En cubierta XI

Todavía mordemos los cabos para que no se nos escapen las derivas.
Todavía barremos las noches de la niebla y a los finales que se marchitan lejos y apurados.
Breves todos. Como jazmines.

No tengo el más mínimo recuerdo de haber aceptado participar de esto.
Los de abajo se han encerrado y el capitán ha ordenado que abramos las puertas. Por debajo de nosotros se los oye trabajar como siempre, sin embargo, los ruidos no son los mismos que oíamos antes. Los han alterado, ya no se oyen huecos sino húmedos y hay una arritmia en el orden de los gritos, siempre seguidos de un golpe que nos deja vibrando como varillas o diapasones que no saben de pulso.

A la muerte de Krane la sobrevino la venganza de los de abajo. Algo envenenó la calma. Quizás el subestimar esta realidad plagada de conceptos y licuada de pruebas.

La guerra y el genocidio son ciertamente un tema deprimente sobre el cual escribir por lo que obviaré detalles. Todo es tan irrelevante como irreversible. Sólo diré que durante estos nueve días una cosa que hicimos mucho en cubierta fue arrojar a sus muertos por la borda. Los de abajo, en cambio, dejaron las portillas abiertas, no para que se ventilara tanto olor a muerte que emanaba de esa suerte de catacumba submarina, sino para que nosotros supiéramos que abajo estaban los nuestros, también pudriéndose.
Los demás son todos detalles forenses.

Lo cierto es que ahora hay que abrir las puertas pero nadie quiere acercarse por temor a ser muerto.
(o como un intento por continuar por sobre la inexorable derrota)
Es que sin este miedo estaríamos privados de redención.

– Miedo es rezar todas las mañanas para que sea feliz. Aunque ya no me ame. Eso es el miedo.

Palabras del capitán, que lucha ahora en solitario contra las cadenas, contra los tablones que obstruyen las entradas del infierno.
Le sangran las manos. Le sangran los huesos de ese esqueleto que vivió envuelto en carnes y carnes y en más carnes, sin partirse, porque no es la herida lo que lo mueve, sino su cicatriz, estar frente a la puerta con la gemida sospecha que quizás detrás ya no haya nada.

Durante los últimos días he estado intentando adivinar sus intenciones a través de la lectura de sus gestos, de sus ojos inestables, inmóviles, porque sé que desde ciertos ángulos, algunas cosas parecen menos peligrosas de lo que realmente son, pero decir que el capitán se ha vuelto loco sería insultarlo. Él estuvo toda su vida más allá de la cordura o de la demencia.
Cómo se atreven los demás a bajar la mirada para ocultarle que no van a seguirlo?

Bassard mira y fuma, y mientras tanto amanece, llueve, anochece y vuelve a amanecer. La niebla nos roba consistencia (siempre) unos minutos antes de la lluvia.

– Nadie logrará quitar esos clavos. Entre ellos y la madera hay un momento eterno. Atrapado.

Siento cierta antipatía ante esos días que no tienen ni la menor idea de para qué vinieron.
También por el cielo, cuando llueve o graniza cómo única forma de caérsenos encima.

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7 comentarios to “En cubierta XI”

  1. DudaDesnuda Says:

    Para exorcizar el miedo nada mejor que dejar de rezar para que sea feliz.
    Lo bueno de lo maravilloso es que siempre lo llevamos en la piel. Aunque duela. No importa. Menos importa que los días no tengan idea de para que vienen. Vienen y nos encuentran. Algo todavía perdura y en ese algo hay un “nosotros” que insiste.

    Besos y soles

  2. Ignoto Transversal Says:

    Ay la brevedad de los jazmines… ay!

    Ah, nunca lo dije, me gusta mucho la serie: “En cubierta” (el resto también).

    Saludos.-

  3. Pal Says:

    con tanto trabajo en el último tiempo, no pasó de las primeras lineas de tos escrito… a parte, en este en especial… cómo no pensar en la clase de dientes que serán necesarios para mantener firmes los cabos? las derivas siempre ganan… te acuerdas de nuestra conversación?… las derivas siempre ganan.
    Hoy necesito alguna pastillita.

  4. Laviga Says:

    Duda, nooo! no hay que exorcizarlo. Está buenísimo como mecanismo de adaptación y supervivencia.
    Lo jodido es la angustia que provoca y después el aburrimiento que conlleva el no arriesgar nunca más para evitarla. Pero bueno, eso ya es otra cosa.
    Ignoto!!!! Habemus blog! Dignum et iustum est.
    Pal, las derivas escapando es algo sobre lo que sería interesante recharlar. Porque en los últimos tiempos vienen ganando los dientes. Y por afano.

  5. Tamarit Says:

    Laviga: todo un Arthur Gordon Pim. Eso es lo que emociona de tu crónica. Ese nosotros, ese capitán, esa caracterizaciones de la dureza, el aguante, el flujo y el reflujo: ¡qué ovarios!

    Besos.

  6. Laviga Says:

    Qué va a ser de mí cuando se te acaben las comparaciones?
    Eso es lo que emociona de tus comments! Encontrás cada cosa! Gracias, Tam!

  7. Tam Says:

    Mirá, andeamo mandando rosas de distancia. Todo bien, Lav. Ojalá mi corazón estuviera ocupado por alguien, que quizá sí. Besos.

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