Archive for 27 agosto 2006

Lo que sangra – Parte 6 – (Perdón si me ves lagrimear, es el parche)

agosto 27, 2006

Viernes 3 PM. Toma aérea de la Planta Empacadora, humo gris, sirenas, tambores. La sentada india continúa, todos esperan el humo blanco del “habemus pax” pero ninguna de las partes cede terreno. Sin embargo, es hora de volver a casa, y él ficha la salida.
– Pero qué de pocas son las ganas de volver… todo sangrando, todo chorreando, todo mojado siempre y pegajoso.- murmura él mientras camina hacia la parada de la Nordelteña (Cartel Blanco). No se detiene en la primera. No se detiene en la segunda, ni en la tercera y sigue caminando. Pasa la cuarta parada y sigue. Sigue. Pensando, caminando, queriendo estornudar, toser, sacar afuera las pasiones que le inflaman inquebrantables el pulmón derecho.
Toma múltiple del hombre caminando vencido por el destino, harto, cansado, va vagando, angustiado, silencioso, va del brazo de su amiga, de su amiga la ilusión. Pateando veredas y extrañando las baldosas mixtas de su infancia en Villa Balducho.
(Nda: el actor que lo interprete deberá usar una camisa y deberá: llevar muchos papeles abajo el brazo y un bolso colgado al hombre, saber que no se oculta lo perdonable, ser adorable, y una hipoteca de cienmil dolores como para, medianamente, intentar dar con el physique du rol, la psique du behaviorisme y la pisque de la más tré yolí personalité del sujet)
La Cámara 1 gira alrededor de él, que camina y camina (la Cámara 2 toma a la producción que corre sosteniendo cañas de micrófonos, cables, trípodes, carros, dollys, cargadores, audio y baterias, y archiva los rollos de súper 8 para el making off oficial de la peli)
Y de repente, súbitly, él se queda inmóvil al borde del camino, (y congela el júbilo, se llena de calma, se piensa sin sangre) se congela el aire, (como todo en julio) se congelan su espíritu y su alma. Y la cámara también. Congela la imagen en su brusca y enajenada mirada.
Una señal, una aparición, una pintura esplendorosa. La más epicúrea epifanía ante sus ojos purpúreos de repentina emoción. Un ícono magnífico de belleza imperturbable se presenta ante a él.
Cámaras 1 y 2 giran y toman planos urgentes, el foco no se demora en registrar a La Marmita más bellamente construida por manos humanas jamás de los nunca jamases: La Basilisca de La Nuestrísma Señora de los Sostenes de Fierro.
Toma general del templo, zoom y tilt up hacia La Cúpula, dónde revientan las estrellas en cámara y hacen las delicias de grandes y chicos (y de la producción también).
– Yo conozco este lugar… Yo conozco la escalera en espiral hacia allí…
Él no se amilana ni un poco y se deja llevar por el impulso frenético que le pide entrar, que lo obliga a meterse instintiva y salvajemente en la Marmita.
Toma desde el atrio, él se acerca deapoco al altar. Una luz fuerte y titilante no le permite mirar el rostro de La Diosa y lo obliga a restregarse furibundo los ojos una y otra vez, razón por la cual se le produce un desgarro de córnea de Dios y Señorísima nuestros y la escena debe cortarse para trasladarlo de emergencia al Santa Luzmía, donde lo operan exitosamente y lo mandan de nuevo a su casa hasta el lunes, que tiene que volver para un control de rutina y otro de retina.
La producción putea por lo bajo. No puede haber más contratiempos, se dicen los unos y los otros, pero levantan todo y se van lo más campantes a ver a Paloma Guerrera al Luna Park, después a comer chino porái y listo el pollo saltado con almendra y pescado rabioso.

“La vida es difícil y da tanto trabajo, que si nos pagaran por ella, seríamos todos millonarios” (palabras del director, durante la última curda, donde el barro se subleva, llorando su sermón de vino a la tropilla de la zurda o algo así, estabamos todos muy borrachos…)

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Lo que sangra – Parte 5 – (El poder de la empatía)

agosto 22, 2006

Toma 24. Horas. Como las de Él, pobresanto, como las 24 de Bauer que nunca duerme nunca. Ni come, ni come, ni deja dormir.
24 horas las que se toma el agua para bajar lenta hacia el canal.
24 horas para llegar al hogar a disimular los destrozos.
Un travelling lo sigue por la casa con foco sobre su hombro derecho. Silencio. Sólo se escuchan las pisadas de él sobre la alfombra mojada. Llega al dormitorio de las nenas y saca los colchones. Hace lo mismo con el de Marquitos, que chorrea un poco demasiado más. El conyugal va a tener que esperar, tanta lágrima lo ha hecho tan pesado. Se queda parado y quieto mirando su cama. Gira sobre sí mismo. Medium Shot a Ella que aparece por la puerta y un Zoom in hasta el Extreme Close Up de sus ojos que comienzan a llenarse nuevamente de lágrimas.
Segunda cámara toma la escena desde el pasillo. Él la abraza como sólo él sabe hacerlo. Ella se afloja y sonríe.
– Yo te abrazo, pero no lluevas más mi vida, seamos razonables, ya no lluevas más (mira el colchón).
A blanco desde el abrazo prometido.

De lento blanco a un sutil temblequeo de la cámara con foco en la cara de él, sentado y mirando un punto muerto por la ventanilla del colectivo que lo lleva a la empaquetadora. Un travelling lo sigue, baja con él, atraviesan juntos una manifestación de protesta lunfarda contra los mandatarios de Nordelta por la recuperación de sus tierras.
Él cierra fuertemente el puño y sigue caminando. Ficha. Allí lo esperan Brisa de Pluma Fuerte, una india Taichí que se desempeña con él en el mostrador de empaque y su jefe de planta, Pacha, cacique también de los indios lunfardos, tribu que otrora ocupara las tierras donde hoy crece y se desarrolla Nordelta.
– Supimos lo de tu coqueto chalecito. Cómo están tus hijos?
– Y… lo tengo a Marquitos que sigue destiñendo y a Margot insatisfecha con su color. Parece que le vamos a dar una manito de violeta, o algún lavanda, no sé.. lo que consiga. A mí me sigue gustando el rojo sangre, que combina con todo. Te conté que a Ella le regalamos el lavarropas?
– Pero Ella no quería una camperita blanca?
– No. Ella siempre quiso un lavarropas.
Corte a blanco.

Toma del lavarropas (de carga horizontal) frenando el último centrifugado y un zoom out que incluye lentamente los dedos de Ella tamborillenado en el vidrio durante el minuto entero que demora el sistema de seguridad en dejar abrir la puerta. Tararea “Strangers in the Night” y comienza a poner la ropa y los trapitos limpios en la palangana verde verde. Como la aceituna. Como el mate. Como la esperan.
Corte.

Toma fija de varias sogas cargadas de ropa blanca, toallas, manteles, sábanas, todo prolijamente abrochado y puesto a secar al sol y al viento. Suave.
– No voy a llorar más.
Marquitos aparece en escena corriendo y agitado. Su cuerpo chorrea tinta, pero se lo ve radiante.
– Hoy trae papá mi tinta, hoy papá trae mi tinta, hoy mi papá trae tinta, hoy mi tinta trae papá!
Desaparece como vino. Blanco. Torrontés.
La producción ayuda a Ella a doblar la ropa y a armar nuevamente la casa. Gracias a Shinefully solo se arruinó la mesita de la compu y la conexión a internet. La producción le ofrece una cpu nueva que sacó por canje en Garbazores pero Ella lo medita dos segundos y rechaza la oferta.
– Mejor así…

(La producción de esta magnífica superproducción usa Fibertel
a sabiendas de que no existen conexiones seguras ni confiables).

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Lo que sangra – Parte 4 – (“24 Bugs Got a Devilish Grin Conga”)

agosto 15, 2006

Toma veinte. Toma veinte y los anuda. Toma otros veinte y otro nudo. Veinte más y sigue. Hace mechoncitos de a veinte pelos, casi todos canitas, casi todos al aire viciado de la jungla de cemento y diurna polución. Los guarda en el cofre diario que ella le regala con cada amanecer.
– Es como adjuntar archivos en falta, querido. Vos los ponés ahí, en draft, y listo.
– No entiendo.
– Mirá. Si guardás tus canitas en tu cofre, si de veras las guardás con amor, a lo mejor prosperan y crecen ilimitadamente como en ese libro de García Márquez, ese que a la chica le crecían los pelos después de muerta, te acordás mi vida? (…te acordás de mi vida? Te acordás de cómo éramos antes de los detalles de pintura de marcos? Ay, mi vida, cómo te extraño… Ay! cuánto dolor es más no verte! Me duele tanto que) …me bañaría en xilocaína si tuviéramos bañera.
– Eh? No tenemos bañera?
(a ella se le escapa una lagrimilla que se desparrama por el pasto del diminutísimo jardín familiar y produce una inundación de considerables dimensiones, razón por la cual deben abandonar la isla en una canoa que él siempre tiene a mano por si acaso llueve demasiado en Nordelta).

Toma aérea larga y lenta de la canoa a la deriva por los canales del Tigre. La familia Apleno, con Marquitos de grumete, él como capitán de la nada y ella tejiendo felicidades en RGB para calmar a las nenas que chillan como nenas, que lloran como nenas, que reclaman como nenas. Las tres en una. Las tres en ella. Las tres, débiles mujercitas desmembradas, despersonalizadas, llenas de miedo al agua (la tierra engorda y el fuego me envenena la salsa, dame aire, oropeles y valores. Dame luces patinadas que envuelvan el viciorama de tanto color inalcanzable).
Se acerca toma steadycamerada y deja foco en la cara de él, en sus ojos desorbitados de alma en remojo. Se pregunta si para abajo hay dos metros de agua o si es como el Nahuel Huapí el lago que se lloró su mujer.
– Al próximo, si es varón, le vamos a poner Nahuelito…
Corte.

Toma fija del atrio de la Parroquia de Nordelta. Aparece (por la derecha) el Sumo Sacerdote acompañado por el Chamán de turno y una intérprete bilingüe que habla español y Taichí.
– Lo sentimos mucho, querida familia.
– …
– …
– Les podemos ofrecer techo, unas mantas y un plato de frijoles. De seguro mañana todo volverá a ser como antes del diluvio.
– Gracias… (la perplejidad no la deja pedir mayonesa para aderezar los porotos) padre.
Marquitos nota la desesperanza en los ojos de su madre y se come el llanto. Nace una neurosis en escena, esto es casi como The Truman Show! (la producción está tan feliz, que larga todo sin cortes, sin foco, y se va a festejar el golazo a Las Cañitas, razón por la cual la familia Apleno pasa la noche bajo el cobijo del techo de la Iglesia de la Virgen de la Divinísima Soledad de la Hostia de Nuestro Señor Shinefully, se come los frijoles y de postre, la misa vespertina)

El capítulo cierra cuando la cámara se queda sin batería, foco en el atrio, sonido ambient, Café del Mar.

AVISO: La producción no se hace responsable de los ataques de pánico o vicios mentales que pudieran aparecer con la lectura de “Lo que sangra”. A lo sumo pide disculpas e invita a leer Orsai o a Bucai o similares. Si sufre de trastornos estomacales, vértigo inmemorial y calores premenstruales, aléjese de la pantalla. Si no sufre, pase la receta. Esta producción se comunica con Personal y lee “Las viudas de los jueves” para achicar el espacio temporal con la muerte. Elija usted “cuál de estas habitaciones se ajusta mejor a su encierro”. (gracias dibujitos)

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Lo que sangra (siempre que llovió, paró)

agosto 9, 2006

Toma quince. Quince minutos nada más darse cuenta, pero nadie lo hace y los chicos crecen, la vida sigue, los pajaritos cantan, la vieja se levanta.
Mesa familiar. Cada uno en su Sitio, él con una inflamación elegante de canas, ella que sirve, Marquitos mirando el charco blanco debajo de su lugar, las nenas en sus sillitas, cada una en la suya.
Margarita (la roja) es la más feliz, siempre se notó. Es que tener al papi embobado es grandioso, ya lo decía Freud. La azul, zafa (Marquitos la entretiene y está híper estimulada). La amarilla, en cambio, sufre como perro (salió al padre), la tienen bajo tubos de luz día todo el idem porque nadie entiende que el amarillo es su color y no los anticuerpos oxidados de la madre (Freud también decía que las madres tienen todas las culpas, pero esta vez, no es el caso).
– Con tanto foco puesto en ella, se la va a creer.
– Mientras no se haga modelo. O puta… Hay más alcauciles querida?
– Si, pero son para mañana. Están carísimos… casi dos pesos cada uno… Te imaginás? “Ya no sos mi Margarita…” qué gracioso… Pasame la mayonesa.
– Por qué tengo que esperar hasta mañana si ya los pagué? (le alcanza la sal)
– Para que duren. La mayonesa te dije…
Corte.

Toma general del palier del edificio.
– Venimos por el aviso de Clarín.
– Si si, adelante. Es un caos, disculpe. No sabe lo difícil que es criar trillizas…
– Las expensas son caras?
– … nos comen vivos.
(la producción nota el chiste bobo, pero no le dice nada al director, porque sabe que está sensible por el Día del Niño, tantas ventas, tantas compras, tantas entregas de amor en blistercitos brillantes y cajas de cartón). (salió verso sin esfuerzo, je je… la producción a veces se divierte con tan poco…).
Corte

Publicidad de Nordelta (la larga, esa que te explica las bondades de vivir cerca de la naturaleza y esas cosas bellas que tiene la vida lejos de la Gran Ciudad y que te muestra niños felicísismos andando en bicicletas brillantes con cataforesis y dos ringtones a elección, mientras las Madres Hacendosas cocinan pasteles y toman clases de Paddlington y los papás empaquetan y venden por ahí “pa’ poder parar la olla con pobreza franciscana en el triste conventillo alumbrado a querosén” y disfrutar de los pasteles recién horneados… En definitiva, la larga, digamos… (semejante superproducción necesitaba de un buen sponsor))

Toma general del coqueto chalecito que acaban de comprar con la venta del departamento y una hipoteca de u$s 100.000 (Nda: Nordelta es caro, pero lo mássss…). Tiene techo a dos agujas, cocina amplia y espaciosa, piscina cubierta y radial y un jardín al fondo, diminutísimo, pero suficiente para un rico asadito al voleo. La familia Apleno parece inmensamente feliz y sonríe para la foto. Flash y a blanco. Pantalla muerta en blanco. Marquitos se acuerda de su drama y recomienza el llanto. Dice sollozando que su color no seca. Nadie lo calma. Fade out al silencio.

Prolongado silencio. Molesto silencio. Casi eterno. Tanto, que se podrían inventar nuevos ruidos con tal de apagarlo.

Fade in al llanto de un bebé. De blanco a amarillo, en un primerísimo plano de Margot berreando.
– No sé lo que le pasa, querido… la nena no para de llorar, seguro que a ella tampoco le gusta su color… qué vamos a hacer??
– Calmate, mañana cuando vuelva de empaquetadora, saco los pinceles y le doy algún otro color. Andá viendo cuales le combinan, así compro la témpera antes de tomarme el bondi.
– No sé qué haría sin vos…
– (Yo sí sé qué haría sin vos)
Corte.

Primerísimo plano sobre la mano de él en el picaporte del baño. Abre, entra y cierra tras de sí (la eterna costumbre de cerrar todo). Echa llave. Prende la ducha y piensa mil letras mientras se arranca los pelos de a uno frente al espejo que se va empañando de a poco.
– Qué pena no tener batería…
A gris desde el espejo (la polución, por más que huyamos del humo y de la City, llega a todas partes. Hoy, lo que manda es la Globalización. Por amor, usá preservativo)

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Lo que sangra (una historia de amor, odio y sacrificio)

agosto 8, 2006

Toma ocho. Ocho. Una sobre la otra ella se las toma (disueltas en el Chardonnay que él usó para limpiar los pinceles). Muy blanco todo. Sepulcral. Las únicas cosas con color son el mate, la uñas y la aceituna que ella se tragó (finalmente ella nunca escupió el carozo, pero él la perdona lo mismo). Él mira a la cámara, toma americana, y hace sonar el anillo contra todo lo hueco, para ver cómo suena de lindo percutiendo.
– Si tuviera una batería…

Ella grita fuerte. Cada cinco minutos (siguen los signos). Del estómago le salen tres margaritas y Marquitos las levanta y se las lleva a la ventana. La témpera blanca aún no seca y él se pega los pétalos de a uno.
– se quieren, no se quieren, se quieren, no se quieren.
Se quieren. Si no, no se explica el embarazo de las trillizas. Una para cada uno, bromean en la mesa de operaciones. Marquitos quiere la azul. Él, la roja. A ella le da igual.
– Mientras venga sanita…

Sala de espera. Marquitos llora. Él lo quiere tranquilizar y le ofrece un sanguchito pero Marquitos rechaza las dos cosas.
– Aprovechá mis brazos ahora, antes de que lleguen tus hermanitas.
Marquitos sigue llorando. Desesperado. Está todo pintado con témpera blanca (y a él le gustaba tanto la azul).
– Sin bichos, pero sin miga (el placer nunca es completo). Si no lo querés, no insisto. Yo sé lo que se siente al masticar esto.
Marquitos se ahoga en llanto, es insoportable. La enfermera les prende la tele. No los aguanta.

(Publicidad de lavarropas y cocinas. Se viene el Día de la Madre Hacendosa (y buena). Vamos con música enternecedora (pero convincente))
A blanco (a pesar de Marquitos).

Volvemos de blanco, toma panorámica de la Gran Ciudad (todos están en la Gran Ciudad, incluídos él (sugerente…) y ella).
– Se lo envuelvo para regalo?
– No no, me lo llevo puesto, gracias.
Toma de él alejándose, vestido de lavarropas. A blanco nuevamente. Blanco y suave algodón (venía con un Vívere y algunos enzolves verde aceituna, verde mate, verde esperan, de regalo)

Marquitos, amoratado de tanto llorar (nunca paró) esboza una sonrisita al verlo. Una mueca.
– Puedo yo? Puedo yo?
– Si. Vení. Metete adentro, así le damos la sorpresa a mami.
– Mamá me dijo quería una camperita blanca que vio en el centro.
– No. Mami siempre quiso un lavarropas. Vení. Metete.
(lloran los dos)
Cierra a negro.

Se escuchan los gritos de alegría de ella al ver los regalos y las carcajadas de los seis. La familia a pleno, la ropa limpia.
Baja la música. Bajan las risas. Baja la temperatura.
Baja la campera.
(queda el sonido del tránsito porteño, que no baja nunca. Nacer en Buenos Aires, definitivamente es insalubre).

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Lo que sangra (última canción animal)

agosto 8, 2006

Siete menos diez. El llega. Ella lo espera con el pincel en la mano derecha, un mate en la izquierda y una aceituna en la boca. Él hace un ademán de beso, para comerse la aceituna, pero ella se la traga y la apura con el mate. Perplejo se queda con el pincel y busca la tempera roja para empezar con los deberes. Hoy, marcos.
– Marquitos está tan lindo… se está poniendo hermoso, no mi vida, mirá, si hasta tiene tu puta atracción por las mujeres. Ay, Marquitos… no le hagas esto vos también a mami (signos).
(solo queda témpera blanca y eso lo exaspera más que saber que ella no escupió el carozo).

Venimos de blanco, como en sueños.
– Vamos de paseo querido, vamos. Nada personal. Just checking tu amor, mi amor. Yo te manejo, así no te cansás, no te aburrís, no te odiás de tanto simular, quedate tranquilo mi vida, yo manejo.

Toma aérea del sueño del hombre y un zoom anatómico a las partes.
– La polución me está matando, nena. No sabés cómo te extraño cada vez que me toco, no sabés. Toso y toso como nunca. Es que tanto humo en la cabeza, vos sabés y las aceitunas. Esto no me hace nada bien.

La ruta se aleja hacia algún satélite y vuelve haciendo otro zoom al sanguchito de salame que traían por las dudas, por si el tedio irritaba más que el ácido.
(se ven claramente los dedos de ella sacando los gusanitos para dárselo limpio a la luz de sus ojos. Vacíos. Porque. No. Lo. Ama. Más. Y eso la aburre y se entretiene con lo que puede y puede poco)
– Que se lo coma entero, putamadre, así se duerme y puedo extrañar tranquilo por la ventana la vez anterior sin tus sanguches horribles, si yo quería de miga, por qué no me hiciste de miga si yo (se duerme)

Bolsos, enseres, monederos y papeles. Lagañas. Humo, bancos y todo el mundo en pantalones (para que él no sufra, porque hasta ese nivel llega el detalle de todo). Seguramente ella se está enterando de que él no se lo dijo y seguramente comienza a sembrar la ilusión, aun sabiendo que es difícil de creer, casi a punto de caer, no siente miedo, sigue sonriendo (sé que te excita saber hasta dónde llegaré). Pero sigue. Increíblemente.

Taxi. Porque sí. Es lógico. Por qué no? Ahora nada nos libra. Nada más queda.
– Cuanto es, viejo?
– Nada, invita la casa (guarda la billetera).

Chin chines festivos. Guirnaldas alusivas. Foto de perros muertos en patio viejo.
– Y vos que me decías que nadie te quiere, mi amor… mirá querido!
– Me dejarás dormir al amanecer entre tus piernas? (para ocultarme bien y desaparecer entre la niebla, piensa)
Pero no. Ella solo está probando. Sus piezas tiernas y solidarias quedaron atorando alguna máquina infernal.

Taza, taza y esta vez ya no todos usan pantalones. Ella ya no quiere aliviarle la pena. Ni la culpa, y manda a sus ángeles recién muertos a que le recuerden a él lo puta que es la vida mala cuando no se la rocía con antiácidos de adentro hacia fuera. Tanta aceituna contrariada, tanto carozo taponando el sentimiento.

Toma… como siete, creo. Si. La obvia. De nuevo un zoom violento (hay abuso de recursos, lo sé) al sanguche. Ella tiene las uñas pintadísimas.
– Viste? Tu mamá los hizo sin gusanitos. No quiere que nos enfermemos. Qué divina es tu mamá, y vos que nunca te acordás de ella. También vos… cómo te va a querer si nunca la llamás ni le mandás encomiendas. No querés uno? Dale… así dormimos un rato.

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Amapaule au Leite (Outlet)

agosto 7, 2006

Me convirtió al brillantísmo la maestra de mi hijo durante la última entrega de boletines de quinto grado. Al principio me desesperé, y amenacé con cancelar la reunión, pues el estatuto escolar deja bien claro que no pueden catequizarnos en clase, pero Ceci, la seño, me dijo que una reunión no era clase y siguió tan tranquila adoctrinando mi cabeza.
Cuando empecé a notar la transformación me fui calmando, y me di cuenta de las ventajas de la fe frente a mi desolada y desértica vida de antes, sin ilusiones ni esperanzas, ni expectativas de nada.
Ahora soy uno de ellos. El trato con el resto de los padres es bueno. Cuando nos cruzamos nos saludamos con sonrisas y bendiciones, y a los que no adhieren, los invitamos tranquilamente a la reunión siguiente.
El opio, tarde o temprano, los convence a todos.

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Mármol

agosto 4, 2006

La escultura de Botero se desparrama por el suelo con una flor cruzada en los labios y con nada en el ojal desnudo de su cuerpo.
Mira con chispazos de violencia. Te destrozaría asquerosamente si tan solo te acercaras.
Ella te mira mientras mastica su flor (y a quién le importa si ella la riega?)
Te fuma entero sin que vos puedas ni siquiera enterarte de que ya sos
humo en sus pulmones.
Ella te lame, te enciende, te recita tus miedos directamente en la oreja
y vos nada podés decirle, porque para qué, si ella nunca te oyó (y no va a empezar justo hoy) y te quedás. Mojada la oreja y seco tu destino de maestro mayor de obras. Cansado. Harto. De. Hacer. Siempre. Nada más
que dos plantas. Una. Y otra. Y otra vez.
Manteca al techo del primer piso. Para patinarte encima, y en la noche, a la sombra de tu sombra, con tu gorrito de lana y el termómetro en los dientes darte cuenta de que hiela. Hiela y tu boca. Hiela. Y tu boca. No puede disimularlo.

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