Archive for 25 febrero 2009

Herida, la de tu boca

febrero 25, 2009

Pero además, anoche soñé que finalmente vos y yo nos encontrábamos. Vos sonreías.
Yo, en cambio, seguía mirando los últimos veinte segundos del video una y otra y otra vez.

Hace ocho minutos que ella habla con su lápiz de labios.
Los vidrios de las ventanas están cerrados. En la cocina, desde el suelo y debajo de la silla, Artemio mueve la cola en la visión del cotidiano tacho con agua y del hueso que ha heredado de mamá.
Mucho mejor, piensa, que las plumas que ha venido tragando y tosiendo durante los últimos episodios.
La puerta también está cerrada.

Por la ventana pasan de a pie las cabezas.
(cómo respiran estas cabezas si no es esquivándose las unas a las otras?)
Responderán a las expectativas del organizador? Acaso alguien, esta vez, habrá podido organizarlas?
(acaso alguien, alguna vez, habrá podido responderle?)

Desde el agua se asoman y llegan al aire más cabezas con sus labios cuarteados. Miles de cabezas cruzan el pueblo, se ovillan con los caminos, se meten en la sangre codiciándonos el hierro.
(diferentes modos de llegar a un mismo punto, dirás, pero decime si atravesando otra vez el parabrisas no sería delicioso…)

El perro le ladra. La mujer no le contesta.
(Artemio está harto de ser la única cosa que une a su ama con los consuelos y encima ahora ella no se aviene a la mímesis del ladrido)
Si el cielo estuviera limpio Artemio se pondría a pensar cualitativamente hasta alcanzar ideas tales como: “con mi sola existencia, he logrado dividir al infinito en dos semieternidades, multidireccionales de opuestos sentidos, aunque con un origen y un fin idénticos: Yo mismo”, pero hoy no va a poder porque el cielo se ha oscurecido y por más que él esté a salvo, esa circunstancia le moja el equilibrio
(eso y lo que le está pasando con la mujer, que no se aviene)

Afuera, a los pájaros se les ha antojado invadir el espacio que ocupan las cabezas. Les caen encima, bárbaros, con sus sombras en la panza. No se puede respirar. Por sobre las calles y las veredas, todo se llena de picos y plumas. Ahora ya nadie podrá leer lo que digan los carteles.
(la próxima salida podría ser la definitiva y quizás las cabezas no alcancen a verla)
Qué violenta circunstancia la de los pájaros conquistando el lugar de las cabezas!
Primero les arrancan los ojos.
(así comienza la primera ceguera)

No se describe intención en los pájaros de querer acreditarse de una forma más amable ante ellas.
No se registra en ellas muestra alguna de adaptación etológica ante el ataque.
La influencia de los pájaros se aprecia negativa para el conjunto de ojos.
La lógica y la ética no son tenidas en cuenta como variables en este sistema.
El curso de acción de los pájaros parecería ilimitado

– Cómo puede ser – se pregunta el perro- si cuando mi ama dicta, yo escribo?
(como si en ese acto de dictar y escribir, los dos lograran entenderse)
Cómo puede ser?
(cómo, pobre Artemio, podrá entender que simplemente pierde las partidas porque pierde según las reglas de un juego que no puede reinventar?)

– Pero cómo puede ser!

Hace nueve minutos que ella habla con su lápiz de labios. La imagen de su boca en el espejo parece que se cae.
(como si dijera: “he de morir de cosas así”, pero en realidad dice otra cosa)
Debajo de la silla, Artemio cierra los ojos y vuelve a su indolencia más pura.
(y está bien, porque mirar es buscarle un sentido a lo que no lo tiene)
Sabe que la mujer va a abrir la puerta y se va a ir sin haber ladrado ni una sola puta vez.
(y está bien, porque hablar es querer darle un sentido a algo que jamás lo va a tener)

Detrás de la mujer y de la puerta, en la cocina, desde el suelo y debajo de la silla, Artemio alcanza a oír el aleteo y a los pájaros abrevando sus picos en el hueco que dejaron los ojos de ella.
(y claro que se siente más seguro ahora que los pájaros y el dolor se han hecho realidad)
La cabeza de la mujer pasa de a pie por la ventana. Su cara es un desastre sin ojos. El frío le espesa el aliento -parecen nubes blancas.
Si Artemio la viera, diría que esas nubes son los globos de diálogo de toda esta historieta.

Pero el perro tiene los ojos cerrados. Sueña que ella no existe, que alguien así no puede ser, que es imposible.

(lo que duele es que no se canse)

Anuncios

Hasya

febrero 24, 2009

Escrituras y fórmulas para atrapar una abstracción cualquiera hasta que no se pudiera más y entonces…
…para qué era que debíamos decir la soledad?

– Te juego un juego. Es todo o nada.
– Dale.

Cada vez me fascina más la efigie de lo vano. Lo importante me tienta un poco todavía, seguramente porque me señala el quiebre y, desde ahí, la distancia. Pero es lo trivial lo que me lleva al vaivén que va del abuso a la saciedad, hasta quedar desorganizada a un costado, plena de indiferencia, como quien se dilapida en un sueño suspendido.

– Tan triste y aún riendo. Eso es lo que más me gusta de vos.

Aprovecho esta luz accidental para ponerme a pensar si será de noche o verano ahí adentro y a fotografiar este ligero registro del límite para, de ahí en adelante, ir para allá – cualquiera sea el allá- con mucho más cuidado.

– Hay que crear un estilo nuevo para cada obra para no terminar esclavo de la seguridad que define.
Sin esa búsqueda de lo Otro, sin esa purga del carácter, quedaríamos expuestos al pacto que siempre, indefectiblemente, hace alejar al precipicio de su pobre víctima.

Yo he oído tanto sobre las cárceles en las que se han viciado todos. Todos intentando decir lo mismo con mayor o menor brío, tino o talento.
De eso no se escapa.

– Digamos que poco o nada me costaría rehacerme esta vez -las costumbres son arados. Sin embargo, rehacerme, no es otra manera de hacer continuar en mí un pasado inmodificable?
Para qué seguir si seguir es repetirme incapaz de entender el acto consumado de esta nueva catástrofe?
– Porque en cada nueva creación existe un presente puro que nos permite jugar a que las reparaciones son posibles.
– Un presente almacén que le daría un sentido a la nada?
– No, mi querida, con la iniciativa lo único que hacemos es jugar.
– Un ejercicio aparentemente inútil.
– Inútil pero entretenido. Se trata de calmar al sedicioso que tenemos acorralado en el escondedero de la desolación, orgulloso de su sufrir, simulándole que podrá acomodarse algún día a esta nueva nada, otra vez tan recurrente.

– Bueno, dale. Empecemos.
– Tan triste y aún jugando. Eso es lo que más me gusta de vos.

Escondido en los Pasillos

febrero 22, 2009

“Me escondo para que no pueda despedirse. Alegre por encontrar la travesura, me escondo. Me escondo detrás de mis párpados al cerrar los ojos, como cuando era feliz y esperaba que alguien me salpicara para abrirlos y reír.”
Carlos Viturro
“Asterión”

Lo hiciste de nuevo. Tomaste una decisión por mí.
Esta vez, que no pudiera despedirme.
(y que no pudiera despedirte)
Te fuiste a escondidas.
Y está bien, porque no despedirnos fue tu Gran forma de hacerme saber que siempre vas a estar.

Gracias, Aste.
(igual, aunque yo sepa que estás, te voy a extrañar tanto)
Te quiero
Te lloro
Vig

Funny Girl

febrero 6, 2009

“Pero peor que peor,
lo que le pasa al perro Goma
que cuando se rasca se borra
que cuando se rasca se borra.”

Omar Argentino.

Nunca fue fácil. La presencia de los lobos nos acobardaba -nos acobarda aún hoy- y no habíamos decidido si íbamos a volver, o derecho a atravesar los blancos dibujados con las tizas que el bienestar tarjetero nos había dejado como migas mientras nos pasaba por arriba.
No recuerdo quién de nosotros, una vez muertos los lobos (o esquivados), fue el que aceleró, se adelantó, dibujó los blancos y volvió corriendo sobre sus pasos para convencer al otro de que los atravesáramos juntos. Tampoco si yo -de los nervios, supongo- me puse a hacer sombras de animales con las manos, o a tomar distancia como solía hacer cada vez que aparecían los lobos.

– Cómo piensa contarme su historia si no se acuerda de las cosas?
– Es que son datos anecdóticos y sin ninguna importancia. Qué más da si fui yo, o no, si acá el tema es que el bienestar nos sacó varios cuerpos y que adelantarnos a cada rato para dibujar en el mapa los blancos a traspasar nos llevaba más energía que correr guiados por los olores de los lobos?
– Pero debería usted recordarlo. Fue parte de su historia.

(dicen que quienes no guardamos ni convocamos, y dejamos desaparecer los recuerdos, nos quedamos desprovistos y vacíos, dependientes del futuro, porque el pasado no nos pertenece)

– No lo creo. La memoria tiende a ser despótica, invasora y excesiva.

La cosa es que a pesar de lo demorados que íbamos y de las ausencias extremas que los dos llevábamos encima, llegamos a tiempo (ahí adonde las paralelas se unen) para ver al verdugo vestirse de ceremonia: Una a una –pudimos verlo muy de cerca y casi vivirlo en carne propia- se acomodaba las navajitas.

(los verdugos también tienen toda una historia con el tiempo y los apuros que nunca celebran, porque los apuros vienen de la necesidad del sujeto de buscarse a sí mismo, y sabido es que a los verdugos sólo les interesa saber si durante la ejecución tiene pensado llover (“don’t rain on my parade!”) o si pueden salir tranquilos, sin miedo a que se les corra el maquillaje)

– Y por qué no los escribe? Si para eso, en el afán de conservar los recuerdos, el hombre inventó el tiempo y la escritura.

(y escribió, sistemáticamente, por siglos, cada detalle de su historia, cada dato, cada sensación)

– Para conservarlos o para reinventarse?
– Véalo así: Al escribirlo, se volvió un productor de la exteriorización de sus recuerdos.
– Eso es inexacto. Los recuerdos son inasibles: la memoria siempre exagera los contornos.

(y los negros, y los blancos…)

En realidad, nosotros éramos de los que opinan que la esencia de las acciones está en la previa, en la preparación del momento, y no en el momento en sí. Por eso es que vivíamos a mil, yendo de una celebración a la otra, buscando los camarines de los verdugos y –claro que dependiendo del sistema en el que estuviéramos inmersos- también de los payasos. Verlos maquillarse era el premio a todos nuestros viajes. La búsqueda misma del vínculo entre la preparación como tránsito –o trance- y la muerte –o la carcajada, vamos- como hecho final.
Si yo hacía animalitos de sombra con las manos, o tomaba distancia escondiéndome en mi hombre, si había sido yo la que corría a dibujar, o no, quiero decir, recordarlo ahora, qué sentido puede tener?

– Yo creo que hay un tiempo para guardar y un tiempo para olvidar…
– Todo es olvidable.
– …y uno para apurarse y otro para llegar.
– Pero si nadie nos espera, por Dios…!

Vimos en detalle todos los principios y todos los antes de todos los principios. Era una delicia vernos mendigar y relamernos como gatos los restos de la Gran Sardina Creadora. Un deporte bien resuelto para nosotros que siempre habíamos vividos limitados por cuestiones económicas o de geodesia.

– Pero ahora ya ni eso. Ni esa curiosidad nos queda. De hecho, yo creo que ya no tengo estómago para estas navajitas. Y sin embargo, no pasan más de cien noches sin que extrañe ese fulgor. No las cuento una por una, porque eso de contar es parte de lo que le decía de la memoria. Como cuando hay que contar las sílabas para poder decir que algo es poesía. Dígame si no es ridículo!
– Yo creo que no.
– Usted es de los que estudian el Origami? De los que leen en detalle las historias que otros escribieron para protegerse?
– Es más entretenido y útil que olvidar.
– Claro. Leer en lugar de olvidar. Es lo que ellos buscan. Fecundarnos con su producto. Objetivan los recuerdos, literalizan su memoria para alienarnos y que nosotros los regestemos. Ese es su método de conservación, entiende? Nos invaden, nos embarazan de su producto plagado de fonemas intrigantes, fonemas de vanguardia, activos y pasivos esmeriles. No lo ve? Por favor, que está clarísimo!
– Entonces, es por eso es que usted ya no lee?
– Leer? Leer es lo de menos. Lo que importa es olvidar. Acá no pueden hacernos nada. No entiende? Cuando yo me olvido, acá llueve. Entiéndalo de una vez. Léame bien: Cuando yo me olvido, acá llue-ve!