Herida, la de tu boca

Pero además, anoche soñé que finalmente vos y yo nos encontrábamos. Vos sonreías.
Yo, en cambio, seguía mirando los últimos veinte segundos del video una y otra y otra vez.

Hace ocho minutos que ella habla con su lápiz de labios.
Los vidrios de las ventanas están cerrados. En la cocina, desde el suelo y debajo de la silla, Artemio mueve la cola en la visión del cotidiano tacho con agua y del hueso que ha heredado de mamá.
Mucho mejor, piensa, que las plumas que ha venido tragando y tosiendo durante los últimos episodios.
La puerta también está cerrada.

Por la ventana pasan de a pie las cabezas.
(cómo respiran estas cabezas si no es esquivándose las unas a las otras?)
Responderán a las expectativas del organizador? Acaso alguien, esta vez, habrá podido organizarlas?
(acaso alguien, alguna vez, habrá podido responderle?)

Desde el agua se asoman y llegan al aire más cabezas con sus labios cuarteados. Miles de cabezas cruzan el pueblo, se ovillan con los caminos, se meten en la sangre codiciándonos el hierro.
(diferentes modos de llegar a un mismo punto, dirás, pero decime si atravesando otra vez el parabrisas no sería delicioso…)

El perro le ladra. La mujer no le contesta.
(Artemio está harto de ser la única cosa que une a su ama con los consuelos y encima ahora ella no se aviene a la mímesis del ladrido)
Si el cielo estuviera limpio Artemio se pondría a pensar cualitativamente hasta alcanzar ideas tales como: “con mi sola existencia, he logrado dividir al infinito en dos semieternidades, multidireccionales de opuestos sentidos, aunque con un origen y un fin idénticos: Yo mismo”, pero hoy no va a poder porque el cielo se ha oscurecido y por más que él esté a salvo, esa circunstancia le moja el equilibrio
(eso y lo que le está pasando con la mujer, que no se aviene)

Afuera, a los pájaros se les ha antojado invadir el espacio que ocupan las cabezas. Les caen encima, bárbaros, con sus sombras en la panza. No se puede respirar. Por sobre las calles y las veredas, todo se llena de picos y plumas. Ahora ya nadie podrá leer lo que digan los carteles.
(la próxima salida podría ser la definitiva y quizás las cabezas no alcancen a verla)
Qué violenta circunstancia la de los pájaros conquistando el lugar de las cabezas!
Primero les arrancan los ojos.
(así comienza la primera ceguera)

No se describe intención en los pájaros de querer acreditarse de una forma más amable ante ellas.
No se registra en ellas muestra alguna de adaptación etológica ante el ataque.
La influencia de los pájaros se aprecia negativa para el conjunto de ojos.
La lógica y la ética no son tenidas en cuenta como variables en este sistema.
El curso de acción de los pájaros parecería ilimitado

– Cómo puede ser – se pregunta el perro- si cuando mi ama dicta, yo escribo?
(como si en ese acto de dictar y escribir, los dos lograran entenderse)
Cómo puede ser?
(cómo, pobre Artemio, podrá entender que simplemente pierde las partidas porque pierde según las reglas de un juego que no puede reinventar?)

– Pero cómo puede ser!

Hace nueve minutos que ella habla con su lápiz de labios. La imagen de su boca en el espejo parece que se cae.
(como si dijera: “he de morir de cosas así”, pero en realidad dice otra cosa)
Debajo de la silla, Artemio cierra los ojos y vuelve a su indolencia más pura.
(y está bien, porque mirar es buscarle un sentido a lo que no lo tiene)
Sabe que la mujer va a abrir la puerta y se va a ir sin haber ladrado ni una sola puta vez.
(y está bien, porque hablar es querer darle un sentido a algo que jamás lo va a tener)

Detrás de la mujer y de la puerta, en la cocina, desde el suelo y debajo de la silla, Artemio alcanza a oír el aleteo y a los pájaros abrevando sus picos en el hueco que dejaron los ojos de ella.
(y claro que se siente más seguro ahora que los pájaros y el dolor se han hecho realidad)
La cabeza de la mujer pasa de a pie por la ventana. Su cara es un desastre sin ojos. El frío le espesa el aliento -parecen nubes blancas.
Si Artemio la viera, diría que esas nubes son los globos de diálogo de toda esta historieta.

Pero el perro tiene los ojos cerrados. Sueña que ella no existe, que alguien así no puede ser, que es imposible.

(lo que duele es que no se canse)

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6 comentarios to “Herida, la de tu boca”

  1. Ignoto Transversal Says:

    tu mente afila la pluma y conduce tu mano.

    buena prosa carajo!… buena prosa (buen mirar).

    historias de otro mundo congelan al verano… algunos miran y no entienden… ¿algunos aprehenden esa paraleladimensión?.

    beso.-

  2. V. Onoff Says:

    ¿Mirar el video es la alternativa a sonreir?

    ¿Y cuándo fue que le presté mi lápiz de labios que no lo recuerdo?

  3. Laviga Says:

    Joseph, gracias. Vos también los ves…?
    Onoff, la Alternativa Gratis. La otra es mucho más cara. Y cuando digo “mucho” I mean it.

  4. Gusgo Says:

    Pero…y luego? que paso con el querido caniche?

    Tu capacidad de abstraccion supera mis espectativas mas inconmensurables!

    Saludos, Sis!

  5. Ignoto Transversal Says:

    Mirá, a ver…. son las 01:08…. se me terminó el güisqui… sigo escuchando jazz del año del orto… afuera suena un viento de la puta madre… tengo sueño y nada de ganas de dormir…

    tonC…

    te sacudís la modorra y garrapateás algo?.

    beso.-

  6. Laviga Says:

    Saludos Gusgo!
    Joseph… es el Jazz lo que te tiene mal. Esa música pagana no cuaja con el viento ni con la ausencia de alcohol.
    Pasate a la chacarera. Posta te lo digo.

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