Archive for 21 abril 2008

Tanto baldío

abril 21, 2008

Como cuando yo culpo a la puerta porque existe el otro lado.

El ciclo se repite en un loop onírico que ya no me necesita. La persiana, aún en mi ausencia, multiplica los soles como fauces en mi espalda.
De noche, una parte de la luna ocupa mi espacio unicelular y alumbra desde allí a la sordina de los grillos para que alguien crea que cantan bajo esa crema de jazmines.
Cuando vuelvo, suelo quebrar a varios (grillos y jazmines) con mis zapatos. Alguien (que no soy yo) sabría cómo caminar con tanto poder encima. Un poder que parece escrito para mí y que sin embargo no domino.
Yo me desaparecería cada vez que mis letras no me rompen con sus botas. A pesar del miedo horroroso, yo me desaparecería.
A veces un detalle entre dos palabras basta para que yo me sienta algo mejor por unos cuantos días.
Aproximadamente.

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Mummers Play

abril 20, 2008

En una historia lineal, el nudo es lo de menos. No importa lo que pasa, los límites de imponen. La avidez invade a la novedad y al desenlace y todo se vuelve pensamientos golosina ante la mirada ociosa de la peste indiferencia.

El sudor le representa su propia obra durante la hora sirvienta. Intenta una explicación sobre su frente, pero no alcanza. Ya nada puede desteñir el código de rimel grabado en sus párpados. Causa y efecto. Durante esa hora, sus minutos no respiran. Un estremecimiento sólido, como de hielo hecho serpientes, se le filtra por los hombros.
Dicen que únicamente se espera durante la hora desnuda.

El telón de fondo es un espejo solidario que le absorbe las sombras, el lado oscuro proyectado por ese cuerpo deshuesado que jinetea el escenario; su deber: devorar lo que quede del aplauso.
El actor, en escena, es todo lo que no es el elogio. Cuentas claras: lo único necesario para sostener el equilibrio entre escena y auditorio. Eso, y un puñado de pochoclos húmedos y amargos y pastillas para la tos, porque, eso sí, nadie quiere interrupciones molestas. Incluso el tren, cuando pase, lo hará en silencio; se zambullirá calladamente como una escalera mecánica en el suelo.
Una raíz metálica perforando el escenario encierra mucho misterio y despierta una curiosidad mezcla de infantil con mediocre que, aunque no divierte a nadie, en los intervalos distrae.

La distancia entre los dos telones roza el acto; se siente en la piel el espacio. Está en el aire. Tan sólo hay que tocarla para que comience y eso hacemos. Qué más puede pasar? Nuestras cabezas no se sumergirán en esa composición tan artificial teniendo una tela de madera tejida con sabor a pasto verdadero oficiándonos de suelo y a nuestras manos ya profesionales del aplauso y del tropiezo contra todo lo posible (aunque parezcan siempre condenadas, ellas ya aprendieron a disolver el azúcar simulándose cucharas).

Dicen que la muerte se llenó de sujetos vestidos con máscaras que no les tocan las caras. Entre ellos y el disfraz hay un viento encerrado y susurros y gritos y voces que no atraviesan ni el cartón ni la carne. Un colchón transparente. Húmedo. Tibio. Un escenario que los protege del frío para que el deambular les sea más amable.

Debería informar a la audiencia que hay un guión navegable para todos y que debajo del asiento encontrarán los diálogos, las navajas, los tazones y la miel.
Cuando amanezca, los tazones deberán estar llenos. Hay avalanchas disponibles para quienes tengan dificultad con los contenidos.
Posteriormente iremos al mar. Todos. Cada uno llevará su taza y su cuervo. Ahí, quizás, nos sintamos menos solos que en este teatro lleno de agujeros y de aplausos, porque en ese mar amarillo, ni la libertad es una estatua ni el mundo es tan tan grande.
En ese escenario, las estrellas tomarán nota de todo lo que ven. Ellas creen en eso de la astrología y de las constelaciones, pero nosotros sabemos que nadie sabe nada de nadie.

Y ya. Que no hay mucho más que contar. Cada uno tendrá su experiencia individual y única, aunque cuando el sol nos deletree en la arena pensaremos que a éste deja vu ya también lo vivimos.
Sumamente aburrida esta obra. Nadie se ahoga, nadie se convierte en cucaracha, nadie termina de teñir el mar con la tinta de los tazones. Entonces, por qué no nos sentamos en la playa y miramos concentradísimos su marea? Miren cómo sube y baja automático el telón. Cómo se expone! Cuánto aplaude! Cómo abdica su orilla!
De eso que a nosotros no nos cuesta tanto, resignar la frontera, él obtiene una ventaja.
La estrategia del mar es brillante.

between 2007-12-03 and 9999-99-99

abril 16, 2008

“pero sucede que, para algunos, las veredas de la calma tienden a agotarse en poco tiempo. Entonces, de ese plato hondo lleno de éxtasis empiezan a manar los desacuerdos.
Presagios negros como hormigas saliendo de la azucarera mejor labrada”
p.

Sabe qué? Me desconcentré. Cómo se puede usar la palabra “delicioso” en una oración que también contenga la palabra “mate”?
No sé. No pasa nada. Sólo el cordón de la cama que a veces cambia de hemisferio.
A mí me alteran estas cosas tanto como las máquinas, las letrinas y los sábados por la noche, cuando empezar un libro es lo mismo que empezar una gripe y todo es incomodidad.
Se repiten las siestas. Ya me leí como siete y son todas iguales a pesar de que las leí, a cada una, en un idioma diferente.
Leer en otro idioma es una manera refrescante de traducirme la nada.
Y sabe qué más? No se cansa el tiempo de servirse en las tazas. Puede derramarse sin mover una pestaña. La grieta en el mármol que lo inventa tiene cuerda para rato.
El amor es que alguien.
El gozo de que alguien despierte la belleza. Después viene el balanceo y el volumen. Y la erosión por el hervor en el caldito light de las siete preguntas.
Cuando esté usted en el freezer, va a entender por qué el azúcar en la nafta no nos hace bien a las personas. Tanto dulce no nos deja arrancar y nos contentamos desgarrando.
Elija su propia dentadura (es el multiple choice que yo sé que le gusta)
a-Dientes
b-Colmillos
c-Muelas
d-Ns/Nc

Acá somos todos evangelistas y el demonio, al fin y al cabo, no es más que un angelito que cayó en desgracia y que todavía rebota en las piedras que le pusimos a la sopa.
Pero nadie muere en el primer intento, eso es un hecho. Hay algunas cosas que no nos fueron dadas: la muerte de primera, los electrodos calientes, una buena dentadura que mastique esta galleta hecha de plumas y de manotazos.
Una ecografía? Por qué siempre me habla de sismógrafos? Esas máquinas no pueden medir los pasos que lo alejan de la palabra “canción”. Las máquinas y la Iglesia son el bar de los poetas miedosos. Llevan en una mano a sus Frankestein para bautizarles el patchwork (un poquitito de aquí, un poquitito de allá, pieces of themselves everywhere) y en la otra bidones de combustible. Mucho combustible para esconder a las huellas.
Y todo termina con una misa de semillas blandas conciliando las vergüenzas en los labios de una guerra tristemente arbolada.
(vamos a negro, pero en gris, con los ojos enormes y tarareando manzanas)
Si no me cansa el Drama? Y si… De a ratos me cansa. Pero hablemos de usted: Qué ve desde la orilla del plagio? Un baldazo de agua o a un niño regalando insectos? Vamos, muérdase la violencia. Tómese esta ampolla con forma de vesícula semántica y descríbame lo primero que sienta en la espalda.
– Ruidos.
– Adentro o afuera?
– Si, bueno, todos fingimos que hay ruidos de noche.
– Y el humo? Siente el humo? Sigue usted fumando?
– Algo, a veces. Fumar es otro modo de escribir, más fugaz, más perecedero.
– Entiendo.
– Oh, Dr. Benway, deme algo que me desfibrile el alma!

No estoy loca, lo juro. Puedo manejarlo

Sólo por hoy

abril 13, 2008

Y eso es todo, me temo. Y así seguirá siendo.
Presente inaguantable. Presente forzoso. Presente sin remedio.
Así, sólo por hoy, y hasta que llegue el aplomo.

En un estado de responsabilidad aberrante y prodigiosa, Luciana forzó un paréntesis sobre su desconexión y comenzó a rezar.
Que Dios esté grave no es impedimento.
Que Él sienta esta repugnancia impasible por sus criaturas no es nada más que una falla en el percutor de su pereza.

Y, como cada vez, Luciana pidió cosas razonables: La saciedad; seguir sin adquirir un estilo; no ser culpable de las mentiras que estrangulan su poesía e impermeabilizan su prosa con la refinada intención de preservar sus diferencias (mínimas); y conservar la salud
que va y viene…

– Luciana reza?
– Si.

Hay cosas que ella siente ante determinados estímulos que a otros sencillamente se les pasa. Ella sabe mucho más de lo que aparenta, ella entiende a las cosas naturales como lo que son y a las mágicas como lo que quieren decir. No hay modo de que ocurra otra cosa, ella entiende la señal. Sabe que no es posible sentir el lugar ocupable sino hasta estarlo ocupando y por eso no se adelanta.
Futuro y pasado están viciados de irrealidad. Ambos carecen de la precisión necesaria para volverse vulgares.

Luciana está a mitad de camino del doble de todo y todavía no tiene nada resuelto. No sabe a qué va a jugar, ni si volverá a nublarse alguna vez; si mañana se animaría a detener la eternidad o si aprenderá otra cosa.
Ella tiene miedo.
Lloverán tableros, dice la radio, pero el Universo, que siempre se adelanta, ya chispea los primeros peones. Caen como alfileres
(con lo que a ella la asustan los alfileres!)

– Se sentirá mejor Luciana cuando pare de llover?
– Seguramente.

El ajedrez es un juego peligroso. Los tableros son como paisajes, escenarios fantasma. Ni campo ni ciudad. Cada tablero es un escenario diferente. Algunos, con árboles de papel que ya fue árbol, otros, con animales embalsamados en sí mismos sobre la arena, que sigue siendo arena pero que de lejos se ve playa, o desierto.

Cuando caigan las torres, la reina ya habrá muerto.

– Y por qué reza?
– Porque cuando no reza, Luciana no duerme tranquila.

Hay quienes han sido tristemente favorecidos con la cosecha (tardía, si) de ciertos aprendizajes banales. Sufrieron cada tormenta viendo peligrar a las espigas como a novicias que vuelven.

(- Pero durante la tempestad del síntoma, algunos malestares suelen alterar las señales.)
(- Si, por eso el apuro, por eso la nostalgia, por eso el hastío.)

Hay quienes son muy tristemente sabios. Como Luciana, que sabe que tiene miedo y entonces es mala. Mala porque les pega a los hijos y a los huérfanos. Mala por hija de puta egoísta, violenta, calculadora, desleal, tramposa, golpeadora, asesina.

Mala.

Luciana tiene miedo y entonces miente, pega, traiciona, engaña, fuerza, abandona.
Tiene miedo.
Es vieja. Le teme a la muerte. Le teme al sida, a la lepra, al hambre, al rehén, al asco, a la duda.

A veces, al dar por aprendida la lección, los nuevos sabios se abandonan al amparo del ungüento que los reviste de gracia. Y se descomen en su asombro y resiembran ociosamente la estupidez por sobre el delirio lento y ya seco, ese sabio Dios planta de una sola temporada.

– Y cuando reza, descansa?
– No, cuando reza, tampoco.

“Las luces se encienden

abril 2, 2008

en calle Corrientes…”

Presentación del libro de Luc:

“CONSIDERACIONES ACERCA DE
TUTIPLENES
Y OTROS FRUTOS DEL MAR”

El miércoles 9 de abril a las 19:30 hs.
en el Centro Cultural de la Cooperación
Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires.

¿Qué otro plan puede ser mejor?