Archive for 25 junio 2007

Hello… you wanna cup of coffee?

junio 25, 2007

No trates de suicidarte. A nadie le interesa demasiado.
Un sentimiento tan intenso, la acción más íntima…
(te recuerdo que cuando nacés hay al menos dos personas
(a la muerte, en cambio, la podés vivir a solas)
Interesante detalle, no?)

Los sostiene tanta contractura numeral, la nota exacta que eligieron para darle a las canciones lo que le roban a la vida, esa pieza rota del Universo donde nunca faltan ni un cigarrillo ni un árbol. Añitos tristes de soledad dormida, de bandoneón polémico, de suspicacias y remires de alta graduación gaseosa blandiendo voluntades por no decir artificios y madrepatrias (o selvas).
Titulados Reinas, ya nada más les queda por pretender que alguna caricia olvidada o el recuerdo arrinconado en un tangal malevo en el que cantarían todos los parias (machos y hembras) a los que alguna vez amaron. Una armonía pasajera, inmediata, de varios pero pocos segundos y personajes.
Cierto egoísmo corre hoy por la casa. Solo en la cocina hierve algo compartible.
Las personas que se acercan ¿sabrán que el protoplasma en el que flotan los dramas está preparado con un licor finito de absurdia?
El estigma de los escribientes parece ser la velocidad que adquieren las palabras superando muchas veces las crisis vocales con herméticas consonantes cosidas a los detalles que de otra manera se habrían ahogado en un mar de odio rabioso (ellos prometen compensar lo que les falta empardar cuando lleguen a las buenas mientras yo me visto de gota que rebalsa o de colección de presagios para esperarlos (una porción para cada uno (yo sería un muy ideal destino modular para todos mis futuros), e intuyo (a pesar de mis manos) que la realidad no me cree cierta (si no, no se explican tantas dudas a la hora de tocarme, siempre mirándome de lejos, de refilón, a mí, que no soy una cuestión de fe sino algo bastante menos que eso, algo como el serruchito de las hojas deshilachando el conciente como a una pluma de nylon, la ensalada mancillada, el cigarrillo en la taza, la estufa que ni ahí alcanza)))
Hablamos (hablamos hablamos) de todo lo muerto, cascaritas blancas que nos amanecen, prudentes ante todo. Paz. Paz, y no sabría decir qué otra cosa.
Parecería que denominador y dominado se simplificaran y se fueran tachando y tachando como si el resultado pudiera cambiarlos en algo (el show de los ruiditos acalambrando mano sobre mano sobre todo sobre mí, que me sigo rebalsando de esperas).
Miro (miro miro) lo que duran los hasta el filtro del cigarrillo desde una pose que fue desarrollada para cada una de sus formas (creo que nada me entusiasma más que jugar a que me adapto a todo (creo sinceramente que esa es la única manera de mentira que yo puedo tolerarme)), y a mis pulmones golpenadome con sus puños para que yo me despierte y no siga durmiendo sobre los humos celestes.
Y cuando ya no esté la moto, cuando sea simplemente una búsqueda tranqui de qué habrán de ofrecer sin golpear a la vara de cemento con piñatas irrompibles, cuando el futuro se instale en la duda que existe en este instante entre dar un enter o levantar la taza (igual, siempre está el recurso de pasarse cuatro años en cana por alguna sonsera o evitar el yerro y que la bala entre como tragada por un esófago ideal hacia el cerebro), cuando algo más que la nada tampoco nos importe, cuando la resma se resigne al estante…
(cuando ya no esté la moto, yo no sé, cuando todo se detenga, quién, quién, al fin y al cabo, quién, cuando todo se detenga necesitará algo más,
algo más que
algo
más
que
levantar
esa
taza?)

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Hetaira

junio 18, 2007

Entre algodones
días de hospicio
Todos somos
frascos sin sentido

La esclava se esforzaba por aprender. Tironeaba del corsé con precisión y rapidez.
Pronto no serían necesarias más vírgenes que ella para vestir a la reina.
Pronto sólo con ella alcanzaría.
Pronto quedarían las dos en la alcoba.
Solas. Con el tiempo suficiente.

Circunstanciales

junio 10, 2007

A veces, incluso las personas más quietitas se enfurecen de golpe. No depende de los estudios, de la cultura o de las políticas de vida, sino de alguna energía injusta y antigua que se adueña de sus arterias, de las piedras de sus músculos, de las entrañas, de los lugares más oscuros del alma.

Mientras pesca, piensa que mejor no podría pasar sus domingos. La costanera siempre le calma el stress. Sentado frente al río, observa a los aviones despegar y se abrocha el cinturón. Por la ventanilla ve cómo una de las turbinas se incendia y desde el fuego, a la india cocinar las vasijas. Amasa el barro mientras mira a los caballos correr salvajes. Fecunda a una yegua al paso de la caravana peregrina que desconfía del águila. Observa desde el aire al tren, y sentado en el último vagón, ve la aglomeración de autos detenida en el paso a nivel. Toca la bocina como loco y cuando sube la barrera, acelera hasta el puente y el ruido y la congestión lo detienen y se baja y se asoma al río desesperado. Allí distingue una trucha saltando. Nada por horas buscando alimento hasta llegar a esa delicia suspendida de eso tan brillante. La muerde. Siente el tirón. El terror lo paraliza, el sedal lo asciende. Antes de la asfixia alcanza a verse a sí mismo. Tranquilísimo. Pescando. Como cada domingo.

Cortitos sobre Beatriz

junio 7, 2007

Betty, vení, Betty. Betty, Betty, vení Betty, vení. Betty, Betty, Betty. Betty. Betty. Betty, vení. Vení, Betty, vení.
Betty… Betty, vení Betty. Vení, vení Betty. Vení.

Beatriz no se mueve más que para temblar y ese temblor le borronea el contorno. Será que cree que las olas la pueden golpear en seco, que son como Haikus, formales, ordenadas y consentidas.
Pobre Beatriz, que no conoce el mar y por eso le teme.

Cuando suena el track de las ballenas, Beatriz se lamenta y murmura algo sobre caballos, cosas que no entiendo entremezcladas en una masa particular de sonidos modernos, un lamento de felicidad que tunea la pena.
Cuando suena el track de las ballenas, ella murmura sobre caballos.
Aunque todos sepamos que se trata de ballenas.

Tira los dados, golpea con los nudillos, se hace la brava y grita ¨Chapita!¨. En la siguiente escena se dedica a probar instrumentos de viento. Todos suenan lo que yo me obstino en llamar mal.
Hace tres días Beatriz estuvo a punto de morir atragantada con la cereza que recibió de labios de un didgeridoo.

Cuando le canta al agua, ella la nombra en secreto. Yo no termino de entender qué es lo que me atrae de Beatriz si a mí los secretos me alejan. Además, el agua que ella describe siempre está helada. No hacía falta el secreto. Me habría alejado de todos modos.

En la canción de despedida, Beatriz canta a capella. Casi al final, pasa un pájaro aleteando y ella silva bajito hasta desaparecer. Fade out. Después, todo es silencio.

Ella cría ciervos. Qué suerte para tus ojos, le digo cada vez que sale el tema. Beatriz me mira extrañada. Creo que nunca va a entender el chiste.

Cortitos sobre Aguirre

junio 4, 2007

“Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia”
Francis Scott Fitzgerald

Ciertas espumas a partir de las babas de un sonido inexistente le pinchan una esquina lunar, le aplacan la semilla, le pausan el anhelo, serenan y alisan las pasiones de Aguirre.
Para él es exasperante tanta calma. El silencio no se le rompe ni con piedras. Igual no importa. Él cuenta con la posibilidad de que el silencio también sea falso.

No me animo a escribir nada si todo es sospechable, dice siempre Aguirre, la libertad pasa rozándome la reja en un finito arriesgado: Alguien bien cerca de las vías del subte, mi viejo matando chanchos, una olla de agua hirviendo cayendo sobre mi panza.

Hoy escuché a Aguirre decir que las vitaminas hacen que sientas que Nietzche era un pelotudo (y eso aparte del rejuvenecimiento y la vitalidad). Él supone que la depresión genera pensadores y el amor pasional, poetas. Qué será entonces lo que genera el amor, me preguntó, sino la ingobernable necesidad de escribir una poesía?

El accidente de que exista el tiempo restante es lo que le agota las salidas a Aguirre. Es la circunstancia de tanta gente por todas partes. Un ocurrir desgraciado son, en su vida, los extremos de la pena y del baile.

Se eleva cierto fervor admirativo ante la observación de las formas más elementales de mi amor por Aguirre. Saber que sólo es un germen no me resuelve el conflicto ni le quita gravedad al asunto. A lo mejor, si yo pudiese saber qué ideas absurdas pasan por la cabeza de este feto transparente, sería capaz de adelantarme.

Todas las mentiras y fantasías que seleccioné para negar con corrección, como los conformes que se acuestan sobre el quebrado silencio aferrados a las piernas de una mariposa, no me alcanzan para olvidarme de Aguirre.
Vivimos para ver caer el dado del lado inocente. Para gritar culo, dar vuelta el brillante y describir lo que nunca estuvo.
Soy el monstruo que canta a través de su ojo siniestro.