Archive for the ‘Agua’ Category

Pero han osado preguntarle

mayo 20, 2009

Elipsis: Evasión, hueco, bostezo con un mínimo de calidad literaria.
Un ahorro de energía presumiendo que el entendimiento (de ser necesario) verterá lo suyo en la grietas como si fueran moldecitos.
(después de todo, los ojos no la pasan preguntando qué cosas han dejado de mirar)

Su fatalidad diaria comienza con el vértigo tras la pesadilla. Ella interpreta cada amanecer como una advertencia nueva, cada vez más severa. Ni otra cosa que “sufrirás, sufrirás, sufrirás por no responder, por no responder y no haber preguntado”.
Abre los ojos justo en ese punto en el que la opción se balancea entre desentenderse de todo y decidir que todo es la mar de interesante. Un punto absolutamente creativo, dirán algunos. Dos pulmones inspirando y expirando al ritmo que exige el funcionamiento de la máquina. Así da comienzo su día.

Se levanta de la cama y en un acto amoroso recubre con la manta la superficie colmada de aquel con quien ha compartido el más intenso de los viajes (con ese acto inaugura el momento metafórico en el que todas las cosas comienzan a volverse otras).
– Deberíamos retratar todo antes de la nieve.
Pero Amelia habla demasiado bajo. Y además, ese hombre ya ha vuelto a ser un hombre corriente, de esos que entran.
Simplemente.
Y el cerebro de Amelia quiere –necesita- estructuras nuevas.
También perspectivas. Para desafiar a los elementos y dejar ese silencio fundado en una historia difícil de contar.

Los más valientes suelen ser los más suicidas, dicen, pero a Amelia le da exactamente igual. O no. Tal vez ella prefiera más bien un estado anímico nuevo a ponerse a escribir su propio epitafio.
Porque todos los días ella amanece como una pantera poco antes de saltar sobre algún cuello. Sí, algo así. Y si bien no hay ni trauma ni perversidad en el acto que protagoniza al enfrentar al día, ella preferiría despertar y correr las diez cuadras que la separan del mar y zambullirse en él o pasarse la mañana bailando en una única baldosa por simple entusiasmo.

Como siguiendo el consejo de Roberto que le dice “pruebe dejarlo todo diariamente”, ella sale de la habitación y deja por fin pasar a médicos y sacerdotes.
(no a cualquiera ella le regala sus no)

Mientras se aleja, sus ojos buscan puntos de referencia para no salir despedidos por la inercia. Algo a qué adherirse.
Quizá sopese, cerca del mediodía, la posibilidad de aliarse a aquel libro que absorbe todos los olores de su cama, lea algún cuento y se ponga a reír muerta de nostalgia mientras se le va desempañando el aliento del que en la habitación ya debe haber dejado de existir.
Quizás deje pasar la tarde con la inquietud de quien ha descubierto que el sentido de la vida -de todas las vidas- es esto: decidir si la noche es un comienzo o una nueva despedida.

Pero primero esconderá sus manos de la flecha fantasma. Las meterá en los bolsillos para amasarlas.
(a escondidas se egoístan los disfrutes)
Que el próximo objeto no sospeche, que no note la demanda hasta que quiera saber quién es esa con la que ha viajado.
Hasta que se atreva a preguntar quién es la que parece que está por saltar sobre su cuello para luego echarse a correr cansada, harta, no de lo que deseó, sino de lo hubiera querido desear.
Los límites son tajantes y le fueron asignados.
¿Cuánto tiempo hasta que codicie que ella lo devore?

Anuncios

Taxidermística (Soft drift rafting)

diciembre 11, 2008

El mar, ahora, es sólo una cosa.

Penélope corre distinto. No hace sombra. O la deja.
Salta el sentir de modo que todo sea posible de matar.
Ella ignora lo que quiere y hace que busca. Miente.
Mientras soporta. Mientras se esfuerza.
Por poco, mucho. Muchísimo. Y luego se calla para sorber su triunfo.
Buscarán la venda.
Embalsamados serán suaves. Serán almohadas en el deshielo.
Ella será la copa. Se dejará cantar por la corriente.
El amor tendría que aprender a nadar.

Taxidermística

diciembre 8, 2008

El mar tiene el entusiasmo y la capacidad de escuchar y anotar con minuciosidad entomológica cada uno de los deseos de Penélope. Claro que después hace cualquier otra cosa. Y con una impavidez sorprendente.

Corre. Sus tacos permanecen más tiempo en el aire que en la tierra. Escucha el razonar de todas las formas con las que el agua se ajusta bajo su piel.
(Penélope no reconocería ninguna otra lluvia)
Siembra unos pasos como migas para armar el atlas que la traiga de regreso.
(pero el barro siempre se apura a negar los picotazos)

– Para que haya consuelo no es necesario que se muera la sombra. El consuelo nace de lo oscuro y desde ahí se desliza hacia la superficie.

(es extraña la actitud de Penélope. La sombra podría ser un refugio perfecto)

Mientras salta despreocupada a través de la ventana, de la pared colador, el cuerpo de Penélope se descompone. La curvatura móvil de su silueta portante se astilla.

– Cuando llegue la cianosis, cuando ya no sea necesario volver a respirar, mi cuerpo ya no servirá para nada.

(tampoco “los rastros de este afán”).

El deterioro le dice:
“Besalos, besalos pronto, nena, hacelos felices a estos pobres pobres hombres.”

Ella los mira. Busca en la fractura inmensa del agua por donde emergen los barcos. Pero su búsqueda no tiene objeto.

– Sólo los cuerpos han de buscarse, mi niña, no los objetos.
– No te cansás de enviarme reemplazantes? Hasta hace unos días no podía pensar ni un minuto sin ser interrumpida por alguno de tus enviados y sus estúpidas mordeduras.

Es bien conocido el poder de las palabras, pero nadie imagina el peligro que despierta del silencio de Penélope. De la gangrena de la lengua que duerme en Penélope.
Ella se siente ganadora porque con su silencio podrá evitar que las órbitas se choquen. La suya, tan solo rozará el encantamiento.
Con los ojos bañados en el almíbar que le brota desde el conocimiento del triunfo, Penélope se eleva hacia la abrasión de lo dulce, al festival de la promesa.

Penélope vive de la esperanza, cierta por imposible, de que llegue el barco con la gota que la rebalse. A los ardores los suaviza con el fresco y tonto placer de dar vuelta la almohada o con el de masticar el hielo que se ha ido quedando en las copas.

(esas que podríamos haber seguido rompiendo hasta la harina)

Ay! Si pudiera ser ella como un reloj, si pudiera culpar del destiempo a su triste e imperfecta maquinaria!

NdA: Todos los personajes de esta historia hacemos bien nuestra tarea. La vida sigue y todos tenemos cosas que hacer mientras Penélope corre.

– Se detendrá Penélope algún día?
– Quién sabe. O quizás también nosotros comencemos a correr.
– Y el amor?
– El amor podría dedicarse a tejer algo mientras tanto.

Como topos

agosto 12, 2008

Dicen que si no se puede contar es porque no sucedió.

Era lógico que Juan utilizara las horas de la noche y los días de tormenta para anidar su apocalíptica locura como una cicatriz sobre los brazos (a veces demasiado largos, a veces demasiado cortos) de aquella que ocupaba su misma y única trinchera acolchonada. Su último bastión.
Compartir ese refugio con ella era para Juan como una victoria. Como una victoria, pero sin las alas que las victorias suelen otorgar a quienes cargan con ellas.
Miraba al río discurrir frente a ellos sin más compañía que la memoria, la mujer y algunos objetos olvidados por los otros durante el apuro infantil por adueñarse del escape.
No había profilaxis entre ellos, ni progreso, ni quietud, y si bien eso se localizaba dentro de lo temible, como no existían alternativas, ellos lo aceptaban así.
Desde el aire se los veía tan claramente que de haber pasado un ave enemiga los habría apresado o tal vez comido como único intento de comunicación.
El ruido del río les era grato pero el temor, el terror a ser descubiertos y fusilados, no les permitía permanecer en la orilla por más tiempo que el necesario para cargar el agua con el que preparaban el café que constantemente bebían para ayudar al estómago a soportar las pastillas.

Juan seguía una bitácora, un diario prolijo, con fechas, mapas y algunos detalles climáticos para que no hiciera falta observar el avance de las cicatrices como método para calcular el paso del tiempo. Un diario cuidadoso, con líneas que formaban planos y luego nuevas líneas que trazaban nuevas formas y rutas para un nuevo y exitoso escape, un diario en el que cada día iniciaba una página en blanco (mantuviera o no continuidad con el argumento heredado del día anterior) sabiendo que, si sólo hay dos momentos en la vida de las personas, el que había que aprovechar era siempre el segundo porque, el segundo, también es el último y ella, invariablemente, le sonreiría siempre a último momento.

Todos sabemos que en las historias lo que no se cuenta es lo que de verdad importa y lo que se dice nada más que un ejercicio retórico practicado por el puro placer de la descripción y de la búsqueda de nuestra propia y mejor purga existencial.
Por eso considero preciso decir lo menos posible sobre Juan y sobre su circunstancia. Porque, a diferencia de lo que sucede en la vida real, una vez escrita una historia, sea verdad o mentira, se convierte ésta en permanente e irrevocable y Juan no posee todavía, de la victoria, las alas que lo ayuden a soportar que juega un juego sin nombre y sin reglas.
Por otro lado, ella tampoco conoce las reglas. Seguramente, de compartir ese conocimiento, durante los descansos conversarían sobre la partida en lugar de sentir temor, o escribir bitácoras o planes, o de disfrutar del ruido del agua con la que, mañana, volverán a preparar el café, que, ya sabemos, ayudará a que les sea más fácil a comenzar el día.

Malherido

agosto 6, 2008

En la noche, que corre a equivocarse en otra de sus formas leves, obsesivas, des esperadas.

Se tendió sin saber que yo iba a glosar

Espiar por la hendidura de los caracteres al que se oculta en el túnel inconexo de la escritura.
Ver cómo se destroza, cómo se rasga y se desarma para alcanzar y poder así acariciarse la espalda (ese lugar que no se conoce) o darse palmadas.

la decoración de su trampa

El azote primordial de las mejillas, el aserrín, la miseria, la degradación desmedida, esa sensación de refrán incompleto, de metáfora en equilibrio.

(porque para nosotros llegaba la noche que encerraría a todas las dolencias)

No me dirijo a nadie.
No defino ni intento el fondo de nada porque los fondos (yo ya lo sé) a nada conducen.
No inmovilizo las inclinaciones que me constituyen ni las contrarío
(ellas me organizan el tormento y lo guían hacia el delta de todas las preguntas)

un viaje, tarde, llevando a Pinocho en el auto

(malherido y mintiendo a intoxicados en la radio porque sólo los humanos lucen hospitales)

puertos de huesos, de cabecitas

Porque:
Nunca nada de lo asido permanece.
Permanecer es vulgar.
Lo incompleto me enaltece.

(yo te aprendo en las preguntas, en tu quemar en mí el tu saber)

tu simiente esperanza

(un suicida en equilibrio sobre mi desarticulada urgencia)

Sólo eso me libera. Cuando baja el río.
Cuando baja al río.
Cuando baje.

Ni el principio ni el final, no hubo modo de verlos.
Sólo los medios suelen quedarse al descubierto.

(como puentes colgantes)

símbolo de nuestras humanas voluntades

Y otras veces soy yo quien se tiende. Quien te atiende.
Quien te tiende.

que te vuelven del río

(quién te entiende?)

para levantar el vuelo que habrá de alejarme de la queja que une a estas dos ciudades

Y mientras tanto, acá, rodeando la extrañeza, está el escrúpulo placentero con el que espero.
Porque:
Todo el mundo espera que pasen las cosas.
Que pasen.
Pero:
Nadie que retrocedan

sino que pasen.

Alas, poor Yorick!

junio 3, 2008

Quizás mi vida no sea nada más que la novela en la que me invento.

# Le beso la boca, ahí está el cadáver. Quiero atravesarlo.
Lo beso y la lengua pasa. Mi boca, su único vínculo con el mundo.
Ahí está el cadáver y lo beso.
Otro corazón traspasado por mi lengua.

# “Qué haré con la vida que en mí vive y se revuelca en verdades mal documentadas?
Soy culpable de haberme engañado con realidades que heredé de mí misma.
Modelé el pensamiento a partir del magma estructural que me formaba.”

# Relieves abreviados por la rutina, “esos miles de detalles que conforman la vida”. Asumir el tedio como único castigo por ya haberlo encontrado todo. Desenfermar a la memoria química del cerebro que jura, bajo la pesada sombra de la certeza, que no existe algo mejor, que no habrá nada superior, ningún nuevo evento lleno de vértigo que esperar.

# “Con gran orgullo me permito la degradación de tanta virtud.
Soy muy por debajo de lo que puedo como escudo feroz ante el desencanto.”

# Besamos las bocas que oxigenan. No hay más respiración que la de ese aire dulce que hace cima y se ofrece en nuestro adentro, en los espacios comunes, diáfanos, que no esperan nada, pues nada les falta.

# “No he de buscar vivir por fuera de esta servidumbre, no he de alcanzar goce alguno, todo será ignorado, abdicado hasta que ya no quede nada por perder y por fin alcance la calma, la promesa muerta, la paz furibunda de no desear nada”

# La boca como una mezcladora de hormigón queriendo cimentar el espacio que divide, que separa el diálogo. Intentar materia en el vacío, en lo tenue, un pretexto que sustente alguna idea de unidad sobre la herida abierta. Conseguir una base tan sólida que cueste distanciarse si no es ejercitando un prudente ensayo sobre el espanto.

Con cuidado. Sin apuro.

Hay tiempo.

Gaia (all you need is love)

mayo 28, 2008

Fuimos una sola y única célula durante todo nuestro primer
día de existencia.
A partir de entonces, no dejamos de dividirnos.
Eso lo explicaría prácticamente todo.

otra jornada en el tablero
con el frío
en los dientes
apretados
entre el día y la cama
nuestro llega
el consuelo a bañar
en pétalos
pájaros
tazas de nido
de incienso a exhibir
los árboles
su posición de tormenta
efervecen los filos
los cortes
acumulan viento
aquí y allá el malabar
y en la cuerda
segundos arriba la herida
se equilibra
caminan los huesos
sin contarse
ni en pasos ni en razones
dividen
la red los acróbatas tejen
misma los brazos
dos hilos
que es un único río deriva
de pie
por sobre la calma
esfera
tal suerte de aliento de alivio
quedarnos
mitades dejarnos
juntos
multiplicadas las caras
las fotos
el gesto sepa alguna vez
pruebe el sabor
natural
de engañar a la trama
antes
del olvido
del corte perderán
equilibrio entre las piernas
los dados
entre las piedras la espuma
volverá
en mapa transformada
en luna
en silencio
sin ser silencio otro más
que duerma
quieto nosotros el aire
la brisa
la boca que explore su caída
por tan vivo
privilegio el nuestro
de poner
sobre la piedra la promesa
el poder
sin estertores fundirnos
evaporarnos
fuera de agonías volverle
al magma
sus fantásticas virtudes
el gozo
el completo gozo de caer
vivir
muriendo en el ardor
amorosamente
abrazados
a una piedra que se hunde

“Yo soy una parte que en un principio lo era todo”
del Fausto de Goethe

Mummers Play

abril 20, 2008

En una historia lineal, el nudo es lo de menos. No importa lo que pasa, los límites de imponen. La avidez invade a la novedad y al desenlace y todo se vuelve pensamientos golosina ante la mirada ociosa de la peste indiferencia.

El sudor le representa su propia obra durante la hora sirvienta. Intenta una explicación sobre su frente, pero no alcanza. Ya nada puede desteñir el código de rimel grabado en sus párpados. Causa y efecto. Durante esa hora, sus minutos no respiran. Un estremecimiento sólido, como de hielo hecho serpientes, se le filtra por los hombros.
Dicen que únicamente se espera durante la hora desnuda.

El telón de fondo es un espejo solidario que le absorbe las sombras, el lado oscuro proyectado por ese cuerpo deshuesado que jinetea el escenario; su deber: devorar lo que quede del aplauso.
El actor, en escena, es todo lo que no es el elogio. Cuentas claras: lo único necesario para sostener el equilibrio entre escena y auditorio. Eso, y un puñado de pochoclos húmedos y amargos y pastillas para la tos, porque, eso sí, nadie quiere interrupciones molestas. Incluso el tren, cuando pase, lo hará en silencio; se zambullirá calladamente como una escalera mecánica en el suelo.
Una raíz metálica perforando el escenario encierra mucho misterio y despierta una curiosidad mezcla de infantil con mediocre que, aunque no divierte a nadie, en los intervalos distrae.

La distancia entre los dos telones roza el acto; se siente en la piel el espacio. Está en el aire. Tan sólo hay que tocarla para que comience y eso hacemos. Qué más puede pasar? Nuestras cabezas no se sumergirán en esa composición tan artificial teniendo una tela de madera tejida con sabor a pasto verdadero oficiándonos de suelo y a nuestras manos ya profesionales del aplauso y del tropiezo contra todo lo posible (aunque parezcan siempre condenadas, ellas ya aprendieron a disolver el azúcar simulándose cucharas).

Dicen que la muerte se llenó de sujetos vestidos con máscaras que no les tocan las caras. Entre ellos y el disfraz hay un viento encerrado y susurros y gritos y voces que no atraviesan ni el cartón ni la carne. Un colchón transparente. Húmedo. Tibio. Un escenario que los protege del frío para que el deambular les sea más amable.

Debería informar a la audiencia que hay un guión navegable para todos y que debajo del asiento encontrarán los diálogos, las navajas, los tazones y la miel.
Cuando amanezca, los tazones deberán estar llenos. Hay avalanchas disponibles para quienes tengan dificultad con los contenidos.
Posteriormente iremos al mar. Todos. Cada uno llevará su taza y su cuervo. Ahí, quizás, nos sintamos menos solos que en este teatro lleno de agujeros y de aplausos, porque en ese mar amarillo, ni la libertad es una estatua ni el mundo es tan tan grande.
En ese escenario, las estrellas tomarán nota de todo lo que ven. Ellas creen en eso de la astrología y de las constelaciones, pero nosotros sabemos que nadie sabe nada de nadie.

Y ya. Que no hay mucho más que contar. Cada uno tendrá su experiencia individual y única, aunque cuando el sol nos deletree en la arena pensaremos que a éste deja vu ya también lo vivimos.
Sumamente aburrida esta obra. Nadie se ahoga, nadie se convierte en cucaracha, nadie termina de teñir el mar con la tinta de los tazones. Entonces, por qué no nos sentamos en la playa y miramos concentradísimos su marea? Miren cómo sube y baja automático el telón. Cómo se expone! Cuánto aplaude! Cómo abdica su orilla!
De eso que a nosotros no nos cuesta tanto, resignar la frontera, él obtiene una ventaja.
La estrategia del mar es brillante.

Dócil ejercicio para el cansancio

marzo 19, 2008

Ya nada queda
Lo que debió
Ser ha sido. Algo
Una mancha gris
Organiza el olvido

La pena es una sola
Una nueva farsa
Alguien saluda y este espejo
Que no me desempaña

A su balbuceo nadie le reclama. Su lengua lisa lo sabe y la fecunda. Somos, sus crías, formas recién escritas, desordenadas, sin vibración y con la sabiduría del abandono como única placenta. Un aire de yoga elevado a los huesos de Occidente.
Siempre negativa y fulminante, mamá. Qué ortografía de cloroformo la durmió de mí? Cuántos verbos me desvistieron de su sangrísima entraña? Yo hoy me muero. Brindo con mi vida por dos vasos de su plástico y un cordón impar que por fin nos conecte, que filtre la imprudencia con la que transmite, con la que me ataca, sus risitas introspectas, su recital de ruinas desde la fila de los que no aprenden. Ni aplauden.
Por qué tengo yo que velar a oscuras a la insigne? Se hizo aniquilar por su parto para cortar (para seguir) con la pena de la quemadura abierta que le arde (cómo le arde!) gozosa y tierna como una jauría que lame y se relame (de los labios) la sangrecita del tibio vientre. Sin músculo. Como beso. Como moneda número treinta, que le embaraza de vergüenza los pechos de su mediocridad triste triste.
Se extiende la explicación, mezcla escasa, por el suelo, sobre el hielo, sobre la contractura de la lengua macha que no entiende al equilibrio y se queda entonces cada vez más quieta, cada instante más anclada al ombligo.
Quillas que
olvidaron al puerto
me cortan la arena

Lo que a mí me avergüenza es su canto editado. Que en la panza de su hambre haya más hambre naciendo, que la taza no alcance para tapar para mí, de su mano, la herida.
Hay una madre que sangra la ley y un hijo que se le encueva adentro y al costado. Ella es una ventana en alquiler (adentro anidan olas por si los barcos vuelven a su espejo, a sus puertos en flor)
Cuando no puedo dormir, pienso en poesía como último recurso para no pensar en nada.

Happy Ballena and So So Sad Mosquitou

febrero 24, 2008

Voy a alejar al diamante de los gusanos.
No me importa cuántos sean. No voy a dejar de resucitarlo.

Las ballenas, hirviendo luz arriba, cuentan que hay mosquitous que no se animan a vivir ahí donde se puede mirar sin permiso. Ni parpadeando, ni durmiendo de a ratos para descansar las alitas.
Las ballenas, escondiendo sombra abajo, cuentan que hay mosquitous que juegan al tetris en condiciones de gravedad cero, bien alejados de los peligros que las tormentas encierran.

No será por relleno, será por vacío. Voy a poner una fábrica de semillas de ballena para ganarle a la muerte. No dejarlas nacer será mi serena venganza.
En lugar de un silencio, voy a dejar un espacio muy muy vacío en el agua.
Los mares quedarán vacíos. Seguirán fríos como los pies de los perros que mordisquean el viento.
Algunos peces saldrán también a coquetear con el aire. Ellos correrán con la ventaja de los diablos, al igual que los bomberos que todo lo incendian desde sus fósforos de madera balsa.

Y yo me voy a encender en la orilla. Para que impacten las semillas en mi fuego y no en aquello otro que es un perpetuo espejismo (ni en el mar, que será un enorme, un gran gran vacío).
– Era acá? – me preguntarán las fallidas ballenas mientras ardan.
La muerte va a entrar por el agujero que ellas dejen al incrustarse en mi fuego.

Moraleja:
No se puede ser un mosquito impresionable en una tormenta de ideas. No se puede ser una happy ballena en un río de amargura.
(hay tantas cosas no se pueden, hay tantas cosas no se deben, y sin embargo…)

Watt the Hell llevoi

enero 18, 2008

Mi mente está habitada por estanterías con estática en las que se me pegan las ficciones. Unas cuantas metáforas sueltas, unidas en gentil relación, o en alguna oculta forma de coherencia que les tape el absurdo. Algo como para negar el tiempo mientras espero, sentada frente a mi asombro, que evolucione o cambie (mi asombro, claro) o haga algo que lo distinga de algo, o algo.
Así es como pierdo el tiempo, negándolo.
Y así es como pierdo la conciencia, buscándola.

Y mientras tanto, en otra parte, me desarmo en explicaciones vanas sobre el deseo y las necesidades. Sería bueno dejarnos en paz, pienso, que hoy casi llueve y hace hambre. Pero para qué adelantarnos, me dice alguien, por más difícil que sea hay que seguirnos soportando cada momento hasta el final. Podés hacerlo buscando en cada bolsillo una respuesta para cada cosa, y también podés sentarte y esperar. El tiempo siempre va a ser el mismo. Al igual que el silencio o la desesperación con la que nos arropa la soledad hasta volvernos heladas fiebres eternas besando el camino de caracol que flota por debajo de nosotros, junto a ese insólito deseo de rebotar luz, como hace la luna, que cae para embellecerlo todo, y de iluminar la falta, para que algo pudiera ser un poco más liviano o más decible, como una mesa o como una silla.
Hay una maravilla innombrable, algo como una bombita de luz que se desenrosca sin razón del techo y estalla en el aire segundos antes de tocar el suelo. Demasiado honesta. Demasiado digna y discreta.
No hay una palabra suficiente para cerrar con armonía lo absoluto de una metáfora, pero tampoco hay palabras lo suficientemente poco como para no mostrarse agradecidas de su propio decir.

(y con eso, que nos baste. Nos obligan. Y calladitos. No vaya que a alguien le pueda resultar un poco menos difícil digerirse el engrudo, que va…)

Anem al llit

diciembre 21, 2007

La extravagancia del pez cuerda consiste en sostener los límites de la ausencia con las aletitas de atrás. Lleva tanto tiempo muerto que las membranas exteriores parecen de cera. Por momentos me da la sensación de que si lo prendiera fuego, no se apagaría nunca.
Está esperando que le crezcan pies para poder escaparse del agua. No sé por qué no espera alas. Es casi tan imposible como lo otro.

Si alguien te contratara para que soñaras tus sueños para él y te diera para eso brebajes amazónicos y te llevara a una cama nueva y blanca y confortable, en un cuarto también blanco de una casa que no es tuya, ni es nueva, ni es blanca pero que se deja vivir. Si a tus sueños entonces entrara él, cada noche, a vivir tus ideas, a esconderse entre tus fantasías y a jugar a tus terrores. Si pudieras comprobar que este ser que te visita no puede lastimarte y que sólo despierto corrés verdadero peligro. Si ese que te habita te dijera que está todo bien. Querrías despertar?

Cerdos y Peces

octubre 12, 2007

Somos la biblioteca itinerante de algún dios aburridísimo

“Sale a la calle, camina un poco, entra a un bar, pide un café y abre el libro, y mientras revuelve el azúcar, oye cómo un tipo le cuenta al mozo las virtudes de la mujer que se acaba de comprar. El entorno es desolador. Alrededor de una mesa fijada al piso con cuatro bulones enormes, se reúnen tres sujetos que parecen haber estado torturando a sus novias o esposas hasta recién.”
Tiene mucho que ver con mis estructuras psíquicas el hecho de que yo necesite ordenar todo según lo que yo considero una correcta sucesión de escenas y de sonidos para poder aproximarme lo más posible al olvido. Un orden tan encantadoramente simple como cerrar los ojos y poner la mente en transparente. Un orden que convierte al mundo en un lugar pacífico y dialogante.
(la otra es una película no apta para todos los estómagos, una cuidada puesta en escena con cierta insoportable tendencia al videoclip)
No somos capaces de renunciar a lo que no podemos tener con la urgencia que el deseo nos exige. Harían falta muchos trailers metafóricos de este mundo para animarnos a abrir los ojos frente al jodido sol de noviembre, ese que nos calienta la vereda, los cuerpos y hasta los más infames pensamientos.
La gran paradoja del futuro es que, tarde o temprano, también se va a convertir en un presente de mierda.
(y eso que en el fondo (tengo que admitir que aunque no lo parezca) hoy el optimismo invade mis venas como un cáncer positivo)
Un orden que no me quite tiempo para disfrutar de un buen disco, de un capítulo más, del sueño de dormir y de viajar sin riesgos. Uno que me habilite tiempo para amar y para odiar (y para hacerlo con la intensidad necesaria)
“En las últimas veinticuatro horas este hombre ha bajado dos kilos y rozando la locura en tres oportunidades. Sus huesos agrietados, su sexo agitado, sus contracturas musculares, el deseo de ser o de ser nada, esperan. Le encanta masturbar su mediocridad con logros absurdos como creerse que nadie le sería inalcanzable.”
(a veces tengo la impresión de haber envejecido 40 años en este espacio sobre el cual me leen)
Los viernes son unos días muy raros. La sensación de ahogo es tan intensa que la mejor opción resulta salir a la calle en plena tormenta o arrojarme por la primera ventana que encuentre, lo suficientemente alta como para que todo resulte exitoso.
(otra posibilidad es dejar que nuestros cerebros se vayan pudriendo hasta convertirse en pequeños y fétidos montículos de grasa y de materia fecal, al tiempo que esperamos que, “sólo por hoy”, ningún meteorito se nos estrelle muy encima)
No sé qué es lo que me distorsiona la percepción del tiempo, si un desequilibrio químico o algún microorganismo que basa la unicelular lógica de su existencia en reproducirse lo más devastadoramente posible dentro de mí.
Los viernes son unos días muy raros. Me brota una obligación a huir de las contradicciones que me detienen (o por activas o por pasivas, da igual)
Los viernes no me dejan otra opción que abrir la boca y generar bilis en cantidades monstruosas.
Sólo diré que nunca había visto a un hombre tan grotescamente deformado como ese. Demasiados restos de pobreza y de resignación. Al lado de los obscenos, esos sujetos con sus mujeres de culos trucados, casi se oía su grito animal. Tengo que vomitar.
Buenas noches.

DEFCON 4

octubre 3, 2007

Hay un espacio al que van a morir las almas contrariadas. Pero nada es fácil y el camino se ensancha hasta que ya no hay brújula que las salve. Por eso caminan en círculos cada vez más grandes, tratando de no repetirse, hasta que el espiral es tan enorme que se hace insoportable. Ese es el momento en el que eligen volver.

· Nació, y lo primero que hizo fue reírse de todo, ávida nariz con forma de conejo, o de nombre propio. Los médicos no le perdonaron la no repetición. Nadie más se reía.
Chicos repelentes con modos incompletos y ombligos de calambre.

· Afuera, una mujer viejísima salió a caminar por la lluvia. Nadie lo entiende. Con cada paso pensaba refutar uno a uno sus poemas hasta que ya no le quedara nada más por recordar. Pensó en guardar luego los restos entre los pliegues de su cerebro. Cada pájaro en su jaula.

· Algunos se habían atrevido a entrar solos, seducidos por los misterios de la caja. A todos nos habían dicho que era una locura, que ya habría tiempo, que lo que había adentro no debía diferir demasiado con lo que habíamos afuera.
Pero igual nosotros escribimos esas cartas. Pero igual nosotros entramos esa noche.

· Cada vez que él quería calmar la pena, se ponía en penitencia y así se acordaba de su mamá. La pena pronto se transformaba en ira. Ese era el momento en el que él se subía los pantalones y comenzaba armar el rifle.

De sus ojos brotando

septiembre 28, 2007

Y todo el tiempo, bajo su sonrisa de goteo,
él hizo tamborillear la taza de café.
Era el paño grueso y suave de tantas, tantas cenas.

En dos días la naturaleza se volverá de barro siniestro
Submarino.
Mirada hacia afuera, la noche ciega
No podrá distinguir los techos ni las espinas de las casas

Cada minuto estallará en una habitación diferente
Un globo repleto de ruido explotando en mi cuarto

Del cementerio a la cama la curva percibirá al corazón
¿Para quién tomaría yo al hombre entre mis manos
si todo lo que resta de la noche vuela en línea recta
y es una pista tensa de rumores profundos, irrecuperables?

Un hombre toserá bajo la superficie del mar todo su amor
Y un temblor perforará el silencio del barro

Caerán sobre sus pies los misterios
Seguirán bajando y bajando
¿Qué mujer se sentirá deseada entonces
si todos son igualmente hermosos al enfrentarse a los ojos?

(el amor en exceso es también una forma de ceguera)

Satellite Of Love

septiembre 6, 2007

Como sentarse frente a la verdad y tener que mirarla a los ojos hasta hacerla callar por abandono. Nuestro.

Cada tarde Valdez se apiada de la luna y recorre Buenos Aires recogiendo para ella luces viejas y pinceles.
Nada hay más rotundo que lo que hace falta, ni condena mayor que reflejar para siempre todo aquello que es ajeno.
El irrefutable dios de cada historia maneja un barrilete pretendiendo ignorar a los espejos que lo muestran con descaro y de cuerpo entero.
A Valdez no le gusta que lo desprecien sin razón y por eso su piel miente el misterio. Su boca escupe las poesías que de a ratos hacen sombra sobre ciertos vientres.
Yo creo que si Valdez quisiera dar un paso más allá, él lo daría, pero encomendándose al error como para asegurar el hecho de que va a morirse como un perro.
Una mujer lo espera desnuda y lista, y Valdez le pide al Universo que le tape con lluvias el amor y la vergüenza.
Comienza a llover y a Valdez una sombra acribillada le dibuja un rombo gris en el medio de la espalda.
La mujer cierra su cuerpo.
Valdez se aleja, se inclina, y recoge del suelo cuatro lamparitas usadas.
La rota le hurga el dedo índice y él las deja caer.
Hay una única que tiene la cortesía de no explotar y es la que por error golpea sobre su pie y con sinuosa gracia rueda hasta depositarse en el suelo.
Las otras dos revientan como dos hijas de puta.
Dios detiene su juego, y a medida que el barrilete se le enrieda por los cables, él se va acercando a Valdez.
No se explica el argumento de la lámpara bendita, y de una memorable pisada la reincorpora al destino.
Los espejos multiplican hasta el último detalle.
Valdez junta saliva. Sólo piensa en la muerte del perro y en su propia sangre, que ya comienza a pedirle explicaciones.
La luna se boceta con envidia hijos negros en la espalda.
Dios quita los cristales incrustados en su bota, el barrilete es declarado donante y las lamparitas, arena.
La mujer acuna su cuerpo todo repleto de hijos, y el Universo, más lleno de intenciones que de eficacia, se sienta sobre Valdez, y rascándose la cabeza, relee la trama y se pregunta idiotamente, qué puede tener de malo morirse como un perro.

Descargar Satellite Of Love – U2 & MDH Band

Light my Fire

agosto 27, 2007

“Come on baby, light my fire
Come on baby, light my fire
Try to set the night on fire
Yeah, yeah, yeah, yeah
Oh oh
Mmmm, yeah
Oh oh”

Las pelotitas de naftalina germinando no parecen tan reales. Pero crecen. Por sobre todas las cosas, crecen. Increíble. Como esa noche, cuando todos los pensamientos se me fusionaron en uno. Ese único día. En ese mismo minuto. Fatal. Si. Fue muy extraño tanto amor atravesando la costilla.
Parecía un video de hormigas negras huyendo de un hormiguero recién pisado, pero en reversa. Venían corriendo por cinco cuerdas flojas bocetando la partitura de lo que sería el día. Circulaban por estas arterias por las que corre un vacío interminable, trayendo sus tesoros, también ellas, con las venas rajadas.
Desde este hueco sanguinario que se me abre en los plexos se ve claramente que los cortes no cumplieron del todo las promesas. Si lo hubieran hecho, sospecho que deberían verse los caminos mucho mejor iluminados.
Y yo que no sabía si hacer venir o no a mis ganas de dejarlas afuera, ganas siempre tan ocupadas en fabricar procesos de destrucción, o de alguna otra cosa igual de estúpida, en lugar de armar algo como para poder retratar mejor a esta espera de cemento que se avecina sin segundas intenciones, en la que ni soy yo, ni me calmo, ni me cubro de la noche, ni me salvo de nada.
Porque a veces está bien, pero hay días en los que no deberíamos pensar en el foco y otros en los que pensarlo podría ser diferente, como si todo fuera música o una canción escrita por alguien que no sabe cantar.
La seducción que ejercen los espíritus del suicidio es más franca y eficaz que cualquier buen plan. Con el tiempo, para los cuerpos indecisos, se convierte en una vaca muerta que nos respira por los agujeros que a su cuero le abren los gusanos. Con el tiempo, todo se fosiliza; con el tiempo, todo cambia.
Y qué hice yo desde el ansia por la gota que cae derramada de mi boca más que aprender que lo más bello es seguir esperándome siempre?
Sólo deseo que dentro de un tiempo yo aún sienta esto que soy adentro de los escalofríos del olvido y que se note que tanta entrega ha frutado enormemente.
Tendría que ponerme a leer ciertos versos porque sé que ahí voy a encontrarme. Parada, sentada. De perfil.
(el anillito me aprieta, las medias me dan pavor)
“Tengo asegurada la pena por largos varios años”, dijo el viejo Moriyama segundos antes de morirse de la risa cuando alguien le preguntó que por qué ya no jugaba al amor y él le respondió que por miedo a confundir “ese bonito juego” con la espantosa realidad.
La palabra “bonito” debería quemarse en una hoguera enorme. Yo colaboro con la madera de mi mesa ratona y con dos o tres litritos de nafta. Aunque ahora que lo pienso, hay mucho más que una palabra para quemar en esta podrida ciudad. Cosas como el pan de ayer, los complejos náuticos, las salidas a la derecha y algunas virginidades.
Nadie pide crueldad ni brutalidad. Tampoco es venganza. Es solamente un recorte forzado del cuadro. Un fragmento de realidad robada a una fotografía demasiado satisfecha de sí misma en donde poner el odio.
Creo que un fósforo alcanzaría para que no nos olviden.

Kaizers Orchestra – “Mann mot Mann”

La noche desciende

agosto 18, 2007

Del único cielo
Que enjaula la visión de toda mi existencia

Tiraría los dados al mar
Saldrían blancos de mi mano
Es necesario decir el silencio

Pero las nubes caen

Yo esperaría a que se hundan
Y que el abismo los acepte
Sin hacer preguntas

Pure

agosto 15, 2007

Hemos tomado la medicación
Podemos funcionar
Otro día

Rima el sol y afuera hay risas
Entonces
Como ramas vaciadas de su canto
Mis párpados se abrazan a los ojos
A madurarme el miedo
Frente a todos los paraísos en los que yo me desnudé
Como un nido en la boca de un lobo
Que tose y se desarma en el destiempo
Abismo abajo
Hacia la fiesta de los huesos que nos visten de perlas y de brillo
Adonde la música es
Todo lo que yo no soy y que me esquiva
Sombra del hueco vacío en el que bailo mi encierro
Inútil
Mensajero que anuncia la ceguera compartida
Del cielo y de la tierra
Y de su imposible horizonte
Para exprimir de ellos mucho más que una laguna
Y reconocer por fin que la poesía es solamente su voz
Y decir
Que ya entiendo la verdad
Y la consiento
Porque yo no sé de sueños
Sólo un poco del silencio que florezco
Para tapar las espinas
Y que vuelvan los pájaros

Divine

julio 10, 2007

Cuando algo se les sale del plan, los dioses zafan con casualidades.

Las brujas constantemente me sugieren una vida de dedicada y elaborada decadencia, pero todo lo que ellas dicen es siempre aplastado por una voz secreta que sale de mis huesos. La sabiduría que comienza cuando los dioses se distraen entre las dos identidades del silencio para copular frente a mis inflamaciones mentales. Me siento más sabia y cínica que el infierno, y mientras mi cuerpo me habla y se mueve, yo me escondo en mi sombra, que pesa como cinco mil almohadas.

Pienso al mundo como un solo relato en el que soy dueña de todo lo que pasa. Para bien o para mal. Y siento que si no lo escribo en ese minuto, en ese exacto momento, corro el riesgo de convertirlo en un sueño y que ese sueño se desdibuje instantáneamente en el olvido. Los textos y yo nos escribimos mutuamente. Ellos me defienden de las vagas salpicaduras de algunas verdades, de la frustración anticipada, de la timidez del espíritu cuando piensa que nada de lo que siente es cierto y que el afecto es un simulacro, una metáfora ordinaria de algo similar a un alfajor de maicena o a una vacilación.

Hay que dejar de escapar del perseguidor que nos nubla y entender que aunque no corramos, igual vamos a mantener la distancia.
Hay que dejar de ver la realidad así, con cada objeto redefinido por otro que lo abarca y lo confina en límites artificiales.
Hay que dejar y dejar de dejar.

Estamos todos invitados a exudar destellos sin sentir que los brazos son como alambres de humo que no llegan a integrarse a la fonética del cuerpo. Algunos sujetos renegamos de estos dones porque aceptarlos sería condenarlos a morir.
La misión del adjetivo siempre fue demorar al predicado.

Ayer me desperté pensando en un Buenos Aires probablemente vacío y al rato empezó la nieve a desplazar todo de su lugar lógico. El silencio se defendía de su imagen esquizoide clavándose en los parabrisas. Flotaba hasta caer como remache de luna, como confesión de aguapalabra. Toda la masa del universo se travistió para hacernos el favor de una mentira. Ayer los dioses exprimieron sus forros y pintaron con semen varias galaxias de blanco.

Circunstanciales

junio 10, 2007

A veces, incluso las personas más quietitas se enfurecen de golpe. No depende de los estudios, de la cultura o de las políticas de vida, sino de alguna energía injusta y antigua que se adueña de sus arterias, de las piedras de sus músculos, de las entrañas, de los lugares más oscuros del alma.

Mientras pesca, piensa que mejor no podría pasar sus domingos. La costanera siempre le calma el stress. Sentado frente al río, observa a los aviones despegar y se abrocha el cinturón. Por la ventanilla ve cómo una de las turbinas se incendia y desde el fuego, a la india cocinar las vasijas. Amasa el barro mientras mira a los caballos correr salvajes. Fecunda a una yegua al paso de la caravana peregrina que desconfía del águila. Observa desde el aire al tren, y sentado en el último vagón, ve la aglomeración de autos detenida en el paso a nivel. Toca la bocina como loco y cuando sube la barrera, acelera hasta el puente y el ruido y la congestión lo detienen y se baja y se asoma al río desesperado. Allí distingue una trucha saltando. Nada por horas buscando alimento hasta llegar a esa delicia suspendida de eso tan brillante. La muerde. Siente el tirón. El terror lo paraliza, el sedal lo asciende. Antes de la asfixia alcanza a verse a sí mismo. Tranquilísimo. Pescando. Como cada domingo.

Cortitos sobre Beatriz

junio 7, 2007

Betty, vení, Betty. Betty, Betty, vení Betty, vení. Betty, Betty, Betty. Betty. Betty. Betty, vení. Vení, Betty, vení.
Betty… Betty, vení Betty. Vení, vení Betty. Vení.

Beatriz no se mueve más que para temblar y ese temblor le borronea el contorno. Será que cree que las olas la pueden golpear en seco, que son como Haikus, formales, ordenadas y consentidas.
Pobre Beatriz, que no conoce el mar y por eso le teme.

Cuando suena el track de las ballenas, Beatriz se lamenta y murmura algo sobre caballos, cosas que no entiendo entremezcladas en una masa particular de sonidos modernos, un lamento de felicidad que tunea la pena.
Cuando suena el track de las ballenas, ella murmura sobre caballos.
Aunque todos sepamos que se trata de ballenas.

Tira los dados, golpea con los nudillos, se hace la brava y grita ¨Chapita!¨. En la siguiente escena se dedica a probar instrumentos de viento. Todos suenan lo que yo me obstino en llamar mal.
Hace tres días Beatriz estuvo a punto de morir atragantada con la cereza que recibió de labios de un didgeridoo.

Cuando le canta al agua, ella la nombra en secreto. Yo no termino de entender qué es lo que me atrae de Beatriz si a mí los secretos me alejan. Además, el agua que ella describe siempre está helada. No hacía falta el secreto. Me habría alejado de todos modos.

En la canción de despedida, Beatriz canta a capella. Casi al final, pasa un pájaro aleteando y ella silva bajito hasta desaparecer. Fade out. Después, todo es silencio.

Ella cría ciervos. Qué suerte para tus ojos, le digo cada vez que sale el tema. Beatriz me mira extrañada. Creo que nunca va a entender el chiste.

Ese Modesto Vértigo

mayo 30, 2007

Yo ya no puedo sentirme las manos. Tiempo a tiempo se retuercen anémicas a través de estos paneles muertos de papel de barrilete.
La imperfección del amor separa al mundo entero de la nube.
Y estoy
y soy como una muchedumbre de porcentajes
soy cinco y nadie ve.
Acontezco sujeta.
(y si a alguien satisface todo esto, no es a mí).

El sueño nos despedazaba y no sé si estábamos dirigiéndonos por una caída al pozo simple de la pereza de ser o si nos habíamos adelantado para ver si más allá del infame cartel de nosotros ya estaba todo desmantelado.
No puede llevar demasiado investigar, dijimos, no es un gozo despreciable y siempre viene bien un intervalo en la indolencia.
Quizás aquellas dudas eran las almas depuestas, o el segundo despertar del vacío de los ojos. La acidez invasiva que le dilata el flemón artístico a todo aquel que se dice hombre.
Yo estaba dispuesta a la aceptación del fracaso ni bien tocara el fondo del abismo biológico. Sería como un último homenaje a la esperanza. Mediocre.
Otra promesa podría haber sido el niño que tenemos que inventar para que habite el terreno del que la mar de las veces nos declaramos ausentes.
Para salvar a la noche.

Rompiendo el azul estábamos buscando la manera, secreta y ágil, de arrancarle al silencio algún jugo como de cuerpos.
Y sostenía el mío en frío y en silencio, examinando los auscultes que hay en cada dolor placebo o en las ausencias extremas y conversas que catequizan los fulgores del pulso abierto o recién suturado (para que de ellos se alimente el oculto monstruo del tórax).

Lo que dicen del lugar para cada cosa y del no llorar por la letra y sí por los ojos la pena que se abrió en mi agrisado contexto de paz, ese del sonido que se estrangulaba en la garganta, ese de la apuesta del contra beso al resto, es de a ratos tan cierto.
En el gusto de mis ansias danza una miseria abierta. Éste es el sonido del desorden que me inicia en el olvido.
Estoy entre una nube y ahí me voy liquidando para bajar militarmente
a desaparecerme en el su río de paredes a volcarlas.
Cuál más será desde ahora ese sonido?
Estoy en tu cabeza, pensé que le oí decir. Que él sería algo muerto, que mi vida sería aparte… que estamos separados… que nosotros estamos separados.
Funcionamos.
Morimos de hambre a las cosas.
Las divinas aguas borrachas roban de mí azúcares.
Les siento el comenzar a tomarme.
Adónde se fueron todos los enjambres que ahora yo necesito para ahorrarme?
Cómo pudo realmente haber muerto la nostalgia completa de lo nunca celebrado?
Acuno en mí la conciencia de la llaga de haberlo percibido.

Watershed Divide

mayo 19, 2007

El mundo es de los que nacen.
Yo creo que le tengo más miedo a nacer que a la muerte.
(por eso esta caligrafía rápida y el tamiz aceitado por el que hago pasar el tiempo, escurriendo lo banal y dejando las toses de la inspiración sobre la enrejada superficie coladora, desnudas, como besos calientes).

Hoy pensaba en cómo sería tal canción a ojos cerrados y con un sobretodo puesto por sobre lo sobrepuesto de la noche. Esa que nos pide más, que corramos, que le ganemos al perseguidor que nos viene mordiendo el pelo.
Los pies sonarían como relojes. Atravesaríamos las mismas cajas de cartón que alguna vez nos envolvieron.

La humedad con la que se empañan los vidrios de la casa, esa grotesca necesidad del aire de imprimirse en mis ventanas (la atmósfera debería estamparlo contra el piso en forma de laguna gris) se hace más hambre que nunca y sé, que de estar el charco, yo lo pisaría (juro que sentí el olor del agua y hasta el ruido que hacen mis zapatillas cuando corren mojadas).
Pero me quedo de este lado.
Todavía hay tantas cosas que no van a pasar.
Más de veinte días hace que el agua sube y baja por el ambiente.

“Tu boca es un paseo de compras que se inunda. La primera vez yo tuve algo de miedo, claro, me imaginaba a todas tus amantes buzo recorriendo los pasillos con llaves Stillson, listas a cerrar las válvulas para que no te ahogues.
Tan grande es la manera del agua, que hasta los fósforos deciden callarse. El aire es de pasta y el pedal se hace a cada instante más y más ligero.
Nada es señal en vos, ni el sol, que sale de a ratos.”

Si suena bien, está bien. Pero algo terrible acontece. Entonces dejamos de sonreír y los días se convierten en un invento a pulir. Después, todo es llegar tarde.

“Salí de la casa y solo encontré tierra. Una tierra toda llena de certezas. Un manicomio marrón. Un despropósito universal que nunca iba a ser nada.
Y vos también.
Salíste de la casa y solo encontraste tierra.”

No nos une más que un adiós no dicho y un dios,
que descansa en los que como yo, ya no le creemos nada.
Una hipoteca sobre el tiempo, un a ver quién vive más alto, más calmo o más agudo… relieves o lisitos. Día a día pasan los días.
No quiero vivir por mi causa.
Si yo estuviera loca no tendría que andar inventando cosas.
(el reloj sigue excretando arena mojada)

Lo que el abrazo abarca

abril 28, 2007

“Gotea el grifo
y algo de la piedra se va con el agua”
Hugo Mujica

Hay que escuchar contra y de espaldas a la nada lo desdicho. Todo. Una matriz desprovista, las cenizas apagadas de un cuento, una mentira. Trompetistas o nada. No vale más lo que escribí que lo que no se habla, ese arca vegetal en el que flotan los mares, esa sopa que ilumina los cimientos de vos, sótano doliente, regada entrepierna.
Yo te impugno el recuerdo, no lo olvides, con la fuerza del acero esqueletando al terciopelo. Poco le quedaría a la noche si yo le sacara su parche a los días. Un espantano vómito de buitre en el cuarto oscuro de los sueños, y me abrocho la espalda, morral de sospecha, porque sé que yo sólo intranquila me acerco al misterio.
¿Cómo el mar puede arriesgarse tan ciego a la arena precipicia? ¿Cómo nadie la sospecha basilisco ni le escapa a la profundidad potencial de que sea un espejo en la mañana? Estúpida polilla y tu febril golpeteo a la luz que yo pujo. La estética del odio convertida en poesía. Ella escapaba de la noche como si hubiera entendido que estaba llegando.

Crápula y Crédula

abril 25, 2007

Criticar a las ausencias como si la vida fuera una cajita con sandías, creyendo que a lo mejor lo urbano nos extirpe más las raíces, esas, las que tanto miedo nos da roer, desterrar, quebrar de un golpe.

Eran dos hermanas, milagrosas ambas. Una desierta, la otra de bosques y monte, gatos salvajes y mosquitos elefantes. Una tenue, seca y arisca, la otra simultanea, llena, una semejante nodriza hacedora de plantas, helechos y palos de escoba. Una real, la otra verdadera, una de cristal, la otra crisálida.
Paseaban del brazo, caminaban por Palermo. Una rengueaba, la otra la orillaba, le peinaba la piel, la ponía a contrapelo, le tejía sillones con arena y pasto seco. Nada singular a su paso y se reían de los adoquines y pisaban turistas los paños artesanos si no gustaban de collares, pulseritas o demonios. Las hermanas se decían en idiomas, se besaban a colores, se escuchaban los cementos, se hilvanaban las pestañas. Ellas navegaban por los secos ríos de Palermo, despuntaban perros sórdidos, abrigaban veredas, techaban ancianos. Caminaban resueltas, flamantes como ideas. Eso decía mi único abuelo muerto, Juan no existe, Elisabeth quedó en la tierra con todo el amor viejo, humeando un poco, por eso de las medias. Ellas pasean por Palermo y sin embargo las medias. Y sin embargo el fuego y las cenizas, y el agua poco y sacrificio, y las uñas llenas de raíces, remos y herramientas.
Ellas pasan por Palermo, y sin embargo lo importante nos pasea en otro lado.

Family Table

abril 8, 2007

No sé de dónde salen tantas alegorías sobre la resurrección si apenas podemos dominar los músculos estriados. Granadina inaguantable. Una calesita infernal de parientes. Ellos están pariendo miradas, preguntas de modo, dativas búsquedas rasantes como un Pin Ball por mi cara.

Hay mesas que pueden vivirse. Habitables como la boca de una ballena, como un farol apagado en una esquina canadiense. Hay mesas sin puertas. Hay mesas practicantes. Son mesas sin salida, mesas de calvario, de misa, de crucifixión. Mesas de prueba, de relajo, de climas y macetas. Mesas golpeables, de flor y de manteca, mesas de consuelo y de miseria. Mesas de albur, fuertes, sediciosas. Mesas claras y pesadas, volátiles y hambrientas. Mesas que te dicen, que te arman, que te retan, te anudan, te destrozan, te rescatan, que exterminan los matices, que te aman sin remedio. Mesas púas y de verso. De calma y puritanas, de pie o de sentadas. Mesas que trinan, que caminan, que destinan, que se calzan por las noches. Mesas del medio y del norte, de paraísos y mentiras. Mesas. Sin puertas.
Dicen que hay que sentarse ante todas las mesas para resolver el misterio. Y en alguna se habrán de almorzar mis perdices. No importa. A veces el sacrificio es la más efectiva manera de vengarse.

Arcade Waters

marzo 19, 2007

“Does anybody else in here
Feel the way I do?”

Mi lengua está pariendo en un sillón de enfermería lirios rotos. Cruje la pelvis de amarillo aceitando de si muertes utilitarias sin permiso y con algo que flamea y no es bandera ni sábanas. A lo mejor sea un ancla moribunda que alguna vez fue refugio de intentonas y de escapes.
De la laguna amniótica salen caminando cientos de escafandras vacías que no hallaron el lamento perdido. El lamento se oculta en el aire porque nadie sabe demasiado y él lo considera justicia si no hay reglas ni martillos que juzguen al deseo. Marchan hacia los árboles hervidos en la bruma, todo es caldo y este calor que ya no nos cree nada porque vivió siglos mirándonos mentir que íbamos a hacer algo alguna vez en abundancia. Si tuviera boca, este calor se reiría para siempre de los fórceps. Es tanto lo contenido, tanta la risa escondida en el cuerpo. Las pasiones ejercen mientras el calor se deja balancear por la marea, que te trae, te aleja y así hasta que ya no vuelvas y ya no te reciba volando pañuelos como palomas atadas.
Me esperan las fechas que nos deshicieron. Cada minuto adorna el almanaque, florean el tiempo, enmarcan el exilio supurado, las ostias enfermas, las uñas salidas de tanto cavar cajones, letreros, velas, zapatos y nunca hallar el lamento. Las escafandras ya están en el bosque y siguen buscando. Todo continua, todo crece, los cactus y los hijos, el taller, el remedio. Leva la vida esperando el horno, saltan los cachorros las vallas del encierro y es todo mucho más de lo mismo en el corral del universo. La fisión no crea, destila tiempo y alcoholiza el espacio. Vuelvo a la música de siempre: Funeral, por nombrar un disco y Wake up, por decir un tema.