Archive for 28 agosto 2007

El mareo de Cobián

agosto 28, 2007

Tener las puntas de los pies adheridas a ese alquitrán, a ese asfalto acribillado de dudas, solo se asemeja al miedo que brota cuando intentamos dejar el refugio para visitar a la poesía (sin custodia, y con la sombra bien firme y muy, muy puesta. Rara. Encendida)

Saldré a caminar y cuando recién haya puesto el pan a tostar, ya estaré volviendo.
Nada demasiado humano puede durar más que lo que tarda una tostada en hacerse.
Saldré a caminar, y ya pasadas todas las ganas, pasadas las tareas que me abandonan de un cuerpo que de tanto expuesto al agua y a la sal más se parece a un Guernica que a un cuerpo, me sentaré a mirarme.
Saldré sonriendo, sabiendo que nada de lo real se merece, que nada traspasa el espacio y que cada centavo es una bomba cayendo sobre cada cosa que no es yo.
Saldré sabiendo que sólo soy cuando camino en conjunto como parte de una misma resistencia con los otros que caminan tan callados como yo.
Saldré y caminaré antes de haberlo dicho o pensado todo, y en esa acción inscribiré a mi ser humana en la vereda fresca, siniestramente enferma, de los conocimientos que nunca tuve, por eludir al tacto y a embarcarme en el mundo desde la fatal expiación de la poesía, ese falso triunfo que se alcanza cuando creemos que volamos por sobre todo lo verde.
Y supongo que luego me sentaré y me acomodaré sobre los fotogramas, también sonriendo, y armaré la maqueta con el enmarque mejor para cada detalle.
Un plan excelente, como un paisaje fonético que corre y que cambia de ventanilla con la velocidad con que cambian las diapositivas en los documentales sobre el odio, como un vino fabuloso que resbala y nosotros saboreándolo desde arriba del tren con el oculto goce que le reservamos a lo imprevisto, y con la historia real oscurecida oficiando de ejemplar telón de fondo para cada uno de los sueños.
En cada trago, uno se vuelve más y más dueño de los signos, (y así se actualiza la distancia insalvable) sin interrupción ni cortes en el tiempo.
Quizás haya una obra tardía, una acción latente, una esperanza.
Quizás no, y todo se vaya borrando lentamente, las cartas, las razones, los espasmos, al pié de la lágrima, a cargo de nada o con toda la sensación de hastío ante esta convulsión que nos preserva siempre del conocimiento de esa mínima diferencia que nos separa del mundo, de este mundo roto donde la falta existe, ese querer frágil donde todo es agitar.
Esta forma de morir tan nuestra, como de sábanas dobladas en estantes vacíos y cerrados, en casas vacías y cerradas.

(y sin embargo, de esa casa, cada tanto se escapaban los pájaros de los cuadros…)

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Light my Fire

agosto 27, 2007

“Come on baby, light my fire
Come on baby, light my fire
Try to set the night on fire
Yeah, yeah, yeah, yeah
Oh oh
Mmmm, yeah
Oh oh”

Las pelotitas de naftalina germinando no parecen tan reales. Pero crecen. Por sobre todas las cosas, crecen. Increíble. Como esa noche, cuando todos los pensamientos se me fusionaron en uno. Ese único día. En ese mismo minuto. Fatal. Si. Fue muy extraño tanto amor atravesando la costilla.
Parecía un video de hormigas negras huyendo de un hormiguero recién pisado, pero en reversa. Venían corriendo por cinco cuerdas flojas bocetando la partitura de lo que sería el día. Circulaban por estas arterias por las que corre un vacío interminable, trayendo sus tesoros, también ellas, con las venas rajadas.
Desde este hueco sanguinario que se me abre en los plexos se ve claramente que los cortes no cumplieron del todo las promesas. Si lo hubieran hecho, sospecho que deberían verse los caminos mucho mejor iluminados.
Y yo que no sabía si hacer venir o no a mis ganas de dejarlas afuera, ganas siempre tan ocupadas en fabricar procesos de destrucción, o de alguna otra cosa igual de estúpida, en lugar de armar algo como para poder retratar mejor a esta espera de cemento que se avecina sin segundas intenciones, en la que ni soy yo, ni me calmo, ni me cubro de la noche, ni me salvo de nada.
Porque a veces está bien, pero hay días en los que no deberíamos pensar en el foco y otros en los que pensarlo podría ser diferente, como si todo fuera música o una canción escrita por alguien que no sabe cantar.
La seducción que ejercen los espíritus del suicidio es más franca y eficaz que cualquier buen plan. Con el tiempo, para los cuerpos indecisos, se convierte en una vaca muerta que nos respira por los agujeros que a su cuero le abren los gusanos. Con el tiempo, todo se fosiliza; con el tiempo, todo cambia.
Y qué hice yo desde el ansia por la gota que cae derramada de mi boca más que aprender que lo más bello es seguir esperándome siempre?
Sólo deseo que dentro de un tiempo yo aún sienta esto que soy adentro de los escalofríos del olvido y que se note que tanta entrega ha frutado enormemente.
Tendría que ponerme a leer ciertos versos porque sé que ahí voy a encontrarme. Parada, sentada. De perfil.
(el anillito me aprieta, las medias me dan pavor)
“Tengo asegurada la pena por largos varios años”, dijo el viejo Moriyama segundos antes de morirse de la risa cuando alguien le preguntó que por qué ya no jugaba al amor y él le respondió que por miedo a confundir “ese bonito juego” con la espantosa realidad.
La palabra “bonito” debería quemarse en una hoguera enorme. Yo colaboro con la madera de mi mesa ratona y con dos o tres litritos de nafta. Aunque ahora que lo pienso, hay mucho más que una palabra para quemar en esta podrida ciudad. Cosas como el pan de ayer, los complejos náuticos, las salidas a la derecha y algunas virginidades.
Nadie pide crueldad ni brutalidad. Tampoco es venganza. Es solamente un recorte forzado del cuadro. Un fragmento de realidad robada a una fotografía demasiado satisfecha de sí misma en donde poner el odio.
Creo que un fósforo alcanzaría para que no nos olviden.

Kaizers Orchestra – “Mann mot Mann”

La escopeta de Cobain

agosto 22, 2007

Y que cuando abra una puerta
tenga yo derecho a desear
que del otro lado no haya nada.

Cuando se despertó, todavía le temblaban las manos desde adentro de los guantes de cocina. En su sueño, ella podría haber doblado a la derecha pero no lo hizo. Para qué dar giros sobre algo que gira solo? Los planetas se desgastan sin motivo.
Me pregunto qué querrá proteger dejando un par de zapatillas en cada una de las casas a las que va.
Se lavó con agua helada. El ruido de los calefones cuando encienden siempre la sobresaltan.
Ella debería probar ser un gato o algún otro animal de esos que se acostumbran enseguida a las cosas.
Prendió la radio. Buscó por un buen rato algo bueno. Después la apagó y se puso a silbar.
Tenía el libro listo para publicar desde hacía unos tres o cuatro meses. Desde el verano. Sobre la mesa. Se trata de un enano, pero todavía no tiene título. Algún día ella cree que le va a llegar la inspiración. De repente.
Me pregunto de nuevo lo de las zapatillas. Es extraño. Un título se le ocurre a cualquiera.
Cuando tenemos sueño a todos se nos aparecen títulos. Y las peores emociones. Sobre la mesa. En cambio a ella se le llena la boca de bombones y de caramelos de fruta. Eso y lo de las zapatillas.
Cuando ella se despertó todavía los planetas se desgastaban sin motivo. Serían las zapatillas. O tanta nieve adentro.
Ella tiene una caja fuerte donde guarda las ojotas y las pavas con agua hirviendo. Desde el verano. La clave de la caja podría ser un buen título para el libro sobre el enano. El de la nieve en la cabeza. También guarda una tarjetita que dice “no te voy a querer más”.
Es extraño. Eso y lo de las zapatillas. Y también lo de los caramelos de fruta.
Cuando se despertó, todavía le temblaban las manos y la inspiración. Prendió la radio. Alguien hablaba de la hora. De repente. Eran las 3 de la tarde.

Punk Corn

agosto 21, 2007

Opera infantil, explicada en algún que otro acto.

– Esperá. Porque el verdugo ya está activo y afilando la navaja. La acción previa, la importante.

Hay un cierto perfume. Deslumbrante. Maneja los filos invocando una aceptación caleidoscópica. El apuro es todo eso. El final sigue estando siempre igual de lejos.
Dios tiene la idea y la está dando en el escenario que hay entre el hueso y la frente. Los dedos hacen de títeres, y las uñas de caretas. Nueve de ellos le pegan al décimo como payasos, como molinetes en ronda esperando su turno, pero todos toman distancia cuando la cuerda se tensa y se descorre el telón de la trepanadora, que parece una mortaja.
Abajo no hay nada y el telón se eleva como música desde ese siniestro simulacro de suelo.

– Somos nueve vampiros que esperamos. Nueve serpientes inseguibles surcando la arena que nos quedó en la escalera.

– Mirá. Allá atrás algo se tuerce, algo se sale de cuadro. Comienza el sismo, la conmoción. Las brujas se despiertan y se espantan. Ellas se dan cuenta y se abrochan el corpiño. Se atornillan a las manos al compás de las escobas. El mundo no espera.
(Tranquilo. Una extraña pose verbal se va a fosilizar, vas a ver, hasta convertirse en un banco de cemento donde sentarán a los magos para explicarles un poco. Del silencio. Mirá…)

– Atención. Escuchen. Hay dos silencios. Uno que suena como millones de escarbadientes rodando por toboganes de mármol, como fósforos que se encienden, como ballenas riéndose de Noé, y otro que es como el de los peces Udu nadándonos por el esternón.
Ese último es el difícil, porque es el del chapoteo del alma, que suena como náufragos que se asoman desde la afonía de una bañera cargada, como burbujas de saliva explotando frente al reloj mientras todas las agujas se clavan donde no deben (será que lo usamos a veces para tapar los gemidos?).

– Somos nueve almas celebrando a las culebras. Nueve estampitas de la medusa y el niño. Un móvil con nueve muñequitos budú adornándonos la cuna.

Y entre tanto, vuela la sangre del infeliz hasta caer como martillo, como accidente, como una primera derrota exorcizable a quemar en la galera.
Alguien del público se apiada:

– Usá los gritos como incienso que los respire, como emulsión, como razón que desea ser afecto o comunicación minúscula hacia otro tren analfabeto, inofensivo hasta la náusea. O como freno microscópico de una vacilación transitoria, efímera, pero a la larga bastante bien resuelta. Vos sos como un puerto helado. A vos te golpean las gotas de un mar que se ocupa nada más que del movimiento eterno y del orden oceánico, que se dedica a golpear cada piedra de a gotas, como escribiendo algo prolijamente estudiado, letra sobre letra sobre letra y así, en orden, como golpes, cortaduras limpias en tu cara, en cada brazo suicida y permanente. No las sientas.

Y la misma sangre que caiga, gota sobre gota, se leerá como el agua y la sal contenida en cada infierno.
Cada gota una palabra, una oración, un cuento, una buena letra pívot que gire hasta calzar en el destino pobre y exacto del fanático loop con el que dios nos entretiene a los nenes mientras nosotros vamos al kiosco esquivándonos entre todos para comprar algo rico. Ponele, pochoclos.

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Kaizers Orchestra “Di grind”

La noche desciende

agosto 18, 2007

Del único cielo
Que enjaula la visión de toda mi existencia

Tiraría los dados al mar
Saldrían blancos de mi mano
Es necesario decir el silencio

Pero las nubes caen

Yo esperaría a que se hundan
Y que el abismo los acepte
Sin hacer preguntas

Pure

agosto 15, 2007

Hemos tomado la medicación
Podemos funcionar
Otro día

Rima el sol y afuera hay risas
Entonces
Como ramas vaciadas de su canto
Mis párpados se abrazan a los ojos
A madurarme el miedo
Frente a todos los paraísos en los que yo me desnudé
Como un nido en la boca de un lobo
Que tose y se desarma en el destiempo
Abismo abajo
Hacia la fiesta de los huesos que nos visten de perlas y de brillo
Adonde la música es
Todo lo que yo no soy y que me esquiva
Sombra del hueco vacío en el que bailo mi encierro
Inútil
Mensajero que anuncia la ceguera compartida
Del cielo y de la tierra
Y de su imposible horizonte
Para exprimir de ellos mucho más que una laguna
Y reconocer por fin que la poesía es solamente su voz
Y decir
Que ya entiendo la verdad
Y la consiento
Porque yo no sé de sueños
Sólo un poco del silencio que florezco
Para tapar las espinas
Y que vuelvan los pájaros

Wake Up

agosto 7, 2007

De nuevo tengo ante mí la puerta. La miro y recorro mentalmente el camino de mi mano con la llave hasta ella. Trazo una línea con la mente y mientras lo hago imagino las mismas sensaciones una y otra vez (siento cómo gira cada vuelta y puedo verla abrirse. cada centímetro. cada tabla del parquet por delante de mis pies).
Todos los días hago el recorrido varias veces mentalmente, pero si pudiera ser sincera, debería confesar que todavía no sé cómo hacerlo.
Quizás sea por eso que sólo me dedico a esperar.

Duele el estado de fascinación con el que esperamos que las pinturas broten de nuestras manos, alucinando sombra y luz que cae desde lo blando por las canaletas suaves de una nada que se anhela y se aniquila en el rincón preferido de la noche, como un cese histórico dibujado sobre el pentagrama de nuestros cinco dedos. Algo como un abandono huracanado escrito especialmente para piano y tinta.
Las cuerdas se tensan como un último milagro y los gusanos las pasan por debajo, en una carrera solidaria, todos en hilera y a la voz de tres.
El natural modo con el que tropiezan ante la amenaza, ese crujido espeluznante que anticipa el golpe de sus insignificantes figuras, mitad contra el lustre y mitad contra la pared más húmeda de la cueva nos despierta lo suficiente como para sentir nuestra propia caída sobre el azul cactus de la hierba, planos de sentido. Como dibujos.
Y nos abrazamos a la tierra a través del hilván que la química se sabe bien. Y nos dejamos convencer de que abajo no hay nada (pero ese simulacro de piso no es más que una medianera al infierno). Y giramos espantados la cintura y la costura cede un poco y se nos desprende la tarde, y ya no hay papel sino galletas con la sonrisa sostenida de las partes (pero la química nos dice que abajo no hay nada) y las paredes son cielo, y son mar y son pronto, porque la espera nos excede (y abajo no hay nada) y ya casi es de día y hay que levantarse. Porque es de día. Y hay que levantarse.
Porque es de día.
Y hay que levantarse.

Arcade Fire – Wake Up