En cubierta IX

Interlocutora de las no bodas vienen a mí las palabras, significaciones listas para envejecer hasta hacerse ininteligibles y que nadie, ni ellas mismas, se piensen.

Asisto al delirio colectivo mientras el barco continúa con sus movimientos negligentes. El caos mismo del Universo representado en su marchar diabólico, desordenado como el deambular de los infantes, para quienes todavía resulta lo mismo pisar los bordes que los interiores de las baldosas.
Persisto en el delirio. Toda esta mentira es, para quien quiera creerla, nada más que un cuento de jugos nucleares, una piñata repleta de papelitos que dicen el día, la hora y el modo en el que algo ocurrirá, cualquier cosa.

Anoche el capitán se sentó por primera vez con nosotros. Al verlo, Bassard se puso de pie, plegó su reposera y desapareció rumbo a los camarotes. Yo acerqué mi silla:

– Capitán, no hay modo de glosar esta irrealidad.
– ¿Deberíamos entonces, según usted, no hablar ya más de nada?

Uno de los de abajo, el más joven, aprovechó el nivel del capitán para hablarle de las necesidades de su grupo. Se presentó como Arseni Krane y le solicitó un caballo. ¿Para qué necesitarían un caballo? Al cabo de unos días, él también se aburriría, pensé. Sin embargo el capitán lo escuchó con atención sin que su cara sufriera el mínimo cambio. Krane entonces, continuó. Se quejó de las carencias en las bodegas y le sugirió al capitán que saqueara (en realidad, utilizó el verbo incautar) animales y alimentos de las balsas que se fueran acercando. A todos nos pareció otra estupidez de los de abajo, aunque esta vez, ver tanta osadía, tanta audacia junta en uno de ellos, me resultó sospechoso.

Es que en el momento en el que algo -alguien- ejecuta una acción que no comprendemos, aparece indefectiblemente la desconfianza. Como cuando todo esto comenzó, que sospechábamos de cada una de las falsas señales: de las sombras, de las manchas en los animales, de los incendios, de todas aquellas cosas que sin explicación comenzaban a cambiar su forma de expresión.

Al principio intentamos reparar los daños. Buscábamos métodos, embalses, modos de control. Denunciamos a la suerte en las iglesias, en los templos y en cuanto foro nos dio cabida.
Pasaron varios días. Meses. Llegado el tercer año nos comenzamos a armar (para luego creer con firmeza) cada uno su propia teoría sobre la devastación. Era necesario edificar desde un nuevo cimiento nuevas certezas que validaran esta nueva realidad.

Así, entonces, el capitán edificó sobre el cálculo de que Ella nunca lo quiso a pesar de sus ahogos y de sus intentos por mantener el nivel de romanticismo a una altura media, cómoda y respetable; Bassard, sobre la convicción de que no importa cuánto él haga, es Dios quien no lo quiere particularmente a él y la de que a la vena poética es mejor dejarla de lado para los pobres penitentes y penar únicamente bajo el conjuro de la prosa o del monólogo romántico como para pasar mejor este tiempo, que es mucho.

Yo recalco (y no me falta el aliento para repetirlo) que tuvimos suerte. Y sobre esa teoría construyo.

Nada es demasiado complicado. Alguien quiere contar una historia deliciosa a partir de personas encerradas en un barco y ordena sin sentido concreto lo inadmisible.
Y qué más quisiera ese alguien que anduviera todo de maravilla, de verdad, aunque no importa, quiero decir, todo este drama, el suyo, el nuestro.
Lejos de preferencias o gustos, no cabe duda que ya la experiencia nos habrá inmunizado a todos contra toda la maravilla que pudiere andar, independientemente, ya lo dije, de deseos inocultables por sinceros y gordos.
Escribo esta crónica por aquello que alguna vez prometí de escribir todo lo que ese alguien me pidiera.
Creo sin pruebas. No hace falta más nada.

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8 comentarios to “En cubierta IX”

  1. DudaDesnuda Says:

    Es una tristeza que ni el los barcos ande todo de maravillas. Creer sin pruebas me resulta parecido a no creer pero disfrazar el “no” por un “si”. Ultimamente no entiendo demasiadas cosas, no me asombra no entender y dejar un comentario. Esto me pasa por andar sin pensamientos.

    Besos y mareas

  2. Asterion Says:

    Lo que queda más o menos claro es que el mar se cree infierno

  3. bitácoras piripipí Says:

    “Lo azul, eso casi violeta, el arte del casi, de lo border, de la cornisita plain, grill, al plato, decime, a vos también te duele?
    Necesitás también de este sistema de velocidad invariable con boleto de rebote finito? (cuándo se terminará, te preguntás, y yo que hoy no te puedo soplar… estás a prueba)
    Vos, el que pide borratintas, cuando te despertás, te contás los deditos? (es el sueño el que te come la lengua, el que te los arranca mientras vos hacés fuerza con los ojos).
    Preferirías la obsecuencia de un malvoncito si pudieras elegir?
    Podés elegir?
    O la cábala se te frunce como un tutú de lencería soez en la lengua?…”

    Me gustó, sí… me gusta… (lo que sigue tbién)

  4. Laviga Says:

    Duda, lo importante es participar.
    Aste, un mar creyente! qué interesante…
    Joseph, veo que anduviste leyendo laviga de bitácoras. Me alegra que te haya gustado.
    “Que estés intentando aunque sea de costado o por lejano, arrimarte a la sola idea de desentramar uno solo de mis más ridículos conflictos, me honra, pero igual, no me hagas demasiado caso…”

    Gracias. Fue como ver ChaChaCha por “Volver”.

  5. UVT Says:

    Yo creo que hizo bien Bassard en irse a su camarote.
    ¡Felices sueños, Bassard!
    Besos.

  6. Gisofania Says:

    A mí me parece desesperante (es decir desértico) el que estemos inmunizados contra la maravilla. Y yo tan necia estúpida infeliz mujer componiendo epitafios de homenaje a tantas ruinas…

  7. Wlf Says:

    Terrible? Sí. Desértico? No. Infierno? Siempre. Desesperante? La mayor parte del tiempo.
    Tristeza? No lo creo, a menos que vivamos engañados creyendo que somos Pedro o Juan de las Pitayas para, al final, descubrir que somos un mero y simple Gregorio Samsa, tan lleno de padecimentos el pobre.
    Cada uno de nosotros pernoctamos y pervivimos en un barco parecido. Soñamos que manipulamos remos y al despertar creemos que hemos avanzado unos cuantos nudos durante la noche. Las pesadillas mueven el piso y pensamos que es la pleamar que por fin se presenta para ayudarnos a llegar muy lejos.
    Nuestras certidumbres e incertidumbres son tantas y tan variadas que nos mantienen inmersos dentro del marasmo y, ese marasmo, nos impide ver que durante todo el tiempo hemos permanecido anclados y que somos presas irredimibles de la calma chicha.
    Qué tan grande puede ser un hormiguero? Qué tanto territorio puede abarcar? Y cuán pequeño resulta a pesar de su enormidad y de cuánto se afanen sus miembros. El suyo es un mundo pequeñito, tanto como lo son nuestros muy particulares barcos.
    Corremos a internet y creemos que lo hemos ampliado a la décima potencia; conquistamos nuevos planetas y creemos que lo hemos diversificado pero, en realidad, a la postre sólo somos bacterias danzando al interior de una infenitesimal gota del rocío cósmico.
    A pesar de ello, ¡cuán importantes nos creemos! ¡Cuán veloces nos sentimos!
    Aquí lo que realmente jode es la insportable situación a la que fue orillado Bassard. ¿Quién carajos se cree Dios para demostrarle tan mala querencia a ese pobre infeliz? ¿Qué endiablado Dios puede ser tan mala leche como para arrebatarle a Bassard su vena poética? ¿Qué, acaso poetas no lo somos todos?
    Pero lo que más me jode es haber sido yo uno de sus más fieros detractores, y gratuito, además.
    Perdoná, Bassard, que ese feo destino tuyo no me lo esperaba. Sólo ocurre que, al escuchar tus balbuceos y tus destiempos, no pude menos que mirarme y comprobar que estaba frente a un espejo.

  8. Laviga Says:

    UVT, habría que ver si se fue a dormir.
    Giso, no sé. Cuando la limosna es grande…
    Wlf! Lobo! lo bueno de este barco para los Gregorios es que no hay manzanas ni relojes.
    Y con respecto a Bassard y su vena poética, yo creo que Dios hizo bien. Es mucho mejor prosista que versero. Te lo aseguro yo, que soy la que lo está inventando al pobre infeliz.
    Fuera de eso, decirte que si yo fuera vos, rompería ese tal espejo que tanto te distorsiona.

    (entonces vos decís que internet no nos amplía para nada estas gotas de rocío cósmico???)

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