Archive for 24 diciembre 2008

La tangente del Lagarto

diciembre 24, 2008

A veces creo que es mejor callar que desaparecer aplastada por las criaturas horrorosas que cuelgan del arbolito.

Saber quién es el dueño de la paternidad, nos salva.
Al menos sabemos que alguna vez alguna cosa nos hizo comenzar.
Antes de eso, éramos serpientes adentro de una canasta (cuando las canastas duraban más de la mitad de la vida) gozando de la lascivia del doble límite.

Alcanzó tu nombre (su sonido) a mis ojos (sólo a mis ojos) y algo se conmovió un poco.
Y dije.
Y luego seguí descansando.
(lo considero un gesto suficiente)

– Si acaso hubieras venido, no habría dicho lo que dije.
(la distancia, para esas cosas, todavía es un amparo)

Supe esperar el momento, ignoré a la impaciencia con delectación. Ese goce me mantuvo viva.
(hay acciones que nadie se atrevería a usurparme, pero yo ya doy por pagada mi deuda y puedo decir que soy capaz de engendrar sin engendrar y de destruir sin hacerlo)

– He salvado mi equilibrio.
(hoy yo podría ser la peor compañía para los muertos)

“Cuando esta noche empiece a llover, cuando el hastío me (oh!) abra los ojos y me coagule la mirada, ruego que ya nada, ni vos mismo, nos interrumpa el diálogo, amor mío.”

Y ya que hablamos de diálogo, podría escribir un pequeño diálogo, quitar de la escena las coincidencias y los buenos y malos entendidos y después armar una película con lo que va quedando. Con los recortes de una historia dialogada entre un mendigo y una equilibrista, ambos bajo las órdenes de un director seriamente trastornado por su madre, que estaría siempre en primera fila, dándole al flash, para que el pobre infeliz no la pierda nunca de vista.
Eso es la literatura, Señores!

(y Señoras, claro…)

Pero como de mi gusto por la fotografía nació mi antipatía hacia la literatura no voy a escribir tal diálogo ni nada que mencione a la equilibrista ni a la madre de nadie, que puede ser la de cualquiera, hasta del director.
(en definitiva, todas las madres son La Madre)

De verdad no creo que escriba nada sobre la equilibrista.
Tampoco creo que hable mucho ya. Me preocupa decir la misma cosa siempre, una y otra vez.
(la gente no quiere oír siempre las mismas cosas)

– La gente no quiere ver siempre las mismas cosas.
– Gente… gente…
– Si. Gente.
– La tal gente saldría del cine ciega -a tientas- tarareando mis canciones! Y yo me convertiría en una mujer audible! Audible, entendés?!
– Y si en vez de audible fueras un lugar?
– Y si fuera una cosa? Una sóla y única cosa?
– Existen las solas cosas?
– Siempre igual vos…

(si yo fuera un lugar, sería todo aquello que está afuera)

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Taxidermística (Door Chime Chim Chimney)

diciembre 15, 2008

El mar se arrincona en la costa.

Penélope se desquita. Nada le hace sombra.
Salto mortal sin redes posibles. Lo siente todo.
Ella quiere no mentir y busca cómo ignorarlo.
Mientras soporta. Mientras se esfuerza.
Apenada. Mucho. Muchísimo. Y luego el callo. No hay triunfo.
Izará las velas.
Será amada. Dios hará que el hielo se le suavice en el alma.
Ella le canta. Dejará su ropa. Seguirá la corriente.
El amor brindará por el desnudo.

Taxidermística (Unglassed)

diciembre 12, 2008

El mar ahorra sólo en una cosa.

Penélope descorre la sombra. No la deja hacer.
Salta, mortal, sin modo de sentir que todo es posible.
Ella no ignora qué quiere. Lo hace mentir. Lo busca.
Mientras soporta. Mientras se esfuerza.
Por nada. Mucho. Muchísimo. Y luego encalla sobre el triunfo.
Izará las vendas.
Será almohada. Suave deshará el hielo de los desalmados.
A ella le encanta. Una copa dejará en la corriente.
El amor no tendrá con qué brindar.

Taxidermística (Soft drift rafting)

diciembre 11, 2008

El mar, ahora, es sólo una cosa.

Penélope corre distinto. No hace sombra. O la deja.
Salta el sentir de modo que todo sea posible de matar.
Ella ignora lo que quiere y hace que busca. Miente.
Mientras soporta. Mientras se esfuerza.
Por poco, mucho. Muchísimo. Y luego se calla para sorber su triunfo.
Buscarán la venda.
Embalsamados serán suaves. Serán almohadas en el deshielo.
Ella será la copa. Se dejará cantar por la corriente.
El amor tendría que aprender a nadar.

Taxidermística (Social Achievements)

diciembre 10, 2008

El mar la adora. Haría cualquier cosa.

Penélope deja de correr a su instinto. Volverá a ser la sombra.
Y salta para sentir todos los modos posibles de morir.
Ella no los ignora. También hace que quiere mientras busca.
Mientras soporta. Mientras se esfuerza.
Por boca. Mucho. Muchísimo. Y luego se calla para sorber su triunfo.
Vendrán a buscarla.
Embalsados. No habrá qué suavizar, serán almohadas de hielo.
Ella se hará de copas y el cántaro dejará de correr.
El amor, entonces, no tendrá nada que hacer.

Taxidermística (Support Art)

diciembre 9, 2008

El mar la ignora. Cree que hace lo que quiere.

Penélope deja correr a su instinto. No va a volver a la sombra.
Salta para sentirse de todos los modos posibles antes de morir.
Ella no los ignora. También hace lo que quiere mientras busca.
Mientras soporta. Mientras se esfuerza.
Provoca. Mucho. Muchísimo. Y luego se calla para sorber su triunfo.
Vendrá a buscarla.
En la balsa no habrá que suavizar, ni almohadas ni hielo.
Ella será la copa o el cántaro cuando deje de correr.
Y entonces si, el amor podrá dedicarse a su mejor menester.

Taxidermística

diciembre 8, 2008

El mar tiene el entusiasmo y la capacidad de escuchar y anotar con minuciosidad entomológica cada uno de los deseos de Penélope. Claro que después hace cualquier otra cosa. Y con una impavidez sorprendente.

Corre. Sus tacos permanecen más tiempo en el aire que en la tierra. Escucha el razonar de todas las formas con las que el agua se ajusta bajo su piel.
(Penélope no reconocería ninguna otra lluvia)
Siembra unos pasos como migas para armar el atlas que la traiga de regreso.
(pero el barro siempre se apura a negar los picotazos)

– Para que haya consuelo no es necesario que se muera la sombra. El consuelo nace de lo oscuro y desde ahí se desliza hacia la superficie.

(es extraña la actitud de Penélope. La sombra podría ser un refugio perfecto)

Mientras salta despreocupada a través de la ventana, de la pared colador, el cuerpo de Penélope se descompone. La curvatura móvil de su silueta portante se astilla.

– Cuando llegue la cianosis, cuando ya no sea necesario volver a respirar, mi cuerpo ya no servirá para nada.

(tampoco “los rastros de este afán”).

El deterioro le dice:
“Besalos, besalos pronto, nena, hacelos felices a estos pobres pobres hombres.”

Ella los mira. Busca en la fractura inmensa del agua por donde emergen los barcos. Pero su búsqueda no tiene objeto.

– Sólo los cuerpos han de buscarse, mi niña, no los objetos.
– No te cansás de enviarme reemplazantes? Hasta hace unos días no podía pensar ni un minuto sin ser interrumpida por alguno de tus enviados y sus estúpidas mordeduras.

Es bien conocido el poder de las palabras, pero nadie imagina el peligro que despierta del silencio de Penélope. De la gangrena de la lengua que duerme en Penélope.
Ella se siente ganadora porque con su silencio podrá evitar que las órbitas se choquen. La suya, tan solo rozará el encantamiento.
Con los ojos bañados en el almíbar que le brota desde el conocimiento del triunfo, Penélope se eleva hacia la abrasión de lo dulce, al festival de la promesa.

Penélope vive de la esperanza, cierta por imposible, de que llegue el barco con la gota que la rebalse. A los ardores los suaviza con el fresco y tonto placer de dar vuelta la almohada o con el de masticar el hielo que se ha ido quedando en las copas.

(esas que podríamos haber seguido rompiendo hasta la harina)

Ay! Si pudiera ser ella como un reloj, si pudiera culpar del destiempo a su triste e imperfecta maquinaria!

NdA: Todos los personajes de esta historia hacemos bien nuestra tarea. La vida sigue y todos tenemos cosas que hacer mientras Penélope corre.

– Se detendrá Penélope algún día?
– Quién sabe. O quizás también nosotros comencemos a correr.
– Y el amor?
– El amor podría dedicarse a tejer algo mientras tanto.