Ese Modesto Vértigo

Yo ya no puedo sentirme las manos. Tiempo a tiempo se retuercen anémicas a través de estos paneles muertos de papel de barrilete.
La imperfección del amor separa al mundo entero de la nube.
Y estoy
y soy como una muchedumbre de porcentajes
soy cinco y nadie ve.
Acontezco sujeta.
(y si a alguien satisface todo esto, no es a mí).

El sueño nos despedazaba y no sé si estábamos dirigiéndonos por una caída al pozo simple de la pereza de ser o si nos habíamos adelantado para ver si más allá del infame cartel de nosotros ya estaba todo desmantelado.
No puede llevar demasiado investigar, dijimos, no es un gozo despreciable y siempre viene bien un intervalo en la indolencia.
Quizás aquellas dudas eran las almas depuestas, o el segundo despertar del vacío de los ojos. La acidez invasiva que le dilata el flemón artístico a todo aquel que se dice hombre.
Yo estaba dispuesta a la aceptación del fracaso ni bien tocara el fondo del abismo biológico. Sería como un último homenaje a la esperanza. Mediocre.
Otra promesa podría haber sido el niño que tenemos que inventar para que habite el terreno del que la mar de las veces nos declaramos ausentes.
Para salvar a la noche.

Rompiendo el azul estábamos buscando la manera, secreta y ágil, de arrancarle al silencio algún jugo como de cuerpos.
Y sostenía el mío en frío y en silencio, examinando los auscultes que hay en cada dolor placebo o en las ausencias extremas y conversas que catequizan los fulgores del pulso abierto o recién suturado (para que de ellos se alimente el oculto monstruo del tórax).

Lo que dicen del lugar para cada cosa y del no llorar por la letra y sí por los ojos la pena que se abrió en mi agrisado contexto de paz, ese del sonido que se estrangulaba en la garganta, ese de la apuesta del contra beso al resto, es de a ratos tan cierto.
En el gusto de mis ansias danza una miseria abierta. Éste es el sonido del desorden que me inicia en el olvido.
Estoy entre una nube y ahí me voy liquidando para bajar militarmente
a desaparecerme en el su río de paredes a volcarlas.
Cuál más será desde ahora ese sonido?
Estoy en tu cabeza, pensé que le oí decir. Que él sería algo muerto, que mi vida sería aparte… que estamos separados… que nosotros estamos separados.
Funcionamos.
Morimos de hambre a las cosas.
Las divinas aguas borrachas roban de mí azúcares.
Les siento el comenzar a tomarme.
Adónde se fueron todos los enjambres que ahora yo necesito para ahorrarme?
Cómo pudo realmente haber muerto la nostalgia completa de lo nunca celebrado?
Acuno en mí la conciencia de la llaga de haberlo percibido.

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5 comentarios to “Ese Modesto Vértigo”

  1. Vicente Says:

    ——————————–
    antes, mucho antes, él hubiese escrito (es de gelman, claro)

    Preguntas

    Ya que navegas por mi sangre y conoces mis límites
    y me despiertas en la mitad del día para acostarme
    en tu recuerdo y eres furia de mi paciencia para
    mi dime qué diablos hago por qué te necesito quién
    eres muda sola recorriéndome razón de mi pasión
    por qué quiero llenarte solamente de mí y abarcarte
    acabarte mezclarme a tus huesitos y eres única
    patria contra las bestias el olvido

    de Perros célebres y vientos, “Cólera buey”
    —————————————–

  2. Laviga Says:

    Si, seguramente.

  3. lobo. Says:

    Bueno, ya escuchamos a Juan Gelman. Ahora, si le preguntamos a Jaime Sabines, seguro diría:
    —————————
    Los amorosos andan como locos
    porque están solos, solos, solos,
    entregándose, dándose a cada rato,
    llorando porque no salvan al amor.
    Les preocupa el amor. Los amorosos
    viven al día, no pueden hacer más, no saben.
    Siempre se están yendo,
    siempre, hacia alguna parte.
    Esperan,
    no esperan nada, pero esperan.
    Saben que nunca han de encontrar.
    El amor es la prórroga perpetua,
    siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
    Los amorosos son los insaciables,
    los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.
    […]
    Los amorosos se ponen a cantar entre labios
    una canción no aprendida
    Y se van llorando, llorando
    la hermosa vida.

    extracto de Los amorosos
    —————————

    Y si me preguntaran a mí, que por fortuna no lo han hecho (pero hagamos de cuenta que sí):
    —————————
    No entendí nada.
    Viga, podrías repetírmelo de nuevo, en esta ocasión, con peras y manzanas?
    Quizá al oído, muy quedo, suavecito…
    Mientras averiguamos si la Nostalgia murió entera, de un sólo golpe, o a retazos, deshilachándose… Si fue suicidio, si fue de pena, si fue de ganas o por la simple ausencia de éstas.

  4. Laviga Says:

    Con peras y manzanas, ok.
    A ver…
    Resulta que habia una pera muy pero muy encantadora.
    Un dia como cualquier otro, de esos nada especiales, de esos del monton, esta bella pera se enamoro de una manzana verde.
    Por suerte para ambas frutas, el amor era mutuo (para una manzana verde, las peras encantadoras son irresistibles).
    Con el tiempo, y gracias a la compania y el amor incondicional de la pera, la manzana comenzo a madurar y a ponerse mas roja y jugosa.
    El final fue raro, porque una vez que ambas estuvieron a punto, les parecio una picardia morderse mutuamente (yo creo que no querian acabarse el uno para el otro).
    Fue entonces que cada una eligio buscar por su lado el diente al cual entregar la cascara (que es donde estan las proteinas), la pulpa y el jugo.
    Algo asi.
    Tambien esta la version Sapos y Princesas, pero es mas triste, porque el sapo besa a la princesa y la convierte en rana y como no habia arroyos cerca los dos se mueren de calor y de sed. Un desastre.
    Se entiende ahora?
    Y de la nostalgia, que decirte… es como los gatos.

  5. DudaDesnuda Says:

    Hay dolores extraños. Morir de nostalgia por algo que no sucederá jamás puede ser uno de ellos.

    Besos sin cáscara.

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