Taxidermística

By Laviga

El mar tiene el entusiasmo y la capacidad de escuchar y anotar con minuciosidad entomológica cada uno de los deseos de Penélope. Claro que después hace cualquier otra cosa. Y con una impavidez sorprendente.

Corre. Sus tacos permanecen más tiempo en el aire que en la tierra. Escucha el razonar de todas las formas con las que el agua se ajusta bajo su piel.
(Penélope no reconocería ninguna otra lluvia)
Siembra unos pasos como migas para armar el atlas que la traiga de regreso.
(pero el barro siempre se apura a negar los picotazos)

- Para que haya consuelo no es necesario que se muera la sombra. El consuelo nace de lo oscuro y desde ahí se desliza hacia la superficie.

(es extraña la actitud de Penélope. La sombra podría ser un refugio perfecto)

Mientras salta despreocupada a través de la ventana, de la pared colador, el cuerpo de Penélope se descompone. La curvatura móvil de su silueta portante se astilla.

- Cuando llegue la cianosis, cuando ya no sea necesario volver a respirar, mi cuerpo ya no servirá para nada.

(tampoco “los rastros de este afán”).

El deterioro le dice:
“Besalos, besalos pronto, nena, hacelos felices a estos pobres pobres hombres.”

Ella los mira. Busca en la fractura inmensa del agua por donde emergen los barcos. Pero su búsqueda no tiene objeto.

- Sólo los cuerpos han de buscarse, mi niña, no los objetos.
- No te cansás de enviarme reemplazantes? Hasta hace unos días no podía pensar ni un minuto sin ser interrumpida por alguno de tus enviados y sus estúpidas mordeduras.

Es bien conocido el poder de las palabras, pero nadie imagina el peligro que despierta del silencio de Penélope. De la gangrena de la lengua que duerme en Penélope.
Ella se siente ganadora porque con su silencio podrá evitar que las órbitas se choquen. La suya, tan solo rozará el encantamiento.
Con los ojos bañados en el almíbar que le brota desde el conocimiento del triunfo, Penélope se eleva hacia la abrasión de lo dulce, al festival de la promesa.

Penélope vive de la esperanza, cierta por imposible, de que llegue el barco con la gota que la rebalse. A los ardores los suaviza con el fresco y tonto placer de dar vuelta la almohada o con el de masticar el hielo que se ha ido quedando en las copas.

(esas que podríamos haber seguido rompiendo hasta la harina)

Ay! Si pudiera ser ella como un reloj, si pudiera culpar del destiempo a su triste e imperfecta maquinaria!

NdA: Todos los personajes de esta historia hacemos bien nuestra tarea. La vida sigue y todos tenemos cosas que hacer mientras Penélope corre.

- Se detendrá Penélope algún día?
- Quién sabe. O quizás también nosotros comencemos a correr.
- Y el amor?
- El amor podría dedicarse a tejer algo mientras tanto.

3 comentarios para “Taxidermística”

  1. DudaDesnuda Dice:

    Y sí. Que teja escarpines. O que dicte clases de tejido al crochet, por ahí me anoto. Avisale.

    Besos y puntos

  2. Pal Dice:

    es el kharma de llamarse Penélope.

  3. Laviga Dice:

    Duda, escarpines con esta calor???
    Pal, quedan nombres sin karma?

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