Archive for 29 septiembre 2005

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septiembre 29, 2005

Se despierta. Se sienta en la cama y se ve saliendo de la habitación. Se levanta y se sigue, y entonces abre los ojos y se ve saliendo de la habitación. Se sienta. Se prende un cigarrillo y se sigue. Y se despierta y abre los ojos. Y se levanta de un salto y se ve saliendo de la habitación con un cigarrillo en la boca. Y se sigue, corriendo. Y en eso abre los ojos. Y se para. Y se ve salir corriendo de la habitación y se pone un abrigo y se sigue. Y abre los ojos y se los restriega y al reabrirlos logra verse salir de la habitación con el abrigo. Y se sigue. Y se despierta y abre los ojos. Y se sienta y se ve salir de la habitación.
Y pronto la casa se le llena de sus presencias, cada pasillo, cada habitación, vagando, mientras se vuelve a despertar y se amplía la ronda de avatares, de personalidades, fases, caretas, hipocresías, hasta que, despacito, se le van cansando y, uno a uno, van volviendo a la cama, mareados de tanto paseo inútil, a dormirse otra vez, para, de nuevo y como invariablemente le sucede cada noche, volver a oír a algún sí mismo, saliendo de la habitación.

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VOz

septiembre 28, 2005

Él depende del día. Del ánimo, del humor, de los planetas. Qué sé yo… como todo. Pero si un día lo encuentran brillando, lo verán riéndose de esta catástrofe que es la vida.
Él puede hacer de una muerte un chisme de Fellini y puede transformar las historias más amargas en grotescos de Almodóvar. Puede hacer que una colección híbrida de mortales sintonice su mantra con las mandíbulas cayendo en cataratas Zen y obligar al silencio a postrarse ante su paso.
Y cómo lo disfruto. Porque le conozco la técnica y porque también le sé la historia, la que él intenta metamorfosear de escarabaja, a humana y honorable.
Adoro ver cómo envuelve a sus oyentes. Cómo los seduce. Yo ya no lo oigo. Yo solo lo miro y lo estudio. Él es un arriero. Y nosotros corderos marchándonos de Hamelin, trás él.
Él se anima a todo, a decirlo todo, a sentirlo todo. Se le anima a la vida y le hace frente a la muerte en cada amor peligroso.
En ocasiones, intento interrumpirlo de sus parlamentos, para evitar que se me pierda entre las palabras y las risas del público que lo adora. Pero no lo hago. Y así soy uno más.
Nunca se deja conocer. Por eso le gustan los extraños. Los desconocidos son fáciles, me dice. Solo les hace el show y se evapora en su comedia. Se camufla entre la gente y volviéndose invisible, sale otra vez Campeón Mundial de Slalom en fiestas.
Y me encuentro murmurando un corporizate, muerta por verlo perderse entre el tumulto de ojos admirantes. Pero no lo interrumpo. No hay apuro. Sé que él me prefiere y que el resto del admirantado se irá al rato y que seré yo quien se quede a ayudarlo a ordenar la casa.
La recompensa llegará con su sonrisa. Esa que me improvise cuando a mí se me rompa el primer vaso y me lo quede mirando, anémica de orgullo y con mi razón, ballena, surfeando por su modesta vanidad.

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Perversiones

septiembre 23, 2005

No dejaban de presentarse ante mi puerta personajes diversos para convertirme a su religión. El par de solteronas mesuradas y contenidas en polleritas tableadas, con el evangelio y la cruz patrocinándoles la existencia; los efebitos divinos y clonados, con corbata, traje y cartel; los que van de naranja y se afeitan las capacidades con filos de meditación, e incluso aquellos que tocan tambores y decapitan gallos, gallinas y corderos.
No me los podía sacar de encima. Les declaraba mi ateísmo, les preguntaba por su posición doctrinal respecto a prácticas sexuales bizarras, los gastaba con provocaciones sobre el aborto y la homosexualidad, o les dedicaba blasfemias hechas a la medida de cada uno. No way. Ellos sonriendo siempre, me hacían reverencias y me adoptaban como caso especial, digno de un esfuerzo aún mayor, plausible a recompensa celestial o en el peor de los casos, a un meritorio un poco más terrenal.
Así que, harta ya de tanta historia y tanta histeria, me junté con un amigo a quien también acosan. Hemos preparado una lista de metáforas que servirán como brillante ejemplo. Saldrán como galaxias de nuestras bocas los retruques que defenderán cualquier intento de fuga por parte de ellos. Lo tenemos ensayado y hasta preparada la postura, el tono de voz, la expresión de los ojos y de la boca.
Ahora en un rato nos vamos los dos a tocarles el timbre, ofrecerles vino, cigarrillos y a convencerlos, como sea, despacito y sin apuro, de que Dios no existe, porque además de fisurada, me siento tan etereamente insolente, fresca y encantadora, que seguro que hoy, no se me escapa ninguno.

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All inclusive

septiembre 23, 2005

Hasta cuándo
van a tener que morir
en el frente
la falange cae como trigo segado
y acatrás el cagazo es tal
que mandamos
al frente
hasta mujeres y niños

Y eso que no hay hasta
…ningún “hasta”

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Tedejo

septiembre 22, 2005

Te dejo el sol besado que me diste y el beso de luna que inventé para vos.
Te dejo la nube que hoy completa ese cielo soñado que queríamos los dos.
Te dejo la música que me regalaste, las canciones y las emociones que ellas hicieron nacer en mí.
Te dejo acá tu historia y tus cuentos.
Te dejo tu poesía. Las letras de tu nombre que usé como mío. Las vidas pasadas y las que no serán.
Te dejo las 250 páginas que abrí cada mañana y las mariposas que hoy se escaparon de mi alma mientras decidía cerrar tu ventana. La melancolía de cada domingo sin vos y tu manera de verme.
Te dejo la imagen que te hiciste de mí y lo que realmente soy (no nos compares).
Te dejo todas las ilusiones que usé y una desilusión casi a estrenar.
Te dejo mil esperanzas, las que me diste y las que dejé brotar de puro atrevida.
Te dejo la impotencia del no te entiendo y la urgencia desesperada del entendeme.
Te dejo mi locura, divina señora, para que la aturdas con tu ausencia y así yo dure un poco más en la noche.
Te dejo el mejor cactus de mi invierno y alguna flor mediocre de esta primavera mal nacida.
Te dejo las fotos que no te mostré y el recuerdo de mi amigo disparando en cada flash.
Y te dejo un reloj. El que quiso nivelar mi corazón de rompehielos con la paz fetal de tus latidos. El que pensó exagerado mi apuro y juzgó desganadas tus maneras.
Te dejo acá, mi vida. Te dejo acá. Mi vida. Mi amor.
Te dejo.

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“Gaijin en Tokyo” Historias en el tren II. Colaboración de x.

septiembre 20, 2005

Como cada mañana, ocupas tu esquina en el tren. Siempre la misma. Como cada día ocupo mi sitio, siempre el mismo, cercano a ti. Frente a frente. Nos vemos todos los días pero nunca hemos hablado. Con una mirada, a modo de saludo, es suficiente. En el vagón número seis, siempre las mismas caras. A nuestro lado, el cocinero chino que se baja en Yokohama, el lector impenitente de “mangas”, el dandy japonés que cada día cambia de traje y de perfume, el hablador solitario al que nadie escucha. Y los estudiantes ruidosos de siempre. Y las dos viejas chismosas de la esquina contraria. Y, por supuesto, la gordita del móvil. Siempre los mismos. Caras somnolientas y despreocupadas a la vez de lo que pasa a su alrededor.

Inesperadamente, al llegar a la estación de Yokohama, se produce la avalancha. Una de las líneas ha sufrido un percance, seguramente otro suicidio, y los viajeros habituales suben a nuestro tren. Llegan como la marabunta. Entran y empujan. Y empujan y entran. A la fuerza me arrastran y me llevan hacia ti. Tu sigues en tu esquina y yo a un palmo tuyo. Apoyo un brazo en cada pared — haciendo ángulo de noventa grados–, y tu, estás entre ellos y yo. Hago fuerza, conteniendo el empuje, para evitar el aplastamiento. Donde siempre vamos cien, hoy somos doscientos. Pareces asustada, pero noto que te tranquilizas al saber que estás protegida por mis brazos.

El tren prosigue su andadura. Y nuestras caras, frente a frente, a escasos quince centímetros. Cierras los ojos fingiendo dormir pero sabes que te miro. Cierro los míos pero creo que me miras. Los abro y me estás mirando. Y así varios minutos. Yo te miro y tu me miras. Abrir y cerrar de ojos. Un toma y daca inexplicable. Decido cambiar la perspectiva y deslizo la vista por tu nívea camisa, y de pronto noto que tu pecho en flor se yergue por la emoción. Destacan preciosas tus areolas. Lo suficiente para que me encienda. Adivinas hacia donde se dirige mi mirada y te ruborizas. Y me ruborizo también porque impunemente descubrí tu secreto.

Y llegamos a tu destino, Kawasaki. Con la vista baja me pides paso y expresas un tibio “sumimasen” y un “domo arigatou”, casi imperceptible, motivo suficiente para devolverte el cabezazo de rigor y pensar qué pasará mañana cuando nos veamos de nuevo. Sigo hacia mi destino, y tú lo sabes, pero en esos momentos decido que un día, no muy lejano, me bajaré contigo en la misma estación y te daré una sorpresa.

Fianza

septiembre 18, 2005

Yo sé que mi amigo del alma engaña a su mujer. Sé de un hombre que sueña avergonzado que lo toca otro hombre y que ese sueño le gusta.
Sé de golpes, insultos y silencios en familias donde todos creen que reina la armonía. Sé de un trauma rancio e insolente que aún le impide dormir a la hija del quiosquero y sé que su padre ha estafado con los vueltos a más de un ciego. Sé que el mejor promedio de la clase se copió mil veces y que les soplaba errores a sus compañeros. Que ella vomita a escondidas y que él no duerme porque la noche lo asusta. Sé que el heladero ha metido moscas en el tarro del chocolate con pasas y que la viejita que todos los días se sienta al sol en la plaza, no supo jamás lo que es un orgasmo. Sé que cuando él le hace el amor a su esposa piensa en otra mujer y que ella también lo hace. Sé que es el portero de mi edificio el que dibuja las esvásticas con rouge en los espejos del ascensor. Sé que el médico de mi padre tiene cáncer y un miedo atroz a la muerte. Que mi hijo está enamorado y que está aprendiendo a besar. Que mi madre añora el amor de su primer novio.
Sé que alguien casado me ama. Sé que más de un soltero me odia.
Todo esto lo sé, porque me lo han confesado ellos mismos, creyendo ingenuamente que yo les guardaría el secreto.

Las Vacaciones de Mary

septiembre 16, 2005

A mano alzada

septiembre 15, 2005

Escribir le estaba resultando difícil. Notaba la diferencia que se había venido generando entre escrito y escrito, y día a día.
Seguía sintiendo la despótica necesidad, pero ya nada dejaba llegar a sus dedos. Miedo, palpitaciones, nauseas. Pánico moderador de fobias.
No era simple. Se mordía las ideas a través de las uñas. Angustia oral.
Y escrita.
Miró mil veces el papel y cargó otras mil con tinta su pluma.
No quería levantarse de la silla, no podía entregarse al terror.
Se forzó mil veces más. Se amenazó, se humilló pensando en un futuro de fracasos y hojas en blanco. Y volvió a cargar la pluma.
La sostuvo frente a sus ojos y la apoyó por un instante sobre el papel.
Mil frecuencias se aglomeraron en su mente tirando los nombres de los diablos. Los escribió en forma de lista y los miró un buen rato como una incubadora. Mil embriones se retorcían frente a él. Ternuritas.
El problema llegaría luego, cuando crecieran del papel las garras, los gritos, los colmillos. Cuando llegara la hora de controlarlos.

Con Onda (y rifle)

septiembre 10, 2005

del rechazo primero
instantáneo insutil
algo invisible
intelecta la impresión.
cose la historia
resume el momento
y forma el patético
conjunto audiovisual.
emociones pulcras
prolijísimas
definidas nítidas
caóticas infernales
una pena precaria
y la desilusión.

Bajo la mirada.
empiezo de nuevo
limpiamos los lentes
dejo la franela
aprieto los ojos
levanto la vista
se aclaran las voces
lo vuelvo a mirar…

. rechazo segundo.

(pelotón
algo escapa por las grietas
y hiere al intelecto
la historia se acorta
se rasga la ropa
.no aplica, me dice
(preparen
… sugiero
cerdas sensaciones
clarísimas redondas
divínas sin control.

Caen los parpados
suben los ojos
arqueo las cejas
resigno hipocresías
se oscurece el grito
se va terminando
(apunten
ordeno

(fuego…

Verso

septiembre 8, 2005

Esta solitaria expedición de descubrimiento y conquista donde el suelo se hunde bajo mis pies a cada paso, me vuelve hacia el abismo interior y me para en el borde del mundo.
Esta excursión obligada que me interna en lo desconocido, me hace perder mi orden frontal.
Y me vuelvo insolente. Y estallo por la violencia de la presión interna que recibo. Y mis miles de pedazos avanzan más que yo. Osados por perdidos.
Y avanzan… y avanzan… y avanzan… hasta que las cosas mismas terminan siendo la mismísima sombra de lo que soy.
Y así voy aprendiendo a no vacilar. A no dudar. A pisar el miedo que se me interpone y a probar sin certezas, sin excusas.
Porque tener paz sin paz no existe. Y porque no hay peor batalla que la que no se libra.
Aunque las sombras que finalmente pise, sean las mías (y mis pedazos)

Descanso

septiembre 4, 2005

# Me paro frente a los planos de mi vida, con el lápiz en la oreja, brazos en jarra y las mangas arremangadas. Un desastre!
Un piso de baldosas que de cálido nada y las paredes de ladrillo hueco. No quería yo ladrillo a la vista para mi vida?
En qué minuto cambié de idea?

# No sé cuántos años llevo ya queriendo saber bailar. Se lo comenté a mi psico y el muy sabio me dijo:
-Aprendé.
No es un capo?

# Epicuro era un pelotudo. Él decía que si no podíamos distinguir entre lo que es cierto y lo que es fantasía, estábamos en problemas.
Me querés decir Epicuro, de dónde sacabas certezas vos???

# Si puedo hacer un planteo sobre algo, es porque lo puedo resolver.
Matemáticamente hablando.
Aunque la respuesta termine plagada de x, paréntesis y símbolos que no entiendo, tendré la solución.
Lo importante es saber qué decir.

# Nietzche dijo que el que tiene un “por qué” para vivir, es capaz de soportar cualquier “cómo”.
Yo en eso voy bien.
Se me está complicando un poquito con el “hasta cuándo”,
pero voy bien.

Nada Demasiado Grave

septiembre 2, 2005

Yo andaba así como con dudas, viste? Fastidiosita. Tenía algunos titubeos existenciales, de esos que tenemos todos a veces. Nada grave, pero bastante molestos.
-Es que vos tenés carencias espirituales – me dijo mi psicólogo.
Así de grande abrí los ojos. Yo? Carencias? Espirituales? Jamás!
Pero en vistas de que él, a la larga o a la corta siempre termina teniendo razón, pedí una entrevista con Dios.

Me atendió un angelucho palidón, bastante desagradable, que me pidió los datos y los anotó prolijamente en el libro de visitas.
-La vamos a llamar – me dijo tan fresco
-Perdón? – le dije con este tono
Y me miró con esa cara.
Qué me iba yo a poner a discutir con el tipo?
-Quiero hablar con su inmediato superior – le exigí simulando autoridad

Él me obligó. Su increíble y estertórea carcajada me obligó. Yo estaba fastidiosa. No estaba de humor.
Sentí llegar la tensión a mis manos y cómo se cerraban mis dedos en su garganta. Los hundí en su cuello hasta que sentí el crujir de su tráquea. Acto seguido, relajé los nudillos, me puse un chicle de tuttifrutti en la boca, pegué media vuelta y me convertí el ateísmo.

El Casamiento de Mary (ensayo, borrador, preparativos y festejos pre-concubinato)

septiembre 1, 2005