Reset

(entre vos y yo hay una sola indiferencia)

Hay una sola cosa que yo hago antes de olvidarme de casi todo y esa cosa es darle a todo una última oportunidad. Así me queda la impresión de que se ha hecho lo posible aunque en el fondo sepa que no es así, que ya desde el vamos ese asunto fue una causa perdida. Incluso eso -el saberlo de antemano- también se perderá en el olvido y de esa manera las cosas seguirán su curso como desde siempre estuvo planeado.

Resulta triste. Me tomaría un café mirando el techo pero no tengo café (algunos dicen que tampoco techo). Me están explicando últimamente que hay que ser claros como antes. Claro, es que yo antes organizaba mejor el pensamiento y las ideas, y los podía ordenar de una manera mucho más eficaz y convincente que ahora.
Para que haya encuentro, me dicen.

Yo lo llamaría, se sabe, vestida con esos humores que resbalan y zigzaguean desde donde se me vierte la vanidosa. Desde ahí, digamos, no nos costaría demasiado si –también es bien sabido- a él los espasmos se le acaban enseguida y a la mía se la convoca más fácil que pronto con sólo hacerme oler esos anzuelos dulzones que buscan y se llevan de cualquier desnudo su putrefacto.
Como si me fuera de prudencia lo llamaría que si no igual, parecido y hasta el final de su sermón.
Y entonces se iría, pero quedando algo lector y mucho juez de mis ideas sobre verdad o exactitud, y de nuevo arrodillado ante la parroquia de lo binario.

Y no menos ni bien acercar a cuanto mundo el desate del nudo a su vuelta de horca -hay tantas viejas comiéndose los mocos- pero lo llamaría y se me iría de la boca que ya no se naufrague con distorsiones, porque cuando todo se blanca, cuando todo es protocolo, no queda otra que quedarse pero ido y con la incertidumbre del me habré apropiado de lo poco como último alarde o consuelo (porque si había algo que no se pudo, que no se vio ni se le va a aparecer por más devoto, ya está pasado de sincronía y así están las cosas).

Rara vez lo llamaría, pero sí cada tanto. En especial sobre esos días en los que la misa se cruza a practicarme, tan sopa ella en su mística, únicamente porque yo le resulto la más vela de todos los rituales.
Que si me pongo, diría que le resulto: la como ritmo una seda, la que en parte nombre, la como vida un violín, la mejor, la aunque la nadien, la que lo hembra y lo alumbra, la insistidora, la fósforo blanco, la mentolada.
Pero como no me pongo: La que le traduce su yo del no siempre alfil o coronel del se debe.

Entonces yo voy y no lo llamo.
Y no lo llamo porque él -insisto- y porque en él son todos.
(y porque corro el riesgo de que se le pueda venir encima todo el analfabetismo familiar hasta taparlo por completo (y no quisiera ser yo la que lo convierta en penetrante sólo porque quedó accidentalmente metido en el desasosiego ancestral)).

Se vienen las preguntas. Pero son preguntas que ya no van a tener suerte. Hay otras urgencias como las de la cuchara y la mosca que flota en la olvidada.
¿Lo de la mosca será el hartazgo de caminar por el filo del cuchillo sin que a sus patas les pase nada?
¿Qué será peor, la angustia de quedar al descubierto o ver que a quien le prestaste la voz ya no vuelve?
Se sabe que cuando la ceremonia se destreza de su carácter hermético lo que agenda percibido es, con sólo mirarlo, un estorbo. Como la mosca.

Y entonces se va y se queda de la mano -de esa mano suya- que insecta inexistencia. Y entonces le toca –¿le acaricia?- el lomo a los únicos ardores (pero al perro no le basta y al libro le pica y (otra demanda al mérito) él no alcanza a rascar bien el lugar).

Son formas, nomás, dirá el experto en discursivas. Un ensayo de soberanía sobre las reglas de la palabra. Para algunos, una brújula en blanco hacia el objeto insondable. Para la literatura, un ejercicio poco enriquecedor. Para mí, lo que sobra del floreo. El agua que queda alrededor de las lentejas.
Pero era necesaria esta instancia para que volvieran y han vuelto.
Las voces han vuelto.
Excelente.

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12 comentarios to “Reset”

  1. Luc Says:

    Pensaba varias cosas, pero la principal es que este texto hubiera funcionado perfectamente como consigna 7 (creo que era la 7), sacándole la palabra “X”

    Cómo sos…

  2. morgana Says:

    Esto de llamar y no llamar es la pregunta válida que se hace previamente a la desesperación?
    Como no tein respuesta para nada ni de nada, me abrí el uxmal que se olvidaron en casa (mil disculpas, juro que llevo flores a cambio para la próx) para poner detrás de la oreja derecha la depresión que me cae como mechón abuclinado y después aprovecho y te aviso: me siento identificadiísima con tu pregunta.
    ¿Qué será peor, la angustia de quedar al descubierto o ver que a quien le prestaste la voz ya no vuelve?
    Ya dije, no tein respuesta. Pero sí hago multiuso tu pregunta: me la hago para el amor, pal yerta de narrativa y sobre otras escrituras, para los hijos y hasta para la próxima reunión de consorcio, que no ponen una puta luz en la puerta de afuera y no puedo ver dónde carajo va la llave.
    Beso, M.

  3. Tony Says:

    Yo no espero la respuesta… ¿será porque tampoco creo en la pregunta?

  4. Ignoto Transversal Says:

    me gusta el escrito

    (aca hace frío)

    beso.-

  5. Laviga Says:

    Luc, ¿me creerías si te digo que este post es el agua de las lentejas de la consigna 7?
    Morgana, ¿a la desesperación de quién?
    Lo del Uxmal, si fue por causa mayor, queda olvidado. Ya nos juntaremos para ver cómo remediarlo.
    Tony! tanto tiempo! Me encanta la gente que no espera respuestas.
    Ignoto, allá hace frío y hay gripe porcina. Cuidate, por favor te lo pido…

  6. V. Onoff Says:

    Hybernate.

    (aún lo mejor de mi vida lleva tu nombre)

    A Todo le dieron su última oportunidad y se fue de viaje irresponsable (vos viste cómo es Todo) perdiendola. Y algunos dicen que nunca supo ni que era la última. Ni que había oportunidad. Todo nunca sabe nada.

    Y por supuesto que con Todo hay que ser Claro, porque todos sabemos que un café (y mucho más un techo) es algo sumamente Personal. (Moví, Star, ahora te toca a vos.)

    Así y Todo, los espasmos duran, ché. Sobrevuelan anzuelos y dulzores que derraman esos sermones solitarios, esos espasmos lectores que juzgan ideas y condenan, partiendo en dos el velo de cualquier catedral (imaginate una humilde parroquia) y por mucho más “Eloi, Eloi, ¿lama sabactaní?” que se declame, los centuriones binarios se guardaron la túnica en sus casas, agradeciendo la suerte y las vanidades vertidas. Sí, también las divertidas.

    Pero Todo se blanca en obvio protocolo (pero un protocolo apropiado, como un breve alarde de consuelo) y en esa fe ciega en que la sincronía es casi (¿dije casi?) lo único eterno. Y que gana en la décima carrera de esa tarde última, lluviosa y apestada a incienso, por varios cuerpos (y ahora dije ¿cuerpos?) a cualquier oportunidad, por más Ultimate o XP que le instalen. (Favor de buscar el serial key en el reverso de tu pollera).

    Y en esos días de vela-star, en los que la misa cruza la calle tan emborrachada de claras definiciones en esperanto cifrado, a Todo le resulta difícil bajarse de su torre para violarse a un par de alfiles y clavarles el alma al fósforo blanco de una pantalla que nunca deja de bootear y entregar errores multicolores como sedas hambrientas, como violines mentolados, como hembras alumbrando. El puto peón se le muere de risa, pero a él igual le resulta difícil.

    A Todo las preguntas lo aclaman y vitorean desde su mala suerte hasta su buena estrella. Y tal adulación acaba por confundirlo, tanto pero tanto que el filo del cuchillo parte en dos la mosca al fin, el plato, la sopa y la cuchara (de la mosca quedan dos mosquitos; del plato, dos bandejitas; de la sopa, dos calditos y de la cuchara un vos-tenedor y un yo-rallador). Pero ante angustias a la intemperie (maridaje interesante con un escabeche de estación, en tal caso), las turras preguntas le prestan su voz a cualquier ceremonia. Y rajan. Como la mosca (llegado el caso).

    El lomo también se raja, evangelizando ardores de pasada a bordo de cualquier puestito de choripán de camino a la catedral rasgada (va a pie, tardará en llegar, peregrinaje que demanda mérito aunque se le rían (y se le ríen… (y cómo…))). El perro, en cambio, no se va, pero se queda leyendo el libro sin que nadie a su alrededor le avise que es peor. (¡No leas que es peorrr!…) Y se rasca sin saber qué cosa alcanza y qué cosa no. ¿Todo alcanza? ¿Nada sobra?

    Son forras, nomás, dirá el Todo de las preguntas lambisconas que ya doblaron el horizonte, y se quedará palpando la brújula (un regalo del perro, en busca de mejores tiempos) sin entender jamás cómo funciona pero haciendo como que. Para la litera turra encarará luego, haciendo un ejercicio del floreo, repitiendo las lentejas, el agua y la sopa, mientras ve apagarse la vela-star a bordo de su ritual de viento mundano, inútil y preciso. (¿Preciso dije?… sí, tantas cosas…)

  7. Tony Says:

    “Pero era necesaria esta instancia para que volvieran y han vuelto.
    Las voces han vuelto.”

    ¡Sip!…

    ¡ya volví!

    (¡abrazos por el regreso!)

  8. DudaDesnuda Says:

    “Analfabetismo familiar” Me puso triste la frase. Siempre me pone triste la realidad.

    Besos sin palabras

  9. Laviga Says:

    Onoff, gracias.
    Tony, un abrazo para vos. Ya pasaré por allá.
    Duda, es lo que hay…

  10. V. Onoff Says:

    De nada, Laviga.
    Ha sido un verdadero placer.

  11. Wlf Says:

    Y sí… de que se traba se traba y no hay manera de echarla a andar, porque jamás de los jamases se nos concedió una copia de la llave que abría el arcón ni se nos mencionó cuál era el botoncito de encendido.

    Las voces se convierten en fantasmas, en leyendas como La Llorona, la que a todos espanta y a la que naiden ha visto.

    Se vuelven como sueños de los que uno despierta entre sudores y que nos dejan la pregunta a flor de boca: ¿Fue real?, y con la sensación de haber quedado huérfanos de padre y madre a muy tierna edad, y sin más querencia que el dejavú que nos susurra que alguna vez formamos parte de algo. ¿Vos tenés madre?, me parece que yo también, o al menos soñe que la tenía, aunque no sepa decirte si fue así en realidad y que lo intuyo nomás.

    Por eso, cuando vuelven, todo se convierte en fiesta mientras dura su estancia; sin importar que ésta sólo dure lo suficiente para largar una parrafada o para completar un verso, bienvenidas sean. Amén.

  12. Laviga Says:

    Wlf, exacto. Exactísimo.

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