Casualties

Todos querían jugar nuevamente y para eso debían dejar que yo me inyectara de nuevo. Solo así el sensible random podría funcionar.

Salí del cuarto y corrí hacia el palier segura de que en la puerta de entrada me estaría esperando con su tapado de piel, él siempre tan raro. Llevaba yo en una mano la impresión de que algo diferente iba a tener en la mirada y en la otra la de las fotos que me había pedido, unas copias horribles de su viaje a Europa, ese viaje iniciático del que volvió con piojos y una sed impresionante.
Me acuerdo que cuando lo fui a buscar al aeropuerto tenía la cámara colgando del hombro como si hasta último momento hubiera estado fotografiando la ciudad a la que nunca volvería. Yo sé, yo sé lo que le costó esa vuelta, o acaso no sé yo quiénes somos? Y ahora, sabiendo que está en la puerta, pienso que a lo mejor debimos evitar ese viaje. Todo el mundo nos miraba como a locos el día que dijimos que él se iba, alguien alcanzará a recordar? Y nosotros nada. Siempre tan nosotros, nosotros.
Yo en aquella época no tenía ni idea de cómo se armaba una valija. Lo más lejos que había ido era a General Villegas para una cosecha de soja medio tardía, a comer unos guisos que ni te cuento. Quizás hoy haga alguno. Como para no olvidarme tanto de que a veces la tierra enseña un poco.
Cuando traté de cerrarla (a la valija), él se rió porque yo no había calculado que allá arriba era invierno y me dijo que la empezara de nuevo. Nunca se lo dije, pero yo lo sabía y quise demorarlo. Me parece, ahora, viendo todo desde lejos, que yo también sabía que el viejo mundo no era para él. Podrán decir, si claro, podrán decirme que lo hice para retenerlo y quién sabe, a lo mejor lo acepto y todo con tal de no romper más nada demasiado.
Y de nuevo el timbre, y saberlo ante mi puerta me revuelve a aquella época. Qué tanto ocupa un año en la vida de la gente? Cuántos milagros suceden en una madrugada? Cómo se arrancan raíces sin herir a la tierra?
Pero ahí llegan a vigilarme. Visitantes llegan a mi celda. Traen jeringas de madera. Ellos vienen a decirme lo que pasa que no pasa y por qué pasa que no pasa. Sostienen hábilmente que yo me engaño con fiebre y con silencios. Oraciones falaces, dicen, como siempre. Hace ratos que ellos llegan. Y cómo entender que las más finas volaron y otras se negaron y hubo una primera vez? Mucha gente a la perfección, casi todos y la misma queja una y otra vez. No te hartás de oírnos grillos? Y siguen hablando.
A mí a veces me da un poco de vergüenza oírlos y por eso cambio a boludeces así finalmente se aquieta el espacio y puedo entretenerme con la fetal certeza de que ni bien se vayan voy a volver a inyectarme de mí. Un poco de madera que queme al insomnio voluntario de buscarlo en el asfalto.
Y después de hacerlo, yo que ya ni me suicido tanto ni nunca ni del todo, les dejaría un veneno miserable a las inevitables jeringas y organizaría una sucia limpieza. Volarían.
Y muchos llegarían, algunos hasta sin elegir orden. Yo creo que ya nada es casual.

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6 comentarios to “Casualties”

  1. luc Says:

    Me gusta, si. Pero, insisto:

    ¿Podrías hacerme el enorme favor (aunque sea por excepción) de abrir los cositos de interrogación?
    No te das una idea de la fuerza que pierde el texto y de lo feito que queda ese detalle.
    Prueba y verás.
    (No seás caprichosa te lo pido por favor)

  2. vicente Says:

    ¿ cuánto sueño hace cuando hace sueño?, primera pregunta.
    ¿ mares eran los de entonces y no estos que nos ven pasar sin suicidarnos?, segunda pregunta.
    ¿ qué se le pone a los higos para que no se destrocen en su almíbar?, tercera pregunta.
    Yo tuve un grillo, éramos chanchos amigos. El grillaba, yo lo dejaba. Cuando andando por ahí perdía las llaves de mi casa, él me alcanzaba la copia que ambos sabíamos estaba en el cajón de la mesa de luz. Así supo ser nuestro pacto. Un día desapareció por el largo cuello de la aspiradora (empleada nueva, a veces ocurre). Como no volví a dormirme desde entonces, hago copias de llaves. Tengo muchas. Muchas, pero ninguna tranquilidad mayor que la que me daba mi grillo.

  3. deapoco Says:

    “yo que ya ni me suicido tanto ni nunca ni del todo”

    por esa frase tendrás mi eterno respeto.

  4. Laviga Says:

    Luc, por qué SIEMPRE me pedís cosas horriiiiibles vos, ¿¿¿¿¿¿¿eh? Bueno. Para la próxima. Pero solo porque vos llevás cinco (5) años en esto. Y por tu amorosa ola, la que me rescató anoche.
    Vicente, si tendré yo historias de grillos y de llaves! Algún día le contaré… Con respecto a las 3 (tres) preguntas, ¿tengo que tomarlas como parte del pacto de seriedad? Hace unos sueños inconmensurables últimamente. Será porque nos vamos dando cuenta de que los mares son siempre los de ahora, los que bañan la arena que pisamos hoy.
    Y hablando de arena, una de cal creo que soluciona lo de los higos. Todo en sano equilibrio (como el asunto ese de las tortas y de las frutillas).
    Dea, estamos a mano entonces.

  5. Lobo. Says:

    A mí, la mayor parte del tiempo me cuesta recordar, ¿sabes? Dentro de la mente, mi percepción es un Continuum donde pasado, presente y futuro se guisan dentro de la misma sopa. Por ejemplo, hoy te conocí y, también hoy, hace mucho que te dejé. Generalmente es frustrante ese asunto, porque es como si te dieran una torta sin relleno… la tapa de arriba, la tapa de abajo y nada en medio. A veces pienso que me la niegan, porque es la que más vale.

  6. Laviga Says:

    Para mí que está bien que el tiempo se te superponga. Me lo imagino escrito y se me hace poesía. Un tiempo prosaico sería insoportable.

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