Archive for 26 marzo 2008

pequeños círculos entre las ramas

marzo 26, 2008

“¿No ves que son ojos?
Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas”
Eduardo Galeano.

Mi primer amor fue de suicidios. Él me llamaba a mí: “mi aquella muerta” y yo a él: “el destinado”.
Yo no era yo, yo era mis costumbres. Él, en cambio, era todo lo que yo quería significar.

Nuestro amor mayor consistía en darle fin a todos los artificios consumando todas las aventuras, la más deseada a veces, la más inútil por lo general.
El “Equinoccio de las mariposas” era el título secreto para nuestra profesión sin título. “Mariposa”, por el insecto más bello e instantáneo que habíamos conocido y “equinoccio”, porque sí.

Dormimos muchas noches como pájaros, supongo que para sentirnos más acompañados durante el tiempo que durara nuestra novela.
La más corta de las novelas de miedo y de pobreza.
Dormimos mucho. En cables, en carteles, en árboles húmedos de nidos vacíos.

Me pedía que le sacara fotos, que le extirpara el alma (como si eso pudiera salvarnos) mientras él me arrancaba la mía y la vaciaba de un sorbo. Luego la dejaba sobre la mesa y se iba y yo me encargaba de volverla a llenar. Para que él volviera. Para que no me dejara sola.

Durante nuestra última fantasía quedamos de acuerdo en encontrarnos. Sería en un mapa.
Entre la multitud y los días nos íbamos a encontrar.
Me pinté los ojos y los labios y fui. Pero no lo busqué. Ni él a mí.

Hoy yo miro la ventana. Todos los días. Quisiera saber qué hay detrás del vidrio, pero miro la ventana.
Él pasa, me cierra los ojos y se abre las venas. Todos los días.

No puedo dejar de reírme de los que creen en las palabras, cuando está claro que el planeta únicamente considera lo sólido.
Algunos días hay demasiado dios en el aire. Será por eso que ya nadie cree lo suficiente. En unos años vamos a tener que cambiar los colchones si los seguimos llenando de raíces.

Elegíamos palabras porque sí, dormíamos como pájaros. La Tierra no nos invocaba. Flotábamos.
Creo que de verdad nos amábamos.
Yo era “su aquella muerta” y él era mi costumbre, mi “destinado”. Todo lo que yo podía significar.

Film Gun

marzo 22, 2008

Como cuando tosí y los de allá sintieron erróneamente que se insignificaban las distancias sólo porque había compartido con ellos ese ratito de mi gigantesca intimidad, sería útil que supieras que yo no me tiré por vos. Que yo me caí tratando de encuadrarme (o de quedar medianamente en foco)

Como ese primer martes que no fui feliz y no supe explicarle a la prensa exactamente el por qué, mientras me ataba de la soga al edificio más alto y respiraba agitada más oxígeno del que quería gastar.
(para qué tratarme con oxígeno, ese goloso elemento oxidante, si el violeta me pega con todo?)
Dosis periodísticas de radicales libres cuando en realidad lo que yo quería era ser cineasta.
(ni bien le encuentre el cuello al próximo martes, le voy a morder la yugular con el obturador de mi film gun. Y que se exponga lo menos posible a la luz de mi existencia si quiere volverme a ocupar un fotograma).

-Quietos! Sonrían! Enfermos pero de pie! – les grito.- Vamos que vamos! Que estamos pariendo nuestra cama más justa como prólogo para nuestra propia tumba!

Acción!

“Dios no nos odia”, comienza diciendo a cámara el bueno de Job. Y yo pienso que Dios simplemente nos ignora un poco desde su estancia en la grúa. Finje divinidad con su sórdido kamasutra de milagros naturales. Dios es un presagio punk, creo yo. Y lo creo campante y sin temor a represalias, porque en el baile de desmáscaras yo atendía el guardarropas y lo vi. Me lo acuerdo perfectamente: Yo colgué su secreto más negro en una percha y a cambio le di su numerito. Y no le cobré. Me agradeció bastante el gesto, pero igual eso no le hizo cambiar la idea de enfermarme dentro de unos años con artritis y ceguera.
Recuerdo que cuando terminaron de entrar todos, yo le pedí permiso a la ONU para retirarme. No quería presenciar la elección de las Misses de la Nueva Realidad: Miss Nuclear Total War, Miss Universe Richter Scale, Miss Global Warming y además no me sentía nada bien. Pero no, los psicoanalistas de la Organización me dijeron que tenía que quedarme hasta el final de la fiesta y algunas cosas más sobre la continuidad del guión y sobre la posproducción.

“Pero los piojos no nos morimos de catarro”, seguía declamando Job, “tenemos cosas más importantes por las qué morir.” Si, claro, siempre es mejor metabolizar el oxígeno maquinando una falsa revolución o sembrando pejerreyes en el hambre africano. Quizás con cosas así de nobles algún día me reconozcan como un ser de este planeta y me den un ascenso o me hagan entrega de la corbata (y si también me sacan el marcapasos, mucho mejor) pensé, pero me resultaba difícil seguir el hilo de mi historia.
(ahora que lo pienso, algo debieron poner en mi bebida).

El guión dice que Job después se acomoda el moñito y le acerca el ramo de rosas a Miss World Wide Web mientras yo me escondo entre las perchas. Arriba, Dios debería rascarse la cabeza desde la grúa.
Silencio…
Se graba.

Dócil ejercicio para el cansancio

marzo 19, 2008

Ya nada queda
Lo que debió
Ser ha sido. Algo
Una mancha gris
Organiza el olvido

La pena es una sola
Una nueva farsa
Alguien saluda y este espejo
Que no me desempaña

A su balbuceo nadie le reclama. Su lengua lisa lo sabe y la fecunda. Somos, sus crías, formas recién escritas, desordenadas, sin vibración y con la sabiduría del abandono como única placenta. Un aire de yoga elevado a los huesos de Occidente.
Siempre negativa y fulminante, mamá. Qué ortografía de cloroformo la durmió de mí? Cuántos verbos me desvistieron de su sangrísima entraña? Yo hoy me muero. Brindo con mi vida por dos vasos de su plástico y un cordón impar que por fin nos conecte, que filtre la imprudencia con la que transmite, con la que me ataca, sus risitas introspectas, su recital de ruinas desde la fila de los que no aprenden. Ni aplauden.
Por qué tengo yo que velar a oscuras a la insigne? Se hizo aniquilar por su parto para cortar (para seguir) con la pena de la quemadura abierta que le arde (cómo le arde!) gozosa y tierna como una jauría que lame y se relame (de los labios) la sangrecita del tibio vientre. Sin músculo. Como beso. Como moneda número treinta, que le embaraza de vergüenza los pechos de su mediocridad triste triste.
Se extiende la explicación, mezcla escasa, por el suelo, sobre el hielo, sobre la contractura de la lengua macha que no entiende al equilibrio y se queda entonces cada vez más quieta, cada instante más anclada al ombligo.
Quillas que
olvidaron al puerto
me cortan la arena

Lo que a mí me avergüenza es su canto editado. Que en la panza de su hambre haya más hambre naciendo, que la taza no alcance para tapar para mí, de su mano, la herida.
Hay una madre que sangra la ley y un hijo que se le encueva adentro y al costado. Ella es una ventana en alquiler (adentro anidan olas por si los barcos vuelven a su espejo, a sus puertos en flor)
Cuando no puedo dormir, pienso en poesía como último recurso para no pensar en nada.

Audrey

marzo 10, 2008

“No parece que haga mal a nadie; pero casi me resulta dolorosa la idea de que me pueda sobrevivir.”
F. Kafka

Observemos cómo sus piernas cuelgan desde esa cadera carretel apoyada contra la pared por donde salen los fantasmas. Cuelgan hacia el vacío como antes colgaban sus hilos y ahora todo lo que se le cae. O lo que él deja caer.
No se acerquen. Miren cómo nos desafía a través del cristal.
Hace unos días creímos que había muerto. Dejamos pasar unas horas antes de incinerar los restos, pero al amanecer resurgió, sereno y suave como un puto fénix de las malditas cenizas. Quisimos curar su memoria en ese momento, pero, si antes era mitad monstruo y mitad humano, después de renacer, el humano comenzó a desvanecerse y hoy ya no hallamos más que silencio en su razonamiento.
Observen su plumaje y el brillo de sus dientes. Dicen los cuidadores que antes de dormir los pone en un vaso con licor, pero por el aliento yo digo que debe ser de cerveza.
También fuma. Miren el detalle del amarillo en la mirada. Tiene toda la nicotina adherida a los ojos. Creemos que la usa para camuflarse.
A las sonrisas también las esconde. Las diluye en todo lo que traga hasta llegarlas a la sangre que es donde continuamente las advertimos. Tarde. Como siempre. Como todo.
Por qué razón no quiere que pensemos que cada tanto sonreiría? Un pudor original? Un desquite? Él cree que el amarillo de la mirada lo socorre, pero nosotros las vemos. Nosotros lo sabemos.
Y observen sus manos. Vean. No son armas. Son nada más que dos diccionarios. Las espadas le nacen sólo cuando habla. Como cuando se escribe un silencio y no se oculta que no se dice nada como parte de la queja o como único agravio.
Miren el vaivén, cómo lleva la llaga de una mano hacia la otra. Interesante evolución. Antes de renacer, rebotaba contra las paredes cuando comenzaban las llagas. Un buen rato. Después se relajaba y el alma se le desenroscaba de los dedos. Una vez dormido, todo volvía a su lugar. Ahora, todos los cambios que le suceden durante el día se instalan. Como si en él se estuviera gestando un molde.
Yo les aseguro que no es sencillo sobrellevar la investigación sobre qué es o que será de él. De mis pieles cuelga la culpa, por mi exceso de prudencia o por no haber podido curarlo a través del vidrio.
Yo debí renunciar a entenderlo hace tiempo.
Yo debí dejarlo volar, porque tal vez, tal vez…

Perfumadas Criaturas II

marzo 7, 2008

Los sentimientos con los que me visto no son míos.
Se los robo a ese espacio que se crea entre los ojos de una madre y los de su hijo recién nacido.
Alguien llena de sentimientos ese espacio. Para seducir
(o para convencernos de alguna otra cosa)

Veo pájaros atornillarse
A los campos de batalla
Monumentos a lo inmóvil
Torres piedra se deshacen
Obleas en mi taza de porcelana