Archive for 28 abril 2007

Lo que el abrazo abarca

abril 28, 2007

“Gotea el grifo
y algo de la piedra se va con el agua”
Hugo Mujica

Hay que escuchar contra y de espaldas a la nada lo desdicho. Todo. Una matriz desprovista, las cenizas apagadas de un cuento, una mentira. Trompetistas o nada. No vale más lo que escribí que lo que no se habla, ese arca vegetal en el que flotan los mares, esa sopa que ilumina los cimientos de vos, sótano doliente, regada entrepierna.
Yo te impugno el recuerdo, no lo olvides, con la fuerza del acero esqueletando al terciopelo. Poco le quedaría a la noche si yo le sacara su parche a los días. Un espantano vómito de buitre en el cuarto oscuro de los sueños, y me abrocho la espalda, morral de sospecha, porque sé que yo sólo intranquila me acerco al misterio.
¿Cómo el mar puede arriesgarse tan ciego a la arena precipicia? ¿Cómo nadie la sospecha basilisco ni le escapa a la profundidad potencial de que sea un espejo en la mañana? Estúpida polilla y tu febril golpeteo a la luz que yo pujo. La estética del odio convertida en poesía. Ella escapaba de la noche como si hubiera entendido que estaba llegando.

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Casualties

abril 27, 2007

Todos querían jugar nuevamente y para eso debían dejar que yo me inyectara de nuevo. Solo así el sensible random podría funcionar.

Salí del cuarto y corrí hacia el palier segura de que en la puerta de entrada me estaría esperando con su tapado de piel, él siempre tan raro. Llevaba yo en una mano la impresión de que algo diferente iba a tener en la mirada y en la otra la de las fotos que me había pedido, unas copias horribles de su viaje a Europa, ese viaje iniciático del que volvió con piojos y una sed impresionante.
Me acuerdo que cuando lo fui a buscar al aeropuerto tenía la cámara colgando del hombro como si hasta último momento hubiera estado fotografiando la ciudad a la que nunca volvería. Yo sé, yo sé lo que le costó esa vuelta, o acaso no sé yo quiénes somos? Y ahora, sabiendo que está en la puerta, pienso que a lo mejor debimos evitar ese viaje. Todo el mundo nos miraba como a locos el día que dijimos que él se iba, alguien alcanzará a recordar? Y nosotros nada. Siempre tan nosotros, nosotros.
Yo en aquella época no tenía ni idea de cómo se armaba una valija. Lo más lejos que había ido era a General Villegas para una cosecha de soja medio tardía, a comer unos guisos que ni te cuento. Quizás hoy haga alguno. Como para no olvidarme tanto de que a veces la tierra enseña un poco.
Cuando traté de cerrarla (a la valija), él se rió porque yo no había calculado que allá arriba era invierno y me dijo que la empezara de nuevo. Nunca se lo dije, pero yo lo sabía y quise demorarlo. Me parece, ahora, viendo todo desde lejos, que yo también sabía que el viejo mundo no era para él. Podrán decir, si claro, podrán decirme que lo hice para retenerlo y quién sabe, a lo mejor lo acepto y todo con tal de no romper más nada demasiado.
Y de nuevo el timbre, y saberlo ante mi puerta me revuelve a aquella época. Qué tanto ocupa un año en la vida de la gente? Cuántos milagros suceden en una madrugada? Cómo se arrancan raíces sin herir a la tierra?
Pero ahí llegan a vigilarme. Visitantes llegan a mi celda. Traen jeringas de madera. Ellos vienen a decirme lo que pasa que no pasa y por qué pasa que no pasa. Sostienen hábilmente que yo me engaño con fiebre y con silencios. Oraciones falaces, dicen, como siempre. Hace ratos que ellos llegan. Y cómo entender que las más finas volaron y otras se negaron y hubo una primera vez? Mucha gente a la perfección, casi todos y la misma queja una y otra vez. No te hartás de oírnos grillos? Y siguen hablando.
A mí a veces me da un poco de vergüenza oírlos y por eso cambio a boludeces así finalmente se aquieta el espacio y puedo entretenerme con la fetal certeza de que ni bien se vayan voy a volver a inyectarme de mí. Un poco de madera que queme al insomnio voluntario de buscarlo en el asfalto.
Y después de hacerlo, yo que ya ni me suicido tanto ni nunca ni del todo, les dejaría un veneno miserable a las inevitables jeringas y organizaría una sucia limpieza. Volarían.
Y muchos llegarían, algunos hasta sin elegir orden. Yo creo que ya nada es casual.

Crápula y Crédula

abril 25, 2007

Criticar a las ausencias como si la vida fuera una cajita con sandías, creyendo que a lo mejor lo urbano nos extirpe más las raíces, esas, las que tanto miedo nos da roer, desterrar, quebrar de un golpe.

Eran dos hermanas, milagrosas ambas. Una desierta, la otra de bosques y monte, gatos salvajes y mosquitos elefantes. Una tenue, seca y arisca, la otra simultanea, llena, una semejante nodriza hacedora de plantas, helechos y palos de escoba. Una real, la otra verdadera, una de cristal, la otra crisálida.
Paseaban del brazo, caminaban por Palermo. Una rengueaba, la otra la orillaba, le peinaba la piel, la ponía a contrapelo, le tejía sillones con arena y pasto seco. Nada singular a su paso y se reían de los adoquines y pisaban turistas los paños artesanos si no gustaban de collares, pulseritas o demonios. Las hermanas se decían en idiomas, se besaban a colores, se escuchaban los cementos, se hilvanaban las pestañas. Ellas navegaban por los secos ríos de Palermo, despuntaban perros sórdidos, abrigaban veredas, techaban ancianos. Caminaban resueltas, flamantes como ideas. Eso decía mi único abuelo muerto, Juan no existe, Elisabeth quedó en la tierra con todo el amor viejo, humeando un poco, por eso de las medias. Ellas pasean por Palermo y sin embargo las medias. Y sin embargo el fuego y las cenizas, y el agua poco y sacrificio, y las uñas llenas de raíces, remos y herramientas.
Ellas pasan por Palermo, y sin embargo lo importante nos pasea en otro lado.

A mi media, a medias naranja, a medias perdida.

abril 24, 2007

Cuando el cazador dispara, su estirpe guerrera se estremece en los genes al olor de la pólvora.
Cuando la presa huele la pólvora, sabe que también en ese olor va mezclada su sangre.
En ese momento, cazador y fiera son la misma presa.
Y después, el silencio, lavando los restos.

El libre albedrío debería incluir la elección de adónde queremos ir después de muertos.
Hay palabras que nacieron para ser últimas palabras y no sólo palabras no dichas. Quería ser magia y puente y no solo tener esa certeza de haber soñado, esa que nace segundos después de que el sueño se esfuma. Era como un tesoro, como si hubiéramos sido reunidos a la fuerza por alguna abrumadora circunstancia similar a una guerra o a una plaga y hubiéramos tenido que armar un mundo propio, plano y estéril. Gracias a vos conozco el río, y por vos no puedo cruzarlo.
Hace unos días sentí a la fuerza de gravedad pegarme como cachetazos en la planta de los pies. Até las sábanas con deseperación. Añoré mis alas y me entregué al barro, y busqué en la ventana el sabor del lino planchado de obsesión, a mil grados y con aroma a vereda infantil. El olor del camino inerme de las flores naranjas, el del subte, la rodhesia recién abierta, la chapita de Coca Cola, el del aire acondicionado en los autos nuevos. O ese olor a comida ajena en los palieres compartidos.
Pero nuevamente, como si de solo eso se tratara, las letras se amontonaron en un manojo de intentos y se abarrotaron de pruebas vanas que invitan a la muerte. Y eso que nos habíamos sentado decididos a que esta vez no, esta vez va a ser distinto, o acaso no fuimos creciendo y diciendo menos mandíbulas y más labios? Pero no. Ficciones. Simulacros a priori que nos habiliten un rato más de esta miel escribible. Y no. Tampoco hoy. Ni mañana.
Algunas veces me odio, algunas veces me quiero, muchas otras te olvido. Me preguntaba si sabrá todavía tu piel a vos y si tus mayúsculas son gritos o canales aliviadores de tu ahogo. Nos conjugamos en tiempos tan distintos y sin embargo me gusta, en silencio, darle calor al secreto deseo de que alguna vez te alegres de mi exiliada y ya tan fantasmal compañía.

Cortitos sobre Raúl

abril 19, 2007

Por primera vez no voy a ser Crédula (lindo nombre para un personaje de Shakespeare). No voy a creer en eso de que a veces se gana más cuando se pierde que cuando se gana, que hay premios pírricos. Yo voy por el triunfo. Basta de días nadando entre montañas de letras que aplastan el deseo exorcizando a la memoria y convocando al olvido. Voy a enamorar a Raúl.
Y encima este calor repugnante que no me deja creer en nada.

· A Raúl ya no le quedaban historias para contar. Todos los cuentos ya habían sido escritos. Consultó a una bruja en busca de ideas. Ella lo llevó al Pepsi Music y, desde la tribuna, le señaló una mujer.

· Una pensadita y a la cama, le dijo su mamá minutos antes de las 9 de la noche. Y Raulito, que cambiaba mil postres por un pensamiento, se deleitó con el último de la noche y se acostó sin más.

· Cuando Raúl sube los escalones piensa que nada puede ser peor y trata de resistir hasta la cumbre. Mira para atrás y ve que la neblina se acerca inexorable. Ya ni se acuerda qué dejó abajo pero tiene un vago recuerdo de que algunos diablos y terrores le mordían los pies.
La leyenda dice que arriba solo hay alegría. Entonces sus dedos sangran, su espalda se amordaza, aprieta los labios y sigue trepando.

· Las puertas de Raúl se reinventan a diario y él tiene que conseguir las nuevas llaves cada día para poderse entrar.

· “Corriendo se te va la vida”. Raúl dijo eso y se sentó dando por terminada toda la charla y yo, que siempre guardo mis opiniones bien afuera de mi cuerpo, no pude sino asentir.

· Con Raúl odiamos el jazz y yo creo que porque el jazz imita nuestro movimiento constante entre tensiones. Somos pura improvisación, me parece. Por eso el jazz nos duele en la encía. Como unas ganas locas de mordernos a trompetazos, diría si pudiera, pero mi fuerte no son las palabras de molde y más que esto no quiero arriesgar de momento.

· Siempre hay un refugio, una canción triste que nos salva, una paz prometida o la arrobadora cinta infinita de la fuerza bruta corrida bajo el palo psicodélico de On the Run. Ves? A esa canción yo no me cansaría de correrla. Los brazos como molinos para mantener el equilibrio y la cara roja del miedo a morir. Qué preferís, me pregunta Raúl, morir en mis brazos o morir en mis manos?
Dicen que uno siempre se muere en la ciudad de origen y no hay nada más cierto.

Polaroid

abril 16, 2007

Dicen que hay gente que vive sin miedo en ciudades sin muros.

En ese instante, cuando el esqueleto queda liquidado, la carne inerte y la piel justificada. Cuando mi pecho te fagocita y el aire entra en mí solidario a rescatarte. Cuando el agua no soporta la asfixia y se asoma entre nosotros a una oscuridad que lo pasma y le cuestiona evaporarse, cuando el peso de mi alma se diluye en tu peso. Cuando la nada manda, cuando sólo queda el retorno lento y doloroso hacia la vida y el silencio suena como un río, cuando todo huele a plantaciones clandestinas y el mundo se desprende redimido hacia en el olvido, ahí, en ese instante.

Lluviar

abril 14, 2007

“La lluvia es bella y triste
y acaso nuestro amor sea bello y triste
y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría.
Raúl González Tuñón
(la pena no es más que una alegría gastada)

Mansa tu mies
Águila de tu mano
yo en la noche
tuya
de arroz y remota
Te decía del fuego
Y apilaba mis fósforos sobre piras troqueladas
por los hielos que asoman del iceberg del alma
(de tu poesía, una gota)

Ella consoló
(como únicamente el agua desde siempre sabe hacerlo)
Habituada a transformarse
Sin temor
en leche
en sangre
/vino
/amnios
en vapor de pantanos
en sudor
en jugos y escarcha
hasta a elevarse y estallar
y caerse en mil pedazos

La gota
Muerde
Detenida
Encantada
Ella suplanta el lugar de la lágrima
Borronea lo que sombra
Se contiene
Orienta su oído a tu fugaz lado quieto
tienta a tu lengua
Emite su brillo de diamante
Te mira
(encenderme)
Y se rearma
(ancestral rocío interminable)
hacia una nueva miscelánea
de añicos de cristales de mendrugos de espejos
Macumba de las nubes
De lo gris de lo redondo

Y siempre el lenguaje estéril
El límite y la falla
No nos basta lluvia
Que es imposible narrar
(dios)
A este repertorio
colosal
ejemplo
de abandono
Agua desnuda

Fumando espero

abril 13, 2007

Life must go on. But it siempre happens que I always forget just why. It seems un hueco simbólico holding a little pool by the tide, a tepid boat, secándose inward from the edge.
Too much shaped la luna, le dije. Pero le dio igual. Luna’s waters striking my shore, pensé. Y que nadie ya me construya their houses inland in my mind. I know a winter when it comes…

Las coplas runicirculares de las psicorutas se doman en festivales extraviados, parajes anchos como la más divina necedad de creernos menos crónicos y así darnos permiso para escatimar el espanto.
Nadie en lo salvaje del alma resiste el escaleo de elevarse sin manubrios.
Y somos preciosimios inmaculados levantando sobre altares exóticos y resplandores fílmicos de cago de risa fácil, el maleo contagioso del éxtasis del letargo.
Borrones sin cuentas nuevas.
Hiperadiós y qué, si más quequé la risa empañe lo ilusorio hay otras instancias en fiel trinchera que hacen de lo extraño un modus ponens tan cruelmente afirmante que nos dejan los nos sin ninguna base cierta, entre otras extrafalencias, que para qué voy a enumerar si ya no hay tiempo ni nada.
Y el pebete masoqueado debatiendo entre tenido y cieguito de masiados y mesetas férreas. Implacables. In ex horable. Mesetas desalmadas como gárgolas gigantes enredadas entre cales, viento, nichos y pegote.
Y después, muchos, demasiados demasiados serían para tu tan tiernal escapadita, primoroso afán (agresiva acotación malrecibió), numerosos callos en tu retina, banda de USBs en desuso, ratón, oí que le decían.
Yo te fusilaría y diría que fue por tu bien, mi bien. Y sí, lo haría (capaz que lo hago), por incapaz (yo) o porque sí, o porque a lo mejor es parte de lo que partemente hay y debería, y bien, mi bien, para qué postergar si fue tan solo una misorden, a pedido del inestimable y nunca, por fortuna, lo sobradamente vilipendiado auditorio interno y soberano de miss misma que lo mira con velo y por teverte después.
Y ya de tan cierta la noción, la orden, loqueháyques y eso, me da como pasto seco (ese amargor de planta) hacerlo si ya ni pienso, pero yo nunca dejo sin cumplir mis lemas letanías así me lleve al misremísimo remísero demonio cada debo que final mente me cumplo.
La necesidad mezquina de temperatura ante el abismo de las letras, la singular galería de talentos, los frescos vacíos, la amarga densidad de los adentros voluptuosos.
Todo es nada más que una soga supersticiosa, un fuego fatuo, un exoesqueleto de espejos sobrebalsa de bastones manejándonos el magma.
Si el pasaje inverso de lo absurdo se dignase acaso a sumergirse en acertijos crípticos, de seguro florecerían palabras netas, desprovistas de velos o de aliento. Serían sustantivos firmes, adverbios naturales, verbos al desnudo. Porque no hay nada que la claridad explique y para entender está la poesía que marea los sentidos que al desaparecer hacen brillar al universo.
Nos esquivamos en la agobiante búsqueda de ser otros, en la minúscula razón del tedio. Apoyados en la pared, calesiteros banales, sostenemos la queja incansable ante la imperfección del pensamiento, sortija de Troya. Una sortija más que nos gira alrededando, hacemos tiempo fumándonos el alma.
El gesto como de escoba cepillando zapatos estancados en desgano, la lamida triste a la música, la trivial despedida final, la fetal indiferencia y la cuestionable belleza secándose en los ojos.
Buscamos segundos, apenas un instante sin arena en las orillas.

“Entre el pasado y el futuro subyace lo negado”

abril 9, 2007

Alguien habrá de descoserlos
Y dejarlos seguir lo interrumpido

Vomitar gritos que se encimen sobre el pasto
Toses, un empacho fulminante de elegías
Mirarlos como a hijos a la cara
Ojos de paño
Entregarles el manual de la letra y la palabra
Y dejarlos aprender sobre el silencio que ya los bañó antes
Animarlos a treparse a las gotas de la escarcha
Dejarlos acosar y asustar desde lejos a la noche
Alentarlos a besar los juegos, las peleas
Y que estremezcan de nuevo a las tinieblas
Y a la nieve, si sucede
Las puntas de sus pies y su raíz de crepúsculo
Acaricien dulcemente a la tierra que se aleja
Despidiéndoles el vuelo con mil pájaros de incienso
Que ellos espanten a sus sombras
Que la noche tiemble ante sus voces
como un árbol que sospecha que hay tijeras
y rayos y leña y hormiguitas

Family Table

abril 8, 2007

No sé de dónde salen tantas alegorías sobre la resurrección si apenas podemos dominar los músculos estriados. Granadina inaguantable. Una calesita infernal de parientes. Ellos están pariendo miradas, preguntas de modo, dativas búsquedas rasantes como un Pin Ball por mi cara.

Hay mesas que pueden vivirse. Habitables como la boca de una ballena, como un farol apagado en una esquina canadiense. Hay mesas sin puertas. Hay mesas practicantes. Son mesas sin salida, mesas de calvario, de misa, de crucifixión. Mesas de prueba, de relajo, de climas y macetas. Mesas golpeables, de flor y de manteca, mesas de consuelo y de miseria. Mesas de albur, fuertes, sediciosas. Mesas claras y pesadas, volátiles y hambrientas. Mesas que te dicen, que te arman, que te retan, te anudan, te destrozan, te rescatan, que exterminan los matices, que te aman sin remedio. Mesas púas y de verso. De calma y puritanas, de pie o de sentadas. Mesas que trinan, que caminan, que destinan, que se calzan por las noches. Mesas del medio y del norte, de paraísos y mentiras. Mesas. Sin puertas.
Dicen que hay que sentarse ante todas las mesas para resolver el misterio. Y en alguna se habrán de almorzar mis perdices. No importa. A veces el sacrificio es la más efectiva manera de vengarse.

Ellas

abril 7, 2007

Todos tenemos a alguien que tiene océanos de hilos en los bolsillos para nosotros. Un océano de hilos llenos de posibilidades y un campo de cerezas atravesando el pasado.

Y entonces ella se ve a sí misma sin entender qué es lo que está buscando en ese cuarto. Hay una desesperación que le sube por la garganta. Se pregunta qué está haciendo, se mira las manos y fuerza a la memoria para que le sople el desenlace. Nada sucede y rápidamente entiende que todo ha terminado. Qué de nuevo no hay preguntas. Que su búsqueda, por fin, ha vuelto a ser objeto.

Cuando se pone así no hay caso. Cuando recuerda que él le cantaba canciones viejas y ella se sumergía en su voz para no besarlo y volver a quedar a la deriva, no hay caso.
Que alguien la proteja de los labios que vienen a arrancarle esos besos que no deben darse.

Hubo un tiempo, un rato, en el que en esa habitación pudieron elegir quedarse así para siempre. Quien sepa el por qué, que no lo diga justo ahora, pero es sabido que los dos prefirieron llegar hasta el amanecer para probar que el sol existía y que el infinito continuaba allá, tan deliciosamente imposible.

Debería existir una manera de describir algunos sonidos como el del fósforo al encenderse, el de las chispas o el de los cuerpos aplaudiendo al amor. De existir, ella jura que haría un descargo onomatopéyico, claro, si alguien se atreviera a oírlo. Pero siempre está el miedo, dice, y a eso no hay con qué darle.

Lo que más me molesta de ella es que siempre sabe menos de lo que quiero pero más de lo que creo. Esa cualidad la agremia con las brujas. Si ella entendiera una pizca más, si no fuera solamente una instantánea, una foto enmarcada con la prolijidad con que se arman los rascacielos, a lo mejor, todo sería más sencillo.

Ella siente que si se desliza le roba al espacio y al viento. Ella tiene una arista al descubierto, una arista que no creerías. Siempre en retirada, siempre de caminar lento para atrás y sin mirar. Siempre dejando un lugar en el aire.
Varias formas le va dando a la vereda según cómo le pegue con su luz a las paredes, según cómo maneje las sombras el ladrillo.