Archive for 30 mayo 2007

Ese Modesto Vértigo

mayo 30, 2007

Yo ya no puedo sentirme las manos. Tiempo a tiempo se retuercen anémicas a través de estos paneles muertos de papel de barrilete.
La imperfección del amor separa al mundo entero de la nube.
Y estoy
y soy como una muchedumbre de porcentajes
soy cinco y nadie ve.
Acontezco sujeta.
(y si a alguien satisface todo esto, no es a mí).

El sueño nos despedazaba y no sé si estábamos dirigiéndonos por una caída al pozo simple de la pereza de ser o si nos habíamos adelantado para ver si más allá del infame cartel de nosotros ya estaba todo desmantelado.
No puede llevar demasiado investigar, dijimos, no es un gozo despreciable y siempre viene bien un intervalo en la indolencia.
Quizás aquellas dudas eran las almas depuestas, o el segundo despertar del vacío de los ojos. La acidez invasiva que le dilata el flemón artístico a todo aquel que se dice hombre.
Yo estaba dispuesta a la aceptación del fracaso ni bien tocara el fondo del abismo biológico. Sería como un último homenaje a la esperanza. Mediocre.
Otra promesa podría haber sido el niño que tenemos que inventar para que habite el terreno del que la mar de las veces nos declaramos ausentes.
Para salvar a la noche.

Rompiendo el azul estábamos buscando la manera, secreta y ágil, de arrancarle al silencio algún jugo como de cuerpos.
Y sostenía el mío en frío y en silencio, examinando los auscultes que hay en cada dolor placebo o en las ausencias extremas y conversas que catequizan los fulgores del pulso abierto o recién suturado (para que de ellos se alimente el oculto monstruo del tórax).

Lo que dicen del lugar para cada cosa y del no llorar por la letra y sí por los ojos la pena que se abrió en mi agrisado contexto de paz, ese del sonido que se estrangulaba en la garganta, ese de la apuesta del contra beso al resto, es de a ratos tan cierto.
En el gusto de mis ansias danza una miseria abierta. Éste es el sonido del desorden que me inicia en el olvido.
Estoy entre una nube y ahí me voy liquidando para bajar militarmente
a desaparecerme en el su río de paredes a volcarlas.
Cuál más será desde ahora ese sonido?
Estoy en tu cabeza, pensé que le oí decir. Que él sería algo muerto, que mi vida sería aparte… que estamos separados… que nosotros estamos separados.
Funcionamos.
Morimos de hambre a las cosas.
Las divinas aguas borrachas roban de mí azúcares.
Les siento el comenzar a tomarme.
Adónde se fueron todos los enjambres que ahora yo necesito para ahorrarme?
Cómo pudo realmente haber muerto la nostalgia completa de lo nunca celebrado?
Acuno en mí la conciencia de la llaga de haberlo percibido.

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La Elegancia de las Formas

mayo 20, 2007

“escuche decir
que el juego termina
y te vi correr
por las calles del odio
vamos a hablar
de las sombras
que esperan ser vistas
vamos a hablar de esta herida
que sangra de noche”

Cuando ella le contó del desastre, habían pasado algo más de dos meses. A él se le ocurrieron algunos chistes fáciles, pero como no era tan boludo, se tragó en seco el atrevimiento y se puso de golpe un poquito más serio. Ella siguió explicándole que entre la distancia en metros y la que había en días era mucho peor la de los días porque no podía más que agrandarse. Le habló del accidente y de cómo la recuperación la había llevado a conocer gente extraña.
– ¿Vos no tendrás un gajo de ilusión como para pasar la noche? ¿Como para que deje que el hielo se desfonde al menos por un rato? Una puerta hacia otras dimensiones, tal vez menos frías.

Onetti habla de una ella tan triste que necesita de revólveres diminutos para deshacerse del niño enorme. Un escritor amigo lo torneó (al cuento) como para que el cañón del revolver adquiriera un calor desde adentro de su boca. Usó la palabra “lamiéndolo”. También usó “farsa”, “fallido” y “cráneo”. Nada de buen final ha de poder escribirse con esas palabras.
– Hablate algo del poema inexistente, me pidió. ¿Qué te anda faltando que no sea fácil de encontrar?
O de heredar.
A veces me despierto a la tempranísima hora de siempre y me quedo pensando en dónde, o en el por qué de algunas pocas cosas. Es la peor hora, decía Juan. Yo creo que él se debe haber matado cerca de las cinco. ¿Habrán crecido hongos en su tumba?

Si ella hubiese sabido que él se iría convirtiendo en de mármol, le habría leído muchas más cosas al oído. Pero estas cosas se van sabiendo lerdas y las respuestas llegan cuando ya las preguntas están embalsamadas y puestas (muy puestas) al resguardo de los otros. Solo algunos trabajamos con té. Otros prefieren un agua mineral, o varias botellas de vino. Para mí, la elegancia de las formas es fundamental. Los suicidios no deberían ser escandalosos, así como tampoco deberían serlo las soledades autoimpuestas.

Él se inclinó y le ofreció “dame el humo de tu boca” y algo paralizó la distancia.
Como única referencia, sólo aparecían álbumes de música y algunas fotos con puentes. Puentes. Puentes. Acá iría una frase del tipo: Malditos puentes!!, pero ya ves, la elegancia.

Eleonora no toleraba que nadie se le saliera de sitio. Y caminaba, y así le daba ritmo a la razón, arrastrándose cuerpísima, dulcemente arrastrando.
Ella se dejaría que le chupes el cuore, corazón. Que te lleves todo lo que su sangre te sirve en cantidades adultas y calidades de infante.

El jueves oí hablar sobre el final de las cosas. “Lo último no es simplemente la nada”.
Ni el olvido, ni el silencio. Lo último será el intento por entender, o por alguna otra cosa. El intento. Lo humano tiene eso. No Pedro? Lo humano tiene eso.
Esto podría ser una carta, una adivinanza o una confesión. Podría ser un dibujo, un arrecife y hasta la mitad de un sachet de leche. Da lo mismo lo que sea mientras ocupe paciente el soberbio lugarcito que le dimos. Otro de esos giros extraños que tienen las novelas modernas.

Sueño con Serpientes

mayo 20, 2007

“No quepo en su boca, me trata de tragar
pero se atora con un trébol de mi sien.”

Y cómo
si ya
va que ya vas
siendo tu gran Mismo
planísimo sistema
Autorivotrilante vos
escindido, lanzado, alejado
como penamente pueda yo
de y desde mí
mala trecha extraviada
hacia tu Afán
Y a más
mucho menos ya de mí
en demonstrancias nulitas
La nada nada se queda
y perpleja
Y acorralado mi verde permiso
natural como te fui
de brillanzas y riquezas
por ver a tu velero en desalmada osadía
retarme en mis tres días
a un reduelo marabunto
Locales las disculpas
de mi gris inalterable.

(hoy ya todo subscribe a favor del olvido)

Watershed Divide

mayo 19, 2007

El mundo es de los que nacen.
Yo creo que le tengo más miedo a nacer que a la muerte.
(por eso esta caligrafía rápida y el tamiz aceitado por el que hago pasar el tiempo, escurriendo lo banal y dejando las toses de la inspiración sobre la enrejada superficie coladora, desnudas, como besos calientes).

Hoy pensaba en cómo sería tal canción a ojos cerrados y con un sobretodo puesto por sobre lo sobrepuesto de la noche. Esa que nos pide más, que corramos, que le ganemos al perseguidor que nos viene mordiendo el pelo.
Los pies sonarían como relojes. Atravesaríamos las mismas cajas de cartón que alguna vez nos envolvieron.

La humedad con la que se empañan los vidrios de la casa, esa grotesca necesidad del aire de imprimirse en mis ventanas (la atmósfera debería estamparlo contra el piso en forma de laguna gris) se hace más hambre que nunca y sé, que de estar el charco, yo lo pisaría (juro que sentí el olor del agua y hasta el ruido que hacen mis zapatillas cuando corren mojadas).
Pero me quedo de este lado.
Todavía hay tantas cosas que no van a pasar.
Más de veinte días hace que el agua sube y baja por el ambiente.

“Tu boca es un paseo de compras que se inunda. La primera vez yo tuve algo de miedo, claro, me imaginaba a todas tus amantes buzo recorriendo los pasillos con llaves Stillson, listas a cerrar las válvulas para que no te ahogues.
Tan grande es la manera del agua, que hasta los fósforos deciden callarse. El aire es de pasta y el pedal se hace a cada instante más y más ligero.
Nada es señal en vos, ni el sol, que sale de a ratos.”

Si suena bien, está bien. Pero algo terrible acontece. Entonces dejamos de sonreír y los días se convierten en un invento a pulir. Después, todo es llegar tarde.

“Salí de la casa y solo encontré tierra. Una tierra toda llena de certezas. Un manicomio marrón. Un despropósito universal que nunca iba a ser nada.
Y vos también.
Salíste de la casa y solo encontraste tierra.”

No nos une más que un adiós no dicho y un dios,
que descansa en los que como yo, ya no le creemos nada.
Una hipoteca sobre el tiempo, un a ver quién vive más alto, más calmo o más agudo… relieves o lisitos. Día a día pasan los días.
No quiero vivir por mi causa.
Si yo estuviera loca no tendría que andar inventando cosas.
(el reloj sigue excretando arena mojada)

Capitular

mayo 19, 2007

Un alero de agonía, la aspereza de la sal contenida entre los ojos, una tráquea anegada en tinta seca.
Así la estrategia miserable del olvido.
Ya ves, no puedo ni nombrarte.

IV- (Forte)

Él se presenta
mayórdoma señal,
de mis palmas debatidas
sobre víctimas y agostos
Abril triunfa en desconciertos de cámara
de arrebato fatal
de comienzos
principios
y así
como todo
se envilece
también
el aire
El Rey
la voluntad de morir
la de matar en julio.
Y el fuego que siempre arde entredientes
acuerda
Y luego firma.

VI- (Fortísimo)

Era algo que golpeaba
pesado
las mentes
Y de las vendas goteaban las ranuras
(es que la cabeza siempre gira en algo,
decía)
las muertes detraídas
las figuritas importadas
gente que hubo, que amaron
y murieron
tan solamente.

V- (Allegro – Vité)

Decidimos los tres
dar al entierro por nuevamente terminado
Estampitas repetidas de nuestro álbum budú
Y me reí
Y recibimos a pesares
apretones
atriunfos
vinagre
y cada uno un cuatro inviernos
(con dependencia)

I- (Andante)

Migrando
(la desesperación pica en los dedos de adelante)
como panteras
de la selva a la selva silenciosa
oscilando huesos y miedos
Creyéndose música
en cualquier estadía
que le peine lisa sus pieles y espinas
(y de sus patas remueva la verdad más infecciosa).

VIII- (Magnificat)

“Magnificat anima mea Dominum”
Así practico los restos
los enseres usurpados a un amor inconveniente
y toca él del piano los más bellos tambores
armónica de nadies
y me describe sin hacerlo
la canción de las canciones
la de los cuatro olvidos importantes
(manos minúsculas firman escri(ben parti)turas).

VII- (Adagio)

Un bruto capital de savia vitalicia
colabora en silencio
al remedio
faro que se planta
grito que me empaña
Es muy firme su luz
De malicia en la frontera.

II- (Vivace)

Llegará.
Su gran ojo me guiña los paisajes.
Quizás cuatro docenas de polillas ayudaron a su venda
(ella luego mató a las polillas, se retiró y jugó hábilmente lo que había quedado abierto) La venda, que ahora se desliza a través de la frontera a jugar con los temblores.
Y con los oficiales. Ellos siempre soldados uniformes
infelices
sin sus mandos naturales
descorren y fuerzan fieramente
(pero ya tarde son para todo y no lo saben)
sus partes, el fuego opulento y el registro
el descubrir al hombre
que debía carne-gancho-hierro
ser
deshuesado compañero.
Graciosamente. Y acordó un paseo prodigioso
suave y fluorescente
a tiempo compartido en la deshonra
tarde
a golpear las pieles
intento guardarino en la etiqueta del trapo bien a tiempo.
Por qué el infierno, decía, era su venda, y ella
y ella

III- (Pianissimo)

ella no importaba

Los millares de manos invisibles
Femeninas lumbreras
saldrán a auxiliar a los vencidos:
Amar a tiempo de la venda,
haciendo de una sección entera
la secuencia de sus solos de violines.

IX- (Presto)

El resultado fúnebre integral
nuevoprincipio
fusión de tradiciones ambulantes
tus cenizas
antepasadas de ejecución
lenta caída.
Una venda extensiva
Tampoco cegaría la pena.

X- (Scherzo)

Mi guiño, por siempre vencida
Reparadora venganza
Vaya con mi firma
y mi cansancio
Mi sombrerazo final hacia la muerte.

Rapture

mayo 9, 2007

Está escrito y hay que hacernos madre, ser patria, isla y puente hacia nosotros. Murmullo y graznido lento que se desplaza de 78 a 45… 33… 16 rpms. hasta desaparecer al silencio gutural del útero propio, de tules y aguarosas.
La oscuridad del barro se alumbra ante la ausencia del miedo y festejar que todo sea es tan simple que duele, que trista los ojos, marea la razón, miseria los huesos subterráneos que se quiebran como ramitas nacidas para fuego.
Nos estamos extinguiendo quietamente.

Desnuda la memoria frente a la verdad irredenta, dejo derrapar los fragmentos que de mí caen a estrellarse en su igual del agua que me extingue, huérfanas ambas de nosotras mismas, cuando menos, y del alma.
Y las sábanas se lavan, se secan, se queman y se vuelven a lavar. Es un retrato orgánico esa acidez y tanto ese silencio enmarcándolo todo.
La vida se nos vive encima. Nos suspende de la decisión, se nos hace sola.
Es obscena tanta inutilidad final ante la propia sombra y su monumental carcajada.
“He de morir en mi sombra
cualquiera que sea
y mi sombra será
la que me venga a buscar”
Si fuera hombre entraría como amante. Vivoreando el cuerpo y mi imagen, reptando y creciendo para cubrirme de mielina todas las veredas.
Pero la noche llega a mi tragedia de razones (no de besos, Alejandra, no de besos).
Y el silencio
Delimitando
Una explicación
Última
Para después salirme yo de las cosas.
Una cuenta, una demostración. Algo en la lengua que aletea que no la olvide ni la engañe.
Tantos libros encallados que se entregan en una crisis ingenua, espasmódica de fe y se fingen mujer enamorada.
Qué mal negocio es ser inquilina de la fe, decía el Gran Fumador.

Entonces la agarré de los pelos y la obligué al suelo. Le sostuve una mano y con mi bota le pisé la mejilla derecha. El taco le sacó un poquito de sangre de la comisura de los labios (nunca me imaginé tan filosa). Ella forcejeaba.
– Siempre te negaste a obedecerle a mis caricias.
Con mi mano libre le subí el volumen al equipo. Apreté la bota.
Su único y subversivo ojo abierto acompañó a la canción.

Adentro mío se producía una dulzura incomprensible pero su resistencia excedida de toda razón y tiempo hacía embudo en una única salida. Quité mi pie de su cara y le solté el brazo. Ella solo atinó a cubrirse.
– Vamos, aflojate, tontita, que a poco me saben los besos que te robé.
Se tocó el labiecito. Miró su sangre primero y luego me miró a mí.
Me sentí tan despreciada.

Solo recuerdo que caí sobre ella y ya no pude detenerme. Le abrí las piernas forzando sus muslos. Sus rodillas cedieron. Ella, tan arisca, tan cerrada, tan endurecida, por fin se ablandaba. Me entré caminando. Sentí mi sangre caliente rodeando mi carne.
Para cuando dejé de ver el rojo, la oscuridad ya era total.

Y mi pleura rebelde se deshará y todo lo de adentro por fin será unido.
Como besarse el cuerpo muerto y los algodones de la boca.
Los huesos también caerán en siniestra evocación de que es más de lo mismo este encierro que cualquiera. Se dormirán para siempre los dolores y el lunar. Un artificio metálico alertará a los gusanos si no ganan antes los de afuera. El párpado derecho hará malabares con cada imagen fantasmal y desde adentro entenderemos de a mitades los principios de las cosas.
Al menos por un tiempo. Probablemente con los días vuelva el tedio. Y con él una nueva angustia y con ella, de nuevo, el deseo por la vida y por volver a nacer y a nacer y a nacer.

La sombra del jilguero mudo.

mayo 6, 2007

El día que ella recicló la tristeza, me acuerdo, yo había salido a comprar pan como para tapizar el mundo. Volví cerca del mediodía. Ella ya había preparado las milanesas y sonreía. Hacía tanto que yo no la veía sonreír, que fue como un latigazo.

Me levanté del trato con el pie izquierdo. La luz de los candelabros no alcanzaba a iluminar el suelo de mi cuarto cuyo estilo se me caía a pedazos. Hacía meses que nadie podaba las paredes y las preguntas crecían salvajes madurando respuestas como manzanas.
El jilguerito mudo emitía lágrimas cada 7 segundos. Parecían ojos de parto y ninguna esperanza de volver a gritar creía yo verlo mordisquear con su pico.
De sus alas enormes salía la sombra en la que amamos, el escenario apagado, los días sin contar, la constante vacuidad en el atrás incuestionable, la trastienda de los ojos.
Traté de no tropezar, pero había un contrato al que no le cabían excusas, así que simulé la caída y me di la frente contra el marco de la puerta con la soberbia convicción de que había sido creíble. Llegué como pude a la cocina. La oscuridad y el golpe no eran buena compañía pero yo sabía lo que había que hacer. Busqué a tientas un poco de hielo y después de ubicarlo en el dolor, me preparé el desayuno, miré el reloj y calculé que a una lágrima cada siete segundos, el jilguerito no tardaría en deshidratarse más que lo que yo en terminarme las tostadas.
Una pena. Aún discapacitado, yo le tenía una gran estima.

Piedra, Papel o Tijera

mayo 2, 2007

Escribo para que los bordes de la cordura, esos que tocamos siempre antes iniciar la travesía, nos sepan a algo que se escapa pero vuelve.
“Je ne sais pas, je ne sais plus, je suis perdu.”

Creemos poesía a la baqueta del alma, explotada con piedad por un cuerpo sin retorno, a la otoñal manera de caernos compitiéndole a la virtud desnutrida de querer enterarnos. No existe el regreso, parece, si aún no partimos más que en pedazos a la inaugural esperanza de la bolsita rasgada. La nariz y el ansia voraz, la desdentada misión de convencer a la luna, la amenaza cierta del me das o te robo, el caudal de potencias que sin el hálito tramitado esquiva hasta el hartazgo y se nos hace un simple transcurrir simulando la vida.
Y entonces aprendemos a cicatrizarnos de los trabajos, del ascensor, del camino de ida, a remendar el soplo cerebral que nos muestra el gris en un foco inapelable (las linternas señalan los bordes claramente). Y se nos traba el horizonte y los bises nos atacan desde el jukebox de la noche.
– Tenés que Mirar, ya no te queda otra.
Mirar o parir, parir o reventar, reventar o Mirar.