Archive for 30 junio 2008

Minuciosa ajenidad

junio 30, 2008

”Escuchar sangre. ¿Dónde? ¿En la fístula azul o en las arterias ciegas? Allí el hierro silba, o arde, quizá: no somos más que miserable hemoglobina.” Antonio Gamoneda
”Cuanto mayor el sufrimiento tanto mayor el poeta. Tanto más duro el trabajo. Tanto más profundo el sentido.” Ernst Herbeck
Pero de mi prosa carente de exclamación, cuya raíz no es ni siquiera identificable, qué esperar? Qué decir?

No supongas. Hay sombras que se ocultan de la noche y de su propia muerte. Duelen los dedos que se obligan al silencio, a desmembrarse granada escondida hondamente en mi pecho dulce. Ausencias que llenarán al cuerpo revelando el espacio y el tiempo.

No alcances ritmo en la lectura. Son verdades conscientes de sus persianas. Adentro no es de noche ni junio, adentro reina una luz artificial tan cruel y circular como los límites de un circo transparente. Se concentra y se desvanece como el vapor en las ventanas.

No te dejes confundir. Hay que ser impermeable al magma. Espectros atentos sobrevolando el margen afectivo sin riesgos, amparados en el privilegio de ser ajenos oyentes. Sé que no es sencillo. El ingenio no se entrega fácil a la indiscreción de las almas.

No seas cómplice de tu ser ingenuo. El espanto lúdico es precioso. Que siga escribiendo es absurdo. Giran filos afeitando a las palabras. Caen gajos. Algunas se doblan entre los espacios. Se esconden del secreto. Otras se alejan. Son las que ya me entendieron el fracaso.

No dejes de juzgar esta catástrofe. Sin juicio no podría liberarme. El caos simulado es esclavo de la trampa. Facilita el desinterés, promueve la humillación, hace nacer al desprecio. Darle tono a la humareda promueve el final del suplicio para volver al origen. A la derrota. Al refugio natural de lo que callo.

No le pidas explicaciones a la angustia. Ella nos tienta a pensar en el desequilibrio. Ocupa el espacio de nuestra necesidad de producir con la inminencia de un castigo horripilante. Hay que abreviar su autoridad. Pobremente soberana en el diálogo ella renunciaría. Dejarla en el silencio hasta que vuelva la calma, que ya no exista la posibilidad de que vuelva a censurarnos.

No practiques la erudición almacén. Es incompatible, no alcanza a reconciliarse con la verdad primitiva. Hay que desvivirlo todo, retroceder, ir hacia el atrás, hacia el fondo de la totalidad de las cosas. Flotando y sin interrumpir la agenda de nuestra oficina cotidiana.

No deconstruyas la mirada ni la respiración. Lo imperfecto siempre se excede quemando los límites hasta que ya no se oye el eco. Quién es la distancia? Nadie más que nosotros atravesando la frontera de los nombres que nos significan ausencia.

No perviertas tu naturaleza. Somos calamidades con una poderosa habilidad intelectual que nos mantiene suspendidos en la tortura interrogativa. Existencias desprovistas por completo de la serenidad suficiente como para concebir una respuesta cualquiera.
Y eso vendría a ser todo, me temo.

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Me quieren agitar

junio 18, 2008

Yo debería hacer algo diferente, pero, para variar (y para gran pena de los comienzos) todavía no cuento ni con mi propia aprobación. Soy lo que me limita y me contiene como un asterisco ante la enormidad. Algún día he volver al tema.

Lo que no deseo no existe, entonces, dónde, para qué ser, por qué no abandonarme y flotar sobre aguas prestadas completamente vacía de fiesta, y pensar en que tal vez sólo sea cuestión de aceptar mis garabatos y el desorden. Para qué hacer estos efervescentes esfuerzos por salvarlo todo, si siempre quedan los mismos? Si sólo resisten los versos que tienen suerte con el eco. Ellos no derrochan a las paredes, ellos viven atentos a procurarse un alma, el arte de hacer, de nacer, en lugar de morder los dientes para que traben mi lengua.
De tanto apretar los ojos para que no entren las noches mal iluminadas, parezco frívola.

Mañana será otro día de reclusión. Habrá en la libertad de mañana algún refugio alternativo, menos grotesco o con bordes más acolchonados?
De a ratos me canso de darme calor en las manos. Lo que debiera calmarme me vuelve denuncia. Quién me llenó con la idea del deber de contraprestar el calor? La luna ya nos fue dada, repartida cada porción, una obra de equidad que se vuelve cada día más injusta. Mi porción de luna discurre atraída como hoja seca por el suelo que otoña a toda esta mitad de planeta. Como la nausea de saber que nada nos exime de no llegar, de no alcanzar a ser absolutamente nada.

Es una pena tener la barba y la piel tan endurecidas, dirán las viejas cuando las ficciones ya no alcancen para llenar el silencio. Uno se enfría con el tiempo y entonces todo se fortalece y yo pienso que ya llevo mucho tiempo cansándome de endurecerme de frío. Por eso ahora cuando hace frío yo ya no estoy ahí sino en otra parte artificialmente más blanda y más tibia y más segura, donde el aire no vuela techos ni tiembla ventanas, donde hasta el viento es tan poco viento que no puede levantar ni las hojas del suelo.

A los ocho años, una aguja me punzó el pensamiento durante el instante en el que brilló aquel flash. La foto no muestra el daño, pero yo lo noto cada vez que la veo. Yo no sé qué pasó, pero todavía siento cómo, por ese agujero, aún hoy tratan de nacer cosas que no van a tener muchas oportunidades allá afuera.
Sobrevivir es hostil, ya lo sabemos. Mucho más hostil que la amenaza perpetua a la que nos invita la fe.
A veces me parece que cada uno de esos nacimientos inaugura un vacío que clona al anterior. No puedo decir que exactamente igual, pero tampoco es que yo les vea alguna diferencia.

En esos vacíos todo lo verde cierra la boca y ya no canta esperando a que se diluya esa falsa separación que nos comprime. Todos quieren asegurarse y se recorren el decorado para ver si encuentran la falla y la reparan antes de que no quede otra cosa que una bolsa de café caliente entre las sábanas o nadar en café tibio o alguna otra cosa con café y calor que nos bendiga un poco y nos despierte algo, porque ya ni queremos matarnos de tanto cansancio.
Entonces todos pintan o bailan o se desesperan, como si los colores o el movimiento pudieran variar lo poco que representan, y la desesperación hacer algo por las semillas que no crecen antes de que aparezcan los pájaros.

Habría que romper las paredes de la cárcel agujero y escapar gritando y corriendo con los brazos como aspas o como lenguas, o no sé, como cualquier otra cosa que corte lo suficiente.
Cuando consiga el ácido, o el sarcasmo necesario, ya no me va a hacer falta seguir entablillando tendones para que sonrían de memoria ante cada gesto extranjero o ante cada imposibilidad de dar una respuesta.
La mayoría de las personas se enamora del episodio anterior durante el episodio siguiente (las cárceles más pequeñas son las que encierran más gente). Una minoría esperanzada, en cambio, vive siempre enamorada de lo que está por pasar.
Y después estamos nosotros, los que desayunamos sano mientras paladeamos el agridulce modo en que nos vamos desafectando, extinguiéndonos como neones que se ciegan desde la entraña misma, rodeados de todo este espacio somnoliento cansado de huesos.

Si pudiera apagar de manera natural el pensamiento y que ya no me nazcan criaturas a morir enseguida para darme duelo y sin sabor a frutos rojos ni a vainilla, yo lo haría. Pero creo que para eso todavía algo me falta y ese algo de seguro que es de lento transcurrir. Lo natural siempre se toma su tiempo, en miniatura, para que nos duela en cuenta gotas, para que marquemos las paredes en rayitas de a semana, “para que aprendas”. Lo natural tiene tanto de sabio como de perverso.
Uno se encariña, pero la desgracia es vulgar.
Tragedia y miseria ocurren todo el tiempo.

Alas, poor Yorick!

junio 3, 2008

Quizás mi vida no sea nada más que la novela en la que me invento.

# Le beso la boca, ahí está el cadáver. Quiero atravesarlo.
Lo beso y la lengua pasa. Mi boca, su único vínculo con el mundo.
Ahí está el cadáver y lo beso.
Otro corazón traspasado por mi lengua.

# “Qué haré con la vida que en mí vive y se revuelca en verdades mal documentadas?
Soy culpable de haberme engañado con realidades que heredé de mí misma.
Modelé el pensamiento a partir del magma estructural que me formaba.”

# Relieves abreviados por la rutina, “esos miles de detalles que conforman la vida”. Asumir el tedio como único castigo por ya haberlo encontrado todo. Desenfermar a la memoria química del cerebro que jura, bajo la pesada sombra de la certeza, que no existe algo mejor, que no habrá nada superior, ningún nuevo evento lleno de vértigo que esperar.

# “Con gran orgullo me permito la degradación de tanta virtud.
Soy muy por debajo de lo que puedo como escudo feroz ante el desencanto.”

# Besamos las bocas que oxigenan. No hay más respiración que la de ese aire dulce que hace cima y se ofrece en nuestro adentro, en los espacios comunes, diáfanos, que no esperan nada, pues nada les falta.

# “No he de buscar vivir por fuera de esta servidumbre, no he de alcanzar goce alguno, todo será ignorado, abdicado hasta que ya no quede nada por perder y por fin alcance la calma, la promesa muerta, la paz furibunda de no desear nada”

# La boca como una mezcladora de hormigón queriendo cimentar el espacio que divide, que separa el diálogo. Intentar materia en el vacío, en lo tenue, un pretexto que sustente alguna idea de unidad sobre la herida abierta. Conseguir una base tan sólida que cueste distanciarse si no es ejercitando un prudente ensayo sobre el espanto.

Con cuidado. Sin apuro.

Hay tiempo.