro bulones enormes, se reúnen tres sujetos que parecen haber estado torturando a sus novias o esposas hasta recién.”
Tiene mucho que ver con mis estructuras psíquicas el hecho de que yo necesite ordenar todo según lo que yo considero una correcta sucesión de escenas y de sonidos para poder aproximarme lo más posible al olvido. Un orden tan encantadoramente simple como cerrar los ojos y poner la mente en transparente. Un orden que convierte al mundo en un lugar pacífico y dialogante.
(la otra es una película no apta para todos los estómagos, una cuidada puesta en escena con cierta insoportable tendencia al videoclip)
No somos capaces de renunciar a lo que no podemos tener con la urgencia que el deseo nos exige. Harían falta muchos trailers metafóricos de este mundo para animarnos a abrir los ojos frente al jodido sol de noviembre, ese que nos calienta la vereda, los cuerpos y hasta los más infames pensamientos.
La gran paradoja del futuro es que, tarde o temprano, también se va a convertir en un presente de mierda.
(y eso que en el fondo (tengo que admitir que aunque no lo parezca) hoy el optimismo invade mis venas como un cáncer positivo)
Un orden que no me quite tiempo para disfrutar de un buen disco, de un capítulo más, del sueño de dormir y de viajar sin riesgos. Uno que me habilite tiempo para amar y para odiar (y para hacerlo con la intensidad necesaria)
“En las últimas veinticuatro horas este hombre ha bajado dos kilos y rozando la locura en tres oportunidades. Sus huesos agrietados, su sexo agitado, sus contracturas musculares, el deseo de ser o de ser nada, esperan. Le encanta masturbar su mediocridad con logros absurdos como creerse que nadie le sería inalcanzable.”
(a veces tengo la impresión de haber envejecido 40 años en este espacio sobre el cual me leen)
Los viernes son unos días muy raros. La sensación de ahogo es tan intensa que la mejor opción resulta salir a la calle en plena tormenta o arrojarme por la primera ventana que encuentre, lo suficientemente alta como para que todo resulte exitoso.
(otra posibilidad es dejar que nuestros cerebros se vayan pudriendo hasta convertirse en pequeños y fétidos montículos de grasa y de materia fecal, al tiempo que esperamos que, “sólo por hoy”, ningún meteorito se nos estrelle muy encima)
No sé qué es lo que me distorsiona la percepción del tiempo, si un desequilibrio químico o algún microorganismo que basa la unicelular lógica de su existencia en reproducirse lo más devastadoramente posible dentro de mí.
Los viernes son unos días muy raros. Me brota una obligación a huir de las contradicciones que me detienen (o por activas o por pasivas, da igual)
Los viernes no me dejan otra opción que abrir la boca y generar bilis en cantidades monstruosas.
Sólo diré que nunca había visto a un hombre tan grotescamente deformado como ese. Demasiados restos de pobreza y de resignación. Al lado de los obscenos, esos sujetos con sus mujeres de culos trucados, casi se oía su grito animal. Tengo que vomitar.
Buenas noches.

Punk Corn

agosto 21, 2007

Opera infantil, explicada en algún que otro acto.

– Esperá. Porque el verdugo ya está activo y afilando la navaja. La acción previa, la importante.

Hay un cierto perfume. Deslumbrante. Maneja los filos invocando una aceptación caleidoscópica. El apuro es todo eso. El final sigue estando siempre igual de lejos.
Dios tiene la idea y la está dando en el escenario que hay entre el hueso y la frente. Los dedos hacen de títeres, y las uñas de caretas. Nueve de ellos le pegan al décimo como payasos, como molinetes en ronda esperando su turno, pero todos toman distancia cuando la cuerda se tensa y se descorre el telón de la trepanadora, que parece una mortaja.
Abajo no hay nada y el telón se eleva como música desde ese siniestro simulacro de suelo.

– Somos nueve vampiros que esperamos. Nueve serpientes inseguibles surcando la arena que nos quedó en la escalera.

– Mirá. Allá atrás algo se tuerce, algo se sale de cuadro. Comienza el sismo, la conmoción. Las brujas se despiertan y se espantan. Ellas se dan cuenta y se abrochan el corpiño. Se atornillan a las manos al compás de las escobas. El mundo no espera.
(Tranquilo. Una extraña pose verbal se va a fosilizar, vas a ver, hasta convertirse en un banco de cemento donde sentarán a los magos para explicarles un poco. Del silencio. Mirá…)

– Atención. Escuchen. Hay dos silencios. Uno que suena como millones de escarbadientes rodando por toboganes de mármol, como fósforos que se encienden, como ballenas riéndose de Noé, y otro que es como el de los peces Udu nadándonos por el esternón.
Ese último es el difícil, porque es el del chapoteo del alma, que suena como náufragos que se asoman desde la afonía de una bañera cargada, como burbujas de saliva explotando frente al reloj mientras todas las agujas se clavan donde no deben (será que lo usamos a veces para tapar los gemidos?).

– Somos nueve almas celebrando a las culebras. Nueve estampitas de la medusa y el niño. Un móvil con nueve muñequitos budú adornándonos la cuna.

Y entre tanto, vuela la sangre del infeliz hasta caer como martillo, como accidente, como una primera derrota exorcizable a quemar en la galera.
Alguien del público se apiada:

– Usá los gritos como incienso que los respire, como emulsión, como razón que desea ser afecto o comunicación minúscula hacia otro tren analfabeto, inofensivo hasta la náusea. O como freno microscópico de una vacilación transitoria, efímera, pero a la larga bastante bien resuelta. Vos sos como un puerto helado. A vos te golpean las gotas de un mar que se ocupa nada más que del movimiento eterno y del orden oceánico, que se dedica a golpear cada piedra de a gotas, como escribiendo algo prolijamente estudiado, letra sobre letra sobre letra y así, en orden, como golpes, cortaduras limpias en tu cara, en cada brazo suicida y permanente. No las sientas.

Y la misma sangre que caiga, gota sobre gota, se leerá como el agua y la sal contenida en cada infierno.
Cada gota una palabra, una oración, un cuento, una buena letra pívot que gire hasta calzar en el destino pobre y exacto del fanático loop con el que dios nos entretiene a los nenes mientras nosotros vamos al kiosco esquivándonos entre todos para comprar algo rico. Ponele, pochoclos.

Descargar
Kaizers Orchestra “Di grind”

Hetaira

junio 18, 2007

Entre algodones
días de hospicio
Todos somos
frascos sin sentido

La esclava se esforzaba por aprender. Tironeaba del corsé con precisión y rapidez.
Pronto no serían necesarias más vírgenes que ella para vestir a la reina.
Pronto sólo con ella alcanzaría.
Pronto quedarían las dos en la alcoba.
Solas. Con el tiempo suficiente.

Circunstanciales

junio 10, 2007

A veces, incluso las personas más quietitas se enfurecen de golpe. No depende de los estudios, de la cultura o de las políticas de vida, sino de alguna energía injusta y antigua que se adueña de sus arterias, de las piedras de sus músculos, de las entrañas, de los lugares más oscuros del alma.

Mientras pesca, piensa que mejor no podría pasar sus domingos. La costanera siempre le calma el stress. Sentado frente al río, observa a los aviones despegar y se abrocha el cinturón. Por la ventanilla ve cómo una de las turbinas se incendia y desde el fuego, a la india cocinar las vasijas. Amasa el barro mientras mira a los caballos correr salvajes. Fecunda a una yegua al paso de la caravana peregrina que desconfía del águila. Observa desde el aire al tren, y sentado en el último vagón, ve la aglomeración de autos detenida en el paso a nivel. Toca la bocina como loco y cuando sube la barrera, acelera hasta el puente y el ruido y la congestión lo detienen y se baja y se asoma al río desesperado. Allí distingue una trucha saltando. Nada por horas buscando alimento hasta llegar a esa delicia suspendida de eso tan brillante. La muerde. Siente el tirón. El terror lo paraliza, el sedal lo asciende. Antes de la asfixia alcanza a verse a sí mismo. Tranquilísimo. Pescando. Como cada domingo.

Rapture

mayo 9, 2007

Está escrito y hay que hacernos madre, ser patria, isla y puente hacia nosotros. Murmullo y graznido lento que se desplaza de 78 a 45… 33… 16 rpms. hasta desaparecer al silencio gutural del útero propio, de tules y aguarosas.
La oscuridad del barro se alumbra ante la ausencia del miedo y festejar que todo sea es tan simple que duele, que trista los ojos, marea la razón, miseria los huesos subterráneos que se quiebran como ramitas nacidas para fuego.
Nos estamos extinguiendo quietamente.

Desnuda la memoria frente a la verdad irredenta, dejo derrapar los fragmentos que de mí caen a estrellarse en su igual del agua que me extingue, huérfanas ambas de nosotras mismas, cuando menos, y del alma.
Y las sábanas se lavan, se secan, se queman y se vuelven a lavar. Es un retrato orgánico esa acidez y tanto ese silencio enmarcándolo todo.
La vida se nos vive encima. Nos suspende de la decisión, se nos hace sola.
Es obscena tanta inutilidad final ante la propia sombra y su monumental carcajada.
“He de morir en mi sombra
cualquiera que sea
y mi sombra será
la que me venga a buscar”
Si fuera hombre entraría como amante. Vivoreando el cuerpo y mi imagen, reptando y creciendo para cubrirme de mielina todas las veredas.
Pero la noche llega a mi tragedia de razones (no de besos, Alejandra, no de besos).
Y el silencio
Delimitando
Una explicación
Última
Para después salirme yo de las cosas.
Una cuenta, una demostración. Algo en la lengua que aletea que no la olvide ni la engañe.
Tantos libros encallados que se entregan en una crisis ingenua, espasmódica de fe y se fingen mujer enamorada.
Qué mal negocio es ser inquilina de la fe, decía el Gran Fumador.

Entonces la agarré de los pelos y la obligué al suelo. Le sostuve una mano y con mi bota le pisé la mejilla derecha. El taco le sacó un poquito de sangre de la comisura de los labios (nunca me imaginé tan filosa). Ella forcejeaba.
– Siempre te negaste a obedecerle a mis caricias.
Con mi mano libre le subí el volumen al equipo. Apreté la bota.
Su único y subversivo ojo abierto acompañó a la canción.

Adentro mío se producía una dulzura incomprensible pero su resistencia excedida de toda razón y tiempo hacía embudo en una única salida. Quité mi pie de su cara y le solté el brazo. Ella solo atinó a cubrirse.
– Vamos, aflojate, tontita, que a poco me saben los besos que te robé.
Se tocó el labiecito. Miró su sangre primero y luego me miró a mí.
Me sentí tan despreciada.

Solo recuerdo que caí sobre ella y ya no pude detenerme. Le abrí las piernas forzando sus muslos. Sus rodillas cedieron. Ella, tan arisca, tan cerrada, tan endurecida, por fin se ablandaba. Me entré caminando. Sentí mi sangre caliente rodeando mi carne.
Para cuando dejé de ver el rojo, la oscuridad ya era total.

Y mi pleura rebelde se deshará y todo lo de adentro por fin será unido.
Como besarse el cuerpo muerto y los algodones de la boca.
Los huesos también caerán en siniestra evocación de que es más de lo mismo este encierro que cualquiera. Se dormirán para siempre los dolores y el lunar. Un artificio metálico alertará a los gusanos si no ganan antes los de afuera. El párpado derecho hará malabares con cada imagen fantasmal y desde adentro entenderemos de a mitades los principios de las cosas.
Al menos por un tiempo. Probablemente con los días vuelva el tedio. Y con él una nueva angustia y con ella, de nuevo, el deseo por la vida y por volver a nacer y a nacer y a nacer.

Piedra, Papel o Tijera

mayo 2, 2007

Escribo para que los bordes de la cordura, esos que tocamos siempre antes iniciar la travesía, nos sepan a algo que se escapa pero vuelve.
“Je ne sais pas, je ne sais plus, je suis perdu.”

Creemos poesía a la baqueta del alma, explotada con piedad por un cuerpo sin retorno, a la otoñal manera de caernos compitiéndole a la virtud desnutrida de querer enterarnos. No existe el regreso, parece, si aún no partimos más que en pedazos a la inaugural esperanza de la bolsita rasgada. La nariz y el ansia voraz, la desdentada misión de convencer a la luna, la amenaza cierta del me das o te robo, el caudal de potencias que sin el hálito tramitado esquiva hasta el hartazgo y se nos hace un simple transcurrir simulando la vida.
Y entonces aprendemos a cicatrizarnos de los trabajos, del ascensor, del camino de ida, a remendar el soplo cerebral que nos muestra el gris en un foco inapelable (las linternas señalan los bordes claramente). Y se nos traba el horizonte y los bises nos atacan desde el jukebox de la noche.
– Tenés que Mirar, ya no te queda otra.
Mirar o parir, parir o reventar, reventar o Mirar.

Polaroid

abril 16, 2007

Dicen que hay gente que vive sin miedo en ciudades sin muros.

En ese instante, cuando el esqueleto queda liquidado, la carne inerte y la piel justificada. Cuando mi pecho te fagocita y el aire entra en mí solidario a rescatarte. Cuando el agua no soporta la asfixia y se asoma entre nosotros a una oscuridad que lo pasma y le cuestiona evaporarse, cuando el peso de mi alma se diluye en tu peso. Cuando la nada manda, cuando sólo queda el retorno lento y doloroso hacia la vida y el silencio suena como un río, cuando todo huele a plantaciones clandestinas y el mundo se desprende redimido hacia en el olvido, ahí, en ese instante.

Peón 4 rey

marzo 19, 2007

Perdón,
hoy hay “cierta acidez dictándome los silencios”.

Es como desnudar al cielo de sentido.
Como caminar el laberinto de los dedos buscando la hiel que descamó las certezas.
Como llegar al puerto vistiendo murgas y tambores oxidados y un color a rancio, a malestar, al inseguro equilibrio de las mañanas desgrasadas.
Así es el instante que desflora y atraviesa anestesiado al himen de las horas. Y ellas se cuelgan del vestido y sangran, percibiendo al pavimento con el gran angular de la sospecha.
El pelo lacio, largo, todo está lloviendo carne abajo, verano y paisajes.
Es necesario un brebaje absoluto que ayude a anestesiar lo que falta que enhebremos.
(El ovillito de la vida o el collar de los absurdos?)
Es necesario un potaje de galeras de mago blanco o de magias furibundas.
Un guiso de panales, una sustancia colectiva. Un té de universales.
No sé, algo así. O parecido.