Archive for 25 marzo 2009

Jigsaws

marzo 25, 2009

“Just as you take my hand
Just as the drinks arrive
Just as they play your favourite song”

Vamos, niña ciega, agarrá el costurerito que ya es hora de ir retomando el patchwork.
Así la despertó. Maneras y maneras, formas y más formas. Pero que no se queje, por favor, si recién, hace instantes, abrazada a su monstruo mostraba sus penas al pasto (imperio de lo reciclable de casi todas las cosas) y se dejaba marear por el loop de lo sabido.
Que no joda ahora. Después de todo, qué tanto le puede costar recomenzar con el bordado?

La circunferencia, amiguita de lo plano, se arma cuando la niña se dice, se desdice y vos te quedás parado de esclavo ante la opereta ritual. Qué virtuosismo! Ella se tira de los pelos, se te cae de los dedos y te nombra Elemento.
(completan la idea varias lagunitas en las que se bañan las veredas y todo lo demás: Plantas, gnomos, “parole, parole, parole…”)
Y entonces se incorpora: Te tiembla acá, viste, y se señala ahí, en el cambio.
Digo y nombro, retruca, pero ya no le queda nada más que la ficha con las diferencias que hay entre el mapa y el posible territorio.

– En cuál terreno hemos de construirte? Habrá que nivelarte, cascarita? A vos te parece?

Y si. Si hasta la soguita hecha de brazos se desvive por salvarse de entre todos de colores, por qué ellos no?
“Luminosa” dijo (“wish away the nightmare, you’ve got a light, you can feel it on your back”).
Y era así, nomás, aunque no lo pareciera.
(ya no puedo reconocer las canciones, tengo un nudo en las cuerditas)

La tipa (los niños crecen rápido, casi de un día para el otro te diría) ahora habla del hijo (que también crecerá) y sangra energía, pobrecita.
(y mirá que habiendo cosas para sangrar, inteligencia, por ejemplo, vos viste, se iba en energía la infeliz… qué pelotuda).

Todo esto es demasiado complicado de explicar. Si no estuviste, no vas a entender. Éramos veinte y parecíamos como treinta o treinta y tres. Nos habían cosido a la tela para que fuéramos un barrio pero no sé, ahí la cosa venía medio de sin bromas, de ver qué tenés para ofrecer y hasta dónde podrías recibir (si, aunque suene licencioso o arriesgado, cada tanto tenés que dejar que te den) determinadas puntaditas.

Y después a laburar de cosquilla para que nadie te pueda venir a quebrar las vertebritas.

Algunos se molestan por asuntos de dinero, otros porque la energía se les pueda ir a borbotones, pero la mayoría se preocupa porque la muerte los vaya a dejar muy solos.
Se llevaban a mi hija y a mi amor… (la cara desencajada de lo humano y puesta en pose de “Yo bananas no te como”)
Si no estuviste, no vas a entender, pero te cuento que la radio viajaba por los celulares, por el aire y la physical manifestation (ayer el rocío se hacía la niebla) te entraba por los poros.

Igual siempre hay alguien que está mucho peor.
(a él le entró la vida por el culo, imaginate, así que para qué preguntarle si se siente presionado)

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En otro orden de cosas…

marzo 18, 2009

Todavía ensayo la floración a pesar de que toda ternura parecería vulgar. Todavía ensayo el arroz suficiente que me seque el cansancio.
(es que apoyarme en lo extraordinario es lo único que me confirma que acá no pasa nada)

Esquiva la caída, lo veo desde mi cama -aún no he podido sacarme la vergüenza. Lo hace. Él camina sobre hilos de arroz.
Antes fue –o pudo haber sido- una foto de Moriyama, pero ya no. Parecería que se desteje -como quien habla de su propia muerte y así muestra su presencia ante las cosas- pero no, tampoco es eso.

Me gustó Moriyama porque su nombre me sonó inmediatamente como el de alguien conocido: Una enfermera – o era una mucama, o era una ilusión o una fotografía de esas que crujen a los ojos de tan secas o grises, escondidas para siempre en la comodidad de las cenizas?
No hay modo de saber quién es quién en ciertos libros. Y ahora, después de Moriyama, tampoco hay modo de ver qué lugar ocupamos en las fotos.

Alguna vez le hablé -le advertí, mejor dicho- del peligro de aventurarse por los techos, pero él, nada. No quedará nadie, ni loco, ni negro que cante gospel en el mundo, le dije.
Me contestó que “seguramente” – él es un encanto, nunca me contradice- llegaría la noche “esa”, de la que yo le hablaba, “a aplastar a todos entre la estupidez y el delirio”, pero que él estaría a salvo del incidente.
La noche “esa” de la que yo hablaba, dijo.
Después de eso, para qué decirle –avisarle- que la noche – “esa” noche de la que yo hablaba- sería un infierno, si era ese infierno mismo algo dignísimo de su gusto?

Es indudable que la ciudad crece, pero de noche parece detenerse. Desde los tejados por los que él deambula las botellas de las tapias son coronas afiladas. Todo es accidental (de noche, cualquier sonido se puede volver un ruido tremendo) Todos quieren ese cristal. Muchos lo piden (para después desangrarse con ganas)

Esquiva la caída aunque abajo ya no espere nadie. De qué cosa será garantía el silencio impar?
El perdón llegará? El derrumbe es inminente.