Cortitos sobre Aguirre

“Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia”
Francis Scott Fitzgerald

Ciertas espumas a partir de las babas de un sonido inexistente le pinchan una esquina lunar, le aplacan la semilla, le pausan el anhelo, serenan y alisan las pasiones de Aguirre.
Para él es exasperante tanta calma. El silencio no se le rompe ni con piedras. Igual no importa. Él cuenta con la posibilidad de que el silencio también sea falso.

No me animo a escribir nada si todo es sospechable, dice siempre Aguirre, la libertad pasa rozándome la reja en un finito arriesgado: Alguien bien cerca de las vías del subte, mi viejo matando chanchos, una olla de agua hirviendo cayendo sobre mi panza.

Hoy escuché a Aguirre decir que las vitaminas hacen que sientas que Nietzche era un pelotudo (y eso aparte del rejuvenecimiento y la vitalidad). Él supone que la depresión genera pensadores y el amor pasional, poetas. Qué será entonces lo que genera el amor, me preguntó, sino la ingobernable necesidad de escribir una poesía?

El accidente de que exista el tiempo restante es lo que le agota las salidas a Aguirre. Es la circunstancia de tanta gente por todas partes. Un ocurrir desgraciado son, en su vida, los extremos de la pena y del baile.

Se eleva cierto fervor admirativo ante la observación de las formas más elementales de mi amor por Aguirre. Saber que sólo es un germen no me resuelve el conflicto ni le quita gravedad al asunto. A lo mejor, si yo pudiese saber qué ideas absurdas pasan por la cabeza de este feto transparente, sería capaz de adelantarme.

Todas las mentiras y fantasías que seleccioné para negar con corrección, como los conformes que se acuestan sobre el quebrado silencio aferrados a las piernas de una mariposa, no me alcanzan para olvidarme de Aguirre.
Vivimos para ver caer el dado del lado inocente. Para gritar culo, dar vuelta el brillante y describir lo que nunca estuvo.
Soy el monstruo que canta a través de su ojo siniestro.

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2 comentarios to “Cortitos sobre Aguirre”

  1. lobo. Says:

    Si algo le respeto a Aguirre es que haya leído a Nietzsche, pero no le creo lo de las vitaminas. Con ellas y sin ellas, Nietzsche igual era un pelotudo de tomo y lomo. Incluso sospecho que él también lo es, porque hay que serlo para creer que el amor pasional engendra poetas. Los poetas son de otra mata, con raíces bastante retorcidas y poco profundas, y florecen con el agua que no beben, soñando siempre en el Qué pasaría si no sufrieran de espasmódica y recurrente impotencia. El amor pasional genera amantes, a quienes poco les importa lo que el poeta sueñe y quienes ponen en práctica lo que aquél, a lo mucho, imagina, sumido en la incertidumbre y escondido tras una prosapia que no le pertenece. También estoy tentado a creer que Aguirre pudiera ser un poeta, por su acepción acerca de la causa generacional del amor; porque al igual que éste, él también dimana algo de falso. Luego entonces, lo que le corta las salidas no es el tiempo restante, sino la imposibilidad de que lo tenga… Ah, si tan sólo pudiera llevar a la práctica, por una vez, lo que imagina y no lo malgastara (el tiempo) en escribir poesías.

  2. Laviga Says:

    Lobo, cada vez que lei a Nietzsche me deprimi y tuve que zambullirme de urgencia en Witman como para zafar un poco. No se si era un pelotudo Nietzsche, lo que si se, es que, a mi ver, era un reverendo hijo de puta.
    Y de los poetas, que decirte. Siempre tan arrimando el bochin vos, eh…

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