Ellas

Todos tenemos a alguien que tiene océanos de hilos en los bolsillos para nosotros. Un océano de hilos llenos de posibilidades y un campo de cerezas atravesando el pasado.

Y entonces ella se ve a sí misma sin entender qué es lo que está buscando en ese cuarto. Hay una desesperación que le sube por la garganta. Se pregunta qué está haciendo, se mira las manos y fuerza a la memoria para que le sople el desenlace. Nada sucede y rápidamente entiende que todo ha terminado. Qué de nuevo no hay preguntas. Que su búsqueda, por fin, ha vuelto a ser objeto.

Cuando se pone así no hay caso. Cuando recuerda que él le cantaba canciones viejas y ella se sumergía en su voz para no besarlo y volver a quedar a la deriva, no hay caso.
Que alguien la proteja de los labios que vienen a arrancarle esos besos que no deben darse.

Hubo un tiempo, un rato, en el que en esa habitación pudieron elegir quedarse así para siempre. Quien sepa el por qué, que no lo diga justo ahora, pero es sabido que los dos prefirieron llegar hasta el amanecer para probar que el sol existía y que el infinito continuaba allá, tan deliciosamente imposible.

Debería existir una manera de describir algunos sonidos como el del fósforo al encenderse, el de las chispas o el de los cuerpos aplaudiendo al amor. De existir, ella jura que haría un descargo onomatopéyico, claro, si alguien se atreviera a oírlo. Pero siempre está el miedo, dice, y a eso no hay con qué darle.

Lo que más me molesta de ella es que siempre sabe menos de lo que quiero pero más de lo que creo. Esa cualidad la agremia con las brujas. Si ella entendiera una pizca más, si no fuera solamente una instantánea, una foto enmarcada con la prolijidad con que se arman los rascacielos, a lo mejor, todo sería más sencillo.

Ella siente que si se desliza le roba al espacio y al viento. Ella tiene una arista al descubierto, una arista que no creerías. Siempre en retirada, siempre de caminar lento para atrás y sin mirar. Siempre dejando un lugar en el aire.
Varias formas le va dando a la vereda según cómo le pegue con su luz a las paredes, según cómo maneje las sombras el ladrillo.

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2 comentarios to “Ellas”

  1. cip Says:

    Que al corazón le arranquen su espoleta vs. que al corazón le protejan su espoleta.
    A veces afuera llueve y ya no hace falta esperar el sol del amanecer para confirmar la exclusión del paraíso. Cuando llueve, es preciso ingeniárselas para encontrarlo dentro.

  2. Laviga Says:

    Yo conocí a un poeta que decía que hay que dejarse violentar por la esperanza.

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