Archive for 22 octubre 2007

Mala Vida

octubre 22, 2007

(se me va a las manos la historia que tengo en mente y se me va de las manos lo que es hermoso que tengo que pensar.
Mentes que rugen sobre manos carcomidas se llevan mi historia)

Mi personaje intenta levantarse de la ronda de camas y grita, y de pronto, algo deja de latir. Yo le sostengo la mano. Alguien tiene que darle ánimo al infeliz.

– “Se repite esta operación hasta que todos decimos el nombre de Ese por quien silenciamos a nuestras almohadas”.- nos dice uno de los enfermeros.

(quizás sean vínculos inútiles los que lo mantienen atado a la cama, correas ajustadas que le impiden arrancarse la alimentación forzosa, ese suero que nunca lo termina de llenar y que apenas le humedece el subsuelo de las venas)

– “Y parecería que todos dormimos, pero ¡Silencio! ¡Oigamos! Todos estamos nombrando”.- sigue.
El enfermero parece una maestra jardinera.

A veces uno se da cuenta de que todo terminó cuando (nota que) (siente que) tiene que volver a empezar.
(pero hay cosas que empiezan antes de que todo termine)
La muerte planea, siempre dando vueltas, siempre cerca de ese segundo en el que todo comienza.

Lo miro retorcerse y no, no entiendo cómo pudo terminar así.

“Hablaba poco, pero con ese poco, él podía convencer a la luna de que se hiciera dado para su Ludo Matic. Después desaparecía hacia las torres más oscuras a esperar un nuevo renacimiento en serie, algo que lo llenara de maravillas, o a esperar a que se le durmieran las fieras, esas cosas que lo desgarraban, tan parecidas a su alma.”

Yo lo dejo que apriete mi mano. Nada memorable ni excepcional saldrá de mi propio vacío. Nada grandioso, salvo el saber que el viento (también) nace en mis pulmones.

“Lo suyo era como un sueño, un mandala a medio desmantelar trabado en el disimulo de mi escritura, como el de un ángel al que por error le hubiera dado por tomar forma humana hasta llorar por lo único que no ha perdido pero que aún no encuentra.”

Las comillas, los paréntesis y las letras cursivas siempre me recuerdan que los corazones se huelen a pesar de las distancias.

El enfermero se acerca a nosotros y nos señala. Sólo le falta la Biblia y escupirme.
– “Una persona que es capaz de arrojar su alma hacia arriba sabiendo que no va a atravesar el techo es deliberadamente estúpida”.

Él lo hacía.

(lógicamente su alma nunca atravesó el techo)

“Cayó su alma, varias veces muerta (o sin un rasguño) al suelo.
Se elevó su alma, varias veces viva (o sin sentido) hacia el techo.
Y varias veces, mientras él la arrojaba y nombraba, yo profanaba con mi tinta y con mi mente su historia de diamante.”

O el techo o su alma, algo hice demasiado sólido.
Pude hacérsela más fácil. Pero no lo hice.
(y un poco me arrepiento)

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Cerdos y Peces

octubre 12, 2007

Somos la biblioteca itinerante de algún dios aburridísimo

“Sale a la calle, camina un poco, entra a un bar, pide un café y abre el libro, y mientras revuelve el azúcar, oye cómo un tipo le cuenta al mozo las virtudes de la mujer que se acaba de comprar. El entorno es desolador. Alrededor de una mesa fijada al piso con cuatro bulones enormes, se reúnen tres sujetos que parecen haber estado torturando a sus novias o esposas hasta recién.”
Tiene mucho que ver con mis estructuras psíquicas el hecho de que yo necesite ordenar todo según lo que yo considero una correcta sucesión de escenas y de sonidos para poder aproximarme lo más posible al olvido. Un orden tan encantadoramente simple como cerrar los ojos y poner la mente en transparente. Un orden que convierte al mundo en un lugar pacífico y dialogante.
(la otra es una película no apta para todos los estómagos, una cuidada puesta en escena con cierta insoportable tendencia al videoclip)
No somos capaces de renunciar a lo que no podemos tener con la urgencia que el deseo nos exige. Harían falta muchos trailers metafóricos de este mundo para animarnos a abrir los ojos frente al jodido sol de noviembre, ese que nos calienta la vereda, los cuerpos y hasta los más infames pensamientos.
La gran paradoja del futuro es que, tarde o temprano, también se va a convertir en un presente de mierda.
(y eso que en el fondo (tengo que admitir que aunque no lo parezca) hoy el optimismo invade mis venas como un cáncer positivo)
Un orden que no me quite tiempo para disfrutar de un buen disco, de un capítulo más, del sueño de dormir y de viajar sin riesgos. Uno que me habilite tiempo para amar y para odiar (y para hacerlo con la intensidad necesaria)
“En las últimas veinticuatro horas este hombre ha bajado dos kilos y rozando la locura en tres oportunidades. Sus huesos agrietados, su sexo agitado, sus contracturas musculares, el deseo de ser o de ser nada, esperan. Le encanta masturbar su mediocridad con logros absurdos como creerse que nadie le sería inalcanzable.”
(a veces tengo la impresión de haber envejecido 40 años en este espacio sobre el cual me leen)
Los viernes son unos días muy raros. La sensación de ahogo es tan intensa que la mejor opción resulta salir a la calle en plena tormenta o arrojarme por la primera ventana que encuentre, lo suficientemente alta como para que todo resulte exitoso.
(otra posibilidad es dejar que nuestros cerebros se vayan pudriendo hasta convertirse en pequeños y fétidos montículos de grasa y de materia fecal, al tiempo que esperamos que, “sólo por hoy”, ningún meteorito se nos estrelle muy encima)
No sé qué es lo que me distorsiona la percepción del tiempo, si un desequilibrio químico o algún microorganismo que basa la unicelular lógica de su existencia en reproducirse lo más devastadoramente posible dentro de mí.
Los viernes son unos días muy raros. Me brota una obligación a huir de las contradicciones que me detienen (o por activas o por pasivas, da igual)
Los viernes no me dejan otra opción que abrir la boca y generar bilis en cantidades monstruosas.
Sólo diré que nunca había visto a un hombre tan grotescamente deformado como ese. Demasiados restos de pobreza y de resignación. Al lado de los obscenos, esos sujetos con sus mujeres de culos trucados, casi se oía su grito animal. Tengo que vomitar.
Buenas noches.

Como sombrita de tu nunca pena

octubre 9, 2007

Si te desarmo, vas a saltar en pedazos?

Las cositas de vos, las entizadas piezas que de tu puño acorazo, tan desiladito en pena, remutilada voz, se me silencian.
¿y cómo rasgo entonces a tu ensueño lavado? cómo si no empapo en clarita tu recuadro ¿en qué día a mi almitai se le desapegará el fuerte de tu sangrecita? ¿qué tan mi cara se nos adentrará por tu tan pávida cueva? ¿qué tan de raicita decime es que te escrujen las noches? esta veredita de vos, de tu cielito corto ¿me nace? ¿me resiembra el desol la secadita alma, tu ayuno oscurito, tu milagro, tu desiesta? ¿golpea tu presencia cieguísima el diván minimando mi clausura?
El ensayo de vos, esa obra siempre dolor, la de luto moribundo tan de tu plexo ¿te destiende lo solito de tu sin vos, de tu sin sogas soledad?
Criaturita que te diarmé, de apretarme vocecita, de corazón en tu boca. Agujerito de nuncas, desalmadita de mi herida, de mi misma, mismamente de mi propia.
Desermosear las pareditas de tu espalda para que el diáfano vuelva.
Qué extrañísima es la guerra que le aternuran tus nuncas a mi volvedera vivenda.

DEFCON 4

octubre 3, 2007

Hay un espacio al que van a morir las almas contrariadas. Pero nada es fácil y el camino se ensancha hasta que ya no hay brújula que las salve. Por eso caminan en círculos cada vez más grandes, tratando de no repetirse, hasta que el espiral es tan enorme que se hace insoportable. Ese es el momento en el que eligen volver.

· Nació, y lo primero que hizo fue reírse de todo, ávida nariz con forma de conejo, o de nombre propio. Los médicos no le perdonaron la no repetición. Nadie más se reía.
Chicos repelentes con modos incompletos y ombligos de calambre.

· Afuera, una mujer viejísima salió a caminar por la lluvia. Nadie lo entiende. Con cada paso pensaba refutar uno a uno sus poemas hasta que ya no le quedara nada más por recordar. Pensó en guardar luego los restos entre los pliegues de su cerebro. Cada pájaro en su jaula.

· Algunos se habían atrevido a entrar solos, seducidos por los misterios de la caja. A todos nos habían dicho que era una locura, que ya habría tiempo, que lo que había adentro no debía diferir demasiado con lo que habíamos afuera.
Pero igual nosotros escribimos esas cartas. Pero igual nosotros entramos esa noche.

· Cada vez que él quería calmar la pena, se ponía en penitencia y así se acordaba de su mamá. La pena pronto se transformaba en ira. Ese era el momento en el que él se subía los pantalones y comenzaba armar el rifle.