Archive for 21 enero 2009

Alteridad Lévinas

enero 21, 2009

Cuando hayas entendido la primera frase, lo habrás entendido todo.

Debe ser blanca o amarilla. O rosa pálido, la rosa. Así comienza el cuento de atar.
Cuando llegues a atar, conocerás, comprenderás y serás todas las cosas selladas.
(pero antes deberás enseñarles a caminar a las muñecas, a pintar a los mancos, a cantar a los bailarines, a secarse a las nubes y a llover a la tierra)
Atar, atar es imposible.

– Qué lástima que yo sea paralítica…
– Mejor que seas paralítica, así soy yo quien te pasea.
– Qué bueno eres, Fando…

Citar no existe. Mentir y decir es creer que siempre hay solución para los juegos. Pero esto no es un juego.
Desde el coro todos los títeres hablan de papeles y de volumen:

– Si cuando se incendia la música tu único interés es saber quién toca, estás perdido, Fando. Todo tiene una zona, un lugar adonde entrar. Solamente hay que esperar que te inviten. Es sólo cuestión de tiempo.
(y tiempo es aquello que nos ocupa cuando nuestro espíritu descansa)

Cuando arde la música el títere es obligado por La Gran Tijera a dejar de refugiarse en la dualidad de los hilos:

– Lo que importa es saber adónde va el viento.
– Lo que importa es saber de dónde viene el viento.

En el zoológico las mujeres se disparan, le sonríen, te desnudan:
– El cerdo está crudo. En lugar de comerlo, lo podemos besar?

Es barato divertirse en un zoológico de títeres. Uno se mira la mano, los huesitos, y se ríe. ¿Porque nuestras manos son verdaderas? No. Nos reímos porque nuestras manos se mueven igual que las de ellos, como movidas por otro.
(nuestras manos, además, parecen arañas)
Una vez alguien me habló de alguien que le había puesto manteca en las manos a un títere para pedirle después que se subiera a un trapecio.
Algo falla cuando nos reímos de la ironía que debería hacernos llorar.
(pero es que todo es tan gracioso!)

– Agoniza la perfección!
– Oh, qué maravilloso espectáculo, Fando! Nadie revienta mejor que ella…

Cuando llegues a atar, morirás. No importa el modo.
(la música y las luces se apagan dos veces en los cementerios)
El humo, o es poco, o es niebla. La noche llega como si se descolgaran velos grises, uno sobre otro, hasta taparnos del todo.
Cuando llegues a atar…
Cuando llegues, quedarás suspendido, amplificado en vos. Cuando llegues a atar, podrás mirar a través de las vitrinas del museo a La Maravillosa Alteridad.

– Yo me acordaré de ti. Iré a verte al cementerio con una flor y un perro. Quiero hacer muchas cosas por ti.
– Cuántas?

(una punción en la lengua pudo haberlo salvado, pero Fando no la dejaba quieta)

– Cuando miento, Fando, mi lengua queda apenada. Se seca, se agrieta, se descascara. Cuando miento, Fando, me ataca una aridez en la sangre tan grande como México.

Escribieron tantas veces sus nombres en el cuerpo del otro que se resultaron ilegibles.
Ella no quiso explicarle más nada. Fando tampoco preguntó.
Daban ganas de llorar.

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Carnita

enero 16, 2009

Yo nací vaciada de origen. Todo se redujo a un accidente, a un ensamblaje aleatorio de circunstancias en el que quedé como mera observadora de lo colectivo.
Como quien se extrema desde la placenta sabiendo que la herida no va a cerrarse, los vi irse y llegar a todos sin nombre ni despedidas. Desapegada de los actos, para qué interesarme por nada? Una perpetua dejación (demasiado obscena tal vez) de la curiosidad que nunca tuve y del conocimiento al que nunca aspiré. No puedo separar mi desinterés de mi comportamiento. Considero un ejercicio inútil investigar si lo que se busca es caer en el hueco avaro del Otro y, solamente, concurrirlo.

Levanto los ojos y lo veo todo. Un lugar privilegiado. La escena dura unos pocos minutos. Ellas arrancan, tironean, engullen. Luego desaparecen. Se van igual de volando que como llegaron. Los Otros también desaparecen. Se renuevan. De ambos bandos. El teatro bidireccional es lo que más trabaja cuando todo descansa.
Busco algún resto de pelo o de sangre. Otro me llama. Es gratis, me dice, y me señala un visor panorámico. Voy. Exploro con mis nuevas (y gratis) lentes las restingas. Por entre las grietas se cuela la creciente y yo quiero tocarla pero, aunque ahora se ve más cerca, sigue lejos y además están las barreras (y el respeto hacia ellas, claro).
Otro me apura y yo bajo un escalón y cedo el lugar ante el visor. Sólo es comida de gaviotas, pienso. Nada más que eso. Nada más que comida de gaviotas.

La fauna y sus muertes. Debí sospechar que tanta fauna a morir ante nosotros era un presagio disgregado.
Por qué la muerte se demora tanto en ejecutarse sobre ciertas cosas? Lo explícito del frío hasta en las plumas más profundas nos ajena del verbo. Hay un descompromiso que fluctúa entre la memoria y el temor al arrepentimiento. La desatención vs. La curiosidad rígida. Querida, no te subas, me soplan al oído. Sin embargo, la memoria de los órganos de a ratos funciona y trae la pausa del golpe.
Se vive para eso. Para ese instante, el de la partícula que castiga o recompensa.
Nadie habla nunca de la Otra belleza.
Algo me distingue de las Ostras. Es gracioso.

Cómo que no hay fotos? No. Pero te acordás de todo? Casi. Es que todo era inminente. No había tiempo para fotos. Qué tal por acá? Nos cortaron el teléfono. Está bien, hay que dejar de usarlo de vez en cuando. Y vos qué pensás hacer? Me vuelvo ahora. Y tu equipaje? Es todo esto redondo? Te parece raro? Una Orca. La forma, no sé, una Orca. La forma? Las formas se agotan, se redondean, el sueño se agota, la voz se redondea, todo. Si. Y tu sábana? Llevás tus sábanas? Si, y dejo la espátula. Mejor. Decime si algún día necesitás que te peine de la tapa de la mesa. Seguro, pero ahora contame sobre vos. Contame lo que quieras. Las ovejas? Las ovejas pasan de a montones. Cuántas son? No hay fotos. No? No. Qué puedo esperar, entonces? Otra vez? Cerrá los ojos y contame. No pienso cerrar los ojos. Bueno, decime entonces qué querés ante la muerte: la apretada insignificancia de lo serio o la carcajada completa?