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Trabajo Práctico Nº 2

febrero 8, 2007

Describa aquí mismo su microclima y mándelo por mail. Nuestros tahúres sabrán ocuparse como el caso grite, contestarán sabiendo del secreto de sumario. Acá (en la isla) tenemos abogados amigos, amigo, por eso estamos tranqui, sabe. Haremos un eco asociativo de cada una de sus letras, las tamizaremos de recuerdos creados, corregiremos sus silencios con apropiados saltos creativos y haremos debates básicamente técnicos sobre los carozos que le laten en las yemas. Pasaremos el contador para medir lo radiactivo de sus retoños, caramelito, y le curaremos los contornos fotosensibles que lo distraen de la palabra carne. Dicotomizarele yo misma cada esquizita mitad en cuartos estilo Luis 16 y le arremangaré la cabeza para que su cuerpo sea extraído sin demasiado vuelco. Ese es el plan. O podemos jugar a las metaforitas de dios, yo te cuento una y vos me la retrucás con algo de mayor vuelo, de magnética ausencia, aséptico, deslatigado, sin sílices ni filo. Eso se publica, no chocolatín? Siempre habrá un lugar, una libreta de a bordo con un cinturón de explosivos para lo académico de los sentidos haciendo signos con lo humano en vísperas, espesando la sintaxis, evitando el áspero abismo del tedio que nos irrumpe en las palmípedas caras de la inteligencia, poniéndole curitas a los cráteres semánticos. Mis medias tienen asma. No comas fritos. Llevás abrigo, mi amor?

Ahora si, el post glacial:

Qué feroz la diferencia prolijamente dispuesta en la gran mesa de las comparaciones. De noche tu féretro itinerante me ríe y yo cierro los ojos como para no asfixiarme de tu espacio. La clave está en que vos no me nombres, quisiste decir, pero sólo querías que me quedara quieta. Por suerte yo corrí y bajé las escaleras de a cuatro renglones y me escondí detrás del… (estoy contando el pecado como en las películas de malos y podrían usar esto en mi contra) y me escondí. Para afuera. Si. Y punto.
Y después lo que ya sabés, esa móvil coincidencia y la metástasis de inutilidad en todos los páramos del rapto. Toda la mesa de la razón olvidada en el licuado fatal del relieve de las sombras, acuarela que poco le concede a la fantasía, aunque no creo que te acuerdes de esa parte del amor en la que yo levanto involuntariamente un pensamiento de la nada y mediante un sol de un ciclo atérmico, como biela bloqueada de irreflexión tácita y constante, le cambio el color a las tazas sólo para que queden como éramos, ávidos por comprender (paladear, saber) este pasquín clásico de sonetos, de cuartetas prolijas, de semántica perfecta, lengua viva, hasta finalmente elegir el ritual sórdido y cómodo de no querer más. Un bloqueo militar a la retórica, a la dialéctica. A la posibilidad incómoda, elíptica, de hechizar, de transformar la desazón en un troquel con cientos de salidas.
El ser y su inacabable potencialidad son sólo una amenaza de destrucción, me dijiste desde adentro, sabiendo que yo no te iba a creer tanto, pero hoy leí: “el calorcito en los bolsillos” y pensé en vos, que siempre me hacés desairar a las letras. Pensé en la frase como gran big bang de algo, como elemento vanguardista de la pluma fuente, del cesto de flores de porcelana helada, del pesado crisol que se forma entre la red y los paraguas.
Podría estar enhebrando un deseo cualquiera, o enmendándolo, con la certeza de que ésta vez te gano antes de abandonar con cualquier excusa (muerta por incurable), en el tiempo que se filtra por debajo de tu tiempo mientras sesentayocho tortugas me amputan sin miramientos de lo que no se hizo y del a tu lado yermo. O podría estar mezclando en este mismo instante más de diez personajes en algún tratamiento escandaloso y divertido que afloje las bisagras de ese cofrecito que nunca abrigó nada. Porque es esa diversión que roza lo infecundo la que me libera el endometrio del alma.
En otro orden de cosas, es asombroso cómo crece el cráter de mi dedo. Una boca purulenta resuelta a no cesar en su grito de asombro cerrado, un arco de introducciones y exorbitancias, un canal de parto en alguna otra dirección. Sin códigos. La piel se pela en corazón. Es que la fiebre por vía dental suele ser peor que la de las cucharadas de leche.
Los planetas comenzaron a segregar extrañas sustancias, dijo hoy Clarín. Infosiesta se abstiene y la Página de los calientes duda. Un vinito te tomás? Para cuando ardas en brasas de melittas, el café ya va a estar cicatrizado y el tapón de la pizarra un poco más pesado que anoche.
La basura inhóspita es desesperante. Plastiquitos en flor, suculentas plazas investidas del gozo de caducar. Un papel crep, una cimitarra que intercepta a los que vienen, esa intención que sobra cuando lo que falta es el apuro.
Y los restos orgánicos quedan siempre encerrados, nadie más que nosotros lo sabe.
Estuvo bueno imaginarte tranquilo mientras todos ocupábamos los marcos. Algunos de cuadros, otros de puertas que no cierran. Yo no le dije nada a nadie. A veces es mucho mejor callarse y que el empeño por penetrar cada lamparita de cada mísera guirnalda de fandango rural pague por nosotros. No!… esas luces no son blandas, carboncito, le diría, pero no tiene sentido. Igual se empeña, pobre, contra los faroles. Y finalmente cae semimuerto, a los pies de un boleto escolar que no vale más que sus sueños, enfermos de muerte, gastados de batallar, como las primeras vidas se cansaban ensayando muertes también primeras, creyendo que hay alma y descansando de a ratos en eso, inventando instrumentos, y con ellos sonidos y arquetípicas ideas, nuevas en cada propio paradigma. Algo así, pero mejor expresado, porque claro, a punto de morir de tanto golpe transparente ni siquiera me arreglo, ya ni me peino.
Que estés intentando aunque sea de costado o por lejano, arrimarte a la sola idea de desentramar uno solo de mis más ridículos conflictos, me honra, pero igual, no me hagas demasiado caso…

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