Archive for 29 enero 2010

En cubierta XIV

enero 29, 2010

En caliente. La vieja siempre actúa en caliente.

El último de los de abajo huyó hace dos noches. Yo vi cuando trepaba a la balsa. Se empujó del barco con fuerza y, aunque no puedo precisar si fue la balsa o si fuimos nosotros los que nos fuimos yendo, lo cierto es que cada metro de separación nos llevó horas.
No di la voz de alarma así como tampoco lo ayudé a cortar la última soga. Considero que actué de manera práctica y justa. Mi función es esa: Considerar. Considerar los peligros y permanecer en mi puesto mientras mi capitán descansa.

Hoy, al bajar a las bodegas, encontraron a siete de los nuestros dispuestos en siete cadáveres todos ellos en diferentes estados de descomposición. Los están llevando de a uno al lugar en el que serán preparados por las mujeres para un funeral colectivo.

La curandera se ha negado a participar de los honores pues dice que ya es tarde para ellos.

– Me es imposible trabajar sobre una piel vieja y estos muertos ya están viejos. Que se los coman los Pausewangs! Déjenme a mí continuar con mi caldo!

Me anima ver cómo a la vieja se le refuerzan día a día el hambre y los deseos de vivir.

Al oírla volví a recordar a Bassard aquella vez en la vereda del cementerio fumando y disertando. Adentro había quedado el sol resecando lo seco y agotando lo acabado, todo para que el viento primero y después el agua y ahora otra vez… Tantas señales, tantos signos! Pero entonces quién sabía, quién podía saber que eso era un rompecabezas y que armarlo significaba algo tan imposible como subir todas las hojas caídas cada una a su legítima rama? Eran épocas en las que evitábamos desprendernos de las cosas. Sería por eso que a nada le mirábamos las fallas.

– No miran quienes miran las pieles como a espejos y al caminar propio como una zambullida que les es ajena e inevitable.
– Y todo para no renguear?
– Claro, mi niña, también para no renguear…

Restaurar el hueco del casco resultó más sencillo de lo que nuestro capitán había calculado. Nos hemos vuelto prácticos. La respuesta a las disonancias es automática pues hemos entendido que, ante el asombro, hay que sostener la serenidad y, sobre todo, un orden.
El juego, en realidad, siempre fue muy fácil: No dejar que lo que sabemos o creemos entorpezca a la realidad.
Entonces: unos reparan, otros esperan la llegada del barro para ajustarse del todo las sogas al cuello y morir dignamente, la curandera sigue en su caldo y las mujeres alistando a los muertos mientras yo escribo estas crónicas imposibles sin más asuntos, sin nada más pendiente que lo inmodificable.

Se ha despertado el capitán.

Abajo el gato gris se lame la sal sin siquiera mirarnos

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Hasta que un día no pueda salir

enero 18, 2010

Se filtra en la cama de los muertos. Eso completa el exorcismo (su firma es inconfundible).

Un hombre camina por la vereda. Hay una piedra molar rota que él patea. ¿Para endurecerla? ¿Para ganarse el perdón por haberle hundido los ojos metiéndole los dedos hasta el mismísimo adjetivo?
– ¡Pero si yo sólo quise despertarla a la vida!- (hasta entonces, según él, hipotética).

Un hombre camina por la vereda. Tose sin culpa. Lo demás ya le es conducta y repetición (“sufro porque tengo la costumbre”).
– Yo ya me cansé de imaginarte, pero esta vez creo que de verdad sos vos.

(¿Vos no te acordás si entre los cascotes se nos quedó alguna recomendación? ¿Vos veías eso que se fue? ¿Vos le creíste?)

Camina por la vereda sin rozar ninguna mano, sin tropezar ni una sola. Nada. Ni la mía ni la propia.
(y me dice que éste y que aquel y que tantas vidas de mierda que, entre nos, son mucho mejores que la propia que todavía ni un solo raspón en la rodilla, que es el día de hoy y ni un solo raspón en la rodilla)

El malestar se acumula. La antesala (yo felicito a los que tramaron el andamiaje) se expande. Una infección que te deja pasar, que te deja mirar, que te deja pensar, pero que nunca nunca te corta la respiración.

(¿qué hora son?)

– ¿Tal vez si intercambiamos sábanas o dogmas como eufemismo de lo íntimo?

Por alguna vereda. La escena se vuelve cada vez más independiente. Mérito mío, supongo, y ya me lo he informado (porque para dejarlos es mejor así, saberlo).

(¿cuánto falta? ¿o todavía no soportamos lo suficiente?)

Portman Teau

enero 11, 2010

¿En cuál de todos tus desiertos pondrás más luego a dormir al niño?

Todavía no alcanzo el ateísmo completo del billete, aunque todo finalmente acontece.
Lo que debe ocurrir ocurrirá (all at due time).
Mientras tanto, moderar. Cultivar la moderación. Domesticar al asesino.
Y despertar al diablo con tranquilidad (sus ocho ojos preguntando por qué dethemonshit estamos divididos)

Negada la creencia, no hay opción más que descreer (es el sentimiento último que pisa y pesa y somete al anterior: “Le Rey is morted, livet au majestic King!”)

Negado el ideal, no queda sino pastar (from this day forward until something do me part) dentro de dos posibles esquemas, el formost everyman meaningless quagmire o el otro.

(entendido está que no tiene sentido llegar a la ecuación si lo que ahora me importa ya se mide en el campo de las diferencias.
Ni mejor ni peor.
Desarmados, tal vez)

Habrá que buscar un modo para enfrentar más que un solo trozo de este alquitrán cuenta cuentos sin exponer demasiado hasta qué punto hemos fracasado:
“Las críticas pirámides crecen, molinos de menta resistiendo al gladiador”
(de a ratos mi parte poética se pretende tan poca cosa!)

Poesía para soportar. La letra acaba siempre por ser la salvación para quienes no tenemos salvación. Hablar en letra, soñar en letra, disimular la renguera, amar (cuando se puede) y hasta irritar sin saberlo en babélicas letres.

Meleuda dreemdúblin morethough Finnegan’s dessleeper Nacht tristesse!

Belleza! Fracciones de la sanata del pantanal. Tan simple!
Mitad su manía, mitad rasgos míos.

Y como el hambre y la genética no se deben cuestionar, elegimos dejar satisfechas a nuestras propias criaturas, aún a riesgo de que estas mismas criaturas se nos acomoden como jaulas.

(So, the moral: “blame not the pig for the pig is not guilty”)

Lhasa

enero 6, 2010

(1972-2010)

Lo que va quedando

enero 3, 2010

(uno va envejeciendo y ciertas fallas de la juventud van dejando de existir y entonces no hacen falta excesivas dosis de especulación para saber qué cosa gana entre lo urgente y lo importante)

Otra tara más, dirás, pero ¿qué más da, si cuando miro y comparo, entre mi infierno y los demás veo pocas diferencias?
Centavo-beso, centavo-beso, centavo-beso.
Un acto inútil, dirás, como desmenuzar los nervios durante ese espacio auditivo sin interferencias activas y tratar de describirlos
(¿te imaginás tener que soportar a más de dos de esos mendigos de ágil raíz? ¿vos me ves de genocidio mientras todos los demás se ponen a bailar?)

No hay nombre más sordo, ni más transparente, ni con menos masa que aquel al que me acodo con fastidio y en total oposición como único manifiesto.
(durante el silencio se forma la grieta para que yo vuelva a respirar)
Y entonces huelo esta lluviecita a la que dejo que llames bruma y veo que a través nadie se arrima.
(con palos van empujando los mensajes como quien acerca más y más carbones a la pira)

Pero soy yo (y no hablo de mí) la que mira más (y a no confundir cantidades con mis modos, por favor). La panóptica de estar acá, justito en mi centro. Veo todas las entradas (aunque desde acá se ven como salidas) bastante bien usadas (en ambos sentidos y en admirable equilibrio) y los restos del desangre (los termómetros tirados por el parque, las vértebras de alguna sandía…)

Sos la única, dirás.
(y decís)
Y si…
La verdad es que no me veo a mí abrazada a nadie en ninguna de las puertas viendo al hongo tóxico acercarse.
(el que vive solo… (yo tiemblo cuando digo “el que vive solo”)).

Entonces, lo que va quedando.
Ya sin fe. Ya sin obsesión. Sin ninguna lealtad hacia nada.
Y esta implacable digestión que hace todo mucho más insoportable todavía.