Archive for 28 mayo 2008

Gaia (all you need is love)

mayo 28, 2008

Fuimos una sola y única célula durante todo nuestro primer
día de existencia.
A partir de entonces, no dejamos de dividirnos.
Eso lo explicaría prácticamente todo.

otra jornada en el tablero
con el frío
en los dientes
apretados
entre el día y la cama
nuestro llega
el consuelo a bañar
en pétalos
pájaros
tazas de nido
de incienso a exhibir
los árboles
su posición de tormenta
efervecen los filos
los cortes
acumulan viento
aquí y allá el malabar
y en la cuerda
segundos arriba la herida
se equilibra
caminan los huesos
sin contarse
ni en pasos ni en razones
dividen
la red los acróbatas tejen
misma los brazos
dos hilos
que es un único río deriva
de pie
por sobre la calma
esfera
tal suerte de aliento de alivio
quedarnos
mitades dejarnos
juntos
multiplicadas las caras
las fotos
el gesto sepa alguna vez
pruebe el sabor
natural
de engañar a la trama
antes
del olvido
del corte perderán
equilibrio entre las piernas
los dados
entre las piedras la espuma
volverá
en mapa transformada
en luna
en silencio
sin ser silencio otro más
que duerma
quieto nosotros el aire
la brisa
la boca que explore su caída
por tan vivo
privilegio el nuestro
de poner
sobre la piedra la promesa
el poder
sin estertores fundirnos
evaporarnos
fuera de agonías volverle
al magma
sus fantásticas virtudes
el gozo
el completo gozo de caer
vivir
muriendo en el ardor
amorosamente
abrazados
a una piedra que se hunde

“Yo soy una parte que en un principio lo era todo”
del Fausto de Goethe

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Diégesis

mayo 18, 2008

El frío ha sido atrapado en este infierno
De enredadera que tapa la puerta, la salida
No necesito otra técnica para perderme de vista.

Que mis necesidades básicas no fueron cubiertas, me aclara mientras hace su ademán. Y que la carne roja no alcanza.
Después comienza a romper el pan, a introducirlo en el café con leche y a no convidar. Lo sumerge y lo aplasta y lo empuja hasta que se hace una pasta grumosa, cómoda para arrancarla de a cucharaditas y, sin gotear, llevársela a la boca.
Entonces yo le cuento que en el casillero que lleva mi nombre también hay una montaña que crece con la música, un vino respetable que nunca me fuerza y una cuerda que sólo uso para desatarme; que la montaña se acerca, que la soga huele a manchas de un animal de pupilas enormes y que lo del vino en realidad no importa.

Porque puede ser que me hayan visto pasar, pero nunca como un suspiro que fuera a anidar en ninguna parte. Porque puede ser que me hayan visto, pero siempre con el collar bien apretado a la garganta.

Necesidad fraticida insatisfecha, declara. Y ajusta. Y esta vez también lo anota en su cuaderno; pero yo le explico que ese deseo se ha ido pixelando con los años y que a los rezos ya los repatrié desde estos cuatro ángeles centenarios que ya no me representan aunque sigan alentando sentados en mi cama, cada uno en su arista, los cuatro esperando que algún día y de una vez por todas yo me quede dormida.
– Ellos fracasaron- le digo- ellos hacen frío. Desde que duermen conmigo que amanezco celeste. En esa habitación hasta los veranos se hielan. Si ellos no hubieran estado yo lo habría hecho mejor.

– Cual fue tu error?
(ella nunca se cansa)

Mi error? Cómo sonaría mi error si existieran palabras?
(debería confesarlo pero es tarde aunque sobren los minutos)

– Yo no sé nada – le miento.
(no seré yo quien otra vez siga de largo para que mi niña se avergüence de su piel de tierra y de sus manos de mandarina. Ya una vez quemé mi bastón junto a los barcos y no voy a hacerlo de nuevo)

Insiste
(podría ser cariño, pero sostenerle la mirada a un escorpión quema en los ojos).

No creo saber levantarme, pero sabré morirme a través de sus cuadernos que vivo como trámites.
Para qué insistir, para qué tanto drama sobre el filo de la nada?
Si se detuviera mi corazón, no me daría cuenta.

El frío llega a mis dedos y sé que si los froto volverán a desprenderse. Soy los segundos por los que caen al abismo la incertidumbre y la tierra firme. El día me fue dejando a oscuras, ya no hablo y con las manos tejo nidos tan pequeños como inútiles. Una mezcla complicada entre hormonas y sedantes para pasar la noche esperando que se abra el techo y entre el aire o uno de los cuatro vientos capitales, el más veloz o el que haya comenzado antes.

Cuando presentí la verdad decidí que los iba a dejar engañarme y, como en un teatro higiénico y destilado, me besé la cruz y comencé a perder el tiempo sanamente, sin preocuparme por el fragmento o por la parte. Una ficción de mirada holística sobre el tiempo que pasa en simultáneo sobre todas las cosas como único modo de evitar la mimesis del relato.

(mis nietos sabrán entender que corrían actores hirviendo rodando grava por mis venas como claves para vivir, como posibles fugas, como una manera de salvar de la inseguridad a mi delicadísima y precaria síntesis)

Ella escribirá:
“La experiencia no la ha vuelto más inteligente, sino menos espontánea. Haber aprendido a resistir, saber que sobrevivirá no la hace sabia, sino peligrosa. El riesgo ha crecido en los últimos días”.

Seis letras

mayo 7, 2008

Hay tantas dentaduras diciéndolo con mímica
que es una picardía que yo nunca recuerde la película.

La gracia consiste en hacerle sacar chispas al frío hasta llegar al incendio. Que mis dedos se entumezcan y mi rostro se descascare dando lugar a caras nuevas que no terminan nunca de desprenderse ni de nacer. Que por frotación se desmiguen y caigan de a pedazos a llenar los entredichos del teclado.
Es curioso, pero mi cuerpo parece haber nacido para esto y se acomoda fácilmente a las lepras de la gracia.

Once años, la edad de las necesidades y de la espalda en la vereda.
A los once se trata de redactar el cielo y que él nos traduzca el futuro. Simple, simple, simple. Como hablar, como tener sed y tomar agua de lluvia hasta que calme y se borre el espejismo. Redactarlo sin datos, sin lunares, sin pelo en los ojos, ni sillas, ni abandono.
Así de simple, como que no haya lunes en ninguna palabra.

La gracia. La forma de la gracia es lo que llena un vaso de agua tónica en enero. La gracia es llegar a todas partes dando vueltas perfectas como esferas de espuma a pesar del contramano de los ojos.
Cada tanto la gracia y cada tanto se aleja.
De sentir, yo la sentiría revisarme desde adentro buscándome los bordes.

Esto es realmente insostenible. Se acerca, me condena cada instante.
Las venas se arriman con la gracia a las paredes. Qué disfuncional parece la gracia cuando está cerca del aire.
Ser disfuncional no tiene nada de extraordinario (tampoco tiene por qué tenerlo). La disfunción es como ir a sesenta en una onda verde a las tres de la mañana.
Lo normal sería cortar todo lo más pequeño posible de manera que entre en una bolsa cualquiera.

A los once escribí una serie de fórmulas matemáticas (o serían químicas) sobre un mantel de hule prestado.
(si sobrevivo a esta escena, juré sobre ese mantel, (si sobrevivo) voy a dedicar mis ratos libres (todos mis ratos libres) al desahogo).

Es tan fuerte todo acá arriba que si esta vez sobrevivo, (si sobrevivo) voy a dedicarme a buscar un sistema que me dosifique los vuelos sobre la trenza que forma el río con las vías y las frenadas que di en las banquinas. Que por nada del mundo se libere la válvula o podría volverme profeta y tartamudear sobre todos y asustar a los perros que se comen entre ellos y mis huellas con las lenguas todas tendiendo hacia afuera.

El día llegó sin peldaños y tiene las ventanillas cerradas. Necesito que alguien disipe las emanaciones de tanta gente almacenada. El pasado se viene con todo y habrá que reinventarse para no tener que lamer heridas equivocadas con lenguas ajenas.

A los once, la vida se lee como el párrafo final de un libro interminable.