A mi media, a medias naranja, a medias perdida.

Cuando el cazador dispara, su estirpe guerrera se estremece en los genes al olor de la pólvora.
Cuando la presa huele la pólvora, sabe que también en ese olor va mezclada su sangre.
En ese momento, cazador y fiera son la misma presa.
Y después, el silencio, lavando los restos.

El libre albedrío debería incluir la elección de adónde queremos ir después de muertos.
Hay palabras que nacieron para ser últimas palabras y no sólo palabras no dichas. Quería ser magia y puente y no solo tener esa certeza de haber soñado, esa que nace segundos después de que el sueño se esfuma. Era como un tesoro, como si hubiéramos sido reunidos a la fuerza por alguna abrumadora circunstancia similar a una guerra o a una plaga y hubiéramos tenido que armar un mundo propio, plano y estéril. Gracias a vos conozco el río, y por vos no puedo cruzarlo.
Hace unos días sentí a la fuerza de gravedad pegarme como cachetazos en la planta de los pies. Até las sábanas con deseperación. Añoré mis alas y me entregué al barro, y busqué en la ventana el sabor del lino planchado de obsesión, a mil grados y con aroma a vereda infantil. El olor del camino inerme de las flores naranjas, el del subte, la rodhesia recién abierta, la chapita de Coca Cola, el del aire acondicionado en los autos nuevos. O ese olor a comida ajena en los palieres compartidos.
Pero nuevamente, como si de solo eso se tratara, las letras se amontonaron en un manojo de intentos y se abarrotaron de pruebas vanas que invitan a la muerte. Y eso que nos habíamos sentado decididos a que esta vez no, esta vez va a ser distinto, o acaso no fuimos creciendo y diciendo menos mandíbulas y más labios? Pero no. Ficciones. Simulacros a priori que nos habiliten un rato más de esta miel escribible. Y no. Tampoco hoy. Ni mañana.
Algunas veces me odio, algunas veces me quiero, muchas otras te olvido. Me preguntaba si sabrá todavía tu piel a vos y si tus mayúsculas son gritos o canales aliviadores de tu ahogo. Nos conjugamos en tiempos tan distintos y sin embargo me gusta, en silencio, darle calor al secreto deseo de que alguna vez te alegres de mi exiliada y ya tan fantasmal compañía.

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5 comentarios to “A mi media, a medias naranja, a medias perdida.”

  1. V. Onoff Says:

    Faraway.

  2. Laviga Says:

    Parecía perdida, si, pero no, finalmente a la media medio naranja me la encontró el Chamán y me la trajo al fogón. Todo un símbolo, porque también me dió una naranja medio podrida que me comí sin asco y con cáscara (sería el hambre). Todavía no descubro el significado de tantas medias ni de tantas naranjas, pero ya llegará.

  3. lichi Says:

    puta madre que manera de inspirarme viga. no le queman las manos cuando esta haciendo otra cosa que no sea escribir? no siente que pierde el tiempo en otras cosas que no sea escribir? la admiro en serio

  4. Lobo. Says:

    Morir es cosa de un segundo y la útima aventura que nos asegura adrenalina a cántaros. No es que seamos optimistas perdidos ni aventureros de nacimiento, sino que nos hostiga andar a paso de mula. Alargar la experiencia de ese segundo, descender una y otra vez en tobogán por su vertiginoso río, es lo que nos hace amar, ansiar y buscar relaciones que sean suicidas por naturaleza. Porque sólo un segundo de diversión no basta, viste?

  5. Laviga Says:

    Lichi, la verdad es que no me queman, pero creo que es porque trato de mantenerlas lejos de las hornallas y de cocinar lo menos posible.
    Lobo, ay, lobo… qué acertado tu comentario. La oscuridad cómo atrae, viste?

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